10 animales que rompen las reglas de la naturaleza
El número 1 puede sobrevivir en el espacio.
29 de septiembre de 2026 · 29 min de lectura
Hay animales que rompen las reglas que creemos conocer: aves que vuelan hacia atrás, mamíferos que aguantan la respiración más que un delfín y diminutos invertebrados que sobreviven en el espacio.
Estos diez datos explican cómo lo consiguen, qué han descubierto los científicos al estudiarlos y qué nos enseñan sobre la evolución, la conservación y nuestra relación con otras especies.
DATO 10Las nutrias marinas duermen tomadas de la mano
Las nutrias marinas (Enhydra lutris) pasan casi toda su vida en el agua, en las costas del Pacífico norte, desde California hasta Alaska, Rusia y Japón. Comen, se acicalan, se aparean, dan a luz y duermen en el mar. Para descansar, flotan boca arriba en la superficie, con las patas y la cara fuera del agua. Pero dormir en el mar tiene un problema: las corrientes y el oleaje pueden separar a los animales o arrastrarlos lejos de sus zonas de alimentación.
Para evitarlo, a veces se toman de las patas mientras duermen, formando pequeños grupos, algo que se ha observado sobre todo en animales cautivos, como en el famoso vídeo de dos nutrias del Acuario de Vancouver que se hizo viral en 2007. En la naturaleza, lo más habitual es que se enrollen en las algas gigantes, el kelp (Macrocystis), que crecen desde el fondo del mar hasta la superficie formando bosques submarinos. Las algas actúan como un ancla. Además, las nutrias se reúnen en grupos llamados “balsas”, que pueden tener desde unos pocos individuos hasta cientos, a menudo separados por sexos.
Las madres llevan a sus crías sobre el pecho mientras flotan. Las crías nacen con un pelaje tan denso y lleno de aire que no pueden sumergirse: flotan como un corcho. Cuando la madre tiene que bucear para buscar comida, a veces deja a la cría flotando, envuelta en algas para que no se aleje.
La nutria marina tiene otras adaptaciones sorprendentes. A diferencia de las focas y las ballenas, no tiene capa de grasa para aislarse del agua fría. En su lugar, tiene el pelaje más denso del reino animal: hasta un millón de pelos por centímetro cuadrado en algunas zonas, más que los pelos de toda la cabeza de una persona en un espacio del tamaño de un sello. Ese pelaje atrapa una capa de aire que la aísla del agua. Por eso pasa mucho tiempo acicalándose, soplando aire en su pelo para mantenerlo limpio y aislante. Para mantener su temperatura, además, necesita comer alrededor del 25 % de su peso cada día.
Las nutrias marinas son también uno de los pocos mamíferos que usan herramientas. Flotando boca arriba, colocan una piedra sobre su pecho y golpean contra ella moluscos, como almejas y mejillones, o erizos de mar, para romper su concha. A menudo guardan su piedra favorita en una bolsa de piel suelta que tienen bajo las axilas.
Su pelaje casi causó su extinción. Entre los siglos XVIII y XIX, fueron cazadas masivamente por el comercio de pieles. De una población de entre 150.000 y 300.000, quedaron solo unas 1.000 a 2.000. En 1911, un tratado internacional prohibió su caza. Desde entonces, se han recuperado en parte, aunque siguen amenazadas por los vertidos de petróleo, como el del Exxon Valdez en Alaska en 1989, las enfermedades y los ataques de las orcas.
Las nutrias marinas son una especie clave: comen erizos de mar, que a su vez se comen las algas gigantes. Donde desaparecen las nutrias, los erizos se multiplican y destruyen los bosques de kelp, que son el hogar de muchas otras especies y capturan mucho carbono. Donde vuelven las nutrias, los bosques se recuperan.
Por qué importa. Las nutrias marinas muestran cómo una sola especie puede sostener todo un ecosistema, y por qué proteger a los depredadores es clave para la salud del océano.
DATO 9Las vacas tienen mejores amigas
En 2013, la investigadora Krista McLennan, de la Universidad de Northampton, en el Reino Unido, presentó un estudio sobre las relaciones sociales de las vacas. Midió que las vacas que estaban separadas de su compañera preferida, la vaca con la que más tiempo pasaban en el rebaño, mostraban más estrés que cuando estaban juntas. Para medirlo, usó indicadores como el ritmo cardíaco y los niveles de cortisol, una hormona relacionada con el estrés. Cuando estaban junto a su compañera, las vacas tenían un ritmo cardíaco más bajo y niveles de cortisol menores que cuando estaban con una vaca desconocida.
Este estudio llamó mucho la atención en los medios, que lo titularon como “las vacas tienen mejores amigas”. Hay que decir que era un estudio pequeño, presentado en una conferencia, y que la expresión “mejor amiga” es una forma sencilla de explicarlo, no un término científico. Pero coincide con muchas otras investigaciones que muestran que las vacas son animales sociales que forman vínculos estables.
Las vacas descienden del uro (Bos primigenius), un gran bóvido salvaje que vivió en Europa, Asia y el norte de África, y que fue domesticado hace unos 10.500 años en Oriente Próximo. El último uro murió en 1627 en un bosque de Polonia. En estado salvaje, estos animales vivían en manadas, y las relaciones sociales eran clave para su supervivencia.
Hoy sabemos que las vacas reconocen a otras vacas y a personas concretas, forman jerarquías dentro del rebaño, se lamen unas a otras, un comportamiento llamado allogrooming que refuerza los vínculos y reduce la tensión, y prefieren la compañía de ciertos individuos. Las terneras que crecen con otros terneros aprenden mejor y son menos miedosas que las que crían solas, según estudios de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá. Además, las vacas pueden sentir emociones como el miedo, la curiosidad o algo parecido a la alegría: en un estudio de 2004, las vacas que aprendían a abrir una puerta para conseguir comida mostraban más excitación, como saltar o correr, que las que recibían la comida sin esfuerzo, algo que los investigadores interpretaron como una especie de “satisfacción” por resolver un problema.
Estos estudios tienen implicaciones importantes para el bienestar animal en las granjas. En muchas explotaciones lecheras, las terneras se separan de sus madres poco después de nacer, y los animales se cambian de grupo con frecuencia, lo que puede romper los vínculos sociales y aumentar el estrés. Algunos investigadores y granjeros proponen mantener a los animales en grupos estables, permitir más contacto entre madres y crías, y darles más espacio y posibilidades de comportarse de forma natural. Se ha observado que las vacas con menos estrés están más sanas.
La ciencia del bienestar animal usa criterios como las llamadas “cinco libertades”: libres de hambre y sed, de incomodidad, de dolor y enfermedad, de miedo y angustia, y libres para expresar su comportamiento natural. La Unión Europea tiene normas de bienestar animal, y en los últimos años se ha debatido su revisión.
Las vacas no son las únicas con amistades. Se han observado vínculos sociales estables en caballos, cabras, ovejas, cerdos, elefantes, chimpancés, delfines, murciélagos vampiro y muchas otras especies.
Por qué importa. Saber que las vacas forman vínculos sociales ayuda a entender su bienestar, y lleva a replantear algunas prácticas ganaderas para reducir el estrés de los animales.
DATO 8El colibrí es el único pájaro que puede volar hacia atrás
Los colibríes son las únicas aves que pueden volar hacia atrás de forma sostenida, además de volar de lado, hacia arriba, hacia abajo y quedarse quietos en el aire, en lo que se llama vuelo estacionario o hovering. Pueden mantenerse suspendidos delante de una flor mientras beben su néctar con su larga lengua, como si fueran pequeños helicópteros. Hay más de 360 especies de colibríes, y todas viven en América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, con la mayor diversidad en los Andes tropicales.
¿Cómo lo consiguen? La clave está en sus alas y en cómo las mueven. En la mayoría de las aves, la fuerza que las mantiene en el aire, la sustentación, se genera sobre todo al bajar las alas; al subirlas, las pliegan y apenas producen fuerza. Los colibríes, en cambio, tienen una articulación del hombro muy flexible, que les permite girar las alas casi 180 grados. Así, las alas describen una especie de ocho horizontal en el aire, y generan sustentación tanto al bajar como al subir. Estudios con cámaras de alta velocidad, como uno de 2005 publicado en Nature por Douglas Warrick y sus colegas, mostraron que los colibríes producen alrededor del 75 % de la sustentación al bajar las alas y el 25 % al subirlas. Es un sistema parecido al de algunos insectos, como las abejas. Además, sus alas son rígidas, con huesos de la mano muy desarrollados.
Baten las alas entre 50 y 80 veces por segundo, según la especie, y algunas especies pequeñas pueden llegar a unas 200 veces por segundo en las exhibiciones de cortejo. Ese movimiento tan rápido produce el característico zumbido que les da su nombre en inglés, hummingbird, “pájaro que zumba”.
Para mantener un vuelo tan exigente, los colibríes tienen un metabolismo extraordinario, uno de los más altos del reino animal. Su corazón puede latir más de 1.200 veces por minuto durante el vuelo, y respiran unas 250 veces por minuto en reposo. Sus músculos del vuelo representan alrededor del 25 al 30 % de su peso corporal. Necesitan comer constantemente: pueden consumir cada día una cantidad de néctar equivalente a su propio peso, y visitar cientos o miles de flores. También comen pequeños insectos para obtener proteínas.
Para sobrevivir a las noches frías, cuando no pueden comer, muchos colibríes entran en un estado llamado torpor, una especie de hibernación nocturna: bajan su temperatura corporal hasta en más de 20 grados y su ritmo cardíaco a menos de 50 latidos por minuto, ahorrando hasta un 95 % de energía. Por la mañana, se “despiertan” poco a poco.
El colibrí más pequeño del mundo, y el ave más pequeña, es el colibrí zunzuncito o pájaro abeja (Mellisuga helenae), de Cuba, que mide unos 5 a 6 centímetros y pesa menos de 2 gramos, más o menos como una moneda de un céntimo. El más grande, el colibrí gigante (Patagona gigas), de los Andes, mide unos 20 centímetros. Algunas especies hacen migraciones sorprendentes: el colibrí garganta rubí cruza el golfo de México sin parar, unos 800 kilómetros, en unas 20 horas.
Los colibríes son polinizadores importantes para muchas plantas, que han evolucionado con flores tubulares y rojas para atraerlos. Algunas especies están amenazadas por la pérdida de hábitat y el cambio climático, que afecta a los momentos de floración.
Los ingenieros estudian el vuelo de los colibríes para diseñar drones pequeños capaces de maniobrar en espacios reducidos.
Por qué importa. El vuelo de los colibríes muestra adaptaciones extremas en su cuerpo y su metabolismo, y los convierte en polinizadores clave y en una inspiración para la ingeniería.
DATO 7Los pingüinos emperador aguantan meses sin comer
El pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) es el pingüino más grande del mundo, con unos 1,1 a 1,3 metros de altura y hasta 40 kilos de peso. Es la única especie que se reproduce durante el invierno antártico, en las condiciones más duras del planeta: temperaturas de hasta −40 °C o menos, vientos de hasta 200 kilómetros por hora y oscuridad casi total durante meses.
Su ciclo reproductivo es sorprendente. En marzo o abril, al comenzar el otoño austral, los pingüinos emperador caminan desde el mar hasta sus colonias de cría, situadas sobre el hielo marino estable, a veces a más de 100 kilómetros de la costa. Allí forman parejas y, hacia mayo o junio, la hembra pone un solo huevo. Inmediatamente, se lo pasa al macho con mucho cuidado, porque si el huevo toca el hielo aunque sea unos segundos, puede congelarse. Luego, la hembra regresa al mar para alimentarse, ya que ha perdido mucho peso formando el huevo.
El macho incuba el huevo sobre sus patas durante unos dos meses, alrededor de 65 días, cubriéndolo con un pliegue de piel caliente del vientre llamado bolsa de incubación, que mantiene el huevo a unos 38 °C. Durante todo ese tiempo, el macho no come. Contando el viaje hasta la colonia, el cortejo y la incubación, puede ayunar unos cuatro meses, alrededor de 115 días, y perder hasta casi la mitad de su peso.
Para sobrevivir al frío, los machos forman enormes grupos apretados, llamados huddles, de cientos o miles de pingüinos, que pueden alcanzar temperaturas interiores de más de 35 °C. Los pingüinos van rotando poco a poco: los que están en el borde exterior, expuestos al frío, se mueven hacia el interior, y los del centro salen hacia fuera, en un movimiento lento y coordinado. Estudios con cámaras de lapso de tiempo han mostrado que se mueven en pequeñas “ondas” cada 30 a 60 segundos, como en un atasco de tráfico. Así, todos se turnan para calentarse. Además, tienen varias capas de plumas densas, una gruesa capa de grasa y un sistema circulatorio que conserva el calor en las patas.
Cuando el polluelo nace, hacia julio o agosto, si la hembra aún no ha vuelto, el macho puede alimentarlo con una secreción rica en proteínas y grasas que produce en su esófago, una especie de “leche de pingüino”. Luego regresa la hembra, bien alimentada, y reconoce a su pareja y su cría por la voz, entre miles de pingüinos. Entonces el macho, exhausto, vuelve al mar para comer. Después, los padres se turnan para alimentar al polluelo.
Los pingüinos emperador son también excelentes buceadores: pueden sumergirse a más de 500 metros de profundidad y aguantar más de 20 minutos bajo el agua para cazar peces, calamares y kril.
El pingüino emperador está amenazado por el cambio climático. Depende del hielo marino estable para criar, y el calentamiento está reduciendo ese hielo. En 2022, en el mar de Bellingshausen, cuatro de cinco colonias perdieron probablemente todos sus polluelos porque el hielo se rompió antes de que tuvieran plumas impermeables, según un estudio del British Antarctic Survey. Algunos estudios estiman que, si el calentamiento continúa, gran parte de sus colonias podría desaparecer para finales de siglo. Estados Unidos lo incluyó como especie amenazada en 2022.
Por qué importa. El pingüino emperador muestra una extraordinaria adaptación al frío y a la cooperación, y su dependencia del hielo lo convierte en un símbolo de los efectos del cambio climático.
DATO 6Las jirafas duermen muy poco
Las jirafas (Giraffa camelopardalis), los animales más altos del mundo, con hasta 5,5 metros de altura, duermen muy poco. En libertad, suelen dormir en siestas cortas de pocos minutos, a menudo menos de 5, repartidas a lo largo del día y la noche, y muchas veces lo hacen de pie. Estudios en cautiverio registraron algo más de 4 horas de sueño al día en total, aunque algunos estudios más antiguos indicaban mucho menos, cerca de media hora, y en la naturaleza probablemente duermen menos que en los zoos.
Cuando se tumban para dormir más profundamente, a veces adoptan una postura curiosa: doblan el largo cuello hacia atrás y apoyan la cabeza sobre sus patas traseras o sobre el lomo, formando un arco. Esta fase de sueño profundo, el sueño REM, suele durar solo unos pocos minutos.
¿Por qué duermen tan poco? La razón principal es la seguridad. Las jirafas viven en las sabanas de África, donde hay depredadores como los leones, las hienas, los leopardos y los cocodrilos. Tumbarse las hace muy vulnerables: una jirafa adulta tarda unos segundos en levantarse, porque tiene que mover su enorme cuello y sus patas largas, y ese tiempo puede ser fatal si se acerca un león. De pie, en cambio, pueden huir rápidamente, y su gran altura les permite vigilar el horizonte. Por eso las jirafas suelen dormir en grupo, y mientras unas descansan, otras vigilan.
También influye su alimentación. Las jirafas son herbívoras y comen sobre todo hojas de árboles, como las acacias, que tienen espinas. Las hojas son poco nutritivas, así que necesitan pasar muchas horas al día comiendo, hasta 16 a 20 horas, y pueden comer unos 35 kilos de hojas al día. Además, son rumiantes: regurgitan la comida para masticarla de nuevo, y a menudo rumian mientras descansan.
El sueño de los animales es muy variado y está relacionado con su tamaño, su dieta y su riesgo de depredación. En general, los herbívoros grandes, como las jirafas, los elefantes o los caballos, duermen poco, porque necesitan comer mucho y son presas. Los carnívoros y los animales que viven en refugios seguros suelen dormir mucho más: los leones pueden dormir unas 20 horas al día, los murciélagos marrones, unas 19 horas, y los perezosos, en cautiverio, unas 15 horas. Los elefantes africanos salvajes duermen solo unas 2 horas al día, según un estudio de 2017, el sueño más corto registrado en un mamífero.
Algunos animales tienen formas aún más curiosas de dormir. Los delfines y otras especies marinas, así como algunas aves, practican el sueño unihemisférico: duermen con medio cerebro mientras la otra mitad permanece despierta, lo que les permite seguir nadando, respirar y vigilar. Las fragatas, aves marinas, pueden dormir en pleno vuelo durante viajes de semanas, con siestas de segundos, según un estudio de 2016. Y los pingüinos barbijo duermen en microsiestas de unos 4 segundos, miles de veces al día.
Las jirafas enfrentan graves amenazas. Su población cayó alrededor de un 40 % entre 1985 y 2015, según la UICN, por la pérdida de hábitat, la caza furtiva y los conflictos armados. En 2016 se incluyeron como “vulnerables”. Desde 2025, la UICN reconoce cuatro especies de jirafa, en lugar de una, lo que tiene implicaciones para su conservación, porque algunas de esas especies son mucho más escasas.
Por qué importa. El sueño de las jirafas muestra cómo cada especie adapta su descanso al riesgo de depredación y a su alimentación, y recuerda que estos gigantes necesitan protección.
DATO 5Los flamencos son rosas por lo que comen
Los flamencos nacen con un plumaje grisáceo o blanquecino, no rosa. Su color rosado, rojo o anaranjado aparece con el tiempo, y viene de lo que comen. Se alimentan de algas microscópicas, sobre todo cianobacterias y diatomeas, y de pequeños crustáceos, como la artemia, un diminuto camarón de aguas saladas. Estos alimentos son ricos en unos pigmentos llamados carotenoides, de color rojo, naranja y amarillo, los mismos que dan color a las zanahorias, los tomates y las gambas.
Los flamencos no pueden fabricar carotenoides por sí mismos. Cuando los comen, sus enzimas del hígado los transforman en otros pigmentos, como la cantaxantina y la astaxantina, que se depositan en las plumas, en la piel y en la grasa, y les dan su color. Cuantos más carotenoides comen, más intenso es su color. Por eso los flamencos de distintas regiones tienen tonos distintos: el flamenco del Caribe o americano es de un rosa-anaranjado intenso, mientras que el flamenco común de Europa, África y Asia, que vive por ejemplo en Doñana o en la Camarga, es más pálido.
El color es importante para su vida social y su reproducción. Los flamencos más coloridos suelen ser los más sanos y mejor alimentados, y por eso resultan más atractivos como pareja. Durante la época de cría, algunos flamencos se “maquillan”: un estudio de 2010, del investigador español Juan Amat, de la Estación Biológica de Doñana, descubrió que los flamencos comunes frotan sus mejillas contra la glándula uropigial, cerca de la cola, que produce una secreción aceitosa rica en carotenoides, y la extienden por sus plumas para intensificar su color. Cuando termina la época de cría, dejan de hacerlo y el color se apaga.
En los zoológicos, si los flamencos solo comieran comida normal, perderían su color y se volverían blancos. Por eso se añaden pigmentos a su dieta, como la cantaxantina o la astaxantina, o alimentos ricos en carotenoides, como los pimientos rojos, las zanahorias o las gambas.
Los flamencos tienen otras curiosidades. Se alimentan con la cabeza boca abajo, con el pico dentro del agua y las patas en el barro. Su pico está curvado y tiene unas láminas parecidas a las barbas de las ballenas, que les sirven para filtrar el agua y retener el alimento. Además, a menudo descansan sobre una sola pata. Durante mucho tiempo se pensó que lo hacían para conservar el calor, al reducir la superficie expuesta al agua fría. Un estudio de 2017, de Young-Hui Chang y Lena Ting, mostró que la postura sobre una pata requiere muy poco esfuerzo muscular gracias a la estructura de sus articulaciones: incluso un flamenco muerto podía mantenerse sobre una pata si se colocaba correctamente. Es decir, es una postura muy estable que les permite descansar sin cansarse.
Los flamencos viven en grandes colonias, a veces de miles o cientos de miles de individuos, en lagunas saladas y alcalinas, como el lago Natron, que vimos en otro artículo, o la laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, una de las principales zonas de cría del flamenco común en Europa. Allí construyen nidos de barro con forma de cono. Las crías se reúnen en grandes grupos llamados guarderías, y sus padres las alimentan con una “leche de buche”, una secreción de color rojo producida en su tubo digestivo, que también contiene carotenoides. Los padres, al alimentar a sus crías, pierden parte de su color.
Otras aves también obtienen su color de la dieta: el cardenal rojo o algunas aves como el ibis escarlata. Y el salmón debe su color rosado a la astaxantina de los crustáceos que come; en las piscifactorías, también se añaden pigmentos a su pienso.
Por qué importa. El color de los flamencos muestra que “somos lo que comemos”, y cómo la alimentación influye en la salud y en la vida social de los animales.
DATO 4Las cabras tienen pupilas rectangulares
Las cabras, las ovejas, los caballos, los ciervos y muchos otros herbívoros tienen pupilas horizontales y alargadas, de forma rectangular. Es muy distinto a las pupilas redondas de los humanos o a las pupilas verticales, como rendijas, de los gatos o las serpientes. ¿Por qué?
En 2015, un estudio publicado en la revista Science Advances por Martin Banks, de la Universidad de California en Berkeley, y William Sprague, junto con colegas de la Universidad de Durham, analizó la forma de la pupila de 214 especies de animales terrestres. Encontraron un patrón claro: los animales que son presas y que viven en terrenos abiertos, como las praderas, suelen tener pupilas horizontales, mientras que los depredadores que cazan al acecho y tienen los ojos al frente, como los gatos o los zorros, suelen tener pupilas verticales, y los depredadores más grandes, como los leones o los humanos, pupilas redondas.
Las pupilas horizontales dan a los herbívoros un campo de visión panorámico. Como sus ojos están situados a los lados de la cabeza, pueden ver casi todo a su alrededor, hasta unos 320 a 340 grados en algunas especies, con solo un pequeño punto ciego detrás de la cabeza. La forma alargada de la pupila deja entrar más luz desde los lados y reduce la que llega desde arriba, desde el sol, lo que les permite ver con nitidez el horizonte y el suelo, donde es más probable que aparezca un depredador, sin deslumbrarse. Así, pueden detectar a un lobo o a un león acercándose desde cualquier dirección, y también ver bien el terreno por el que corren al huir.
Pero hay un detalle aún más sorprendente. Cuando estos animales bajan la cabeza para pastar, sus ojos giran dentro de la órbita, en un movimiento llamado ciclotorsión, para mantener la pupila horizontal, paralela al suelo. Es decir, aunque la cabeza se incline hasta 50 grados o más, la pupila sigue alineada con el horizonte. Los investigadores observaron que las cabras y las ovejas pueden girar cada ojo unos 50 grados, más de diez veces lo que puede girar el ojo humano. Así, incluso mientras comen, siguen vigilando su alrededor.
En cambio, las pupilas verticales de muchos depredadores pequeños, como los gatos domésticos, los zorros o las víboras, les ayudan a calcular con precisión la distancia a la que está una presa, algo clave para cazar al acecho. Además, permiten un control muy fino de la cantidad de luz que entra al ojo, útil para animales activos tanto de día como de noche.
Las formas de las pupilas en el reino animal son muy variadas. Los pulpos y las sepias tienen pupilas con forma de “W” o de “U”, que se cree que les ayudan a ver en las aguas con distinta iluminación. Los geckos tienen pupilas verticales con pequeños agujeros, que al cerrarse forman varios puntos. Y algunos animales tienen pupilas en forma de corazón, como algunas ranas.
Las cabras también tienen otras características curiosas. Tienen una gran curiosidad y una buena memoria: estudios de la Universidad Queen Mary de Londres mostraron que recuerdan cómo resolver un problema durante al menos 10 meses, y que prefieren las caras humanas sonrientes. Son hábiles escaladoras: algunas cabras, como las del Atlas en Marruecos, trepan a los árboles de argán para comer sus frutos. Y fueron uno de los primeros animales domesticados por el ser humano, hace unos 10.000 años.
Los científicos estudian las formas de la pupila y la visión de los animales para entender la evolución de los sentidos, y también para diseñar cámaras y sensores con campos de visión amplios.
Por qué importa. La forma de las pupilas refleja el estilo de vida de cada animal, y las de las cabras son una solución evolutiva para vigilar a los depredadores mientras comen.
DATO 3El koala tiene huellas dactilares casi idénticas a las humanas
En 1996, un estudio de los investigadores Maciej Henneberg, de la Universidad de Adelaida, en Australia, y sus colegas, publicado en la revista Nature, observó que las huellas dactilares de los koalas son tan parecidas a las de los humanos que costaría distinguirlas, incluso al microscopio. Tienen los mismos patrones de líneas, las crestas papilares, con formas de bucles, arcos y espirales. Los autores sugirieron, medio en broma, que las huellas de un koala podrían confundir a los investigadores en la escena de un crimen.
Lo sorprendente es que los koalas y los humanos no están emparentados de forma cercana. Los koalas son marsupiales, un grupo de mamíferos que incluye a los canguros y los wombats, cuyas crías nacen muy pequeñas y terminan de desarrollarse en una bolsa. Su último antepasado común con los humanos vivió hace más de 150 millones de años, en tiempos de los dinosaurios, y ese antepasado no tenía huellas dactilares. De hecho, la mayoría de los parientes cercanos de los koalas, como los wombats o los canguros, no tienen huellas dactilares.
Se trata de un caso de evolución convergente: dos especies que no están emparentadas desarrollan de forma independiente características similares porque se enfrentan a necesidades parecidas. Otros ejemplos de convergencia son las alas de los murciélagos, las aves y los insectos, o la forma hidrodinámica de los tiburones, los delfines y los ictiosaurios. En el caso de las huellas dactilares, entre los mamíferos solo las tienen los primates, como los humanos, los chimpancés y los gorilas, y los koalas.
¿Para qué sirven las huellas dactilares? Los científicos proponen varias funciones. Una de ellas es mejorar el agarre, sobre todo de superficies rugosas o húmedas. Otra es aumentar la sensibilidad del tacto: las crestas de las huellas vibran al deslizar los dedos sobre una superficie, y esas vibraciones son detectadas por unos receptores llamados corpúsculos de Pacini, lo que nos ayuda a percibir texturas finas, según un estudio de 2009 publicado en Science por un equipo francés. Para los koalas, que pasan casi toda su vida en los árboles de eucalipto, las huellas les ayudan a agarrarse a las ramas y a manipular y seleccionar las hojas con precisión, eligiendo las más nutritivas y menos tóxicas.
Los koalas son animales muy especializados. Se alimentan casi exclusivamente de hojas de eucalipto, que son fibrosas, poco nutritivas y contienen sustancias tóxicas para la mayoría de los animales. Los koalas tienen un intestino muy largo con bacterias especiales que les ayudan a digerirlas y a eliminar las toxinas. Como su dieta aporta muy poca energía, los koalas duermen o descansan unas 18 a 22 horas al día para ahorrar energía. Las crías, además, comen una especie de papilla hecha de las heces de la madre, llamada pap, que les transmite las bacterias necesarias para digerir el eucalipto.
Las huellas de los koalas también tienen otra curiosidad: sus manos tienen dos pulgares oponibles en cada mano delantera, lo que les permite agarrar las ramas con firmeza.
Los koalas están en peligro. En 2022, el gobierno de Australia los declaró especie en peligro en los estados de Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana, por la pérdida de hábitat, las sequías, los incendios forestales, como los devastadores de 2019-2020, en los que se calcula que murieron o se vieron afectados decenas de miles de koalas, las enfermedades como la clamidia, los atropellos y los ataques de perros.
Por qué importa. Las huellas de los koalas son un ejemplo de evolución convergente, y muestran que la naturaleza puede llegar a soluciones parecidas por caminos distintos.
DATO 2Los perezosos pueden contener la respiración más que un delfín
Los perezosos, unos mamíferos lentos que viven en los árboles de las selvas de América Central y del Sur, pueden aguantar la respiración hasta unos 40 minutos bajo el agua. Lo consiguen reduciendo su ritmo cardíaco y su metabolismo, un mecanismo similar al que usan los mamíferos marinos. Un delfín mular, en comparación, suele sumergirse entre unos 3 y 10 minutos en sus inmersiones habituales, aunque algunas especies de delfines y ballenas pueden aguantar mucho más.
Aunque su lentitud en los árboles es famosa, los perezosos son, sorprendentemente, buenos nadadores. Pueden nadar unas tres veces más rápido de lo que se mueven en tierra, usando sus largos brazos para avanzar, en una especie de braza. A menudo cruzan ríos o se desplazan entre islas nadando, o se dejan caer desde los árboles al agua. Esto les ayuda a moverse por un hábitat inundado, como las selvas de la Amazonia, donde los ríos se desbordan en la estación de lluvias. Algunas especies viven en manglares e islas, como el perezoso pigmeo de la isla Escudo de Veraguas, en Panamá.
Hay dos grupos principales de perezosos: los perezosos de dos dedos (género Choloepus) y los perezosos de tres dedos (género Bradypus). En realidad, todos tienen tres dedos en las patas traseras; la diferencia está en las delanteras. Ambos grupos están emparentados de forma lejana, y descienden de antepasados diferentes: su estilo de vida en los árboles es otro caso de evolución convergente. Sus parientes extintos, los perezosos gigantes terrestres, como el Megatherium, podían medir hasta 6 metros y pesar varias toneladas, y vivieron en América hasta hace unos 10.000 años.
Los perezosos son lentos por su dieta. Comen sobre todo hojas, que son poco nutritivas y difíciles de digerir. Su estómago tiene varias cámaras con bacterias que fermentan las hojas, y la digestión puede tardar semanas, hasta un mes en algunos casos. Para ahorrar energía, tienen un metabolismo muy bajo, alrededor de la mitad de lo que se esperaría para un mamífero de su tamaño, y una temperatura corporal baja y variable, entre 30 y 34 °C. Se mueven muy despacio, a unos 4 metros por minuto como máximo, y duermen o descansan muchas horas al día.
Tienen otras adaptaciones sorprendentes. Pueden girar la cabeza unos 270 grados, gracias a que algunas especies tienen vértebras extra en el cuello. Pasan casi toda su vida colgados boca abajo de las ramas, sujetos con sus largas garras, que funcionan como ganchos y no requieren esfuerzo muscular. Sus órganos internos están anclados a las costillas para que no presionen los pulmones cuando están boca abajo, según un estudio de 2014. Y en su pelaje crecen algas verdes, que les dan un tono verdoso que les ayuda a camuflarse en los árboles, además de albergar polillas, escarabajos y hongos. Algunos de esos hongos producen sustancias con actividad contra bacterias y parásitos, según un estudio de 2015.
Uno de sus comportamientos más curiosos es que bajan al suelo una vez por semana para defecar, en un pequeño agujero que cavan con la cola, aunque es un momento peligroso por los depredadores. Se ha propuesto que lo hacen para depositar los huevos de las polillas que viven en su pelaje, que a su vez aportan nutrientes para las algas, en una curiosa relación.
Los principales depredadores de los perezosos son las águilas arpías, los jaguares y las serpientes. Algunas especies de perezosos están en peligro, como el perezoso pigmeo, por la pérdida de su hábitat. En países como Costa Rica existen centros de rescate que los atienden cuando se electrocutan en cables o son atropellados.
Por qué importa. Los perezosos muestran que la lentitud también es una estrategia de supervivencia, y que un animal puede sorprender en un medio distinto al que asociamos con él.
DATO 1Los tardígrados sobreviven al vacío del espacio
Los tardígrados, también llamados osos de agua, son pequeños animales de menos de 1 milímetro, normalmente de unas 0,3 a 0,5 milímetros, con ocho patas terminadas en garras y un cuerpo rechoncho que recuerda a un oso diminuto. Fueron descritos por primera vez en 1773 por el zoólogo alemán Johann August Ephraim Goeze, que los llamó “pequeños osos de agua”. Hay más de 1.300 especies y viven en casi cualquier lugar del planeta: en el musgo y los líquenes, en el suelo, en el fondo del mar, en las fuentes termales, en las montañas del Himalaya y en el hielo de la Antártida.
Son famosos por su resistencia extraordinaria. Cuando las condiciones se vuelven muy difíciles, por ejemplo, cuando el musgo en el que viven se seca, pueden entrar en un estado de deshidratación llamado criptobiosis o, más concretamente, anhidrobiosis. Pierden casi toda el agua de su cuerpo, hasta quedarse con alrededor del 1 al 3 %, retraen sus patas y su cabeza, y se convierten en una bolita seca llamada “tun”. En ese estado, su metabolismo baja a menos del 0,01 % de lo normal, y pueden sobrevivir a condiciones extremas durante años o incluso décadas. Cuando vuelven a recibir agua, se rehidratan y vuelven a la vida en cuestión de horas.
En estado de tun, se ha comprobado en laboratorio que algunos tardígrados pueden soportar temperaturas de casi el cero absoluto (−272 °C) y de hasta unos 150 °C durante poco tiempo, presiones de 6.000 atmósferas, seis veces más que en el fondo de la fosa de las Marianas, y dosis de radiación cientos de veces superiores a las que matarían a un ser humano.
En septiembre de 2007, la misión europea FOTON-M3, en un experimento llamado TARDIS, liderado por el investigador sueco Ingemar Jönsson, llevó tardígrados deshidratados al espacio y los expuso directamente al vacío y a la radiación del espacio durante 10 días, en órbita baja alrededor de la Tierra. Al volver, los investigadores los rehidrataron. Los que habían estado expuestos solo al vacío y a los rayos cósmicos sobrevivieron casi todos. Una parte de los que habían estado expuestos también a la intensa radiación ultravioleta del Sol sobrevivió y se reprodujo después, poniendo huevos que dieron lugar a crías normales. Fueron los primeros animales conocidos en sobrevivir a la exposición directa al espacio.
¿Cómo lo consiguen? Los científicos han descubierto varios mecanismos. Cuando se deshidratan, producen proteínas especiales, llamadas proteínas intrínsecamente desordenadas específicas de tardígrados, que forman una especie de cristal o gel que protege las células y sus estructuras, sustituyendo al agua. También producen azúcares protectores, como la trehalosa, en algunas especies. Y en 2016, un equipo japonés de la Universidad de Tokio descubrió una proteína llamada Dsup (damage suppressor), que se une al ADN y lo protege de los daños causados por la radiación. Cuando introdujeron esta proteína en células humanas en el laboratorio, estas se volvieron más resistentes a los rayos X.
Hay que aclarar un mito: los tardígrados no son indestructibles, y en su estado activo son bastante vulnerables. Solo resisten las condiciones extremas cuando están en estado de tun, y durante periodos limitados. Tampoco sobrevivirían mucho tiempo en el espacio: no podrían reproducirse ni alimentarse allí. En 2019, la sonda israelí Beresheet, que llevaba tardígrados deshidratados, se estrelló en la Luna. Un estudio posterior concluyó que probablemente no sobrevivieron al impacto, que superaba lo que pueden resistir.
El estudio de los tardígrados tiene aplicaciones prácticas. Sus proteínas protectoras podrían servir para conservar vacunas y medicamentos sin necesidad de frío, algo muy útil en zonas sin refrigeración, para proteger células y tejidos, o incluso para proteger a los astronautas de la radiación en viajes largos. También interesan a la astrobiología, porque muestran los límites de la vida.
Por qué importa. Los tardígrados demuestran que la vida puede soportar condiciones extremas, y su estudio podría ayudar a conservar medicamentos o proteger células en el futuro.
Resumen de los 10 datos
- Los tardígrados sobreviven al vacío del espacio.
- Los perezosos pueden contener la respiración más que un delfín.
- El koala tiene huellas dactilares casi idénticas a las humanas.
- Las cabras tienen pupilas rectangulares.
- Los flamencos son rosas por lo que comen.
- Las jirafas duermen muy poco.
- Los pingüinos emperador aguantan meses sin comer.
- El colibrí es el único pájaro que puede volar hacia atrás.
- Las vacas tienen mejores amigas.
- Las nutrias marinas duermen tomadas de la mano.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué los flamencos son rosas?
Por los carotenoides de las algas y crustáceos que comen.
¿Qué es un tardígrado?
Un animal microscópico capaz de sobrevivir a condiciones extremas, incluso al vacío del espacio.