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Dato #3 Naturaleza

10 secretos de las profundidades del océano

El número 1 vive donde la presión aplastaría un coche.

29 de septiembre de 2026 · 25 min de lectura

El océano cubre más del 70 % del planeta y aun así sigue siendo el lugar menos explorado de la Tierra. En sus profundidades hay ríos, cascadas y criaturas que parecen de otro mundo.

Estos diez datos te llevan desde la superficie hasta las fosas más profundas. Para cada uno explicamos qué sabemos, cómo se descubrió, qué dudas quedan y por qué el océano es clave para que puedas respirar, comer y vivir en un clima estable.

DATO 10Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo de nuestro océano

Los fondos marinos se han cartografiado de forma general con satélites, que miden pequeñas variaciones en la altura de la superficie del mar. Puede sonar extraño, pero el agua no es plana: una montaña submarina tiene tanta masa que su gravedad atrae un poco más de agua sobre ella, y la superficie se abomba unos metros. Los satélites altímetros detectan esas diferencias con radar y, a partir de ellas, los científicos deducen el relieve del fondo. El problema es que este método solo da una imagen borrosa, con detalles de varios kilómetros.

Para ver el fondo en alta resolución hay que usar barcos equipados con sonar multihaz, que emiten abanicos de pulsos de sonido y miden cuánto tardan en volver. Así se obtienen mapas con detalles de decenas de metros o menos. Con este método, a principios de la década de 2020 solo se había cartografiado alrededor de una cuarta parte del fondo oceánico. En 2017, cuando comenzó un gran proyecto internacional, era apenas un 6 %.

La superficie de Marte, en cambio, está cartografiada casi por completo con gran detalle desde órbita, y lo mismo pasa con la Luna. La razón no es que nos interese más el espacio, sino la física: el agua bloquea las ondas de radio y la luz, que son las herramientas que usan las sondas para mirar un planeta desde arriba. En el océano solo el sonido viaja bien, así que hay que recorrerlo en barco, franja a franja, a una velocidad parecida a la de una bicicleta. Cartografiarlo todo con un solo barco llevaría cientos de años.

El proyecto Seabed 2030, impulsado por la Fundación Nippon y la organización GEBCO, intenta completar el mapa del fondo para el año 2030. Reúne datos de barcos científicos, gobiernos, empresas e incluso yates y barcos pesqueros que aportan las lecturas de sus sondas. También se usan drones submarinos y barcos no tripulados que pueden trabajar semanas sin descanso.

¿Por qué importa tener este mapa? Hay muchas razones prácticas. Sirve para la navegación segura: en 2005, el submarino nuclear estadounidense USS San Francisco chocó a toda velocidad con una montaña submarina que no aparecía en sus cartas. Ayuda a predecir cómo se propagarán los tsunamis, porque la forma del fondo cambia su velocidad y su altura. Es necesario para tender cables submarinos de internet y para entender las corrientes, que transportan calor por el planeta e influyen en el clima.

También tiene un gran valor científico. Cada vez que se cartografía una zona nueva aparecen volcanes submarinos, cañones y montes desconocidos, que suelen ser puntos de gran biodiversidad. Se calcula que existen decenas de miles de montes submarinos de más de 1.000 metros de altura, y la mayoría nunca ha sido visitada. Algunos investigadores dicen, medio en broma, que conocemos mejor la cara oculta de la Luna que el fondo del mar que está a pocos kilómetros de nuestras costas.

El desafío no es solo técnico, también económico: un buen barco oceanográfico puede costar decenas de miles de euros al día. Por eso la colaboración entre países y la tecnología autónoma son tan importantes.

Por qué importa. Conocer el fondo del mar es necesario para la navegación, la prevención de tsunamis, los cables de internet y la protección de ecosistemas que aún no hemos visto.

DATO 9La fosa de las Marianas es más profunda que el Everest es alto

El abismo Challenger, en la fosa de las Marianas, en el océano Pacífico, supera los 10.900 metros de profundidad. Es el punto más profundo conocido de la corteza terrestre. Si pusieras el Everest, de 8.849 metros, en su fondo, su cima todavía quedaría unos dos kilómetros bajo el agua. La cifra exacta varía según la medición, pero ronda los 10.935 metros, con un margen de error de algunas decenas de metros.

La fosa de las Marianas es una zona de subducción: allí, la placa tectónica del Pacífico, más antigua y pesada, se hunde bajo la pequeña placa de las Marianas. Ese movimiento forma una zanja con forma de media luna de unos 2.500 kilómetros de largo, pero de solo unos 70 kilómetros de ancho de media. El nombre “Challenger” viene del barco británico HMS Challenger, que hizo las primeras mediciones de la zona en 1875, soltando una cuerda con un peso. En 1951 un barco con el mismo nombre la midió con ecosonda.

En el fondo, la presión es de más de 1.000 atmósferas, unas 1.000 veces la que notamos a nivel del mar. Equivale a tener el peso de un coche de una tonelada apoyado sobre cada centímetro cuadrado, o a tener un elefante de pie sobre la uña del pulgar. La temperatura del agua es de apenas 1 a 4 °C y la oscuridad es total.

Han llegado muy pocas personas. La primera expedición fue la del batiscafo Trieste, en 1960, con Jacques Piccard y Don Walsh. Tardaron casi cinco horas en bajar y solo pudieron pasar unos 20 minutos en el fondo; una ventana se agrietó durante el descenso y el sedimento levantado les impidió ver casi nada. En 2012, el director de cine James Cameron bajó en solitario en el Deepsea Challenger. Desde 2019, el explorador Victor Vescovo y su sumergible Limiting Factor han llevado a más de veinte personas, entre ellas la primera mujer en llegar, la exastronauta Kathryn Sullivan, en 2020. Aun así, ha habido más personas en la Luna, doce, que en el fondo del abismo Challenger durante muchos años.

Lo más sorprendente es que hay vida incluso allí. Se han encontrado anfípodos, pequeños crustáceos parecidos a gambas, holoturias, gusanos y una gran variedad de microbios. Los anfípodos de las fosas tienen enzimas capaces de digerir la madera de restos que caen desde la superficie.

Pero también hay una mala noticia. En la expedición de Vescovo de 2019 se encontró en el fondo lo que parecía una bolsa de plástico. Y en 2017 se hallaron en anfípodos de la fosa niveles de contaminantes como los PCB, prohibidos desde los años 70, más altos que en cangrejos de algunos de los ríos más contaminados de China. Los contaminantes viajan con los restos que se hunden y se acumulan en el fondo.

La fosa de las Marianas está protegida desde 2009 como monumento nacional marino de Estados Unidos, lo que limita la pesca y la minería en su entorno.

Por qué importa. El abismo Challenger demuestra que ningún rincón del planeta es inalcanzable para la vida, pero tampoco para nuestra contaminación.

DATO 8Existe un “río” bajo el mar en el mar Negro

En 2010, investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido) usaron un submarino robot para estudiar el fondo del mar Negro y detectaron un canal submarino por el que circula agua como si fuera un río, con orillas, curvas y llanuras de inundación. El canal mide en algunos tramos más de 30 metros de profundidad y hasta un kilómetro de ancho. Por él circulan unos 22.000 metros cúbicos de agua por segundo, unas diez veces el caudal del río más caudaloso de Europa occidental, el Rin.

¿Cómo puede haber un río dentro del mar? La clave es la densidad. El agua que entra desde el mar Mediterráneo, a través del estrecho del Bósforo, es más salada que la del mar Negro, que recibe mucha agua dulce de grandes ríos como el Danubio y el Dniéper. El agua salada pesa más, así que se hunde y fluye por el fondo, siguiendo las pendientes del relieve, igual que el agua de un río fluye cuesta abajo por un valle. Entre las dos capas hay un límite bastante claro, como entre el aceite y el vinagre.

Este río submarino se comporta como uno de tierra en muchos aspectos: arrastra sedimentos, erosiona sus orillas y forma meandros. Incluso tiene rápidos y, a veces, lo que parecen pequeñas cascadas. Sin embargo, hay diferencias. Por ejemplo, el agua de los ríos terrestres gira hacia la derecha en las curvas en el hemisferio norte, pero los investigadores observaron que en el río del mar Negro el giro es al revés, por la combinación de la rotación de la Tierra y la diferencia de densidades.

No es el único caso. Los oceanógrafos llaman a estos fenómenos corrientes de gravedad o corrientes de turbidez, cuando además arrastran mucho sedimento. En el fondo de muchos océanos hay canales submarinos enormes, excavados por estas corrientes durante miles de años, algunos de miles de kilómetros de largo. El canal del abanico del Amazonas o el del río Congo son ejemplos. En 1929, un terremoto frente a Terranova desencadenó una corriente de turbidez que rompió uno tras otro una docena de cables telegráficos transatlánticos; gracias a la hora exacta en que se cortó cada uno, los científicos calcularon que el flujo viajó a decenas de kilómetros por hora.

También hay “lagos” en el fondo del mar. En el golfo de México y en el mar Rojo hay piscinas de salmuera, agua tan cargada de sal que no se mezcla con el agua de alrededor y forma una superficie con orillas, incluso con pequeñas olas. Los animales que entran en ellas suelen morir, por eso algunos investigadores las llaman “jacuzzis de la desesperación”.

El mar Negro tiene otra particularidad: por debajo de unos 150 metros, su agua casi no tiene oxígeno. Por eso allí se conservan de forma extraordinaria restos de barcos antiguos, algunos con más de 2.000 años.

Por qué importa. Estos ríos y lagos bajo el agua muestran que el océano no es una masa uniforme: tiene capas y corrientes que transportan sedimentos, nutrientes y oxígeno, y que afectan a infraestructuras como los cables submarinos.

DATO 7La ballena azul es el animal más grande que ha existido

La ballena azul puede superar los 30 metros de largo y las 150 toneladas de peso. Es el animal más grande que se sabe que ha existido, más grande que cualquier dinosaurio conocido con restos fiables. Aunque algunos saurópodos como el Argentinosaurus eran más largos, su peso se calcula en unas 70 a 100 toneladas. Hay estimaciones recientes de fósiles como el Perucetus, un cetáceo antiguo, que podría haber sido muy pesado, pero su peso es muy incierto.

Su tamaño es difícil de imaginar. Su lengua puede pesar unas 2,7 toneladas, como un elefante pequeño. Una cría recién nacida mide unos 7 metros y pesa unas 2,5 toneladas, y durante la lactancia gana alrededor de 90 kilos al día. La leche de la madre es tan rica en grasa, cerca del 40 %, que tiene una textura parecida a la pasta de dientes.

¿Cómo se alimenta un animal tan grande? Por paradójico que parezca, a base de los animales más pequeños: el kril, unos crustáceos de pocos centímetros. La ballena azul no tiene dientes, sino barbas, unas láminas de queratina que cuelgan de su mandíbula superior. Cuando encuentra un banco de kril, abre la boca y se traga de golpe un volumen de agua y comida que puede superar su propio peso, gracias a los pliegues de su garganta que se expanden como un acordeón. Después empuja el agua hacia fuera con la lengua y retiene el kril en las barbas. Puede comer hasta 16 toneladas de kril en un solo día en las zonas de alimentación más ricas.

El agua es lo que le permite alcanzar ese tamaño. En tierra, un animal tan pesado necesitaría patas gruesísimas y un esqueleto imposible de mantener. En el mar, el agua sostiene su peso. Además, al ser un animal filtrador que se alimenta de enormes concentraciones de presas, obtiene muchísima energía por cada bocado.

Su voz es una de las más potentes del reino animal: sus llamadas, de frecuencias muy bajas, superan los 180 decibelios y pueden viajar cientos de kilómetros bajo el agua. Los humanos casi no podemos oírlas sin aparatos.

La ballena azul estuvo a punto de desaparecer. En el siglo XX, con los barcos balleneros modernos y los arpones explosivos, se cazaron unas 360.000 solo en el hemisferio sur. Se estima que la población se redujo a una pequeña fracción de la original. La caza comercial fue prohibida en 1966 y desde entonces su número se está recuperando lentamente, aunque sigue en peligro. Hoy sus principales amenazas son los choques con barcos, el enredo en redes de pesca, el ruido y los cambios en el kril por el calentamiento del océano.

Hay además un beneficio inesperado: las heces de las ballenas, ricas en hierro y nitrógeno, fertilizan la superficie del mar y ayudan a crecer al fitoplancton, que produce oxígeno y captura carbono.

Por qué importa. La ballena azul muestra hasta dónde puede llegar la vida cuando el entorno lo permite, y su recuperación es una de las pocas buenas noticias sobre conservación a gran escala.

DATO 6El corazón de una ballena azul pesa como un coche pequeño

El corazón de una ballena azul pesa unos 180 kilos, más o menos como un piano pequeño, y tiene el tamaño de un coche de golf. Durante años se dijo que una persona podría arrastrarse por sus arterias, pero eso es una exageración: su aorta mide unos 20 a 25 centímetros de diámetro, suficiente para meter la cabeza, pero no para gatear por dentro. Aun así, cada latido bombea cientos de litros de sangre.

Durante mucho tiempo, medir el corazón de una ballena azul viva parecía imposible. En 2019, un equipo de la Universidad de Stanford, dirigido por Jeremy Goldbogen, lo consiguió por primera vez. Colocaron un sensor con ventosas sobre el cuerpo de una ballena en la bahía de Monterrey, en California. El dispositivo, parecido a un electrocardiograma, registró su ritmo cardíaco durante casi nueve horas mientras buceaba y se alimentaba.

Los resultados fueron sorprendentes. En la superficie, al respirar, su corazón latía hasta unas 25 a 37 veces por minuto. Pero al bucear, cuando se sumergía buscando kril, el ritmo bajaba muchísimo, a una media de 4 a 8 latidos por minuto, y en algunos momentos a solo 2 latidos por minuto. Esta desaceleración extrema se llama bradicardia de buceo.

¿Por qué sucede? Es una estrategia para ahorrar oxígeno. Al bajar el ritmo, el cuerpo reduce el consumo de energía y dirige la sangre hacia los órganos más importantes, como el cerebro y el propio corazón, mientras que los músculos usan reservas de oxígeno almacenadas en una proteína llamada mioglobina. Todos los mamíferos tenemos una versión de este reflejo: si metes la cara en agua fría, tu corazón se ralentiza un poco. Pero en las ballenas y otros mamíferos marinos está llevado al extremo.

Los investigadores también descubrieron que el corazón de la ballena azul parece estar trabajando al límite de sus posibilidades. Cuando la ballena se alimenta a toda velocidad, abre la boca y traga, el corazón necesita acelerarse; cuando bucea, necesita frenar. Sus datos sugieren que una ballena más grande tendría dificultades para mantener ese equilibrio. Es decir, puede que la ballena azul esté cerca del tamaño máximo que permite la fisiología de un animal que respira aire y bucea para comer.

La aorta de la ballena es muy elástica y funciona como un amortiguador: se expande con cada latido y sigue empujando la sangre suavemente durante los largos intervalos entre un latido y el siguiente. Sin ese mecanismo, la sangre dejaría de circular entre latidos.

Estos estudios son muy difíciles de hacer porque requieren acercarse a animales enormes y salvajes, y colocar sensores con cuidado para no molestarlos. Por eso cada dato es valioso. Los mismos sensores con ventosas se usan también para estudiar cómo afecta el ruido de los barcos al comportamiento de las ballenas y cuánto comen, un dato clave para calcular cuánto kril necesitan las poblaciones para recuperarse.

Por qué importa. Estudiar el corazón de la ballena azul ayuda a entender los límites del tamaño animal y cómo el cuerpo gestiona el oxígeno, algo que también interesa a la medicina humana.

DATO 5Cerca de la mitad del oxígeno que respiras viene del océano

El fitoplancton está formado por algas y bacterias microscópicas que flotan cerca de la superficie del mar. Igual que las plantas, hace fotosíntesis: captura la luz del Sol, absorbe dióxido de carbono y libera oxígeno. Son tan pequeños que muchos no se pueden ver sin microscopio, pero hay tantos que su actividad cambia el color del océano y se puede ver desde el espacio en forma de manchas verdes y turquesas.

Se estima que el océano produce alrededor de la mitad del oxígeno que se genera en la Tierra, sobre todo gracias al fitoplancton. La cifra exacta es difícil de medir y varía según los estudios y las estaciones, pero la idea central es clara: aproximadamente una de cada dos respiraciones que haces depende del océano. La otra mitad la producen sobre todo las plantas terrestres, como los bosques.

Un organismo destaca: el Prochlorococcus, una bacteria que mide menos de una milésima de milímetro. Es posiblemente el organismo fotosintético más abundante del planeta, con billones de billones de células en los océanos. Se descubrió en 1986, lo que muestra lo poco que sabíamos del mar hasta hace pocas décadas. Se calcula que por sí solo produce una fracción importante del oxígeno de la Tierra.

Hay un matiz importante. Aunque el fitoplancton produce muchísimo oxígeno, gran parte lo consumen casi de inmediato los propios seres del océano, como animales, bacterias y el propio fitoplancton cuando respira de noche. Lo mismo ocurre en la Amazonia: produce mucho oxígeno, pero también consume casi todo. Por eso la frase “la Amazonia es el pulmón del mundo” no es del todo exacta. El oxígeno que respiramos hoy se acumuló en la atmósfera durante cientos de millones de años, y hay tanto que no se agotaría aunque la fotosíntesis se detuviera de golpe durante siglos.

El fitoplancton, en cambio, tiene otro papel fundamental: es la base de casi toda la cadena alimentaria marina. Lo comen el zooplancton y el kril, que a su vez comen peces, calamares y ballenas. Además, participa en la llamada bomba biológica de carbono: cuando el fitoplancton muere o es comido, parte del carbono que capturó se hunde hacia el fondo en forma de restos y heces, y puede quedar allí durante siglos o milenios. Este proceso ayuda a regular el clima al retirar CO₂ de la atmósfera.

Los científicos vigilan con preocupación los cambios en el fitoplancton. El calentamiento del océano hace que el agua superficial, más caliente, se mezcle menos con las capas profundas ricas en nutrientes. Algunos estudios apuntan a cambios en su abundancia y en su distribución, aunque los datos varían según la región.

El fitoplancton también puede causar problemas: cuando hay demasiados nutrientes, por ejemplo por fertilizantes que llegan desde los ríos, algunas especies se multiplican de golpe y forman mareas rojas, algunas tóxicas para peces y humanos.

Por qué importa. Cada vez que respiras dependes, en parte, de seres microscópicos del mar, y proteger el océano es proteger el sistema que regula el aire y el clima del planeta.

DATO 4Hay cascadas bajo el agua

En el estrecho de Dinamarca, entre Groenlandia e Islandia, se encuentra la mayor cascada conocida del planeta, y está completamente bajo el agua. Allí el agua fría y densa de los mares nórdicos se encuentra con un escalón en el fondo del océano y se precipita hacia abajo unos 3.500 metros, más de tres veces la altura del Salto Ángel, en Venezuela, la cascada más alta en tierra firme, de 979 metros.

Su caudal es enorme: se estima en unos 3 a 5 millones de metros cúbicos por segundo. Para comparar, las cataratas del Niágara llevan unos 2.400 metros cúbicos por segundo y el río Amazonas, el más caudaloso del mundo, unos 200.000. Es decir, esta cascada mueve más agua que todos los ríos de la Tierra juntos.

¿Cómo puede haber una cascada bajo el mar? Otra vez, la clave es la densidad. En los mares nórdicos, al norte de Islandia, el agua se enfría mucho en contacto con el aire del Ártico. El agua fría es más densa, y además, cuando se forma hielo marino, la sal queda en el agua líquida, que se vuelve más salada y todavía más pesada. Esa agua fría y salada se acumula y, al llegar al borde del estrecho, cae por la pendiente hacia el fondo del Atlántico, pasando por debajo del agua más cálida y ligera.

La caída no es vertical como en el Salto Ángel, sino una pendiente larga y suave que recorre cientos de kilómetros. Por eso nadie la puede “ver” como una cascada tradicional. Los científicos la han estudiado con instrumentos anclados en el fondo, que miden la temperatura, la salinidad y la velocidad del agua.

Esta cascada es una pieza clave de la circulación oceánica global, conocida a veces como la cinta transportadora oceánica. El agua fría que cae en el Atlántico Norte viaja lentamente por el fondo hacia el sur, recorre los océanos y vuelve a subir en otras regiones al cabo de cientos o incluso mil años. A cambio, el agua cálida de la superficie se desplaza hacia el norte, con la corriente del Golfo. Esta circulación del Atlántico, llamada AMOC, ayuda a que Europa occidental tenga un clima más suave que otras regiones situadas a la misma latitud, como Canadá.

Los científicos están atentos a si el cambio climático podría debilitar este sistema. El deshielo de Groenlandia añade agua dulce, que es menos densa, y podría reducir el hundimiento de agua en el Atlántico Norte. Algunos estudios indican que la AMOC se ha debilitado en las últimas décadas, aunque hay mucha incertidumbre sobre cuánto y sobre si podría llegar a un punto de no retorno. Por eso se ha instalado una red de sensores a lo largo del Atlántico para vigilarla de forma continua.

Hay otras cascadas submarinas similares en el mundo, por ejemplo entre el mar Mediterráneo y el Atlántico, en el estrecho de Gibraltar, donde el agua mediterránea, más salada, cae hacia las profundidades atlánticas.

Por qué importa. Esta cascada invisible mueve el agua de los océanos a escala planetaria y ayuda a regular el clima de regiones enteras, incluida Europa.

DATO 3El pez linterna podría ser el vertebrado más abundante del planeta

El pez linterna, de la familia de los mictófidos, mide solo unos pocos centímetros, pero podría ser el vertebrado más abundante del planeta. Existen unas 250 especies y viven en todos los océanos. Se calcula que su biomasa total, es decir, el peso de todos ellos juntos, podría superar los cientos de millones de toneladas, más que toda la pesca mundial en un año. Estas cifras son estimaciones con mucha incertidumbre, porque son difíciles de contar, pero todas apuntan a números enormes.

Se llaman peces linterna porque tienen unos órganos llamados fotóforos que producen luz, repartidos por el vientre y los costados. Esa luz se produce por bioluminiscencia, una reacción química en la que una molécula llamada luciferina se oxida y libera energía en forma de luz fría. Cada especie tiene un patrón distinto de puntos luminosos, que podría servirles para reconocerse entre sí en la oscuridad, como una especie de firma.

Los fotóforos del vientre tienen además una función de camuflaje llamada contrailuminación. Desde abajo, un depredador ve la silueta del pez recortada contra la luz tenue que llega de la superficie. Al emitir una luz de intensidad parecida desde su vientre, el pez linterna borra su sombra y se vuelve casi invisible.

Su comportamiento es igual de sorprendente. Cada noche, al oscurecer, suben desde profundidades de cientos de metros hasta cerca de la superficie para comer plancton, y al amanecer vuelven a bajar para esconderse de los depredadores en la oscuridad. Este desplazamiento, compartido por muchos otros animales, forma la migración vertical diaria, considerada la mayor migración animal del planeta por el número de individuos y la biomasa que mueve cada día.

Esta migración fue la causa de un misterio de la Segunda Guerra Mundial. Los sonares de los barcos detectaban una capa que parecía un fondo marino falso a unos cientos de metros de profundidad, y que por la noche subía. Se le llamó capa de dispersión profunda. Más tarde se descubrió que era un inmenso conjunto de pequeños animales, entre ellos los peces linterna, cuyas vejigas llenas de gas reflejaban el sonido.

Los peces linterna son también un eslabón clave de la cadena alimentaria. Son comida para atunes, calamares, delfines, focas y aves marinas. Y participan en el ciclo del carbono: al comer en la superficie por la noche y bajar de día, transportan carbono hacia las profundidades cuando respiran o defecan allí.

Hay interés en pescarlos para fabricar harina de pescado o aceite, pero muchos científicos advierten de que no sabemos lo suficiente sobre su papel en el ecosistema para explotarlos sin riesgos.

En 2021, un estudio con redes de arrastre y sonar en varias regiones del Atlántico calculó densidades de mictófidos mucho mayores de lo que se pensaba, porque muchos ejemplares esquivan las redes al ver sus luces o al notar el movimiento. Esto significa que las estimaciones antiguas, basadas solo en capturas, podrían estar muy por debajo de la realidad. Algunos investigadores creen que los peces mesopelágicos en conjunto, del grupo al que pertenece el pez linterna, podrían sumar hasta 10.000 millones de toneladas.

Por qué importa. Algunos de los animales más importantes del planeta son pequeños y casi invisibles para nosotros, y su migración diaria ayuda a mover el carbono hacia el fondo del mar.

DATO 2El calamar gigante tiene los ojos más grandes del reino animal

El calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni) tiene los ojos más grandes del reino animal. Pueden medir unos 27 centímetros de diámetro, más o menos como un balón de fútbol o un plato grande, con una pupila de unos 9 centímetros. Solo el calamar gigante, un pariente cercano, tiene ojos de tamaño parecido. Para comparar, el ojo humano mide unos 2,4 centímetros.

Este calamar vive en las aguas frías y profundas del océano Antártico, entre unos cientos y más de 2.000 metros de profundidad. Es el invertebrado más pesado conocido: el ejemplar más grande estudiado, capturado por un barco pesquero en 2007, pesaba unos 495 kilos, y medía unos 10 metros. Tiene ganchos giratorios en los tentáculos, además de ventosas, que le sirven para sujetar presas.

¿Para qué quiere unos ojos tan grandes? En las profundidades casi no llega la luz del Sol, pero muchos animales producen su propia luz. Un estudio de 2012 propuso una explicación: los ojos gigantes permiten a estos calamares detectar a su gran depredador, el cachalote, a más de 120 metros de distancia. Cuando un cachalote se mueve por el agua, agita pequeños organismos bioluminiscentes que se encienden a su paso y dibujan su silueta. Unos ojos enormes captan más de esa luz tenue y le dan al calamar tiempo para huir. Un ojo más pequeño no le permitiría ver tan lejos, y uno más grande casi no mejoraría la visión.

Los cachalotes y los calamares libran una batalla constante. Se han encontrado cachalotes con cicatrices circulares de ventosas y marcas de ganchos en la piel, y restos de calamares colosales en sus estómagos. De hecho, durante mucho tiempo casi todo lo que se sabía del calamar colosal venía de los picos, la parte dura de su boca, que se encontraban dentro de cachalotes muertos.

Es muy difícil de estudiar vivo. No fue hasta 2025 cuando se publicaron las primeras imágenes de un calamar colosal vivo en su medio natural: un ejemplar joven de unos 30 centímetros, grabado por un robot submarino cerca de las islas Sandwich del Sur. Del calamar gigante, su pariente de otros océanos, las primeras imágenes vivas en las profundidades se obtuvieron en 2012, en Japón.

Su metabolismo parece lento, lo que sugiere que podría ser un depredador que espera a sus presas en lugar de perseguirlas. Se alimenta probablemente de peces grandes, como la austromerluza, y de otros calamares.

Estos animales alimentaron durante siglos las leyendas de monstruos marinos, como el kraken de las historias nórdicas, que atacaba barcos. Aunque no hay pruebas de que ataquen a personas, su tamaño y su aspecto explican por qué inspiraron tantos relatos.

Los ojos de los calamares evolucionaron de forma independiente a los de los vertebrados, pero llegaron a una solución muy parecida, con córnea, cristalino y retina. Es un ejemplo clásico de evolución convergente. Una diferencia curiosa: en el ojo del calamar el nervio óptico sale por detrás de la retina, así que no tiene punto ciego como el nuestro.

Por qué importa. Los ojos del calamar colosal son un ejemplo extremo de cómo la presión de los depredadores moldea el cuerpo de los animales, y muestran lo poco que conocemos a los grandes habitantes de las profundidades.

DATO 1En las fosas más profundas viven peces bajo una presión enorme

En las fosas oceánicas, la presión es enorme, la temperatura roza el punto de congelación y no llega ni un rayo de luz. Aun así, hay vida. En 2022, un equipo de la Universidad de Australia Occidental y la Universidad de Ciencias Marinas de Tokio filmó un pez caracol del género Pseudoliparis a unos 8.336 metros de profundidad, en la fosa de Izu-Ogasawara, al sur de Japón. Es el pez más profundo jamás grabado. En otra fosa cercana capturaron ejemplares a unos 8.022 metros, los más profundos jamás recogidos.

Los peces caracol, de la familia de los lipáridos, no se parecen a los monstruos que solemos imaginar en las profundidades. Son pequeños, de unos 10 a 30 centímetros, con el cuerpo blando, gelatinoso y casi transparente, sin escamas y con una piel rosada o blanquecina. Nadan con suavidad y se alimentan de pequeños crustáceos, como los anfípodos, que abundan en las fosas.

¿Cómo sobreviven a una presión de más de 800 atmósferas? Tienen varias adaptaciones. Sus cuerpos son blandos, con poca estructura rígida y huesos poco mineralizados, así que la presión no los aplasta: al estar llenos de líquido, que casi no se comprime, la presión es igual dentro y fuera. No tienen vejiga natatoria, la bolsa de gas que otros peces usan para flotar, que se aplastaría. Además, en sus células acumulan una molécula llamada TMAO (óxido de trimetilamina), que protege sus proteínas de la deformación por la presión.

Precisamente el TMAO podría marcar el límite de profundidad para los peces. Cuanto más profundo vive un pez, más TMAO necesita, y esa sustancia aumenta la concentración de sus fluidos internos. Los cálculos indican que a partir de unos 8.200 a 8.400 metros, el pez necesitaría tanto TMAO que el agua de mar empezaría a entrar en sus células sin control. Por eso los científicos creen que los peces no pueden vivir mucho más abajo de lo que se ha filmado, aunque otros animales, como los anfípodos y las holoturias, sí llegan a los fondos más profundos.

Las fosas son lugares con más comida de lo que parece. Su forma en V actúa como un embudo que concentra la nieve marina, los restos orgánicos que caen desde la superficie, y los terremotos frecuentes remueven los sedimentos. En las fosas, los peces caracol no tienen casi competidores ni depredadores, así que pueden ser muy abundantes.

Para filmarlos, los investigadores usan módulos de aterrizaje, estructuras con cámaras, luces y cebo que se lanzan desde el barco y caen libremente hasta el fondo. Allí graban durante horas antes de soltar sus pesos y volver a la superficie. Cada expedición cuesta mucho, y algunas zonas se visitan por primera vez.

El pez caracol no es solo un habitante de las profundidades: en otras especies de la misma familia se han encontrado individuos en aguas poco profundas y frías, incluso en zonas intermareales.

Por qué importa. Estudiar la vida en las fosas ayuda a entender los límites de la biología, cómo funcionan las proteínas bajo presión y hasta dónde podría existir vida en otros mundos con océanos.

Resumen de los 10 datos

  1. En las fosas más profundas viven peces bajo una presión enorme.
  2. El calamar gigante tiene los ojos más grandes del reino animal.
  3. El pez linterna podría ser el vertebrado más abundante del planeta.
  4. Hay cascadas bajo el agua.
  5. Cerca de la mitad del oxígeno que respiras viene del océano.
  6. El corazón de una ballena azul pesa como un coche pequeño.
  7. La ballena azul es el animal más grande que ha existido.
  8. Existe un “río” bajo el mar en el mar Negro.
  9. La fosa de las Marianas es más profunda que el Everest es alto.
  10. Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo de nuestro océano.

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Preguntas frecuentes

¿Qué profundidad tiene la fosa de las Marianas?

Su punto más profundo, el abismo Challenger, supera los 10.900 metros.

¿Cuánto oxígeno produce el océano?

Se estima que alrededor de la mitad del oxígeno de la atmósfera, gracias al fitoplancton.

¿Existen cascadas bajo el mar?

Sí. La del estrecho de Dinamarca cae unos 3.500 metros.

¿Cuál es el pez más profundo filmado?

Un pez caracol, a más de 8.300 metros, en 2022.

Fuentes

  1. NOAA: How much of the ocean have we explored?
  2. NOAA: How much oxygen comes from the ocean?
  3. Goldbogen et al. (2019). Extreme bradycardia and tachycardia in the world's largest animal. PNAS
  4. Seabed 2030
  5. Wikipedia: Abismo Challenger

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