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Dato #15 Naturaleza

10 fenómenos naturales impresionantes

El número 1 ilumina el mar de azul.

29 de septiembre de 2026 · 28 min de lectura

La naturaleza guarda estrategias que parecen de ciencia ficción: bosques que son un solo ser, flores que apestan a propósito, piñas que esperan al fuego y playas que brillan de noche.

Estos diez datos explican cómo funcionan esos fenómenos, qué han descubierto los científicos sobre ellos, qué partes siguen en debate y por qué importan para proteger los ecosistemas.

DATO 10Algunos árboles se “comunican” por hongos

Las raíces de la mayoría de las plantas terrestres, incluidos muchos árboles, viven asociadas con hongos. Esa asociación se llama micorriza, del griego mykes, “hongo”, y rhiza, “raíz”. Los filamentos de los hongos, llamados hifas, son muchísimo más finos que las raíces y se extienden por el suelo formando una red enorme, el micelio. Se estima que alrededor del 90 % de las especies de plantas forman algún tipo de micorriza. Es una de las relaciones más antiguas y extendidas de la naturaleza: los fósiles indican que ya existía hace más de 400 millones de años, cuando las primeras plantas colonizaron la tierra.

Se trata de una relación de mutualismo, en la que ambos salen ganando. El hongo ayuda a la planta a absorber agua y nutrientes del suelo, sobre todo fósforo y nitrógeno, porque sus hifas llegan a rincones del suelo donde las raíces no pueden llegar. A cambio, la planta le da al hongo azúcares y grasas que produce con la fotosíntesis, porque el hongo no puede fabricar su propio alimento. Se calcula que las plantas pueden ceder a los hongos una parte importante del carbono que capturan. Además, los hongos pueden proteger a las plantas de algunas enfermedades y de metales tóxicos del suelo.

Como los hongos pueden conectarse con varias plantas a la vez, se forman redes micorrícicas comunes, que unen las raíces de distintos árboles, a veces de especies diferentes. En 1997, la ecóloga canadiense Suzanne Simard publicó en la revista Nature un estudio en el que usaba carbono marcado con isótopos y encontró que se transfería carbono entre abedules y abetos a través de estas redes. La revista la presentó en su portada como “Wood Wide Web”, un “internet del bosque”. Simard y otros investigadores propusieron después que los árboles más grandes, los “árboles madre”, podían enviar nutrientes a los más jóvenes y a sus parientes, e incluso avisar a otros árboles de ataques de plagas.

La idea se hizo muy popular gracias a libros como La vida secreta de los árboles, del guardabosques alemán Peter Wohlleben, publicado en 2015, y el libro de la propia Simard, En busca del árbol madre, de 2021. También inspiró películas y series.

Sin embargo, la idea del “internet del bosque” aún se debate entre los científicos. En 2023, un grupo de investigadores liderado por Justine Karst, de la Universidad de Alberta, publicó en la revista Nature Ecology & Evolution una revisión de los estudios sobre el tema. Concluyeron que las redes micorrícicas existen, pero que las pruebas de que transfieren recursos de forma significativa entre árboles, y de que eso beneficia a los árboles jóvenes o a sus parientes, son débiles o contradictorias, y que muchas afirmaciones populares han ido más allá de lo que demuestran los datos. Señalaron que es muy difícil estudiar estas redes en bosques reales, y que muchos estudios se han hecho en condiciones de laboratorio o con pocos árboles.

Los científicos coinciden, eso sí, en que las micorrizas son fundamentales para la salud de los bosques y de los suelos. También almacenan mucho carbono en el suelo: un estudio de 2023 estimó que las plantas transfieren cada año a los hongos micorrícicos una cantidad de carbono equivalente a alrededor de un tercio de las emisiones anuales de combustibles fósiles, aunque no se sabe cuánto tiempo permanece allí.

Las micorrizas se usan en agricultura y jardinería para mejorar el crecimiento de las plantas y reducir el uso de fertilizantes. Y hay proyectos, como la Society for the Protection of Underground Networks (SPUN), que cartografían las redes de hongos del mundo para protegerlas.

Por qué importa. Las micorrizas son la base invisible de los bosques y del suelo, y el debate sobre el “internet del bosque” muestra cómo la ciencia distingue entre lo demostrado y lo sugerente.

DATO 9Existen bosques de un solo árbol

Pando, en el estado de Utah, en Estados Unidos, parece un bosque de unos 47.000 álamos temblones (Populus tremuloides), unos árboles de corteza blanca y hojas que tiemblan con la más mínima brisa. Pero en realidad todos esos troncos son un solo organismo: comparten un mismo sistema de raíces y son genéticamente idénticos. Es decir, es un clon gigante. Su nombre viene del latín y significa “me extiendo”.

Pando ocupa unas 43 hectáreas, más o menos 60 campos de fútbol, en el Bosque Nacional Fishlake. Se estima que pesa unas 6.000 toneladas, lo que lo convierte en uno de los organismos más pesados conocidos de la Tierra. Fue identificado como un solo organismo en 1976 por los investigadores Jerry Kemperman y Burton Barnes, que se fijaron en que todos los álamos de la zona tenían características idénticas, como el momento en que les salían las hojas o el color que tomaban en otoño. En 2008, un estudio genético de la Universidad de Utah confirmó que todos los troncos analizados tenían el mismo ADN.

¿Cómo se forma un clon así? Los álamos temblones pueden reproducirse de dos formas: por semillas, de forma sexual, o de forma vegetativa, echando nuevos brotes desde sus raíces, llamados chupones. En el clima seco de Utah, las semillas rara vez consiguen germinar, así que el bosque se expande sobre todo mediante estos brotes. Cada tronco vive unos 100 a 130 años, pero el sistema de raíces sigue vivo y produce nuevos troncos. Así, el organismo se va renovando continuamente.

Su edad es difícil de calcular. Durante mucho tiempo se dijo que podía tener hasta 80.000 años, pero esa cifra es muy dudosa. En 2024, un estudio genético publicado como preprint, que analizó las mutaciones acumuladas en distintas partes de Pando, estimó que podría tener entre 16.000 y 80.000 años, probablemente más de 16.000. Aunque su edad exacta sigue siendo incierta, se considera uno de los organismos vivos más antiguos del planeta.

Pando está en peligro. Desde hace décadas, apenas crecen troncos nuevos que sustituyan a los viejos que mueren. La causa principal es que los ciervos mulos y el ganado que pastan en la zona se comen los brotes jóvenes antes de que puedan crecer. La desaparición de los grandes depredadores, como los lobos y los pumas, ha aumentado las poblaciones de ciervos. Además, las enfermedades, la sequía y el cambio climático afectan al bosque. Los estudios indican que Pando se está reduciendo lentamente.

Para protegerlo, se han instalado vallas en algunas zonas para impedir el paso de los animales, y allí los brotes jóvenes han vuelto a crecer. La organización Friends of Pando trabaja en su conservación e investigación.

Hay otros organismos clonales gigantes en el mundo. El hongo Armillaria ostoyae del Bosque Nacional Malheur, en Oregón, se extiende bajo tierra por casi 10 kilómetros cuadrados y es a menudo citado como el organismo más grande por extensión conocido, con una edad estimada de varios miles de años. Y como veremos en otro dato, en Australia hay una pradera de posidonia que es una sola planta de enorme tamaño.

La existencia de Pando también plantea una pregunta curiosa: ¿qué es un individuo? Para nosotros, cada árbol parece un ser independiente, pero genéticamente y por sus raíces, todo el bosque es uno solo.

Por qué importa. Pando muestra que un bosque puede ser un solo ser vivo, y su declive recuerda cómo el equilibrio entre depredadores, herbívoros y plantas afecta a los ecosistemas.

DATO 8El bambú puede crecer casi un metro en un día

Algunas especies de bambú pueden crecer casi un metro en un solo día en condiciones ideales. Es el caso del bambú moso (Phyllostachys edulis), originario de China, una de las plantas de crecimiento más rápido del mundo. Se han registrado tasas de crecimiento de unos 91 centímetros en 24 horas, según el Libro Guinness de los Récords, es decir, unos 4 centímetros por hora. En teoría, si te sentaras a mirarlo durante un rato, podrías llegar a notar cómo crece.

Aunque a menudo se confunde con un árbol, el bambú es en realidad una hierba gigante, de la familia de las gramíneas o poáceas, la misma que el trigo, el arroz, el maíz o el césped. Hay más de 1.400 especies de bambú, desde algunas pequeñas hasta otras que superan los 30 metros de altura.

Su secreto está en cómo crece. Los árboles crecen poco a poco, añadiendo nuevas células en sus puntas y engrosando el tronco cada año. El bambú, en cambio, crece de forma muy distinta. Sus tallos, llamados cañas o culmos, están divididos en segmentos por nudos, como un telescopio. Los brotes nuevos salen del suelo desde un sistema de tallos subterráneos, los rizomas, con el diámetro que tendrán de adultos, y con todos sus segmentos ya formados, pero comprimidos. Durante la temporada de crecimiento, cada segmento se alarga a la vez, gracias sobre todo a que sus células se estiran rápidamente absorbiendo agua. Así, en unas pocas semanas o meses, una caña puede alcanzar su altura completa. Después, deja de crecer en altura, y durante los años siguientes se endurece y se vuelve leñosa.

La energía para este crecimiento rápido viene de las cañas adultas, que están conectadas por los rizomas y almacenan azúcares que envían a los brotes nuevos. Por eso un bosque de bambú funciona como una red conectada.

El bambú tiene otras características curiosas. Algunas especies florecen muy raramente, a intervalos de décadas o incluso más de un siglo, y lo hacen todas a la vez, en un fenómeno llamado floración gregaria. Después de florecer, las plantas suelen morir. La enorme cantidad de semillas que producen de golpe atrae a ratas y otros roedores, cuyas poblaciones se disparan. En la región de Mizoram, en la India, la floración del bambú Melocanna baccifera, que ocurre cada unos 48 años, ha provocado plagas de ratas que después arrasan los cultivos y causan hambrunas, como en 1959 y en 2006-2008.

El bambú es muy útil para los seres humanos. Es un material de construcción resistente, flexible y ligero: su resistencia a la tracción se compara a veces con la del acero en relación con su peso. En muchos países de Asia se usa para andamios, incluso en rascacielos. También se usa para fabricar muebles, suelos, papel, textiles, instrumentos musicales y utensilios. Sus brotes tiernos son comestibles y son muy populares en la cocina asiática.

Por su rápido crecimiento, el bambú se considera un recurso sostenible, porque se puede cosechar sin matar la planta y se regenera rápidamente. Además, captura carbono y ayuda a sujetar el suelo frente a la erosión. Pero algunas especies son invasoras en otros países, porque se extienden rápidamente con sus rizomas y desplazan a la vegetación local. En jardinería se recomienda instalar barreras subterráneas para contenerlo.

Y, por supuesto, el bambú es la base de la dieta del panda gigante, que come entre 12 y 38 kilos de bambú al día.

Por qué importa. El crecimiento del bambú muestra formas de crecer muy distintas a las de los árboles, y lo convierte en un material útil y sostenible si se gestiona bien.

DATO 7Hay flores que huelen a carne podrida

La flor cadáver (Amorphophallus titanum), también llamada aro gigante, es una planta originaria de las selvas de Sumatra, en Indonesia. Tiene una de las mayores inflorescencias no ramificadas del mundo, es decir, un conjunto de muchas flores pequeñas agrupadas en una estructura que parece una sola flor enorme. Puede superar los 3 metros de altura. Su nombre científico, poco elegante, significa “falo gigante deforme”, por su forma.

Su rasgo más famoso es su olor: cuando florece, desprende un hedor muy fuerte a carne podrida, pescado en mal estado, calcetines sucios y queso fuerte. Los científicos han identificado varias sustancias responsables, como la dimetil trisulfuro, que huele a cebolla y carne podrida, el ácido isovalérico, que recuerda a sudor, o la putrescina y la cadaverina, que dan el olor a carne en descomposición.

¿Para qué quiere oler tan mal? Para atraer a sus polinizadores. En su hábitat natural, la flor cadáver es polinizada por escarabajos carroñeros y moscas, que se alimentan o ponen sus huevos en la carne en descomposición. Al oler el hedor, acuden a la flor pensando que han encontrado un animal muerto, y en el proceso transportan el polen. Además, la planta tiene otro truco: durante la floración, la parte central, llamada espádice, se calienta hasta unos 36 °C, más o menos la temperatura del cuerpo humano, lo que ayuda a dispersar el olor y engaña aún más a los insectos, porque imita el calor de un cadáver reciente. Su color rojo oscuro recuerda también a la carne.

La flor cadáver florece muy pocas veces: puede tardar siete a diez años en florecer por primera vez, y después lo hace a intervalos irregulares de varios años. Y cuando florece, la inflorescencia solo permanece abierta uno o dos días, antes de marchitarse. Por eso cada floración es un acontecimiento. En los jardines botánicos de todo el mundo, cuando una flor cadáver va a abrirse, se forman largas colas de visitantes que quieren verla y olerla, y muchos jardines la retransmiten en directo por internet.

La primera vez que un científico occidental la describió fue en 1878, cuando el botánico italiano Odoardo Beccari la encontró en Sumatra y envió semillas a Europa. La primera floración fuera de su hábitat se produjo en 1889 en los Reales Jardines Botánicos de Kew, en Londres.

Durante el resto del tiempo, la planta produce una sola hoja enorme, que puede medir más de 6 metros de alto y parecer un pequeño árbol. Bajo tierra tiene un gigantesco tubérculo, llamado cormo, que puede pesar más de 100 kilos y almacena la energía necesaria para su floración.

No hay que confundirla con la Rafflesia arnoldii, otra planta de Sumatra también llamada “flor cadáver”, que tiene la flor individual más grande del mundo, de hasta 1 metro de diámetro, y que también huele a carne podrida. La Rafflesia es un parásito sin hojas ni raíces propias.

La flor cadáver está clasificada como en peligro por la UICN. En la naturaleza quedan menos de 1.000 ejemplares, amenazados por la deforestación de las selvas de Sumatra para plantaciones de aceite de palma y otros cultivos. Los jardines botánicos intercambian polen para mantener su diversidad genética.

Por qué importa. La flor cadáver muestra que las plantas desarrollan estrategias muy ingeniosas para reproducirse, y su rareza recuerda la importancia de proteger las selvas tropicales.

DATO 6Algunas semillas germinan solo tras un incendio

Algunas especies de pinos, como el pino de Banks (Pinus banksiana) de Canadá, el pino contorto (Pinus contorta) de Norteamérica o, en parte, el pino carrasco (Pinus halepensis) del Mediterráneo, tienen piñas serótinas. Son piñas que permanecen cerradas en el árbol durante años, selladas con una resina, y que solo se abren con el calor intenso de un incendio. La palabra “serótino” viene del latín serotinus, que significa “tardío”.

¿Cómo funciona? La resina que mantiene cerradas las escamas de la piña se funde a temperaturas de unos 45 a 60 °C, según la especie. Cuando un incendio pasa por el bosque, el calor funde la resina, las escamas se abren y liberan las semillas, que caen al suelo después de que el fuego haya pasado. Las semillas están protegidas dentro de la piña durante el incendio y sobreviven.

¿Qué ventaja tiene esto? Muchas. Tras un incendio, el suelo queda limpio: el fuego ha eliminado la hojarasca, los arbustos y las plantas que competirían con las plántulas por la luz, el agua y los nutrientes. Además, las cenizas aportan nutrientes como el potasio y el fósforo. Y el incendio ha abierto huecos en el dosel del bosque, por los que entra la luz del sol, necesaria para que los pinos jóvenes crezcan. También hay menos depredadores de semillas en ese momento. Así, los pinos serótinos aprovechan el fuego para regenerar el bosque justo en el momento más favorable.

Esta estrategia forma parte de un conjunto de adaptaciones de algunas plantas al fuego, llamadas pirófitas. En los ecosistemas donde los incendios son naturales y frecuentes, como los bosques boreales, los chaparrales de California, las sabanas o el matorral mediterráneo, muchas plantas han evolucionado para resistir o aprovechar el fuego. Algunas tienen cortezas gruesas que las protegen, como el alcornoque, cuyo corcho aísla el tronco del calor. Otras rebrotan desde sus raíces o desde yemas protegidas tras un incendio, como el eucalipto o la encina. Y hay semillas que solo germinan tras la exposición al humo o al calor, por sustancias del humo llamadas karrikinas.

Un ejemplo famoso es el del Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos. En 1988, grandes incendios quemaron alrededor de un tercio del parque. Muchos pensaron que el parque había quedado destruido, pero en pocos años, los pinos contortos, gracias a sus piñas serótinas, cubrieron de nuevo las zonas quemadas con millones de plántulas. Fue una lección sobre el papel natural del fuego en algunos ecosistemas.

Sin embargo, esta estrategia tiene límites. Si los incendios son demasiado frecuentes, los pinos jóvenes no tienen tiempo de crecer y producir sus propias piñas antes del siguiente fuego, y el bosque puede no recuperarse, siendo sustituido por matorral. Y si los incendios son demasiado intensos, pueden destruir incluso las semillas. El cambio climático, con más sequías, calor y olas de calor, está aumentando la frecuencia y la intensidad de los incendios en muchas regiones, lo que pone en riesgo incluso a los bosques adaptados al fuego.

Por otro lado, las décadas de supresión total de incendios en algunos lugares han acumulado demasiado combustible en los bosques, lo que favorece incendios más graves. Por eso muchos gestores forestales usan hoy quemas prescritas, fuegos controlados en condiciones seguras, para reducir el combustible y imitar el régimen natural del fuego.

En España, muchos incendios forestales están causados por actividades humanas, y la gestión del paisaje rural es clave para prevenirlos.

Por qué importa. Algunos bosques dependen del fuego para regenerarse, pero el cambio climático y la mala gestión pueden convertir un proceso natural en una amenaza.

DATO 5La planta más grande del mundo es una pradera marina

En la bahía Shark, un espacio protegido en la costa oeste de Australia, declarado Patrimonio de la Humanidad, se descubrió en 2022 que una enorme pradera de Posidonia australis, una planta marina, es en realidad una sola planta. Es un clon que se extiende a lo largo de unos 180 kilómetros, cubriendo unas 20.000 hectáreas, una superficie mayor que la de muchas ciudades. Se considera la planta más grande conocida del mundo por extensión.

El descubrimiento fue casi casual. Un equipo de investigadores de la Universidad de Australia Occidental y de la Universidad de Flinders, liderado por Jane Edgeloe y Elizabeth Sinclair, quería estudiar la diversidad genética de las praderas de posidonia de la bahía para planificar su restauración. Recogieron muestras de brotes en 10 praderas distintas y analizaron unos 18.000 marcadores genéticos. Esperaban encontrar muchas plantas distintas, pero descubrieron que casi todas las muestras eran genéticamente idénticas: pertenecían a un solo individuo. Publicaron sus resultados en la revista Proceedings of the Royal Society B.

¿Cómo pudo formarse? La posidonia, igual que otras fanerógamas marinas, plantas con flor que viven bajo el mar, puede reproducirse de dos formas: por semillas, que se forman tras la polinización, o de forma vegetativa, extendiendo sus tallos horizontales, los rizomas, bajo la arena y echando nuevos brotes. Esta planta ha crecido extendiéndose poco a poco con sus rizomas, a un ritmo de unos 35 centímetros al año. A ese ritmo, los investigadores calculan que la planta tendría al menos unos 4.500 años.

Otra sorpresa fue que la planta es poliploide: tiene el doble de cromosomas que las demás posidonias de su especie, 40 en lugar de 20. Los científicos creen que surgió de un cruce entre dos tipos de posidonia. La poliploidía puede hacer que una planta sea más resistente, y esto podría explicar por qué ha sobrevivido tanto tiempo en la bahía Shark, que tiene condiciones difíciles: temperaturas muy variables, mucha luz y una salinidad que puede ser el doble que la del mar abierto. Aunque es casi estéril, parece que sigue floreciendo, y los investigadores estudian si produce semillas viables.

Las praderas de fanerógamas marinas son ecosistemas muy importantes. Sirven de refugio y guardería para peces, crustáceos y otros animales, y de alimento para especies como los dugongos y las tortugas marinas, que en la bahía Shark son abundantes. Además, capturan y almacenan grandes cantidades de carbono en sus sedimentos, lo que se llama carbono azul, y ayudan a proteger las costas de la erosión, y a mantener el agua limpia.

Pero estas praderas están en retroceso en todo el mundo, por la contaminación, el dragado, las anclas de los barcos y el cambio climático. En la bahía Shark, una ola de calor marina en 2011 destruyó alrededor de un tercio de las praderas de posidonia de la bahía.

En el Mediterráneo, la especie pariente Posidonia oceanica forma praderas que son clave para las costas españolas. En 2006, un estudio encontró en las Baleares, cerca de Formentera, una pradera que podría tener hasta 100.000 años, aunque esa cifra es muy incierta. La posidonia mediterránea está protegida por la ley en España, y en Baleares está prohibido fondear barcos sobre ella. Las “bolas” y hojas secas que llegan a las playas son restos de posidonia, que ayudan a proteger la arena de la erosión.

Por qué importa. Las praderas marinas son ecosistemas clave para la biodiversidad y el clima, y su protección requiere controlar la contaminación, el fondeo de barcos y el calentamiento del mar.

DATO 4Los hongos están más emparentados con los animales que con las plantas

Los análisis genéticos muestran que los hongos están más emparentados con los animales que con las plantas. Puede parecer extraño, porque los hongos no se mueven, crecen en el suelo y durante siglos se estudiaron dentro de la botánica. Pero el ADN no deja lugar a dudas: hongos y animales comparten un antepasado común más reciente que el que comparten con las plantas.

Ambos pertenecen a un gran grupo llamado opistocontos, que incluye a los animales, los hongos y algunos organismos unicelulares relacionados. El nombre viene del griego y significa “flagelo posterior”, porque en este grupo, las células que tienen un flagelo, una especie de cola para moverse, lo tienen en la parte trasera, empujando la célula, como los espermatozoides de los animales o las esporas de algunos hongos primitivos, los quitridios. En cambio, en muchos otros organismos, el flagelo está en la parte delantera, tirando de la célula.

Los hongos y los animales comparten otras características. Ambos son heterótrofos: no pueden fabricar su propio alimento con la luz del sol, como hacen las plantas con la fotosíntesis, sino que deben obtenerlo de otros organismos. Los hongos lo hacen segregando enzimas que digieren la materia orgánica fuera de su cuerpo, y absorbiendo después los nutrientes. Además, ambos usan la quitina, un material resistente: los hongos la tienen en sus paredes celulares, y muchos animales, como los insectos y los crustáceos, en sus caparazones. Y ambos almacenan energía en forma de glucógeno, mientras que las plantas lo hacen en forma de almidón.

La separación de los hongos del reino vegetal se hizo oficial en 1969, cuando el ecólogo Robert Whittaker propuso clasificar los seres vivos en cinco reinos, dando a los hongos un reino propio, Fungi. En los años 90, los estudios de ADN confirmaron su parentesco cercano con los animales.

Este parentesco tiene consecuencias prácticas importantes en la medicina. Como las células de los hongos se parecen mucho a las nuestras, es difícil encontrar medicamentos antifúngicos que ataquen a los hongos sin dañar también nuestras células. Con las bacterias es más sencillo, porque son muy diferentes: los antibióticos atacan estructuras que solo tienen las bacterias. Por eso muchos antifúngicos, sobre todo los que se toman por vía oral o intravenosa, pueden tener efectos secundarios importantes, por ejemplo en el hígado o los riñones, y hay menos opciones de tratamiento. La mayoría de los antifúngicos atacan el ergosterol, una sustancia de la membrana de los hongos que es parecida, pero no igual, al colesterol de nuestras células.

Las infecciones por hongos son un problema de salud creciente. Aunque la mayoría son leves, como el pie de atleta, algunas pueden ser graves, sobre todo en personas con el sistema inmunitario debilitado. La OMS publicó en 2022 su primera lista de hongos prioritarios, y alerta del aumento de la resistencia a los antifúngicos. Un ejemplo preocupante es Candida auris, un hongo detectado por primera vez en 2009 en Japón, que causa brotes en hospitales y es resistente a muchos tratamientos.

Por otro lado, los hongos son esenciales para la vida en la Tierra: descomponen la materia muerta y reciclan nutrientes, forman micorrizas con las plantas y nos dan alimentos, como las setas, la levadura del pan, la cerveza y el vino, o los quesos azules, además de medicamentos como la penicilina.

Se conocen unas 150.000 especies de hongos, pero se estima que podrían existir entre 2 y 5 millones, la mayoría aún sin describir.

Por qué importa. Saber que los hongos son parientes cercanos de los animales ayuda a entender por qué las infecciones por hongos son difíciles de tratar y por qué merecen más investigación.

DATO 3Hay luciérnagas que se sincronizan

En el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes (Great Smoky Mountains), entre Tennessee y Carolina del Norte, en Estados Unidos, vive una especie de luciérnaga, Photinus carolinus, que tiene un comportamiento extraordinario: sincroniza sus destellos. Durante unas pocas semanas al año, normalmente entre finales de mayo y mediados de junio, miles de luciérnagas macho se encienden y apagan casi a la vez en el bosque, creando un espectáculo de ondas de luz que recorren la oscuridad. Tras una serie de destellos simultáneos, llega un periodo de oscuridad de varios segundos, y luego vuelven a empezar.

Las luciérnagas no son moscas, sino escarabajos, de la familia de los lampíridos. Producen luz mediante bioluminiscencia: en su abdomen tienen un órgano en el que una sustancia llamada luciferina reacciona con el oxígeno gracias a una enzima, la luciferasa, y libera energía en forma de luz. Es una luz fría, muy eficiente, que casi no produce calor. Los machos usan los destellos para atraer a las hembras, que les responden desde el suelo con sus propios destellos. Cada especie tiene su propio patrón de destellos, como un código Morse, para que se reconozcan entre sí.

¿Por qué se sincronizan? No se sabe con total certeza, pero la hipótesis principal es que la sincronización ayuda a las hembras a reconocer a los machos de su especie en medio del “ruido” visual del bosque, donde hay muchos destellos. Un estudio de 2018, liderado por Orit Peleg, de la Universidad de Colorado, y publicado en Science Advances, mostró que las hembras respondían mejor a los destellos cuando estaban sincronizados. Los estudios con cámaras 3D, del mismo grupo, en 2020, mostraron que cada luciérnaga ajusta su ritmo según los destellos de sus vecinas, sin necesidad de un “líder”, un ejemplo de autoorganización.

Durante mucho tiempo, los científicos no creían que existieran luciérnagas sincronizadas en Norteamérica. Aunque los habitantes de la zona lo conocían desde siempre, no fue hasta 1992 cuando la naturalista local Lynn Faust escribió a un investigador contándole lo que veía desde niña en la cabaña de su familia. Los científicos lo confirmaron poco después. Se conocían luciérnagas sincronizadas en el sudeste asiático, en países como Tailandia o Malasia, donde miles de luciérnagas en los manglares se sincronizan durante noches enteras.

El fenómeno de la sincronización fascina a los científicos porque aparece en muchos sistemas naturales y humanos: las células del marcapasos del corazón, las neuronas, los grillos que cantan a la vez, el público que aplaude al unísono tras un concierto o incluso los metrónomos colocados sobre una misma superficie. El matemático Steven Strogatz ha estudiado estos fenómenos y los describió en su libro Sync.

El espectáculo de las luciérnagas de las Smoky Mountains atrae a tantos visitantes que, desde 2006, el parque organiza un sorteo para acceder a la zona de observación, con plazas limitadas, para proteger a los insectos y su hábitat. Se pide a los visitantes que usen linternas con filtro rojo y que no las enciendan innecesariamente, porque la luz interfiere con la comunicación de las luciérnagas.

Las luciérnagas de todo el mundo están en declive, según los científicos, por la destrucción de su hábitat, los pesticidas y, sobre todo, la contaminación lumínica, que dificulta que los machos y las hembras se encuentren con sus destellos. Apagar las luces exteriores innecesarias por la noche ayuda a protegerlas.

Por qué importa. Las luciérnagas sincronizadas muestran cómo reglas simples pueden crear un orden colectivo, y su declive recuerda el impacto de la contaminación lumínica en la vida nocturna.

DATO 2Algunos árboles viven más de 4.000 años

Los pinos de Bristlecone, en concreto el pino longevo de la Gran Cuenca (Pinus longaeva), que crece en las montañas del oeste de Estados Unidos, sobre todo en California, Nevada y Utah, pueden superar los 4.800 años de edad. Se encuentran entre los organismos individuales no clonales más longevos del planeta. El ejemplar más famoso, conocido como “Matusalén”, en las White Mountains de California, tiene unos 4.850 años, según los recuentos de anillos. Es decir, ya era un árbol joven cuando se construían las pirámides de Egipto.

Su ubicación exacta se mantiene en secreto para protegerlo de los visitantes y del vandalismo. De hecho, hay una historia triste que explica por qué: en 1964, un estudiante de geografía llamado Donald Currey obtuvo permiso para cortar un pino de Bristlecone en el monte Wheeler, en Nevada, para estudiarlo. Al contar sus anillos, descubrió que tenía unos 4.900 años: era el árbol más viejo conocido en ese momento, al que después se llamó Prometeo. El caso causó un gran escándalo y contribuyó a que se protegieran estos bosques; la zona pasó a formar parte del Parque Nacional Great Basin en 1986.

¿Cómo pueden vivir tanto? Paradójicamente, gracias a las duras condiciones en las que viven. Crecen a gran altitud, entre unos 2.900 y 3.500 metros, en suelos pobres y rocosos, calizos, con muy poca agua, vientos fuertes y temperaturas extremas. En esas condiciones, crecen muy despacio: a veces solo añaden unos pocos centímetros de diámetro por siglo. Su madera es muy densa y está llena de resina, lo que la hace muy resistente a los hongos, las bacterias, los insectos y la podredumbre. Además, en su entorno hay pocas plantas que compitan con ellos o que alimenten incendios.

Otra estrategia sorprendente es que pueden dejar morir partes de sí mismos. Si una parte de las raíces se daña o hay sequía, el árbol puede dejar morir la parte de la corteza y las ramas que dependían de ellas, y mantener viva solo una estrecha franja de corteza conectada a las raíces sanas. Por eso muchos pinos de Bristlecone viejos parecen casi muertos, retorcidos y con gran parte de la madera desnuda y pulida por el viento, pero siguen vivos.

Estos árboles tienen un enorme valor científico. Gracias a sus anillos, los científicos han construido una cronología continua de más de 9.000 años, combinando árboles vivos y madera muerta conservada en el suelo. Esta disciplina, la dendrocronología, estudia los anillos de los árboles para datar acontecimientos y reconstruir el clima del pasado: los anillos anchos indican años favorables, y los estrechos, años secos o fríos. Los pinos de Bristlecone fueron clave para calibrar el método de datación por radiocarbono, que se usa en arqueología para fechar restos orgánicos. En los años 60, el químico Hans Suess usó su madera para descubrir que la cantidad de carbono-14 en la atmósfera había variado a lo largo del tiempo, lo que obligó a corregir muchas fechas arqueológicas.

Hoy, estos pinos enfrentan nuevas amenazas: el cambio climático, que favorece que otros árboles suban a mayor altitud y compitan con ellos, algunas plagas como el escarabajo del pino y una enfermedad fúngica, la roya vesicular. Aun así, muchos siguen viviendo.

Otros árboles muy antiguos son el alerce patagónico (Fitzroya cupressoides), en Chile, del que hay ejemplares de más de 3.600 años, o algunos tejos europeos, cuya edad es difícil de calcular porque su tronco se ahueca.

Por qué importa. Los pinos de Bristlecone son archivos vivos del clima del pasado, y su longevidad muestra que crecer despacio puede ser una estrategia de supervivencia.

DATO 1En algunas playas el mar brilla de azul por la noche

En playas como las de las Maldivas, Puerto Rico, Jamaica, California o Tasmania, a veces el mar brilla de color azul por la noche. Al romper las olas, al caminar por la orilla o al mover la mano en el agua, aparecen destellos de luz azul, como si el agua estuviera llena de estrellas. Este fenómeno se debe a la bioluminiscencia, la capacidad de algunos seres vivos de producir luz.

En la mayoría de los casos, lo producen unas algas microscópicas llamadas dinoflagelados, organismos unicelulares que forman parte del plancton. Algunas especies, como Noctiluca scintillans, conocida como “chispa de mar”, o Lingulodinium polyedra, producen luz cuando el agua a su alrededor se agita. Dentro de sus células tienen unos orgánulos llamados centellones, donde la luciferina reacciona con la enzima luciferasa y produce luz. La reacción se activa por un cambio en la acidez provocado por la presión mecánica del movimiento del agua sobre la membrana celular.

¿Por qué brillan? La hipótesis más aceptada es que la luz funciona como una alarma antirrobo. Cuando un pequeño depredador, como un copépodo, un diminuto crustáceo, intenta comerse al dinoflagelado, el destello puede asustarlo. Pero además, la luz atrae a depredadores más grandes, como los peces, que se comen a quien está atacando al dinoflagelado. Es como gritar “¡socorro!” con luz.

Hay algunos lugares del mundo famosos por su bioluminiscencia constante, como las bahías bioluminiscentes de Puerto Rico. La más famosa, la Bahía Mosquito, en la isla de Vieques, fue reconocida por el Libro Guinness de los Récords como la bahía bioluminiscente más brillante del mundo. Allí vive el dinoflagelado Pyrodinium bahamense, en concentraciones de cientos de miles de células por litro de agua. Las condiciones de la bahía, con una entrada estrecha que limita el intercambio con el mar abierto, los manglares que aportan nutrientes y las aguas cálidas y tranquilas, favorecen que los dinoflagelados se concentren. Tras el huracán María, en 2017, la bahía se oscureció durante meses, aunque luego se recuperó.

En otras ocasiones, la bioluminiscencia aparece durante las llamadas mareas rojas, cuando ciertas especies de dinoflagelados se multiplican de forma masiva por la llegada de nutrientes y el calor. De día, el agua puede verse de color rojizo o marrón, y de noche brilla en azul. Algunas de estas proliferaciones pueden ser tóxicas para los peces y los mariscos, y en algunos casos para las personas, así que conviene seguir las indicaciones de las autoridades sobre el baño o el consumo de marisco.

La bioluminiscencia es muy común en el océano. Se estima que alrededor del 75 % de los animales que viven en las aguas profundas producen su propia luz, según un estudio de 2017. Además de algas y bacterias, la producen medusas, calamares, peces linterna, crustáceos y gusanos. En tierra es más rara: las luciérnagas y algunos hongos son los ejemplos más conocidos.

Los científicos también la aprovechan. La proteína verde fluorescente (GFP), obtenida de una medusa, Aequorea victoria, revolucionó la biología al permitir “iluminar” células y proteínas para estudiarlas. Su descubrimiento y desarrollo mereció el Premio Nobel de Química en 2008, para Osamu Shimomura, Martin Chalfie y Roger Tsien.

Para disfrutar de la bioluminiscencia, se recomienda ir en noches sin luna, lejos de las luces de la ciudad, y evitar los repelentes y cremas que puedan dañar a los organismos en las bahías protegidas.

Por qué importa. La bioluminiscencia es una forma de comunicación y defensa muy extendida en el océano, y estudiarla ha dado herramientas clave para la biología y la medicina.

Resumen de los 10 datos

  1. En algunas playas el mar brilla de azul por la noche.
  2. Algunos árboles viven más de 4.000 años.
  3. Hay luciérnagas que se sincronizan.
  4. Los hongos están más emparentados con los animales que con las plantas.
  5. La planta más grande del mundo es una pradera marina.
  6. Algunas semillas germinan solo tras un incendio.
  7. Hay flores que huelen a carne podrida.
  8. El bambú puede crecer casi un metro en un día.
  9. Existen bosques de un solo árbol.
  10. Algunos árboles se “comunican” por hongos.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es Pando?

Un bosque de álamos en Utah que en realidad es un solo organismo clonal.

¿Por qué brilla el mar de noche?

Por dinoflagelados que producen luz (bioluminiscencia) al agitarse el agua.

Fuentes

  1. Wikipedia: Pando (árbol)
  2. Wikipedia: Amorphophallus titanum
  3. Wikipedia: Micorriza
  4. Edgeloe et al. (2022). Extensive polyploid clonality in a seagrass meadow. Proceedings of the Royal Society B

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