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Dato #1 Animales

10 animales con superpoderes reales

El número 1 oye con las patas.

29 de septiembre de 2026 · 25 min de lectura

Algunos animales tienen capacidades que, si las viéramos en una película, nos parecerían inventadas. Pulpos con tres corazones, aves que recuerdan caras durante años o reptiles que se pegan al techo sin pegamento. Todas son reales, y la ciencia ha ido descubriendo, experimento a experimento, cómo funcionan.

En este artículo repasamos diez de esos “superpoderes” con calma: qué hace exactamente cada animal, qué pieza de su cuerpo lo hace posible, cómo lo descubrieron los investigadores y qué hemos aprendido los humanos al estudiarlos. Varios de ellos ya han inspirado medicinas, materiales y robots que usamos hoy.

DATO 10El pulpo tiene 3 corazones y sangre azul

El pulpo tiene tres corazones, y no es una exageración de documental. Dos de ellos, llamados corazones branquiales, están situados en la base de cada una de las dos branquias. Su única tarea es empujar la sangre a través de las branquias para que se cargue de oxígeno. El tercero, el corazón sistémico, es el más grande: recibe esa sangre ya oxigenada y la reparte por el resto del cuerpo, incluidos los ocho brazos y el cerebro.

¿Por qué necesita tres? La respuesta está en su sangre, que es azul. Los humanos transportamos el oxígeno con hemoglobina, una proteína que contiene hierro y que da a la sangre su color rojo. El pulpo, como muchos moluscos y crustáceos, usa hemocianina, una proteína que contiene cobre. Cuando el cobre se une al oxígeno, adquiere un tono azulado, igual que el cobre de las estatuas antiguas se vuelve verde azulado al oxidarse.

La hemocianina tiene ventajas y desventajas. Funciona bien en aguas frías y con poco oxígeno, lo que ayuda a los pulpos que viven en zonas profundas o heladas. Pero transporta menos oxígeno que la hemoglobina y, además, no va dentro de células como nuestros glóbulos rojos, sino disuelta en el líquido de la sangre. Eso hace que la sangre sea más espesa y más difícil de mover. Los dos corazones extra son, en parte, una solución a ese problema: dan un empujón adicional justo donde la sangre tiene que atravesar los finísimos vasos de las branquias.

Hay otro detalle curioso: el corazón sistémico se detiene cuando el pulpo nada a chorro, expulsando agua por su sifón para impulsarse. Los investigadores no saben con certeza por qué ocurre, pero el resultado es claro: nadar le agota muy rápido. Por eso los pulpos prefieren, casi siempre, arrastrarse por el fondo con sus brazos y reservan el nado a propulsión para escapar de un peligro.

Los pulpos tienen otras sorpresas. Alrededor de dos tercios de sus neuronas están en los brazos, no en el cerebro, de modo que cada brazo puede tomar pequeñas decisiones por su cuenta, como explorar una grieta o agarrar una presa. Y viven poco: la mayoría de especies no pasa de uno o dos años. Tras reproducirse, las hembras cuidan sus huevos sin comer y mueren poco después de que eclosionen.

Los pulpos también son maestros del camuflaje: pueden cambiar de color y de textura en menos de un segundo gracias a millones de células con pigmento llamadas cromatóforos, cada una rodeada de pequeños músculos que la estiran o la contraen. Lo curioso es que la mayoría de pulpos no distinguen los colores como nosotros, y aun así igualan el fondo con gran precisión. Algunos estudios sugieren que su piel contiene proteínas sensibles a la luz que podrían ayudarles a “ver” con todo el cuerpo.

Su inteligencia es otro campo de estudio. En acuarios se ha visto a pulpos abrir frascos con tapa de rosca, escapar de sus tanques por tuberías estrechas y reconocer a cuidadores concretos. Como no tienen huesos, pueden pasar por cualquier agujero más grande que su pico, la única parte dura de su cuerpo. Todo ello en un animal cuyo pariente más cercano es un caracol.

Por qué importa. Entender cómo el pulpo reparte el trabajo entre varios corazones, y cómo su sangre funciona con poco oxígeno, ayuda a los biólogos a estudiar la adaptación de los animales a ambientes extremos y a comprender cómo evolucionaron distintos sistemas circulatorios.

DATO 9El camaleón no cambia de color para esconderse

Durante décadas se repitió en libros y documentales que el camaleón cambia de color para camuflarse. Es una verdad a medias. El color de reposo de la mayoría de camaleones ya es verde o marrón, y eso por sí solo les permite pasar desapercibidos entre las hojas y las ramas. Los cambios de color rápidos y llamativos cumplen sobre todo otras funciones: comunicarse y regular la temperatura.

Un macho que se encuentra con un rival puede encenderse en pocos segundos con tonos amarillos, rojos o turquesas para mostrar que está dispuesto a pelear. Si pierde el enfrentamiento, se oscurece, como si se retirara. Las hembras, por su parte, usan colores para indicar si están receptivas o si ya están preñadas y no quieren que se les acerque ningún macho. En días fríos, el camaleón puede oscurecerse para absorber más luz solar y calentarse antes.

Lo más sorprendente es el mecanismo. Durante mucho tiempo se pensó que el camaleón movía pigmentos bajo la piel, como hacen los pulpos. En 2015, un equipo de la Universidad de Ginebra publicó en la revista Nature Communications que no era así. Bajo la piel, el camaleón tiene una capa de células llamadas iridóforos, que contienen nanocristales de guanina ordenados en una especie de red.

Cuando el camaleón está relajado, esos cristales están muy juntos y reflejan sobre todo la luz azul, que combinada con un pigmento amarillo de la capa superior da el color verde. Cuando se excita, la red se estira, los cristales se separan y la luz reflejada cambia hacia el amarillo, el naranja o el rojo. Es decir, el camaleón no se “pinta”: cambia la estructura microscópica que refleja la luz. Este fenómeno se llama color estructural, y es el mismo que produce los brillos de las burbujas de jabón, las plumas de un pavo real o las alas de algunas mariposas.

Los investigadores comprobaron el mecanismo de una forma muy ingeniosa: bañaron trozos de piel de camaleón en soluciones que hacían que las células se hincharan o se encogieran, y vieron que el color cambiaba igual que en el animal vivo. Además, descubrieron una segunda capa de cristales más profunda que refleja la luz infrarroja, lo que podría ayudar al camaleón a no sobrecalentarse al sol.

Los camaleones tienen otros rasgos únicos. Sus ojos se mueven de forma independiente, como dos cámaras, y pueden mirar hacia delante y hacia atrás a la vez, con un campo de visión de casi 360 grados. Cuando localizan una presa, enfocan los dos ojos sobre ella para calcular la distancia con precisión.

Su lengua es un arma balística. Puede medir más que su propio cuerpo y se dispara en unas pocas centésimas de segundo, con una aceleración mayor que la de un coche deportivo. En la punta tiene una especie de ventosa cubierta de una saliva muy viscosa que atrapa insectos e incluso pequeños lagartos. Existen más de 200 especies de camaleones, la mayoría en África y Madagascar, desde algunas del tamaño de una uña hasta otras de más de medio metro.

Por qué importa. Este tipo de color estructural se estudia para crear pantallas, pinturas y tejidos que cambien de color sin pigmentos ni gasto continuo de energía, y para fabricar colores que no se destiñen con el sol.

DATO 8El axolote regenera hasta partes de su cerebro

El axolote (Ambystoma mexicanum) es una salamandra originaria de los lagos del valle de México. Tiene un aspecto inconfundible, con branquias rosadas en forma de pluma a los lados de la cabeza y una expresión que parece una sonrisa. Pero lo que lo ha convertido en uno de los animales más estudiados del mundo es su capacidad de regeneración.

Un axolote puede regenerar una pata completa, con sus huesos, músculos, nervios y vasos sanguíneos, en unas pocas semanas. También puede reconstruir la cola, la médula espinal, partes del corazón, la retina, las mandíbulas e incluso zonas del cerebro. Y lo hace sin dejar cicatriz: la parte nueva es prácticamente idéntica a la original. Puede repetir el proceso muchas veces a lo largo de su vida.

¿Cómo lo consigue? Cuando pierde una extremidad, las células de la piel cubren rápidamente la herida. Debajo, se forma un grupo de células llamado blastema. Esas células, que antes eran de hueso, músculo o piel, “olvidan” en parte su especialidad y vuelven a un estado parecido al de las células de un embrión. A partir de ahí, se multiplican y se organizan siguiendo las mismas instrucciones que usó el embrión para formar la pata la primera vez. Los nervios cumplen un papel clave: si se cortan los nervios de la zona, la regeneración no se produce.

En los humanos, en cambio, una herida grave se cierra con tejido cicatricial, más rápido pero sin recuperar la forma ni la función original. Nosotros solo regeneramos bien algunos tejidos, como el hígado, la piel superficial o, en niños pequeños, la punta de un dedo. Por eso los científicos llevan años secuenciando el genoma del axolote, uno de los más grandes conocidos, unas diez veces mayor que el nuestro, para buscar los genes que activan y controlan la regeneración.

Otra rareza es que el axolote conserva toda su vida rasgos de larva, como las branquias externas, y aun así se reproduce: es un caso de neotenia. Por desgracia, en libertad está en peligro crítico de extinción. Sobrevive casi solo en los canales de Xochimilco, en Ciudad de México, amenazado por la contaminación, la urbanización y peces introducidos como la tilapia y la carpa, que se comen sus huevos y crías.

El axolote también es muy usado en laboratorios de todo el mundo, donde se crían desde el siglo XIX. En 1864, un grupo de ejemplares fue enviado de México a París, y de ellos descienden buena parte de los axolotes que hoy se estudian. En cautividad existen variedades de colores que casi no se ven en la naturaleza, como la blanca con ojos negros o la dorada.

En la cultura mexicana tiene un significado especial. Su nombre viene del náhuatl y se relaciona con Xólotl, el dios del fuego y de las transformaciones, que según la leyenda se convirtió en axolote para escapar de la muerte. Hoy aparece en billetes mexicanos de 50 pesos, y varios proyectos de conservación trabajan con agricultores de Xochimilco para crear refugios con agua limpia en los canales, llamados chinampas-refugio.

Por qué importa. Estudiar al axolote podría ayudar a entender por qué los humanos cicatrizamos en lugar de regenerar y, a largo plazo, a mejorar el tratamiento de lesiones de médula espinal, amputaciones o daños en el corazón.

DATO 7Los cuervos recuerdan tu cara durante años

Los cuervos y sus parientes, los córvidos, son de las aves más inteligentes que existen. Una de sus habilidades más llamativas es que pueden reconocer caras humanas y recordarlas durante años. Lo demostró de forma muy clara un experimento del biólogo John Marzluff y su equipo en la Universidad de Washington, en Seattle.

En 2006, los investigadores se pusieron una máscara de goma, que llamaron la “máscara peligrosa”, mientras capturaban, anillaban y soltaban a unos cuantos cuervos del campus. A los pájaros no se les hacía daño, pero para ellos la experiencia era claramente desagradable. Después, durante años, voluntarios caminaron por el campus con esa misma máscara, o con una máscara “neutra” que nunca se había usado para capturar a nadie.

Los resultados fueron sorprendentes. Cuando alguien paseaba con la máscara peligrosa, los cuervos lo increpaban: graznaban con insistencia, se agrupaban a su alrededor y hacían vuelos rasantes. A las personas con la máscara neutra, en cambio, las ignoraban. Lo más asombroso es que la reacción no se limitó a los cuervos capturados. Con el tiempo, cuervos que nunca habían sido atrapados, e incluso crías nacidas después del experimento, también increpaban la máscara peligrosa. Habían aprendido quién era “peligroso” observando el comportamiento de otros cuervos.

Años después, el equipo usó escáneres cerebrales en cuervos y comprobó que ver la cara peligrosa activaba zonas relacionadas con el miedo y el aprendizaje, de forma parecida a lo que ocurre en los mamíferos. La reacción se mantuvo durante más de una década.

Los córvidos tienen un cerebro grande en proporción a su cuerpo, con una densidad de neuronas muy alta. Se ha visto a cuervos de Nueva Caledonia fabricar herramientas con ramas y hojas, a arrendajos esconder comida y moverla si otro pájaro los ha visto, y a cuervos resolver problemas de varios pasos. Algunos investigadores comparan su capacidad de razonamiento con la de los grandes simios.

La inteligencia de los cuervos también se ha medido con pruebas inspiradas en una fábula de Esopo. Cuando tienen un trozo de comida flotando en un tubo con poca agua, fuera de su alcance, algunos cuervos echan piedras dentro para subir el nivel del agua, igual que el cuervo del cuento. Además, eligen las piedras que se hunden en lugar de las que flotan, lo que indica que entienden algo de cómo funciona el agua.

Los cuervos también parecen tener algo parecido a los “funerales”. Cuando encuentran a un cuervo muerto, suelen reunirse a su alrededor y graznar. Estudios del mismo equipo de Marzluff sugieren que esto les sirve para aprender qué lugares o qué personas son peligrosos. Por eso muchos investigadores recomiendan tratar bien a los cuervos del barrio: te recordarán, para bien o para mal. Hay incluso casos documentados de cuervos que dejan pequeños objetos brillantes a personas que les dan de comer, aunque los científicos aún discuten si se trata de regalos.

Por qué importa. Muestra que el aprendizaje social, es decir, transmitir información a otros individuos de una generación a otra, no es exclusivo de los humanos, y que la inteligencia compleja puede surgir en cerebros muy distintos al nuestro.

DATO 6Los delfines tienen nombre propio

Los delfines mulares (Tursiops truncatus) viven en grupos que se separan y se reúnen constantemente, a veces en aguas turbias donde no se ven entre sí. Para mantenerse en contacto usan sonidos, y uno de ellos es especialmente llamativo: el silbido característico.

Cada delfín desarrolla en sus primeros meses de vida un silbido propio, con un patrón único de subidas y bajadas de tono. Lo crea en parte a partir de los sonidos que escucha a su alrededor, pero lo hace diferente a los de su madre y su grupo. Una vez formado, lo mantiene durante años, a menudo toda la vida. Funciona, en la práctica, como su nombre: lo usan para anunciar su presencia y para identificarse cuando se encuentran con otros delfines.

En 2013, los biólogos Stephanie King y Vincent Janik, de la Universidad de St. Andrews (Escocia), publicaron un estudio en la revista PNAS que fue más allá. Grabaron los silbidos de delfines salvajes y, después, los reprodujeron bajo el agua mediante altavoces. Los delfines respondían con su propio silbido cuando escuchaban su “nombre”, pero no cuando oían el silbido de otro individuo del grupo o de un delfín desconocido.

Además, los investigadores observaron que los delfines a veces imitan el silbido característico de un compañero, sobre todo de uno con el que tienen una relación estrecha, como una madre y su cría o dos machos aliados. Eso sugiere que lo usan para llamarlo, algo muy parecido a lo que hacemos los humanos al decir el nombre de alguien. Es uno de los pocos casos conocidos en animales de etiquetas vocales aprendidas que se refieren a individuos concretos.

La memoria de los delfines también es notable. Un estudio de 2013 del biólogo Jason Bruck mostró que reconocen el silbido de antiguos compañeros de acuario después de más de 20 años sin oírlo. Es la memoria social más larga medida en un animal no humano.

Los delfines no solo usan el sonido para hablar entre ellos. También emiten series de clics de alta frecuencia y escuchan el eco que rebota en los objetos, un sistema de ecolocalización tan preciso que pueden distinguir entre dos objetos del mismo tamaño hechos de materiales distintos, o detectar un pez enterrado en la arena. Para producir estos sonidos usan unas estructuras de la nariz, no la garganta, y los enfocan con el melón, la zona redondeada de la frente.

Además, los delfines duermen de una forma sorprendente: descansan con medio cerebro cada vez, mientras la otra mitad se mantiene despierta para respirar y vigilar. Como deben subir a la superficie a respirar de forma consciente, no pueden dormirse del todo. Estas capacidades, sumadas a su vida social compleja, los convierten en uno de los animales más estudiados por los científicos del comportamiento. Algunos grupos incluso transmiten técnicas de caza de madres a crías, lo que muchos consideran una forma de cultura.

Por qué importa. Estudiar cómo se nombran los delfines ayuda a entender el origen del lenguaje y demuestra que algunos animales tienen sistemas de comunicación mucho más sofisticados de lo que se creía.

DATO 5El murciélago vampiro comparte su cena

Los murciélagos vampiros comunes (Desmodus rotundus) viven en América Latina y se alimentan exclusivamente de sangre, sobre todo de ganado y aves. Salen de noche, hacen un pequeño corte con sus dientes afilados en la piel de su presa y lamen la sangre, ayudados por una saliva con anticoagulantes. La presa, a menudo, ni se despierta.

Esta dieta tiene un problema serio: la sangre tiene pocas calorías y los murciélagos queman energía muy rápido. Un murciélago vampiro que pasa unas dos o tres noches seguidas sin comer puede morir de hambre. Y no todas las noches tienen éxito: se calcula que alrededor de una de cada diez salidas termina sin alimento, más en los jóvenes inexpertos.

La solución que han desarrollado es la cooperación. Cuando un murciélago vuelve a la colonia sin haber comido, puede pedir comida a un compañero, que le regurgita parte de la sangre que ha tomado. Lo describió por primera vez el biólogo Gerald Wilkinson en un estudio publicado en Nature en 1984, tras observar colonias en Costa Rica.

Lo más interesante es que no lo hacen con cualquiera. Wilkinson vio que compartían sobre todo con parientes y con individuos que antes les habían ayudado a ellos. Estudios más recientes, de Gerald Carter y otros investigadores, confirmaron que los murciélagos que más comparten reciben también más ayuda cuando la necesitan, y que mantienen “amistades” con varios compañeros, no solo con uno. Además, se acicalan mutuamente, lo que refuerza esas relaciones.

En biología, este tipo de ayuda se llama altruismo recíproco: hoy te ayudo, mañana me ayudas tú. Es un comportamiento difícil de explicar, porque ayudar tiene un coste. Pero a largo plazo beneficia a todos los que participan, porque reduce el riesgo de morir en una mala racha. Los murciélagos vampiros se han convertido en uno de los ejemplos favoritos de los libros de texto para explicarlo.

El murciélago vampiro tiene otros rasgos únicos. Es uno de los pocos murciélagos que puede caminar, correr y saltar con agilidad por el suelo, usando sus alas plegadas como patas delanteras. Esto le permite acercarse con sigilo a un animal dormido y escapar rápidamente si se despierta. Además, tiene sensores de calor en la nariz que le ayudan a localizar los vasos sanguíneos más cercanos a la piel.

Su saliva contiene una proteína anticoagulante llamada desmoteplasa, que evita que la sangre se coagule mientras se alimenta. Esta sustancia se ha estudiado como posible tratamiento para disolver los coágulos que causan los ictus, porque actúa de forma muy específica sobre ellos. Aunque los vampiros pueden transmitir la rabia al ganado, en muchos lugares se trabaja para controlarlos sin dañar al resto de especies de murciélagos, que son muy útiles para polinizar y controlar insectos. De las más de 1.400 especies de murciélagos, solo tres se alimentan de sangre.

Por qué importa. Es un caso clásico de cómo la cooperación puede evolucionar entre animales, incluso entre los que no son familia, y ayuda a entender el origen de la amistad y la ayuda mutua en otras especies, incluida la nuestra.

DATO 4La mantis tiene un solo oído… en el pecho

La mayoría de animales con oídos tienen dos, uno a cada lado de la cabeza, lo que les permite saber de qué dirección llega un sonido. La mantis religiosa es una excepción extraordinaria: muchas especies tienen un solo oído, situado en el centro del cuerpo, en el tórax, entre las patas traseras. Por eso se la llama a veces “oreja de cíclope”.

Este oído fue descubierto en 1986 por los investigadores David Yager y Ronald Hoy, que publicaron su hallazgo en la revista Science. Se trata de una hendidura profunda en la parte de abajo del tórax, con dos membranas que funcionan como tímpanos. Pero, al estar tan juntos, no sirven para saber de dónde viene el sonido.

¿Para qué sirve entonces? La mantis no lo usa para oír a otras mantis ni para cazar. Su oído está especializado en detectar sonidos muy agudos, ultrasonidos, de entre 25 y 45 kHz. Justamente la frecuencia que usan muchos murciélagos para cazar mediante ecolocalización: emiten chillidos y escuchan el eco que rebota en los insectos que vuelan en la oscuridad.

Muchas mantis vuelan de noche, sobre todo los machos, que buscan hembras. Cuando su oído detecta la llamada de un murciélago que se acerca, la mantis reacciona en una fracción de segundo con maniobras de huida: estira las patas delanteras, gira bruscamente, hace espirales o se deja caer en picado hacia el suelo. En experimentos, las mantis capaces de oír escaparon de los murciélagos con mucho más éxito que las que tenían el oído tapado.

Es un ejemplo perfecto de lo que los biólogos llaman una carrera armamentística evolutiva. Los murciélagos desarrollaron un sistema para cazar a oscuras, y muchos insectos desarrollaron defensas: algunas polillas tienen oídos parecidos, otras emiten clics que confunden el sonar del murciélago, y otras tienen escamas que absorben el sonido. La mantis, con su oído único en el pecho, es una de las soluciones más curiosas.

Las mantis tienen otras particularidades sorprendentes. Son el único insecto que puede girar la cabeza unos 180 grados, lo que les permite mirar por encima del hombro sin mover el cuerpo. Sus grandes ojos compuestos les dan una buena visión en tres dimensiones: en 2016, unos investigadores de la Universidad de Newcastle les pusieron diminutas gafas 3D y comprobaron que calculan la distancia de su presa con un sistema de visión estereoscópica distinto al nuestro.

Son cazadoras de emboscada: se quedan inmóviles, camufladas como hojas, ramas o flores, y atrapan a sus presas con sus patas delanteras, armadas de espinas, en menos de una décima de segundo. Algunas especies grandes pueden capturar incluso pequeños lagartos, ranas o colibríes. Se conocen unas 2.400 especies en todo el mundo. En algunas especies, la hembra a veces devora al macho durante o después del apareamiento, aunque en la naturaleza ocurre con menos frecuencia de lo que se cree; en el laboratorio es más habitual porque los animales están estresados o hambrientos. Las crías nacen de una especie de estuche de espuma endurecida, llamado ooteca, que la hembra fabrica y pega a ramas o piedras.

Por qué importa. Muestra cómo la presión de los depredadores puede crear órganos sensoriales completamente nuevos, y ayuda a entender la evolución de la audición en los insectos.

DATO 3El ornitorrinco caza con los ojos cerrados

El ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus) parece un animal construido con piezas sueltas: pico de pato, cola de castor, patas palmeadas y pelaje de nutria. Es un mamífero que pone huevos, amamanta a sus crías sin pezones (la leche sale por la piel) y los machos tienen un espolón venenoso en las patas traseras. Cuando los primeros ejemplares llegaron a Europa, algunos naturalistas pensaron que era una falsificación.

Pero su rasgo más sorprendente es cómo caza. Vive en ríos y arroyos del este de Australia, a menudo de aguas turbias, y busca su comida de noche o al anochecer. Al sumergirse, cierra los ojos, los oídos y las fosas nasales con unos pliegues de piel. Es decir, bajo el agua está prácticamente ciego, sordo y sin olfato. Aun así, es un cazador muy eficaz de gambas, larvas de insectos, gusanos y pequeños crustáceos.

Su secreto está en el pico, que no es duro como el de un pato, sino blando y cubierto de piel muy sensible. En él hay unos 40.000 electrorreceptores y decenas de miles de mecanorreceptores. Todos los animales generan pequeñas señales eléctricas al contraer sus músculos, por ejemplo cuando una gamba mueve la cola. Los electrorreceptores del ornitorrinco detectan esos impulsos, aunque sean minúsculos.

Los mecanorreceptores, por su parte, notan las ondas de presión que producen las presas al moverse en el agua. Los investigadores creen que el cerebro del ornitorrinco combina ambas señales, que llegan con un pequeño desfase, para calcular a qué distancia está la presa, de forma parecida a como calculamos la distancia de una tormenta por el tiempo entre el relámpago y el trueno. Mientras busca, mueve la cabeza de lado a lado, como si pasara un detector de metales por el fondo.

Muy pocos mamíferos pueden detectar la electricidad. Además del ornitorrinco, lo hacen sus parientes los equidnas, aunque con muchos menos receptores, y el delfín de Guayana. En cambio, es habitual en peces, como los tiburones y las rayas, y en algunos anfibios.

El ornitorrinco también es un animal único en su forma de reproducirse. Junto con los equidnas, forma el grupo de los monotremas, los únicos mamíferos que ponen huevos. La hembra pone uno o dos huevos pequeños y blandos en una madriguera y los incuba durante unos diez días, sujetándolos contra su cuerpo con la cola. Las crías, al nacer, lamen la leche que brota de unas zonas de la piel del vientre de la madre.

Los machos tienen en las patas traseras un espolón conectado a una glándula de veneno. El veneno no es mortal para los humanos, pero causa un dolor muy intenso que puede durar semanas y no se calma bien con analgésicos comunes. Los científicos lo estudian para entender mejor el dolor. Además, su genoma, publicado en 2008, mezcla rasgos de aves, reptiles y mamíferos, y ayuda a entender cómo evolucionaron los mamíferos.

Por qué importa. Es un ejemplo de cómo un mismo sentido, la electrorrecepción, puede aparecer por separado en grupos de animales muy distintos, y de las soluciones que encuentra la evolución para cazar sin ver.

DATO 2El gecko camina por el techo sin pegamento

Un gecko puede correr por una pared de cristal y caminar por el techo boca abajo sin caerse. Y no usa ventosas, ni pegamento, ni ganchos. Durante siglos esto intrigó a los naturalistas; ya Aristóteles lo mencionó. La explicación completa no llegó hasta el año 2000, gracias a un equipo liderado por Kellar Autumn y Robert Full.

Si miras los dedos de un gecko con un microscopio, verás que están cubiertos de láminas con millones de pelos diminutos llamados setas. Cada seta mide una décima parte del grosor de un cabello humano y, a su vez, se divide en su punta en cientos de ramitas aún más finas, llamadas espátulas. En total, un solo gecko puede tener miles de millones de estas puntas.

Gracias a su tamaño microscópico, las espátulas pueden acercarse muchísimo a la superficie, a distancias de nanómetros. A esas distancias aparecen unas fuerzas de atracción muy débiles entre las moléculas, llamadas fuerzas de van der Waals. Una sola es insignificante. Pero sumadas en millones de puntas de contacto, se vuelven muy fuertes. El equipo de Autumn midió la fuerza de una sola seta y calculó que, si todas las setas de un gecko se pegaran a la vez, podría sostener un peso de más de cien kilos, muchísimo más que su propio cuerpo.

¿Y cómo se despega para correr? La clave está en el ángulo. Las setas funcionan cuando están inclinadas en una dirección concreta. Al cambiar el ángulo del dedo, el gecko despega las puntas una a una, como quien pela una cinta adhesiva, y la adhesión desaparece al instante. Por eso puede dar decenas de pasos por segundo sin quedarse pegado. Además, las setas se limpian solas: la suciedad se queda en la superficie en lugar de en los dedos.

Esta adhesión funciona en casi cualquier superficie, incluso en el vacío, porque no depende de la humedad ni de la química del material. Solo falla en superficies como el teflón, que atraen muy poco a otras moléculas, o cuando están mojadas.

Los geckos tienen otras habilidades llamativas. Muchas especies no tienen párpados y se limpian los ojos lamiéndolos con la lengua. Algunos, como el gecko leopardo, pueden soltar la cola cuando un depredador los atrapa; la cola sigue moviéndose unos minutos para distraer al atacante mientras el gecko escapa, y después vuelve a crecer. Otros, como el gecko tokay, son famosos por su sonoro canto, que suena como su nombre.

Existen más de 1.500 especies de geckos, desde algunos de menos de dos centímetros hasta el gecko gigante de Nueva Caledonia, de más de 35 centímetros. No todos trepan: algunas especies del desierto han perdido las láminas adhesivas porque viven en la arena. Los geckos que sí las tienen están presentes en casas de zonas cálidas de todo el mundo, donde ayudan a controlar mosquitos y otros insectos.

Por qué importa. Ha inspirado cintas adhesivas secas y reutilizables, pinzas para robots que agarran objetos delicados sin dejar residuos, e incluso sistemas estudiados por la NASA para sujetar objetos en el espacio.

DATO 1Los elefantes oyen con las patas

Los elefantes son famosos por su trompa y sus grandes orejas, pero una parte de su comunicación ocurre donde menos lo esperaríamos: bajo el suelo. Emiten sonidos muy graves, llamados infrasonidos, con frecuencias inferiores a 20 Hz, por debajo de lo que el oído humano puede captar. Algunas de estas llamadas son tan potentes que se oyen a varios kilómetros.

Parte de la energía de esas llamadas no viaja por el aire, sino por el terreno, como una vibración sísmica. En el suelo, estas ondas pierden menos energía que en el aire y pueden recorrer distancias de varios kilómetros. También las generan cuando corren o pisan con fuerza en situaciones de alarma.

La bióloga Caitlin O’Connell-Rodwell, de la Universidad de Stanford, estudió durante años a elefantes en Namibia. Descubrió que los elefantes detectan estas vibraciones con las patas y la trompa. En las plantas de sus patas, que son muy anchas y blandas, tienen abundantes receptores sensibles a las vibraciones, llamados corpúsculos de Pacini. La señal viaja además por los huesos de las patas hasta el oído interno, en un proceso llamado conducción ósea.

En sus experimentos, transmitió llamadas de alarma de elefantes solo a través del suelo, sin que se oyeran en el aire. Los elefantes reaccionaban: se agrupaban, se quedaban quietos, levantaban una pata o se inclinaban hacia delante, apoyando más peso en las patas delanteras, como si “escucharan” con los pies. Además, distinguían las llamadas de alarma de su propia familia de las de elefantes desconocidos.

Esta comunicación a larga distancia les permite coordinar los movimientos de la manada, avisar de peligros como leones o cazadores, y encontrar pareja en la época de celo. Algunos investigadores creen que también podrían notar a distancia las vibraciones de tormentas lejanas, lo que explicaría por qué a veces se desplazan hacia zonas donde está a punto de llover.

Los elefantes son también famosos por su memoria. Las hembras más viejas de la manada, llamadas matriarcas, recuerdan durante décadas dónde encontrar agua y comida en las sequías, y reconocen las llamadas de decenas de otros elefantes. Un estudio en Kenia mostró que las manadas con matriarcas mayores respondían mejor ante amenazas, como el rugido de leones, que las que tenían líderes jóvenes.

Su trompa es otra herramienta extraordinaria. Tiene unos 40.000 haces musculares y ningún hueso, y la usan para respirar, oler, beber, agarrar objetos pequeños como un cacahuete o arrancar ramas. Su olfato es de los más potentes del reino animal: pueden oler el agua a kilómetros de distancia. Estas capacidades hacen que los elefantes tengan una de las vidas sociales más complejas de los mamíferos. Se les ha visto quedarse junto a compañeros muertos, tocar sus huesos con la trompa y volver a esos lugares años después, un comportamiento que algunos investigadores interpretan como una forma de duelo.

Por qué importa. Estas señales muestran que los animales pueden comunicarse por canales que nosotros ni percibimos, y su estudio ayuda a proteger a los elefantes, por ejemplo con sistemas que detectan su presencia cerca de pueblos o vías de tren.

Resumen de los 10 datos

  1. Los elefantes oyen con las patas.
  2. El gecko camina por el techo sin pegamento.
  3. El ornitorrinco caza con los ojos cerrados.
  4. La mantis tiene un solo oído… en el pecho.
  5. El murciélago vampiro comparte su cena.
  6. Los delfines tienen nombre propio.
  7. Los cuervos recuerdan tu cara durante años.
  8. El axolote regenera hasta partes de su cerebro.
  9. El camaleón no cambia de color para esconderse.
  10. El pulpo tiene 3 corazones y sangre azul.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué el pulpo tiene la sangre azul?

Porque transporta el oxígeno con hemocianina, una proteína que usa cobre en lugar de hierro.

¿Es verdad que el camaleón cambia de color para camuflarse?

Solo en parte: los cambios rápidos sirven sobre todo para comunicarse y regular la temperatura, y los produce con nanocristales.

¿Cómo regenera el axolote sus extremidades?

Forma un blastema, un grupo de células que vuelven a un estado parecido al embrionario y reconstruyen lo que falta.

¿Los cuervos de verdad reconocen caras humanas?

Sí. Recuerdan durante años a personas asociadas a una amenaza y lo enseñan a otros cuervos.

¿Cómo se pega un gecko al techo?

Con millones de pelos microscópicos que generan fuerzas de van der Waals con la superficie.

¿Cómo oyen los elefantes con las patas?

Captan vibraciones de baja frecuencia que viajan por el suelo y llegan al oído interno a través de los huesos.

Fuentes

  1. Smithsonian Ocean: Octopuses
  2. Teyssier et al. (2015). Photonic crystals cause active colour change in chameleons. Nature Communications
  3. Nowoshilow et al. (2018). The axolotl genome and the evolution of key tissue formation regulators. Nature
  4. Marzluff et al. (2010). Lasting recognition of threatening people by wild American crows. Animal Behaviour
  5. King y Janik (2013). Bottlenose dolphins can use learned vocal labels to address each other. PNAS
  6. Wilkinson (1984). Reciprocal food sharing in the vampire bat. Nature
  7. Yager y Hoy (1986). The cyclopean ear: a new sense for the praying mantis. Science
  8. Autumn et al. (2000). Adhesive force of a single gecko foot-hair. Nature
  9. O'Connell-Rodwell (2007). Keeping an "ear" to the ground: seismic communication in elephants. Physiology

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