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Dato #24 Cuerpo humano

10 secretos de tu cuerpo que parecen ciencia ficción

El número 1 brilla de verdad.

29 de septiembre de 2026 · 30 min de lectura

Tu cuerpo guarda secretos que parecen de ciencia ficción: brilla débilmente, tiene tantas bacterias como células y fabrica huesos que se fusionan mientras creces.

Estos diez datos explican qué dice la ciencia actual sobre ellos, qué mitos se han corregido en los últimos años y qué puedes aprender de cada uno para cuidar tu salud.

DATO 10Tienes más bacterias que células humanas, o casi las mismas

Durante décadas se repitió en libros, clases y documentales que en el cuerpo humano hay 10 veces más bacterias que células humanas. La cifra venía de una estimación del microbiólogo Thomas Luckey en 1972, que calculó el número de bacterias en un gramo de contenido intestinal y lo multiplicó por el contenido total del intestino. Era una estimación aproximada, “de servilleta”, que se fue citando una y otra vez sin revisarse.

En 2016, un estudio de los investigadores Ron Sender, Shai Fuchs y Ron Milo, del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, publicado en la revista PLOS Biology, hizo un cálculo mucho más cuidadoso. Concluyeron que un hombre adulto “de referencia”, de unos 70 kilos y 1,70 metros, tiene unos 30 billones de células humanas y unos 38 billones de bacterias. Es decir, la proporción es cercana a 1:1, aproximadamente 1,3 bacterias por cada célula. Además, la cifra puede variar de una persona a otra y a lo largo del día: después de ir al baño, se pueden expulsar una parte importante de las bacterias del colon, lo que cambia la proporción.

La mayoría de las células humanas son glóbulos rojos: alrededor del 84 % del total, unos 25 billones, porque son muy pequeños y numerosos. Pero en masa, las bacterias pesan poco: en total, unos 200 gramos, frente a los unos 70 kilos del cuerpo, porque son mucho más pequeñas que nuestras células.

La mayor parte de las bacterias del cuerpo vive en el intestino grueso, el colon. El conjunto de microorganismos que viven en nosotros, incluidas bacterias, hongos, virus y otros, se llama microbiota, y sus genes, microbioma. Los microbios también viven en la piel, la boca, la nariz, la vagina y otras partes del cuerpo.

Aunque el número exacto haya cambiado, la importancia de la microbiota es enorme, y es uno de los campos más activos de la investigación médica. Las bacterias intestinales ayudan a digerir alimentos que nuestro cuerpo no puede descomponer, como algunos tipos de fibra, y producen sustancias beneficiosas, como algunos ácidos grasos de cadena corta y vitaminas como la K. También entrenan al sistema inmunitario, ayudan a proteger contra bacterias dañinas ocupando su espacio, e influyen en el metabolismo.

Además, cada vez hay más estudios sobre el llamado eje intestino-cerebro, la comunicación entre el intestino y el cerebro a través de nervios, hormonas y sustancias producidas por las bacterias. Algunos estudios en animales sugieren que la microbiota podría influir en el estado de ánimo o el comportamiento, pero en humanos los resultados todavía son preliminares, y conviene desconfiar de productos que prometen grandes beneficios.

La composición de la microbiota se forma desde el nacimiento: los bebés nacidos por parto vaginal adquieren bacterias de la madre, y la lactancia también influye. Después cambia con la dieta, los antibióticos, la edad, el entorno y el estilo de vida. Una dieta rica en fibra, con frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, y variada, se asocia con una microbiota más diversa y saludable. Los antibióticos, en cambio, pueden alterarla durante semanas o meses, por eso se recomienda usarlos solo cuando son necesarios.

Un tratamiento sorprendente basado en la microbiota es el trasplante de microbiota fecal: se transfieren heces de un donante sano al intestino de un paciente. Se usa con éxito para tratar infecciones graves y recurrentes por la bacteria Clostridioides difficile, con tasas de curación de alrededor del 90 %.

Por qué importa. Conocer la microbiota ayuda a entender la importancia de una dieta variada y rica en fibra, y a usar los antibióticos con responsabilidad.

DATO 9El hueso más pequeño está en tu oído

El estribo es el hueso más pequeño del cuerpo humano. Mide unos 3 milímetros de largo, más o menos como un grano de arroz, y pesa unos 3 miligramos. Está en el oído medio, dentro del hueso temporal del cráneo, y tiene una forma que recuerda al estribo de una silla de montar, de ahí su nombre.

El estribo forma parte de una cadena de tres huesecillos, llamados osículos: el martillo, el yunque y el estribo. Juntos, transmiten las vibraciones del sonido desde el tímpano hasta el oído interno. El proceso funciona así: las ondas sonoras entran por el conducto auditivo y hacen vibrar el tímpano, una membrana fina. El tímpano está unido al martillo, que transmite la vibración al yunque, y este al estribo. La base del estribo, llamada platina, encaja en una pequeña abertura del oído interno, la ventana oval, y empuja el líquido que llena la cóclea, una estructura con forma de caracol. Allí, unas células ciliadas convierten las vibraciones en señales eléctricas que viajan por el nervio auditivo hasta el cerebro.

¿Por qué hacen falta estos huesecillos? Porque el sonido viaja por el aire del oído externo, pero el oído interno está lleno de líquido. Si el sonido pasara directamente del aire al líquido, la mayor parte de la energía se reflejaría y se perdería, igual que cuando estás bajo el agua y apenas oyes lo que pasa fuera. Los huesecillos actúan como un sistema de palancas que amplifica la presión: además, el tímpano es unas 17 a 20 veces más grande que la ventana oval, lo que concentra la fuerza. En conjunto, el oído medio aumenta la presión del sonido unas 20 veces o más.

El oído medio también tiene un mecanismo de protección. Dos pequeños músculos, uno de ellos el músculo estapedio, el músculo más pequeño del cuerpo, unido al estribo, se contraen de forma refleja ante sonidos muy fuertes y reducen la vibración de los huesecillos, protegiendo el oído interno. Pero este reflejo tarda unas décimas de segundo en activarse, así que no protege de sonidos repentinos muy fuertes, como las explosiones o los disparos.

Los huesecillos del oído tienen una historia evolutiva fascinante. El martillo y el yunque de los mamíferos proceden de huesos de la mandíbula de los reptiles antiguos. Durante la evolución de los primeros mamíferos, hace más de 200 millones de años, esos huesos de la mandíbula se fueron reduciendo y desplazando hasta formar parte del oído. Esto se ve también en el desarrollo del embrión humano: los huesecillos se forman a partir de las mismas estructuras que la mandíbula. Esta transformación está bien documentada por los fósiles.

Algunos problemas pueden afectar al estribo. En la otosclerosis, una enfermedad hereditaria, crece hueso anormal alrededor del estribo y lo inmoviliza, lo que causa pérdida de audición progresiva. Se puede tratar con una operación llamada estapedectomía o estapedotomía, en la que se sustituye el estribo o parte de él por una pequeña prótesis. Como vimos en otro artículo, la otosclerosis es una de las posibles causas de la sordera de Beethoven.

El hueso más grande del cuerpo, en cambio, es el fémur, en el muslo, que en un adulto mide unos 45 a 50 centímetros.

Para cuidar el oído, la Organización Mundial de la Salud recomienda limitar la exposición a sonidos fuertes. Advierte que más de 1.000 millones de jóvenes corren el riesgo de sufrir pérdida de audición por el uso de auriculares a volumen alto y la asistencia a lugares ruidosos. Se recomienda no superar el 60 % del volumen máximo en los auriculares y hacer pausas.

Por qué importa. El estribo, el hueso más pequeño, es clave para oír, y proteger el oído del ruido fuerte ayuda a evitar pérdidas de audición que no tienen vuelta atrás.

DATO 8La lengua tiene una huella única

La lengua tiene patrones de forma y textura propios de cada persona. Su forma, su tamaño, el color, las arrugas, las fisuras y la distribución de las papilas, las pequeñas protuberancias de su superficie, varían de una persona a otra. Por eso se ha estudiado como posible identificador biométrico, una forma de reconocer a las personas, similar a las huellas dactilares o al iris. Pero hoy no se usa de forma habitual.

En 2007, un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Hong Kong, liderado por David Zhang, publicó uno de los primeros estudios sobre el reconocimiento de personas mediante la lengua. Fotografiaban la lengua extendida y analizaban su forma y su textura con programas informáticos. Obtuvieron buenos resultados en sus pruebas, y señalaron algunas ventajas: la lengua está protegida dentro de la boca, así que es difícil de falsificar o de copiar sin que la persona lo sepa, y se puede comprobar que la persona está viva porque la lengua se mueve.

Pero el sistema tiene también inconvenientes. Sacar la lengua para identificarse no resulta práctico ni cómodo, ni muy higiénico. Además, la lengua cambia con el tiempo y con la salud: una infección, una herida, la deshidratación o ciertos alimentos y bebidas pueden alterar su color y su superficie. Por eso, otros métodos, como las huellas, la cara o el iris, se han impuesto.

La lengua es un órgano fascinante. Está formada por ocho músculos entrelazados, sin huesos, lo que le da una gran flexibilidad: cuatro músculos intrínsecos, que cambian su forma, y cuatro extrínsecos, que la mueven. Se suele decir que es el músculo más fuerte del cuerpo, pero es un mito: no es especialmente fuerte en comparación con otros músculos, como el masetero de la mandíbula o los músculos de las piernas, aunque sí es muy resistente y trabaja constantemente, al hablar, comer y tragar saliva.

Su superficie está cubierta de papilas, de varios tipos. En muchas de ellas están las papilas gustativas o botones gustativos: tenemos entre unos 2.000 y 8.000, según la persona, y se renuevan cada una o dos semanas. Cada botón gustativo contiene entre 50 y 150 células receptoras. Hay otro mito muy extendido: el mapa de los sabores, según el cual cada zona de la lengua detecta un sabor distinto, el dulce en la punta, el amargo al fondo… Este mapa procede de una mala interpretación de un estudio alemán de 1901, de David Hänig, y se popularizó en libros de texto. En realidad, todas las zonas de la lengua con papilas gustativas pueden detectar los cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami, aunque hay pequeñas diferencias de sensibilidad.

La lengua también da información sobre la salud. Los médicos la observan porque sus cambios pueden indicar problemas: una lengua lisa y roja puede indicar falta de hierro o de vitamina B12; una capa blanca, una infección por hongos; una lengua seca, deshidratación. La medicina tradicional china usa la observación de la lengua para el diagnóstico, aunque sus interpretaciones no tienen base científica en muchos casos.

Además, la lengua es fundamental para el habla: permite articular la mayoría de los sonidos. Algunas personas pueden enrollar la lengua en forma de U; durante años se dijo que era un rasgo genético sencillo, pero estudios posteriores, como uno de gemelos, mostraron que no es así, y muchas personas pueden aprender a hacerlo.

En el campo de la biometría, se investigan también otras formas de identificación, como el patrón de las venas de la mano, la forma de caminar, la voz o incluso el latido del corazón.

Por qué importa. La lengua es un órgano único en cada persona, clave para el gusto y el habla, y observar sus cambios puede ayudar a detectar problemas de salud.

DATO 7El ácido de tu estómago puede disolver metal

El jugo gástrico tiene un pH de entre 1,5 y 3,5, lo que lo convierte en uno de los líquidos más ácidos del cuerpo. Su acidez se debe al ácido clorhídrico, que producen las células parietales de la pared del estómago. Es tan ácido que puede corroer algunos metales, como el zinc o el aluminio, aunque no de forma inmediata, sino a lo largo de horas o días.

Esto tiene consecuencias médicas importantes. Por ejemplo, cuando un niño se traga una moneda, el ácido del estómago puede corroer la capa exterior de algunas monedas. Un caso conocido es el de los centavos de dólar estadounidenses fabricados desde 1982, que son de zinc con una fina capa de cobre: si esa capa se daña, el ácido ataca el zinc y puede producir úlceras. Por eso los médicos vigilan a los niños que se han tragado monedas, aunque la mayoría las expulsan sin problemas en unos días.

Un caso mucho más peligroso es el de las pilas de botón, las pilas pequeñas y planas que llevan los relojes, las calculadoras, los mandos a distancia y muchos juguetes. Si un niño se traga una y se queda atascada en el esófago, la humedad y la corriente eléctrica que genera la pila pueden producir una reacción química que forma hidróxido, una sustancia muy alcalina que causa quemaduras graves en solo dos horas. Puede perforar el esófago y provocar la muerte. Por eso, si un niño se traga una pila de botón, hay que acudir a urgencias de inmediato. Algunas recomendaciones médicas indican dar miel a niños mayores de un año mientras se llega al hospital, para proteger el esófago, pero siempre siguiendo las indicaciones médicas. Las normas de seguridad exigen que los compartimentos de las pilas de los juguetes estén bien cerrados.

Los imanes pequeños también son peligrosos: si un niño se traga varios, pueden atraerse a través de las paredes del intestino y perforarlo.

¿Por qué el estómago no se daña con su propio ácido? Como vimos en otro artículo, se protege con una gruesa capa de moco rico en bicarbonato, que neutraliza el ácido junto a la pared, y renueva su revestimiento constantemente. Además, las células de la pared están muy unidas entre sí.

El ácido del estómago tiene funciones importantes: ayuda a digerir las proteínas, activa la enzima pepsina, mata la mayoría de los microbios que llegan con la comida y ayuda a absorber algunos nutrientes, como el hierro y la vitamina B12. Por eso, las personas que toman durante mucho tiempo medicamentos que reducen el ácido, como el omeprazol, pueden tener un mayor riesgo de algunas infecciones intestinales y de déficit de vitamina B12, según algunos estudios. Estos medicamentos son muy útiles para tratar el reflujo o las úlceras, pero se recomienda usarlos solo durante el tiempo necesario y con supervisión médica.

Hay animales con jugos gástricos aún más ácidos. Los buitres tienen un pH estomacal cercano a 1 o incluso menor, lo que les permite comer carroña llena de bacterias peligrosas, como las del ántrax o el botulismo, sin enfermar. Y las hienas pueden digerir huesos.

El ácido del estómago también está detrás de un fenómeno cotidiano: el ardor o acidez, cuando el ácido sube al esófago, y del vómito, cuyo sabor ácido y amargo se debe al ácido y a la bilis. Por eso, después de vomitar, se recomienda enjuagarse la boca con agua y no cepillarse los dientes enseguida, porque el esmalte está reblandecido por el ácido.

Por qué importa. El ácido del estómago es esencial para la digestión y la defensa, y su poder explica por qué tragarse pilas de botón o imanes es una urgencia médica.

DATO 6Los bebés nacen con más huesos que los adultos

Los recién nacidos tienen entre unos 270 y 300 huesos, según cómo se cuenten, y muchos de ellos son en parte cartílago, un tejido más blando y flexible. Con el crecimiento, muchos de esos huesos se fusionan entre sí, hasta que el esqueleto adulto queda con 206 huesos, aunque el número exacto puede variar ligeramente de una persona a otra.

Uno de los ejemplos más claros es el cráneo. En los bebés, los huesos del cráneo están separados por suturas, uniones flexibles de tejido fibroso, y por unos espacios más blandos llamados fontanelas, conocidas popularmente como “mollejas”. La más grande, la fontanela anterior, en la parte superior de la cabeza, tiene forma de rombo y suele cerrarse entre los 12 y 18 meses de edad. Esta flexibilidad tiene dos funciones importantes. Primero, permite que la cabeza del bebé se moldee y se comprima ligeramente para pasar por el canal del parto. Por eso algunos bebés nacen con la cabeza un poco alargada, que se redondea en pocos días. Segundo, permite que el cerebro crezca rápidamente durante los primeros años de vida: el cerebro de un bebé duplica su tamaño en el primer año.

Otros huesos que se fusionan son los de la columna vertebral: en la parte inferior, cinco vértebras se unen para formar el sacro, y otras tres a cinco forman el coxis, el hueso de la “rabadilla”, que es un resto de la cola de nuestros antepasados. La pelvis se forma por la fusión de tres huesos: el ilion, el isquion y el pubis.

Los huesos largos, como el fémur o el húmero, crecen gracias a unas zonas de cartílago situadas cerca de sus extremos, llamadas placas de crecimiento o cartílagos de crecimiento (fisis). En ellas, el cartílago crece y se va transformando poco a poco en hueso, un proceso llamado osificación, lo que alarga el hueso. Al terminar la pubertad, por la acción de las hormonas sexuales, las placas de crecimiento se cierran y se convierten en hueso: el crecimiento en altura se detiene. Esto ocurre, de media, hacia los 14 a 16 años en las chicas y los 16 a 18 años en los chicos, aunque algunas placas se cierran más tarde. Los médicos pueden estimar la edad ósea de un niño con una radiografía de la mano, observando cuánto se han cerrado las placas, lo que sirve para valorar su crecimiento o estimar la edad de una persona cuando no se conoce.

Las fracturas en los niños son distintas a las de los adultos. Sus huesos son más flexibles y pueden doblarse sin romperse del todo, en lo que se llama fractura en tallo verde, como una rama joven. Además, sus huesos se curan más rápido. Pero las fracturas que afectan a las placas de crecimiento pueden alterar el crecimiento del hueso, por eso requieren atención especial.

Durante la infancia y la adolescencia se forma la mayor parte de la masa ósea: se alcanza el pico de masa ósea hacia los 25 a 30 años. Cuanto mayor sea ese pico, menor será el riesgo de osteoporosis en la vejez. Por eso es importante que los niños y adolescentes tengan una buena alimentación, con suficiente calcio y vitamina D, y hagan ejercicio con impacto, como correr, saltar o jugar a deportes de pelota.

Más de la mitad de los huesos del cuerpo están en las manos y los pies: unos 27 en cada mano y unos 26 en cada pie.

Por qué importa. El esqueleto cambia mucho desde el nacimiento hasta la edad adulta, y la infancia es clave para construir huesos fuertes para toda la vida.

DATO 5Tu cuerpo tiene suficiente hierro para un clavo pequeño

Un adulto tiene en su cuerpo unos 3 a 4 gramos de hierro, aproximadamente, según su tamaño y su sexo: los hombres suelen tener algo más, unos 4 gramos, y las mujeres unos 2,5 a 3 gramos, en parte por las pérdidas de sangre durante la menstruación. Es suficiente para fabricar un clavo pequeño, de unos pocos centímetros. Parece poco, pero es esencial para la vida.

La mayor parte del hierro del cuerpo, alrededor de un 70 %, está en la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno desde los pulmones a todo el cuerpo. Cada molécula de hemoglobina contiene cuatro átomos de hierro, y cada uno puede unirse a una molécula de oxígeno. El hierro es también lo que da a la sangre su color rojo: cuando la hemoglobina se une al oxígeno, la sangre es de un rojo brillante, y cuando lo ha soltado, de un rojo más oscuro. Contrariamente a lo que se cree, la sangre nunca es azul: las venas parecen azules por la forma en que la piel refleja y absorbe la luz.

Otra parte del hierro está en la mioglobina, una proteína que almacena oxígeno en los músculos. Y el resto se guarda en el hígado, el bazo y la médula ósea, unido a una proteína llamada ferritina, como reserva. Los médicos miden la ferritina en la sangre para saber cuánto hierro almacenado tiene una persona.

El cuerpo es muy ahorrador con el hierro: recicla casi todo el hierro de los glóbulos rojos viejos, y solo pierde alrededor de 1 miligramo al día, con las células de la piel y del intestino que se desprenden, el sudor y la orina. No tiene un mecanismo activo para eliminar el exceso de hierro, así que controla la cantidad regulando cuánto absorbe en el intestino, gracias a una hormona llamada hepcidina.

La falta de hierro es la carencia nutricional más común del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, la anemia afecta a alrededor de un 30 % de las mujeres de 15 a 49 años y a un 40 % de los niños menores de 5 años en el mundo, y la carencia de hierro es su causa más frecuente. La anemia por falta de hierro produce cansancio, debilidad, palidez, falta de aire, dolor de cabeza, uñas quebradizas y, en los niños, puede afectar al desarrollo. Las personas con más riesgo son las mujeres con menstruaciones abundantes, las embarazadas, los niños pequeños, los adolescentes, los deportistas de resistencia y las personas con dietas pobres en hierro o con problemas de absorción.

El hierro de los alimentos se presenta en dos formas. El hierro hemo, presente en la carne, el pescado y el marisco, se absorbe bien, alrededor de un 15 a 35 %. El hierro no hemo, presente en las legumbres, los cereales, los frutos secos y las verduras de hoja verde, como las espinacas, se absorbe peor, alrededor de un 2 a 20 %. Pero su absorción mejora si se toma con vitamina C, por ejemplo con un zumo de naranja, pimientos o tomate, y empeora con el té, el café y el calcio. Por eso a las personas vegetarianas se les recomienda combinar bien los alimentos.

Hay un mito famoso: que las espinacas tienen muchísimo hierro. Se dice que surgió de un error con una coma decimal en un estudio del siglo XIX, que multiplicó por diez su contenido, y que el personaje de dibujos animados Popeye lo popularizó. En realidad, esa historia del error decimal también es un mito, según investigó el criminólogo Mike Sutton en 2010. Las espinacas tienen una cantidad de hierro moderada, y además contienen oxalatos, que dificultan su absorción.

El exceso de hierro también es malo: la hemocromatosis, una enfermedad hereditaria frecuente en personas de origen europeo, hace que el cuerpo absorba demasiado hierro, que se acumula en órganos como el hígado o el corazón y puede dañarlos. Por eso no conviene tomar suplementos de hierro sin indicación médica.

Por qué importa. El hierro es esencial para llevar oxígeno a todo el cuerpo, y una dieta variada y combinada con vitamina C ayuda a prevenir la anemia, la carencia más común del mundo.

DATO 4Al estornudar, el aire sale muy rápido

Las mediciones de la velocidad de un estornudo varían mucho según el estudio. Algunos estudios y medios hablan de más de 100 kilómetros por hora, e incluso de 160 o más, una cifra que se repite a menudo. Pero otros estudios más recientes, con técnicas de medida más precisas, han medido velocidades de unos 16 kilómetros por hora, unos 4,5 metros por segundo. En 2013, un estudio del investigador Julian Tang, en Singapur, que filmó estornudos con cámaras de alta velocidad y técnicas de iluminación especiales, encontró velocidades máximas de unos 4,5 metros por segundo. Otros estudios han medido hasta unos 30 o 35 metros por segundo en algunos casos. La variación depende de la persona, de la fuerza del estornudo y de cómo se mida.

Lo que sí es seguro es que las gotitas expulsadas pueden viajar varios metros. En 2014, un estudio de la ingeniera Lydia Bourouiba y su equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) filmó toses y estornudos con cámaras de alta velocidad y descubrió que forman una especie de nube de gas turbulenta que atrapa las gotitas y las transporta mucho más lejos de lo que se pensaba. Las gotitas más pequeñas pueden quedar suspendidas en el aire y viajar hasta 7 u 8 metros, según el estudio de 2020 de la misma investigadora, en las condiciones adecuadas de humedad y ventilación. Las gotas más grandes caen al suelo en uno o dos metros.

Un estornudo puede expulsar miles de gotitas, se estima que unas 40.000 según algunos estudios, de tamaños muy distintos, desde gotas visibles hasta partículas microscópicas, llamadas aerosoles, que pueden transportar virus y bacterias. Por eso los estornudos y la tos son una de las principales formas de transmisión de enfermedades respiratorias, como la gripe, el resfriado común o la COVID-19.

¿Por qué estornudamos? El estornudo es un reflejo que sirve para expulsar partículas irritantes de la nariz, como el polvo, el polen, el humo, los virus o las bacterias. Cuando algo irrita la mucosa de la nariz, los nervios envían una señal al tronco del encéfalo, que coordina una serie de acciones: se toma aire, se cierran los ojos, la garganta se cierra por un momento y luego los músculos del pecho y el abdomen se contraen con fuerza, expulsando el aire por la nariz y la boca. No se puede estornudar con los ojos abiertos de forma natural; es un reflejo, aunque la idea de que los ojos se saldrían si estornudamos con ellos abiertos es un mito.

Hay curiosidades sobre los estornudos. Alrededor de un 18 al 35 % de las personas estornudan al mirar una luz brillante, como el sol, un fenómeno llamado reflejo fótico del estornudo o síndrome ACHOO, que es hereditario. Se cree que se debe a una confusión entre las señales del nervio óptico y las del nervio que detecta la irritación de la nariz. Otras personas estornudan después de comer mucho, un fenómeno llamado snatiation.

Aguantar un estornudo tapándose la nariz y la boca no es recomendable. En 2018, un médico británico describió el caso de un hombre que se rompió la garganta al contener un estornudo, y en 2023 otro caso en Escocia de un hombre que se hizo un agujero en la tráquea. Son casos raros, pero muestran la fuerza del reflejo.

Para evitar contagiar a otros, se recomienda estornudar o toser en un pañuelo desechable y tirarlo después, o en el codo, no en las manos, lavarse las manos con frecuencia y, si se está enfermo, usar mascarilla en lugares cerrados o con personas vulnerables. Una buena ventilación de los espacios cerrados también reduce el riesgo de contagio.

Por qué importa. Aunque las cifras sobre su velocidad varían, los estornudos pueden llevar gotitas a varios metros, y taparse con el codo ayuda a proteger a los demás.

DATO 3Tus uñas de las manos crecen más rápido que las de los pies

Las uñas de las manos crecen unos 3,5 milímetros al mes, de media, en los adultos. Esto significa que una uña de la mano tarda unos 4 a 6 meses en crecer por completo desde la base hasta el borde. Las uñas de los pies, en cambio, crecen mucho más despacio: alrededor de 1,6 milímetros al mes, unas dos o tres veces más lento, y pueden tardar entre 12 y 18 meses en renovarse por completo. Estas cifras proceden de estudios como uno de 2010 publicado en el Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, que midió el crecimiento de las uñas en voluntarios.

Las uñas están hechas de queratina, la misma proteína dura que forma el pelo, la capa externa de la piel, los cuernos de los animales, las pezuñas y las garras. La parte visible, la lámina ungueal, está formada por células muertas compactadas. Las uñas crecen desde la matriz, una zona de células vivas situada bajo la piel, en la base de la uña. La lúnula, la zona blanca con forma de media luna que se ve en la base de algunas uñas, sobre todo en el pulgar, es la parte visible de la matriz.

¿Por qué crecen más rápido las uñas de las manos? No se sabe con total certeza, pero hay varias hipótesis. Una es la circulación sanguínea: las manos suelen estar más calientes y tener más riego sanguíneo que los pies. Otra es el uso: las manos se usan más, y los pequeños golpes y roces podrían estimular el crecimiento. Por la misma razón, se dice que las uñas de la mano dominante crecen un poco más rápido, y que las uñas de los dedos más largos, como el corazón, crecen más rápido que las del meñique, aunque las diferencias son pequeñas.

El crecimiento de las uñas cambia según varios factores. Crecen más rápido en los jóvenes que en las personas mayores, en verano que en invierno, durante el embarazo, y en los hombres algo más que en las mujeres, según algunos estudios. Crecen más despacio con la mala alimentación, algunas enfermedades o la falta de circulación.

Las uñas son una ventana a la salud. Los médicos las observan porque sus cambios pueden indicar problemas. Por ejemplo, unas líneas horizontales hundidas, llamadas líneas de Beau, pueden aparecer después de una enfermedad grave, una fiebre alta o un tratamiento de quimioterapia, porque el crecimiento de la uña se detuvo temporalmente; midiendo su distancia a la base, se puede estimar cuándo ocurrió el problema. Las uñas en cuchara, cóncavas, pueden indicar falta de hierro. Las manchas blancas, a menudo llamadas “mentiras”, no se deben a la falta de calcio, como se cree popularmente, sino normalmente a pequeños golpes en la matriz. Una línea oscura vertical que aparece de repente o cambia debe revisarse, porque en casos raros puede ser un melanoma. Y los hongos pueden causar uñas engrosadas y amarillentas.

Además, las uñas guardan un registro químico del pasado: como crecen poco a poco, se pueden analizar para detectar la exposición a sustancias como drogas, medicamentos o metales pesados, como el arsénico o el plomo, meses después.

Hay un mito macabro muy extendido: que las uñas y el pelo siguen creciendo después de la muerte. En realidad, lo que ocurre es que la piel se deshidrata y se retrae, lo que hace que las uñas y el pelo parezcan más largos, pero no crecen, porque el crecimiento requiere que las células de la matriz estén vivas y se dividan.

Las uñas son útiles para rascarse, para manipular objetos pequeños y para dar precisión al tacto, porque presionan la yema del dedo desde arriba y aumentan su sensibilidad.

Por qué importa. Las uñas crecen a un ritmo lento y constante que refleja la salud del cuerpo, y observar sus cambios puede ayudar a detectar problemas.

DATO 2Cada persona tiene un olor único

Cada persona tiene una “firma” olfativa única, un olor corporal propio que está influido por sus genes, su dieta, sus hormonas, su salud y, sobre todo, por las bacterias que viven en su piel. De hecho, el sudor humano apenas huele cuando se produce: el olor corporal aparece cuando las bacterias de la piel, como las de los géneros Corynebacterium y Staphylococcus, descomponen los compuestos del sudor, sobre todo el que producen las glándulas apocrinas, situadas en las axilas y la zona genital, y lo transforman en sustancias volátiles con olor.

Los perros tienen un olfato extraordinario, que puede ser entre 10.000 y 100.000 veces más sensible que el nuestro para algunas sustancias, según las estimaciones. Tienen alrededor de 300 millones de receptores olfativos, frente a unos 5 o 6 millones en los humanos, y una parte de su cerebro dedicada al olfato mucho mayor. Gracias a eso, los perros rastreadores pueden distinguir a personas concretas por su olor y seguir su rastro durante kilómetros, incluso días después de que la persona haya pasado.

Pueden distinguir incluso a gemelos idénticos. En un estudio de 2011, publicado en la revista PLOS ONE por investigadores de la República Checa, perros policía entrenados fueron capaces de distinguir el olor de gemelos idénticos, incluso aunque vivieran juntos y comieran lo mismo. Los gemelos idénticos tienen los mismos genes, así que la diferencia de olor debe venir de otros factores, como las bacterias de la piel. Estudios anteriores, de los años 80, habían encontrado que los perros tenían más dificultades con los gemelos, lo que muestra que es una tarea difícil incluso para ellos.

Parte de nuestro olor está relacionada con unos genes del sistema inmunitario llamados complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). En 1995, el biólogo suizo Claus Wedekind hizo un famoso experimento conocido como el “experimento de las camisetas sudadas”: pidió a varios hombres que durmieran dos noches con la misma camiseta, y luego pidió a mujeres que olieran las camisetas y valoraran su olor. Las mujeres tendían a preferir el olor de los hombres con genes MHC diferentes a los suyos. Se ha propuesto que esto podría favorecer que los hijos tengan un sistema inmunitario más diverso. Pero estudios posteriores han dado resultados mixtos, y el efecto, si existe, parece pequeño y depende de muchos factores.

El olor corporal también puede cambiar con la salud. Algunas enfermedades producen olores característicos: la diabetes descontrolada puede producir un aliento que huele a fruta o a acetona. Hay perros entrenados para detectar enfermedades por el olor, como algunos tipos de cáncer, la COVID-19, o las bajadas de azúcar en personas con diabetes. Un caso famoso es el de Joy Milne, una enfermera escocesa que notó que su marido había cambiado de olor años antes de que le diagnosticaran párkinson; en experimentos, identificó correctamente a personas con la enfermedad por el olor de sus camisetas, lo que ayudó a investigadores de la Universidad de Mánchester a buscar un posible análisis de piel para detectarla.

Los humanos también podemos reconocer olores de personas cercanas, aunque de forma menos consciente: las madres pueden reconocer el olor de sus bebés recién nacidos, y los bebés el de sus madres.

Los perros rastreadores se usan en rescates tras terremotos y avalanchas, en la búsqueda de personas desaparecidas, en la detección de drogas y explosivos, y en investigaciones policiales. Y en muchos países, las pruebas de olor con perros se han usado como prueba en juicios, aunque su fiabilidad ha sido cuestionada y hoy se usan con mucha más cautela.

Por qué importa. Cada persona tiene un olor único, y el extraordinario olfato de los perros se aprovecha para rescatar personas y hasta para detectar enfermedades.

DATO 1El cuerpo humano emite una luz muy débil

En 2009, un grupo de investigadores japoneses de la Universidad de Tohoku y del Instituto de Tecnología de Tohoku, liderados por Masaki Kobayashi, publicó en la revista PLOS ONE un estudio sorprendente: usando cámaras ultrasensibles, captaron que el cuerpo humano emite una luz muy débil, unas 1.000 veces más tenue que la que puede ver el ojo humano. Es decir, literalmente, brillamos, aunque no podamos verlo.

En el experimento, cinco voluntarios jóvenes y sanos se colocaron sin camiseta en una habitación completamente oscura, durante 20 minutos cada tres horas, desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche, durante tres días. Las cámaras, muy sensibles, capaces de detectar fotones individuales, registraron la luz que emitían sus cuerpos. Los investigadores descubrieron que la luz era más intensa en la cara, especialmente en las mejillas, la frente y el cuello. Y que variaba durante el día: era más baja por la mañana, hacia las 10, y más alta al final de la tarde, hacia las 4 de la tarde, y luego volvía a bajar. Relacionaron estas variaciones con el reloj biológico, el ritmo circadiano del cuerpo.

Esta luz no tiene nada que ver con el calor que desprende el cuerpo, que emite radiación infrarroja, invisible para nosotros, y que detectan las cámaras térmicas. La luz que midieron los investigadores es luz visible, aunque extremadamente débil, y se llama biofotones o emisión ultradébil de fotones.

¿De dónde viene? Se cree que se produce por las reacciones químicas del metabolismo de las células. Cuando las células producen energía, se generan unas moléculas muy reactivas llamadas radicales libres, o especies reactivas de oxígeno. Esas moléculas reaccionan con las grasas y las proteínas de las células, en un proceso llamado oxidación, y algunas de esas reacciones liberan pequeñas cantidades de luz, en un fenómeno parecido a la bioluminiscencia, aunque muchísimo más débil. Una sustancia de la piel, la melanina, también podría influir en la luz de la cara, que está más expuesta al sol.

El estudio fue pequeño, con solo cinco personas, y su principal interés era científico. Pero la emisión de biofotones se ha observado también en muchos otros seres vivos, como plantas, animales y bacterias, y los científicos la estudian desde hace décadas. En 2024, un estudio de la Universidad de Calgary, en Canadá, publicado en The Journal of Physical Chemistry Letters, detectó que los ratones vivos emitían más biofotones que los ratones muertos, y que la emisión de las plantas aumentaba cuando se dañaban, lo que sugiere que podría usarse para medir el estrés de los tejidos.

Por eso algunos investigadores proponen que, en el futuro, medir los biofotones podría servir para detectar enfermedades o el estrés oxidativo de forma no invasiva, sin necesidad de pinchazos ni muestras, por ejemplo para vigilar la salud de la piel o de los cultivos. Pero por ahora es una técnica experimental.

Hay que tener cuidado con las interpretaciones pseudocientíficas. Algunas personas han usado este tipo de estudios para hablar de “auras” o “energías” que rodearían el cuerpo, con supuestas propiedades curativas. Los biofotones son un fenómeno físico y químico real, pero no tienen relación con esas ideas, que no tienen base científica.

Algunos animales, en cambio, brillan de forma visible, como las luciérnagas, gracias a la bioluminiscencia. Y en 2019, un estudio descubrió que los ornitorrincos y otros mamíferos, como algunas ardillas voladoras, brillan con colores bajo la luz ultravioleta, un fenómeno llamado biofluorescencia, que es distinto: absorben luz ultravioleta y la reemiten en otro color.

Por qué importa. El cuerpo humano emite una luz tenue relacionada con su metabolismo, un fenómeno real que la ciencia estudia y que conviene no confundir con ideas pseudocientíficas.

Resumen de los 10 datos

  1. El cuerpo humano emite una luz muy débil.
  2. Cada persona tiene un olor único.
  3. Tus uñas de las manos crecen más rápido que las de los pies.
  4. Al estornudar, el aire sale muy rápido.
  5. Tu cuerpo tiene suficiente hierro para un clavo pequeño.
  6. Los bebés nacen con más huesos que los adultos.
  7. El ácido de tu estómago puede disolver metal.
  8. La lengua tiene una huella única.
  9. El hueso más pequeño está en tu oído.
  10. Tienes más bacterias que células humanas, o casi las mismas.

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Preguntas frecuentes

¿Tenemos más bacterias que células?

La proporción es cercana a 1:1, según un estudio de 2016.

¿Cuántos huesos tiene un bebé?

Entre 270 y 300, que se fusionan hasta quedar 206.

Fuentes

  1. Sender et al. (2016). Revised estimates for the number of human and bacteria cells in the body. PLOS Biology
  2. Wikipedia: Estribo (anatomía)
  3. Kobayashi et al. (2009). Imaging of ultraweak spontaneous photon emission from human body. PLOS ONE

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