10 cosas increíbles que hace tu cuerpo
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29 de septiembre de 2026 · 26 min de lectura
Tu cuerpo hace cada segundo miles de tareas sin que te enteres: repara tejidos, fabrica células y ajusta lo que ves. Algunas de esas tareas son tan asombrosas que parecen ciencia ficción.
Estos diez datos explican qué hace tu cuerpo, cómo lo consigue, cómo lo descubrieron los científicos y qué puedes hacer en tu día a día para cuidarlo.
DATO 10Tu estómago renueva su capa interna cada pocos días
Tu estómago produce ácido clorhídrico, el mismo compuesto que se usa en la industria para limpiar metales. Dentro del estómago, el jugo gástrico tiene un pH de entre 1,5 y 3,5, suficientemente ácido como para dañar muchos tejidos. Ese ácido cumple varias funciones: ayuda a descomponer las proteínas de los alimentos, activa la pepsina, una enzima que corta esas proteínas en trozos más pequeños, y mata la mayoría de bacterias y otros microbios que tragamos con la comida.
El ácido lo fabrican unas células especializadas de la pared del estómago llamadas células parietales. Tienen unas “bombas” en su superficie, llamadas bombas de protones, que expulsan iones de hidrógeno hacia el interior del estómago. Muchos medicamentos para la acidez, como el omeprazol, funcionan precisamente bloqueando esas bombas.
¿Por qué entonces el estómago no se digiere a sí mismo? Tiene varias defensas. La principal es una capa gruesa de moco que recubre su pared interior. Ese moco contiene bicarbonato, una sustancia que neutraliza el ácido, de modo que junto a la pared el pH es casi neutro aunque a pocos milímetros el ambiente sea muy ácido. Además, las células de la pared están muy unidas entre sí para que el ácido no se cuele entre ellas, y el estómago tiene un buen riego sanguíneo que retira el ácido que logra atravesar.
La otra defensa es la renovación constante. Las células que forman el revestimiento interno del estómago se sustituyen cada pocos días. Si una zona sufre un pequeño daño, se repara con rapidez. Es una de las partes del cuerpo que más rápido se renueva.
Cuando estas defensas fallan, aparecen problemas. Durante décadas se pensó que las úlceras del estómago se debían sobre todo al estrés y a las comidas picantes. En 1982, los médicos australianos Barry Marshall y Robin Warren descubrieron que la mayoría estaban causadas por una bacteria, Helicobacter pylori, capaz de sobrevivir en ese ambiente ácido escondida bajo el moco. La comunidad médica se mostró escéptica, así que Marshall hizo algo extremo: en 1984 se bebió un cultivo de la bacteria. A los pocos días desarrolló una inflamación del estómago, lo que apoyaba su teoría. Por este descubrimiento recibieron el Premio Nobel de Medicina en 2005. Hoy muchas úlceras se curan con antibióticos.
Otras causas frecuentes de daño son los antiinflamatorios como el ibuprofeno y la aspirina, tomados de forma habitual, porque reducen la producción de las sustancias que protegen la pared del estómago. Por eso se recomienda tomarlos con comida y siguiendo las indicaciones médicas.
El ácido también explica la acidez o ardor. Entre el esófago y el estómago hay un músculo en forma de anillo que actúa como válvula. Si se relaja cuando no debe, el ácido sube al esófago, que no tiene las mismas defensas, y produce la sensación de quemazón. Comer mucho, acostarse justo después de cenar o el exceso de alcohol pueden favorecerlo.
Por qué importa. Entender cómo se protege el estómago explica muchos consejos prácticos, como no abusar de los antiinflamatorios sin control médico o consultar si el ardor es frecuente.
DATO 9Los huesos son más resistentes que el hormigón a igualdad de peso
A igualdad de peso, el hueso es un material más resistente que el hormigón y, en algunos aspectos, comparable al acero. Soporta muy bien la compresión, es decir, las fuerzas que lo aplastan, como el peso del cuerpo al estar de pie. El fémur, el hueso más largo del cuerpo, puede soportar cargas de varias veces el peso de una persona sin romperse. Al saltar o correr, las fuerzas que soportan los huesos de las piernas pueden multiplicar varias veces el peso corporal.
Su secreto está en su composición. El hueso combina dos materiales muy distintos. Por un lado, minerales de calcio y fosfato, en forma de cristales de hidroxiapatita, que le dan dureza y rigidez. Por otro, una proteína llamada colágeno, organizada en fibras, que le da cierta flexibilidad. Si el hueso fuera solo mineral, sería duro pero frágil, como la tiza. Si fuera solo colágeno, sería flexible como un tendón. La combinación de ambos lo convierte en un material compuesto muy eficaz, algo parecido al hormigón armado, donde el cemento soporta la compresión y las barras de acero la tracción.
Su estructura también es ingeniosa. Por fuera tiene una capa densa, el hueso cortical, y por dentro, sobre todo en los extremos, una red de pequeñas vigas llamada hueso esponjoso o trabecular. Esas vigas se orientan siguiendo las líneas de fuerza que soporta el hueso, igual que las estructuras de un puente. Esto le permite ser resistente y a la vez ligero: el esqueleto supone solo alrededor del 15 % del peso del cuerpo.
El hueso es un tejido vivo. Está recorrido por vasos sanguíneos y nervios, y se renueva constantemente gracias a dos tipos de células. Los osteoclastos destruyen el hueso viejo y los osteoblastos forman hueso nuevo. En un adulto se renueva alrededor del 10 % del esqueleto al año, de modo que en unos diez años se ha sustituido casi todo.
Esta renovación hace que el hueso se adapte a lo que le pedimos. Los tenistas profesionales tienen los huesos del brazo con el que juegan más gruesos que los del otro brazo. Y los astronautas, como vimos en otros datos, pierden masa ósea en el espacio porque sus huesos casi no soportan peso. Esta idea, que el hueso se remodela según la carga, se conoce como ley de Wolff, por el cirujano alemán Julius Wolff, que la describió en el siglo XIX.
También explica cómo se curan las fracturas: tras romperse, se forma un callo que primero es blando y luego se endurece, y con los meses el hueso se remodela hasta recuperar casi su forma original. Por eso es importante inmovilizar la zona al principio y luego ir recuperando la carga poco a poco, según indique el médico.
Con la edad, sobre todo a partir de los 50 años y especialmente en las mujeres tras la menopausia, la destrucción de hueso puede superar a la formación. Eso causa la osteoporosis, que vuelve los huesos más frágiles y aumenta el riesgo de fracturas, sobre todo de cadera, muñeca y columna.
Por qué importa. El hueso responde al uso, así que el ejercicio con impacto, como caminar, correr o hacer fuerza, y una buena alimentación con calcio y vitamina D ayudan a mantenerlo fuerte durante toda la vida.
DATO 8Tu nariz puede distinguir una enorme cantidad de olores
La nariz humana tiene unos 400 tipos de receptores olfativos distintos. Están en una pequeña zona en la parte alta de la cavidad nasal, del tamaño de un sello, llamada epitelio olfativo. Allí hay millones de neuronas, y cada una lleva un solo tipo de receptor. Cuando una molécula de olor entra en la nariz, se une a varios receptores, igual que una llave que encaja en varias cerraduras de forma parcial, y cada combinación de receptores activados produce un olor distinto.
Ese sistema combinatorio permite distinguir una cantidad enorme de olores. En 2014, un estudio publicado en la revista Science por investigadores de la Universidad Rockefeller estimó que podríamos distinguir más de un billón de mezclas de olores. La cifra ha sido criticada por otros científicos, que señalan que depende mucho de las suposiciones matemáticas del estudio, pero lo que sí está claro es que nuestro olfato es mucho mejor de lo que se pensaba. Durante décadas se repitió que solo podíamos distinguir unos 10.000 olores, una cifra que no se basaba en ningún experimento serio.
La idea de que los humanos tenemos mal olfato es en parte un mito. Viene del siglo XIX, cuando el anatomista Paul Broca observó que los bulbos olfativos del cerebro humano son pequeños en proporción al resto del cerebro, y lo interpretó como un signo de inferioridad. Pero estudios posteriores mostraron que el número de neuronas de nuestros bulbos olfativos es parecido al de muchos mamíferos. Los perros nos superan en muchos olores, pero hay algunos que los humanos detectamos igual de bien o mejor. Además, en experimentos, voluntarios con los ojos tapados fueron capaces de seguir un rastro de olor a chocolate por la hierba, como hacen los perros.
El descubrimiento de los receptores olfativos lo hicieron Linda Buck y Richard Axel en 1991, y les valió el Premio Nobel de Medicina en 2004. Descubrieron que los genes de los receptores olfativos forman la mayor familia de genes de nuestro cuerpo, con alrededor de 1.000 genes, aunque en los humanos solo unos 400 funcionan; el resto son restos inactivos de nuestros antepasados.
El olfato está muy ligado a la memoria y a las emociones. Las señales olfativas llegan directamente a zonas del cerebro como la amígdala y el hipocampo, relacionadas con las emociones y los recuerdos, sin pasar primero por el tálamo como el resto de sentidos. Por eso un olor puede traerte de golpe un recuerdo de la infancia. Este fenómeno a veces se llama efecto Proust, por el escritor francés que describió cómo el sabor de una magdalena mojada en té le devolvía recuerdos.
El olfato también es fundamental para el sabor. Gran parte de lo que llamamos sabor es en realidad olor: por eso la comida parece no saber a nada cuando tienes la nariz tapada por un resfriado. La lengua solo detecta cinco sabores básicos, dulce, salado, ácido, amargo y umami; el resto de matices llega por la nariz, desde la parte de atrás de la boca.
La pérdida del olfato, llamada anosmia, se hizo muy conocida con la COVID-19. También puede ser un signo temprano de enfermedades como el párkinson o el alzhéimer, por lo que se estudia como posible señal de alerta.
Por qué importa. El olfato nos protege de peligros como el humo, el gas o la comida en mal estado, y perderlo afecta a la alimentación y a la calidad de vida, así que conviene consultar si desaparece sin motivo claro.
DATO 7Los ojos se mueven de forma rápida varias veces por segundo
Tus ojos no se mueven de forma suave cuando miras una escena o lees un texto. Aunque tengas la sensación de recorrer las líneas de forma continua, en realidad saltan varias veces por segundo, con movimientos rápidos llamados sacadas. Cada sacada dura solo unas decenas de milisegundos, y entre una y otra el ojo se detiene brevemente en un punto, en lo que se llama una fijación, de unos 200 a 300 milisegundos. Hacemos unas tres o cuatro sacadas por segundo, lo que supone más de 100.000 al día.
¿Por qué se mueven así? La razón está en la retina. Solo una pequeña zona central, la fóvea, ofrece una visión nítida y detallada, porque allí se concentran los conos, las células que detectan los detalles y los colores. La fóvea cubre apenas unos dos grados de nuestro campo visual, más o menos el tamaño de la uña del pulgar con el brazo estirado. Todo lo demás lo vemos de forma borrosa. Así que los ojos tienen que ir apuntando la fóvea a distintos puntos, uno tras otro, para ir construyendo una imagen detallada.
Lo sorprendente es que durante esos saltos no ves un movimiento borroso. Si el ojo capturara todo lo que le llega durante una sacada, veríamos la imagen barrida, como en una foto movida. Pero el cerebro reduce la sensibilidad visual durante esos instantes. Este fenómeno se llama supresión sacádica o enmascaramiento sacádico. Después, el cerebro une las imágenes de cada fijación y crea la sensación de una visión continua y estable.
Puedes comprobarlo con un experimento sencillo: ponte frente a un espejo y mira alternativamente tu ojo izquierdo y tu ojo derecho. No verás tus ojos moverse, aunque otra persona que te mire sí lo verá. Durante cada salto, tu cerebro “apaga” en parte la visión.
Esto tiene una consecuencia curiosa. Si sumas todo el tiempo que pasas en sacadas, puede llegar a ser alrededor de una o dos horas al día en las que, en la práctica, tu cerebro reduce lo que ves. Además, cuando miras un reloj con segundero justo después de mover la vista, el primer segundo parece durar más de lo normal. Se llama ilusión del reloj parado o cronostasis: el cerebro rellena el hueco de la sacada con la imagen del segundero en su nueva posición, alargando la sensación.
El estudio de los movimientos oculares tiene muchas aplicaciones. El seguimiento ocular o eye tracking se usa para estudiar cómo leemos, qué miramos primero en una web o en un anuncio, o cómo se distraen los conductores. En medicina, la forma y la velocidad de las sacadas pueden ayudar a detectar problemas neurológicos, como algunas enfermedades del cerebelo, el párkinson o las lesiones cerebrales. Y los médicos también las usan en pruebas para evaluar la conmoción cerebral.
En la lectura, los buenos lectores no leen letra por letra: hacen fijaciones de unas pocas palabras y a veces saltan hacia atrás, en regresiones, para comprobar algo. Las palabras cortas y muy frecuentes, como “de” o “el”, a menudo ni se miran directamente.
Por qué importa. Lo que “ves” no es una grabación de vídeo, sino una reconstrucción del cerebro a partir de fragmentos, y entender las sacadas ayuda a diseñar textos, pantallas y pruebas médicas.
DATO 6Tus pulmones tienen la superficie de media cancha de tenis
Los pulmones contienen cientos de millones de alvéolos, entre unos 300 y 500 millones, según los estudios. Son sacos diminutos, de unas décimas de milímetro, agrupados como racimos de uvas al final de las vías respiratorias. Allí ocurre lo esencial de la respiración: el oxígeno del aire pasa a la sangre y el dióxido de carbono sale de la sangre para ser expulsado al respirar.
Si pudieras extender la superficie de todos los alvéolos, cubriría unos 70 metros cuadrados, aproximadamente el área de media pista de tenis, aunque las cifras varían según la persona y el método de medida. Toda esa superficie cabe dentro de tu pecho gracias a su forma plegada en millones de pequeñas bolsas. Es una solución parecida a la del intestino, que también multiplica su superficie con pliegues para absorber mejor los nutrientes.
¿Por qué es tan importante esa superficie? El intercambio de gases se produce por difusión: las moléculas de oxígeno pasan de donde hay más concentración, el aire del alvéolo, a donde hay menos, la sangre. Cuanta más superficie de contacto y más fina sea la barrera, más rápido ocurre. La pared que separa el aire de la sangre es finísima, de menos de una milésima de milímetro, unas 50 veces más fina que una hoja de papel. Cada alvéolo está rodeado de una red de capilares, vasos sanguíneos tan estrechos que los glóbulos rojos tienen que pasar en fila.
Otro detalle importante es el surfactante, una sustancia formada por grasas y proteínas que recubre el interior de los alvéolos. Reduce la tensión superficial del líquido que hay dentro, el mismo efecto que hace que las gotas de agua sean redondas, y evita que los alvéolos se colapsen al espirar. Los bebés muy prematuros a veces no producen suficiente surfactante y tienen dificultades para respirar; hoy se les puede administrar surfactante artificial, un avance que ha salvado muchas vidas.
En reposo, un adulto respira unas 12 a 20 veces por minuto y mueve alrededor de medio litro de aire en cada respiración. Durante el ejercicio intenso, puede mover más de 100 litros de aire por minuto. Los pulmones no tienen músculos propios: se llenan y se vacían gracias al diafragma, el músculo en forma de cúpula situado bajo ellos, y a los músculos entre las costillas.
Los alvéolos son muy delicados. El tabaco destruye poco a poco sus paredes, que se rompen y se unen formando bolsas más grandes y menos eficaces. Esto causa el enfisema, una forma de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que produce falta de aire y no tiene cura, aunque dejar de fumar frena su avance. La contaminación del aire, sobre todo las partículas finas, también llega hasta los alvéolos y puede causar inflamación.
Los pulmones tienen además su propio sistema de limpieza. En las vías respiratorias hay células con pequeños pelos, los cilios, que mueven una capa de moco hacia la garganta, arrastrando polvo y microbios. En los alvéolos, unas células del sistema inmunitario, los macrófagos, “se comen” las partículas que llegan hasta allí.
Por qué importa. Los alvéolos son la puerta de entrada del oxígeno a tu cuerpo, y no fumar, evitar el humo y moverte con regularidad son las mejores formas de protegerlos.
DATO 5Tu cerebro consume cerca del 20% de tu energía
Tu cerebro pesa alrededor de 1,3 a 1,4 kilos, un 2 % del peso de un adulto medio, pero consume cerca del 20 % de la energía que gasta el cuerpo en reposo. Es decir, en proporción a su tamaño, es uno de los órganos más “caros” de mantener. En los niños pequeños, cuando el cerebro crece y forma conexiones a gran velocidad, esa proporción es todavía mayor: en torno a los cinco años puede llegar a usar alrededor del 40 % o más de la energía en reposo.
¿En qué gasta tanta energía? Sobre todo en mantener a sus alrededor de 86.000 millones de neuronas listas para comunicarse. Las neuronas transmiten información mediante señales eléctricas, que dependen de la diferencia de carga entre el interior y el exterior de la célula. Para mantener esa diferencia, las neuronas usan unas bombas en su membrana que mueven iones de sodio y potasio de forma constante, y ese trabajo consume mucha energía. Otra parte se gasta en fabricar y reciclar los neurotransmisores, las sustancias que las neuronas usan para comunicarse entre sí.
Curiosamente, el cerebro gasta casi la misma energía cuando estás concentrado que cuando descansas. Resolver un problema difícil aumenta el consumo solo un poco, quizás un pequeño porcentaje. La mayor parte del gasto es la actividad de fondo, necesaria para mantener el sistema en marcha. Por eso la idea de “quemar muchas calorías pensando” es exagerada: estudiar varias horas no sustituye al ejercicio.
El cerebro usa principalmente glucosa como combustible, unos 100 a 120 gramos al día. No puede almacenarla en grandes cantidades, así que depende de un suministro continuo a través de la sangre. Por eso recibe alrededor del 15 % del flujo de sangre del corazón. Si el suministro se interrumpe, por ejemplo en un ictus, las neuronas empiezan a dañarse en pocos minutos. En situaciones de ayuno prolongado, el cerebro puede adaptarse y usar cuerpos cetónicos, unas moléculas que el hígado fabrica a partir de las grasas.
Este alto consumo tiene una historia evolutiva. El cerebro humano es unas tres veces más grande que el de los chimpancés, y mantenerlo requería mucha energía. Algunas teorías proponen que el uso del fuego para cocinar fue clave: al cocinar los alimentos, se digieren con más facilidad y se obtiene más energía de ellos. Eso habría permitido a nuestros antepasados alimentar un cerebro tan grande. Esta idea la defiende, por ejemplo, el antropólogo Richard Wrangham, aunque sigue en debate.
El cerebro también necesita descanso. Durante el sueño, se activa un sistema de limpieza, llamado sistema glinfático, que ayuda a eliminar desechos que se acumulan durante el día, como algunas proteínas relacionadas con el alzhéimer. Aunque esta línea de investigación todavía está en desarrollo, refuerza la importancia de dormir bien.
Por último, el cerebro es muy sensible a la hidratación y a la falta de sueño: incluso una deshidratación leve o una noche sin dormir afectan a la atención, la memoria y el estado de ánimo.
Por qué importa. Dormir bien, comer de forma regular, hacer ejercicio y mantenerse hidratado son formas sencillas de cuidar el órgano que más energía gasta de todo tu cuerpo.
DATO 4Eres un poco más alto por la mañana que por la noche
Por la mañana eres alrededor de 1 centímetro más alto que por la noche, y en algunas personas la diferencia puede llegar a casi 2 centímetros. Este cambio no es una ilusión: se ha medido en muchos estudios, y es la razón por la que las mediciones médicas de altura se suelen hacer siempre a la misma hora del día.
La explicación está en la columna vertebral. Entre las vértebras hay unos cojines llamados discos intervertebrales, en total unos 23. Cada uno tiene dos partes: un anillo exterior de fibras resistentes, el anillo fibroso, y un núcleo interior gelatinoso, el núcleo pulposo, formado en gran parte por agua. Estos discos actúan como amortiguadores, repartiendo las cargas y permitiendo que la columna se doble y gire.
Durante el día, al estar de pie o sentado, la gravedad y el peso del cuerpo comprimen los discos. El agua se va escapando poco a poco del núcleo, y los discos pierden algo de altura, apenas un milímetro o menos cada uno. Pero al sumarlos todos, la diferencia se nota. Por la noche, al tumbarte, desaparece esa presión y los discos se rehidratan absorbiendo líquido de su entorno, como una esponja, y recuperan su altura.
Esto tiene algunas consecuencias prácticas. Por la mañana, los discos están más hinchados y la columna es algo más rígida. Por eso algunos especialistas recomiendan evitar hacer esfuerzos intensos de flexión, como levantar objetos pesados del suelo, justo al levantarte, cuando el riesgo de dañar un disco es algo mayor. También explica por qué a veces notas la espalda algo rígida al despertar.
Con los años, los discos pierden agua y elasticidad de forma natural. Esa es una de las razones por las que las personas mayores pierden algo de altura, junto con cambios en las vértebras y en la postura. Se calcula que a partir de los 40 años se pueden perder alrededor de 1 centímetro por década, aunque varía mucho. Una pérdida rápida de altura puede indicar fracturas vertebrales por osteoporosis, así que conviene comentarla con un médico.
Cuando el anillo fibroso de un disco se debilita o se rompe, el núcleo puede salir hacia fuera y presionar los nervios cercanos. Es lo que se llama hernia discal. Puede causar dolor de espalda y dolor que se irradia por la pierna, conocido como ciática. La mayoría de las hernias mejoran con el tiempo sin cirugía, con tratamiento del dolor y ejercicio adaptado.
Los astronautas viven este fenómeno a lo grande. Sin gravedad, sus discos se expanden y pueden crecer varios centímetros durante una misión, aunque recuperan su altura al volver. También aparece en las personas que pasan mucho tiempo tumbadas en cama.
Para cuidar los discos se recomienda moverse con regularidad, evitar pasar horas en la misma postura, fortalecer los músculos del abdomen y la espalda, que sostienen la columna, y levantar pesos doblando las rodillas en lugar de la cintura. Los discos no tienen apenas vasos sanguíneos, y el movimiento ayuda a que les lleguen nutrientes.
Por qué importa. Tu columna cambia a lo largo del día, y moverte con frecuencia y fortalecer la espalda ayuda a mantener los discos sanos durante más años.
DATO 3Si pusieras en fila tus vasos sanguíneos darían más de dos vueltas a la Tierra
Si pusieras en fila todos tus vasos sanguíneos, es decir, arterias, venas y capilares, sumarían decenas de miles de kilómetros. Una cifra muy citada es la de unos 100.000 kilómetros, lo que daría unas dos vueltas y media a la Tierra. Pero conviene saber que esta cifra es una estimación antigua y aproximada, y algunos cálculos más recientes dan cifras menores, del orden de decenas de miles de kilómetros. En cualquier caso, la red es enorme.
La inmensa mayoría de esa longitud corresponde a los capilares, los vasos más finos del cuerpo. Tienen un diámetro de unas pocas milésimas de milímetro, tan estrechos que los glóbulos rojos tienen que doblarse para pasar por ellos en fila. Su pared está formada por una sola capa de células, lo que permite que el oxígeno, los nutrientes y los desechos pasen fácilmente entre la sangre y los tejidos. Casi ninguna célula del cuerpo está a más de unas pocas décimas de milímetro de un capilar.
El sistema funciona como una red de carreteras. Del corazón sale la aorta, la arteria más grande, con un diámetro de unos 2,5 centímetros. Se divide en arterias cada vez más pequeñas, luego en arteriolas y, por último, en capilares. Después los capilares se reúnen en vénulas y venas, que devuelven la sangre al corazón. Una gota de sangre tarda alrededor de un minuto en dar la vuelta completa al cuerpo en reposo.
Las arterias y las venas son distintas. Las arterias llevan la sangre a presión desde el corazón, así que tienen paredes gruesas y elásticas, con capas de músculo. Las venas llevan sangre a menor presión, y muchas tienen válvulas que impiden que la sangre retroceda, sobre todo en las piernas, donde tiene que subir contra la gravedad. Los músculos de las piernas, al contraerse, ayudan a empujar la sangre hacia arriba. Cuando esas válvulas fallan, aparecen las varices.
La idea de que la sangre circula en un circuito cerrado es relativamente reciente. Fue el médico inglés William Harvey quien la demostró en 1628, con experimentos y cálculos que mostraban que el corazón bombea más sangre de la que el cuerpo podría fabricar. Pero Harvey no podía ver cómo se conectaban arterias y venas. Los capilares los descubrió el italiano Marcello Malpighi en 1661, al observar con un microscopio los pulmones de una rana.
Los vasos sanguíneos también ayudan a regular la temperatura. Cuando tienes calor, los vasos de la piel se dilatan y pierdes calor; por eso te pones rojo. Cuando tienes frío, se contraen para conservarlo, y la piel palidece.
Con la edad y ciertos hábitos, las arterias pueden endurecerse y estrecharse por la acumulación de grasa en sus paredes, un proceso llamado aterosclerosis. Es la causa principal de los infartos y de muchos ictus. El tabaco, la presión arterial alta, el colesterol alto, la diabetes y el sedentarismo aumentan el riesgo.
Por qué importa. Tu red de vasos sanguíneos lleva oxígeno a cada rincón del cuerpo, y controlar la tensión, no fumar y hacer ejercicio son claves para mantenerla sana.
DATO 2Tu corazón late unas 100.000 veces al día
Tu corazón late unas 100.000 veces al día, más de 35 millones de veces al año y unos 3.000 millones de veces a lo largo de una vida larga. Tiene el tamaño aproximado de un puño cerrado y pesa unos 250 a 350 gramos. En cada latido, cada ventrículo bombea unos 70 mililitros de sangre en reposo, y en un día mueve alrededor de 7.000 litros, suficiente para llenar un camión cisterna pequeño.
El corazón es en realidad dos bombas unidas. El lado derecho recibe la sangre pobre en oxígeno del cuerpo y la envía a los pulmones. El lado izquierdo recibe la sangre oxigenada de los pulmones y la bombea al resto del cuerpo. Por eso el ventrículo izquierdo tiene una pared mucho más gruesa y musculosa: tiene que empujar la sangre por todo el cuerpo. Cada lado tiene dos cámaras, una aurícula y un ventrículo, y cuatro válvulas que funcionan como puertas de un solo sentido. El sonido del latido, ese “pum-pum”, es precisamente el ruido de esas válvulas al cerrarse.
Lo más sorprendente es que el corazón genera sus propios impulsos eléctricos. En la aurícula derecha hay un grupo de células especiales llamado nódulo sinusal, que funciona como un marcapasos natural. Produce una señal eléctrica a un ritmo regular, que se propaga por el corazón y hace que el músculo se contraiga de forma coordinada. Por eso un corazón puede seguir latiendo un tiempo fuera del cuerpo, algo clave para los trasplantes. El sistema nervioso no crea el latido, pero sí puede acelerarlo o frenarlo, por ejemplo cuando haces ejercicio o te asustas.
La frecuencia cardíaca normal en reposo de un adulto suele estar entre 60 y 100 latidos por minuto. Las personas muy entrenadas pueden tener menos, a veces por debajo de 50, porque su corazón es más fuerte y bombea más sangre en cada latido. En los recién nacidos es mucho más rápida, de más de 100 latidos por minuto.
El músculo del corazón, llamado miocardio, es especial: no se cansa como los músculos de los brazos y tiene muchísimas mitocondrias, las centrales de energía de las células. Pero también tiene un punto débil: se regenera muy poco. Cuando una arteria coronaria, las que alimentan al propio corazón, se obstruye, parte del músculo se queda sin oxígeno y muere. Eso es un infarto de miocardio. La zona dañada se convierte en una cicatriz que no se contrae.
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Pero muchas se pueden prevenir. Los principales factores de riesgo son el tabaco, la presión arterial alta, el colesterol alto, la diabetes, la obesidad y la falta de ejercicio.
Es importante conocer los síntomas de un infarto: dolor u opresión en el pecho que puede extenderse al brazo, la mandíbula o la espalda, falta de aire, sudor frío o náuseas. En las mujeres los síntomas pueden ser menos típicos. Ante la sospecha, hay que llamar a emergencias de inmediato, porque cada minuto cuenta.
Por qué importa. Tu corazón no descansa nunca, y hábitos como moverte a diario, no fumar y vigilar la tensión pueden añadir años de latidos a tu vida.
DATO 1Tu cuerpo produce millones de glóbulos rojos cada segundo
Tu médula ósea, un tejido blando que se encuentra en el interior de algunos huesos, como la pelvis, el esternón, las costillas y las vértebras, fabrica unos 2 a 3 millones de glóbulos rojos por segundo. Es decir, mientras lees esta frase, tu cuerpo ha producido varios millones de células nuevas. En total, se estima que un adulto produce cientos de miles de millones de células sanguíneas al día.
Esta producción no es un capricho: es necesaria porque los glóbulos rojos no duran para siempre. Viven unos 120 días. No tienen núcleo, lo que les deja más espacio para la hemoglobina, la proteína que transporta el oxígeno, pero también les impide repararse. Con el tiempo se vuelven rígidos y se desgastan al pasar una y otra vez por los capilares estrechos. El bazo y el hígado se encargan de retirar los glóbulos rojos viejos y reciclar sus componentes, como el hierro, que se reutiliza para fabricar hemoglobina nueva.
En la médula hay unas células muy especiales llamadas células madre hematopoyéticas. Son capaces de dividirse y dar lugar a todos los tipos de células de la sangre: glóbulos rojos, que transportan oxígeno; glóbulos blancos, que defienden el cuerpo de infecciones; y plaquetas, que ayudan a coagular la sangre cuando te haces una herida. La producción está muy regulada. Por ejemplo, cuando el cuerpo detecta que llega poco oxígeno a los tejidos, los riñones liberan una hormona llamada eritropoyetina (EPO), que estimula a la médula para fabricar más glóbulos rojos.
Esto explica por qué los deportistas entrenan en altura: allí hay menos oxígeno en el aire, el cuerpo produce más EPO y, con el tiempo, más glóbulos rojos. También explica por qué la EPO sintética se usó como dopaje en deportes como el ciclismo, un tipo de trampa peligroso porque espesa la sangre y aumenta el riesgo de trombos.
En los recién nacidos, casi todos los huesos tienen médula roja activa. Con la edad, en los huesos largos de brazos y piernas se va sustituyendo por médula amarilla, formada sobre todo por grasa. En los adultos, la producción se concentra en los huesos planos y en las vértebras.
La médula ósea también es clave en medicina. Enfermedades como la leucemia, un tipo de cáncer de la sangre, afectan a las células de la médula. Algunos tratamientos requieren un trasplante de médula ósea, o más exactamente de células madre sanguíneas, de un donante compatible. El primer trasplante con éxito entre personas no gemelas lo lideró el médico E. Donnall Thomas, que recibió el Premio Nobel en 1990.
Hoy donar médula es más sencillo de lo que mucha gente cree. En la mayoría de los casos no se extrae del hueso, sino de la sangre: el donante recibe unos días un medicamento que hace que las células madre pasen a la sangre, y se recogen con una máquina parecida a la de donar plaquetas. Encontrar un donante compatible puede ser difícil, así que los registros de donantes voluntarios son muy importantes.
Para fabricar tantas células, la médula necesita materias primas: hierro, vitamina B12 y ácido fólico. Su falta puede causar anemia, que produce cansancio, palidez y falta de aire.
Por qué importa. Tu sangre se renueva continuamente gracias a la médula ósea, y hacerte donante de médula o de sangre puede salvar vidas de personas con leucemia u otras enfermedades.
Resumen de los 10 datos
- Tu cuerpo produce millones de glóbulos rojos cada segundo.
- Tu corazón late unas 100.000 veces al día.
- Si pusieras en fila tus vasos sanguíneos darían más de dos vueltas a la Tierra.
- Eres un poco más alto por la mañana que por la noche.
- Tu cerebro consume cerca del 20% de tu energía.
- Tus pulmones tienen la superficie de media cancha de tenis.
- Los ojos se mueven de forma rápida varias veces por segundo.
- Tu nariz puede distinguir una enorme cantidad de olores.
- Los huesos son más resistentes que el hormigón a igualdad de peso.
- Tu estómago renueva su capa interna cada pocos días.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué el estómago no se digiere a sí mismo?
Porque se protege con una capa de moco y renueva su revestimiento cada pocos días.
¿Por qué somos más altos por la mañana?
Porque los discos de la columna se descomprimen y rehidratan mientras dormimos.
¿Cuánta energía consume el cerebro?
Cerca del 20 % de la energía del cuerpo en reposo.
¿Cuántos glóbulos rojos fabricamos?
Unos 2 o 3 millones por segundo.