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Dato #11 Cultura

10 datos extraños sobre idiomas y palabras

El número 1 se habla silbando.

29 de septiembre de 2026 · 27 min de lectura

Las palabras que usas cada día tienen historias de siglos, y hay idiomas que funcionan de formas que ni imaginas: lenguas que se silban, que se orientan por los puntos cardinales o que volvieron a la vida tras casi dos mil años.

En estos diez datos explicamos de dónde vienen esas curiosidades, qué dicen los lingüistas sobre ellas y por qué la diversidad de idiomas importa para entender cómo pensamos y vivimos.

DATO 10El español es el segundo idioma con más hablantes nativos

Según el anuario del Instituto Cervantes, el español tiene alrededor de 500 millones de hablantes nativos, lo que lo convierte en la segunda lengua materna más hablada del mundo, solo por detrás del chino mandarín. Si se suman las personas que lo hablan con competencia limitada y quienes lo estudian como lengua extranjera, la cifra supera los 600 millones. Eso significa que alrededor del 7,5 % de la población mundial habla español.

México es el país con más hispanohablantes, con más de 130 millones, seguido de Colombia, España y Argentina. Pero un dato sorprendente es el de Estados Unidos: con más de 40 millones de hablantes nativos y muchos más con competencia limitada, es uno de los países con más hispanohablantes del mundo, por delante de muchos países donde el español es oficial. Según algunas proyecciones, a mediados de este siglo podría llegar a ser el segundo país hispanohablante del mundo, aunque estas cifras dependen de cómo evolucione el uso del idioma entre los hijos y nietos de los inmigrantes.

El español es lengua oficial en 21 países, además de Puerto Rico. También es uno de los seis idiomas oficiales de la ONU, junto con el inglés, el francés, el ruso, el chino y el árabe, y se usa en la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos y muchas otras instituciones internacionales. Es el tercer idioma más usado en internet, según algunas mediciones, y el segundo en redes sociales como Twitter o Facebook en algunos años.

Su origen está en el latín vulgar que hablaban los habitantes de la península ibérica bajo el Imperio romano. Tras la caída de Roma, ese latín fue evolucionando de forma distinta en cada región. El castellano nació en una pequeña zona del norte de la península, en el antiguo condado de Castilla. Los primeros textos que muestran rasgos del romance, las llamadas Glosas Emilianenses, son unas anotaciones en los márgenes de un códice latino del monasterio de San Millán de la Cogolla, en La Rioja, fechadas hacia el siglo X u XI, aunque su datación exacta y si son castellano o navarroaragonés se debate.

El castellano se extendió hacia el sur con la Reconquista, y en el siglo XIII el rey Alfonso X el Sabio lo impulsó como lengua de la cultura y de la administración, en lugar del latín. En 1492, Antonio de Nebrija publicó la Gramática de la lengua castellana, la primera gramática de una lengua europea moderna. Ese mismo año llegó Colón a América, y con la colonización el idioma se expandió por un continente entero, mezclándose con palabras de lenguas indígenas como el náhuatl, el quechua o el taíno. Por eso usamos palabras como “chocolate”, “tomate”, “cancha” o “huracán”.

Hoy el español mantiene una notable unidad. Aunque hay muchas variantes regionales en la pronunciación, el vocabulario y algunas formas gramaticales, como el voseo en Argentina, un hablante de Madrid y uno de Bogotá se entienden sin dificultad. En esa unidad tienen un papel las 23 academias de la lengua, agrupadas en la Asociación de Academias de la Lengua Española, que elaboran juntas el diccionario, la gramática y la ortografía.

El Instituto Cervantes, creado en 1991, tiene centros en decenas de países y promueve la enseñanza del español en el mundo. Se calcula que más de 24 millones de personas lo estudian como lengua extranjera.

Por qué importa. Conocer el peso del español en el mundo ayuda a valorar su utilidad para estudiar, trabajar y viajar, y a entender su historia compartida entre dos continentes.

DATO 9“Ojalá” viene del árabe

La palabra “ojalá” procede del árabe hispánico law šá lláh, que significa “si Dios quiere”. Hoy la usamos para expresar un deseo sin pensar en su significado religioso: “ojalá llueva”, “ojalá apruebe”. Pero en su origen era una invocación a Dios, parecida a la expresión árabe moderna in sha Allah, que muchos hablantes de árabe usan todavía para hablar del futuro.

“Ojalá” es una de las alrededor de 4.000 palabras de origen árabe que tiene el español, según las estimaciones más citadas, aunque la cifra varía según se cuenten o no los derivados y los topónimos. Es, después del latín, una de las mayores influencias del vocabulario español. Esta herencia se debe a casi ocho siglos de presencia musulmana en la península ibérica, desde la llegada de los ejércitos de Tariq en el año 711 hasta la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492. Durante ese tiempo, el territorio de al-Ándalus fue uno de los centros culturales y científicos más importantes de Europa, con ciudades como Córdoba, que en el siglo X era una de las más grandes y avanzadas del mundo.

Muchas de estas palabras empiezan por “al-”, que es el artículo árabe, equivalente a nuestro “el”. Por eso tantas palabras de origen árabe empiezan así: almohada, alfombra, aldea, alcalde, albañil, algodón, alcachofa, almacén, alcohol o álgebra. Al pasar al español, el artículo quedó pegado a la palabra, y por eso decimos “la almohada”, aunque en realidad estamos repitiendo el artículo dos veces.

Otras palabras de origen árabe no empiezan por “al-”, como aceite, azúcar, aceituna, arroz, azafrán, jarra, taza, naranja, ajedrez, cifra, cero o hasta. Muchas están relacionadas con los ámbitos donde la cultura andalusí destacó: la agricultura y el regadío (acequia, noria, aljibe), la alimentación, la arquitectura (azotea, alcoba, zaguán), las matemáticas y la ciencia (algoritmo, guarismo), el comercio (aduana, tarifa, almacén) o la administración (alcalde, alguacil). Algunas palabras pasaron del árabe al español y, desde allí, a otras lenguas europeas.

También hay muchísimos nombres de lugares de origen árabe. Guadalquivir viene de al-wādī al-kabīr, “el río grande”, y otros ríos con “Guada-” también, como el Guadiana o el Guadalete. Medina, que aparece en muchos pueblos como Medina del Campo o Medina Sidonia, significa “ciudad”. Y Alcalá viene de al-qal’a, “el castillo”.

La expresión “ojalá” muestra otro fenómeno interesante: los préstamos lingüísticos pueden perder su significado original y adaptarse a la nueva lengua. Algo parecido ocurre con “adiós”, que viene de “a Dios”, o “olé”, cuyo origen es discutido: algunos lo relacionan con “Allah”, aunque muchos lingüistas lo consideran una simple interjección.

Hoy el contacto entre idiomas sigue produciendo préstamos. El inglés aporta muchas palabras nuevas al español, sobre todo en tecnología, deporte y economía, como “wifi”, “fútbol”, “líder” o “márketing”. Las academias suelen recomendar adaptar su escritura o usar alternativas en español cuando existen.

Por qué importa. Las palabras de origen árabe son un recordatorio vivo de la historia compartida de la península ibérica y de cómo las lenguas se enriquecen con el contacto entre culturas.

DATO 8Hay idiomas sin palabras para izquierda y derecha

En el guugu yimithirr, una lengua aborigen del norte de Queensland, en Australia, no se dice “a tu izquierda” o “a tu derecha”, sino “al norte de ti” o “al este de ti”. Sus hablantes usan los puntos cardinales para describir la posición de las cosas incluso en espacios pequeños: podrían decir “tienes una hormiga en la pierna del sur” o “mueve el vaso un poco hacia el oeste”. Para hablar así, necesitan saber en todo momento dónde está el norte, así que mantienen una especie de brújula mental constante.

El lingüista neerlandés Stephen Levinson, del Instituto Max Planck de Psicolingüística, estudió esta lengua y otras parecidas en los años 90. Él y el antropólogo John Haviland documentaron cómo los hablantes de guugu yimithirr son capaces de orientarse con precisión incluso en lugares desconocidos, dentro de edificios o tras largos viajes, y de señalar la dirección de lugares lejanos con gran exactitud.

Los lingüistas distinguen varios marcos de referencia para describir el espacio. El relativo depende de la posición del hablante: izquierda, derecha, delante, detrás. Es el que más usamos en español, aunque también usamos otros. El intrínseco depende del objeto: “delante del coche”, “detrás de la casa”. Y el absoluto usa direcciones fijas, como los puntos cardinales o elementos del paisaje, como “hacia la montaña” o “hacia el mar”. El guugu yimithirr usa sobre todo el marco absoluto.

Levinson hizo experimentos para ver si esto afectaba al pensamiento. En uno de ellos, los participantes veían una fila de objetos sobre una mesa, por ejemplo con un animal mirando hacia la derecha. Después se les giraba 180 grados y se les pedía que colocaran los objetos “igual” en otra mesa. Los hablantes de lenguas con marco relativo, como los neerlandeses, mantenían la orientación respecto a su cuerpo: el animal seguía mirando a su derecha. Los hablantes de lenguas con marco absoluto mantenían la orientación respecto a los puntos cardinales: si antes miraba al norte, seguía mirando al norte, aunque ahora quedara a su izquierda. Es decir, la lengua parecía influir en cómo recordaban el espacio.

Estos estudios están relacionados con un debate antiguo: la hipótesis de Sapir-Whorf o de la relatividad lingüística, que propone que la lengua que hablamos influye en cómo pensamos. En su versión fuerte, que la lengua determina el pensamiento, la mayoría de los lingüistas la rechaza. Pero en una versión más moderada, que la lengua influye en ciertos aspectos del pensamiento, como la orientación, la percepción del color o la forma de recordar, hay pruebas interesantes, aunque todavía se debate su alcance. Algunos investigadores señalan que el entorno y la cultura también influyen, no solo la lengua.

Hay otras lenguas con un sistema parecido, como el tzeltal de México, que usa “cuesta arriba” y “cuesta abajo” según la pendiente del terreno, o varias lenguas de Bali y de Oceanía.

El guugu yimithirr es famoso por otra razón: de él viene la palabra “canguro”. En 1770, el explorador británico James Cook y su tripulación pasaron varias semanas en la zona reparando su barco, y anotaron la palabra gangurru, que designaba a una especie de canguro grande. Durante mucho tiempo circuló el mito de que “canguro” significaba “no te entiendo”, pero es falso.

Hoy el guugu yimithirr tiene pocos cientos de hablantes, y, como muchas lenguas aborígenes de Australia, está en peligro. De las más de 250 lenguas que se hablaban en Australia antes de la colonización, muchas han desaparecido.

Por qué importa. Las lenguas no solo sirven para comunicar: también pueden entrenar formas distintas de percibir y recordar el mundo, y cada lengua que se pierde se lleva una de esas formas.

DATO 7La palabra más larga del diccionario español tiene 23 letras

Electroencefalografista, con 23 letras, suele citarse como una de las palabras más largas del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española. Designa al especialista en electroencefalografía, la técnica que registra la actividad eléctrica del cerebro. Otras palabras largas que compiten en la lista son anticonstitucionalmente, también de 23 letras, esternocleidomastoideo, de 22, el nombre de un músculo del cuello, u otorrinolaringólogo, de 19.

Hay que tener en cuenta que el récord depende de cómo se cuenten las palabras. Muchos adverbios terminados en “-mente” y muchas formas verbales no aparecen como entradas independientes en el diccionario, pero se pueden formar siguiendo las reglas del idioma. Por ejemplo, combinando un verbo con pronombres se pueden crear palabras larguísimas como “devolvérnoslas” o “entreteniéndoselas”. Y con prefijos y sufijos se pueden crear términos aún más largos, aunque no estén en el diccionario. Por eso distintas fuentes dan listas distintas.

En otros idiomas, el récord puede ser mucho más largo, sobre todo en los que permiten unir palabras para formar compuestos, como el alemán. Una palabra alemana famosa, Rindfleischetikettierungsüberwachungsaufgabenübertragungsgesetz, de 63 letras, era el nombre de una ley regional sobre el etiquetado de la carne de vacuno. Se derogó en 2013, así que la palabra dejó de usarse oficialmente. En finlandés, húngaro o turco también se pueden formar palabras larguísimas, porque son lenguas que añaden muchos sufijos a una raíz.

Sin límites de diccionario, la química inventa nombres mucho más largos. Los compuestos químicos se nombran siguiendo unas reglas sistemáticas de la IUPAC, la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, que describen su estructura. El nombre químico completo de la titina, una proteína gigante de los músculos, tiene alrededor de 189.000 letras, y se tardaría varias horas en leerlo en voz alta. Por supuesto, nadie lo usa en la práctica: se usan nombres abreviados.

Existe incluso una palabra para referirse al miedo a las palabras largas: hipopotomonstrosesquipedaliofobia, un término inventado y humorístico, con 33 letras, que no está en los diccionarios médicos. Paradójicamente, es una palabra muy larga. Proviene del latín sesquipedalis, que significa “de pie y medio de largo”, una expresión que el poeta romano Horacio usaba para criticar las palabras demasiado largas y pomposas.

Otra curiosidad del español es la palabra “murciélago”, que contiene las cinco vocales una sola vez. Palabras así se llaman panvocálicas, y hay otras como “eucalipto”, “abuelito” o “euforia”… aunque esta última repite la “o”.

¿Para qué sirve conocer estas curiosidades? Más allá del juego, ayudan a entender cómo se forman las palabras en español: mediante prefijos, como “anti-” o “electro-”, sufijos, como “-ista” o “-mente”, y la composición, que une raíces, a menudo de origen griego o latino. Por ejemplo, “electroencefalografista” se puede descomponer en “electro” (electricidad), “encéfalo” (cerebro), “grafía” (escritura o registro) e “-ista” (persona que se dedica a algo). Conocer esas piezas ayuda a deducir el significado de palabras desconocidas, algo muy útil en ciencias y medicina.

La RAE publica su diccionario en internet de forma gratuita, y cada año incorpora nuevas palabras y acepciones.

Por qué importa. Descomponer las palabras en sus piezas ayuda a entender términos técnicos y científicos, y muestra la enorme capacidad de las lenguas para crear palabras nuevas.

DATO 6El idioma más hablado del mundo en total es el inglés

Si se cuentan tanto los hablantes nativos como los que lo hablan como segunda lengua, el inglés es el idioma más hablado del mundo, con unos 1.500 millones de hablantes, según Ethnologue, una de las bases de datos de referencia sobre las lenguas del mundo. De ellos, solo unos 390 millones son hablantes nativos; la gran mayoría lo ha aprendido como segunda lengua o lengua extranjera. En cambio, si se cuentan solo los hablantes nativos, gana el chino mandarín, con más de 900 millones, seguido del español, con unos 500 millones.

Las cifras exactas varían según la fuente y según cómo se defina “hablar” un idioma. No es lo mismo tener un nivel básico que un dominio completo, y en muchos países no hay datos precisos. Además, el término “chino” agrupa varias lenguas, como el mandarín, el cantonés o el wu, que se escriben de forma parecida pero son muy diferentes al hablarse, a menudo tanto como el español y el italiano.

El inglés es un caso muy peculiar. Es la lengua con más hablantes no nativos del mundo, y es la principal lengua de comunicación internacional, lo que los lingüistas llaman una lengua franca. Se usa en la ciencia, la aviación, los negocios, internet, la diplomacia y la cultura popular. Por ejemplo, la comunicación entre pilotos y controladores aéreos se hace en inglés en todo el mundo, según las normas de la OACI, la organización de aviación civil de la ONU. Y la gran mayoría de los artículos científicos se publican en inglés.

¿Por qué se extendió tanto? Por razones históricas y económicas más que lingüísticas. Primero, por la expansión del Imperio británico, que en el siglo XIX dominaba alrededor de una cuarta parte del mundo. Después, en el siglo XX, por el poder económico, militar, tecnológico y cultural de Estados Unidos, con su cine, su música y, más tarde, internet. En muchos países, como la India, Nigeria o Singapur, el inglés se mantiene como lengua oficial o de comunicación entre personas de lenguas distintas.

El inglés también es una lengua con una historia de mezclas. Tiene raíces germánicas, de los anglos, sajones y jutos que llegaron a Gran Bretaña en el siglo V, pero recibió muchísimo vocabulario del latín y, sobre todo, del francés, tras la conquista normanda de Inglaterra en 1066. Durante casi tres siglos, la nobleza inglesa habló francés. Por eso el inglés tiene muchas parejas de palabras: una de origen germánico y otra de origen francés. Por ejemplo, los animales vivos tienen nombres germánicos, cow (vaca) o pig (cerdo), mientras que su carne tiene nombres de origen francés, beef (de bœuf) o pork (de porc), porque los campesinos sajones criaban los animales y los nobles normandos se los comían.

Como cualquier lengua franca, el inglés no ha estado exento de críticas. Algunos lingüistas advierten de que su dominio puede hacer que otras lenguas pierdan espacio en la ciencia, la educación o internet. En la Unión Europea, por ejemplo, se promueve el multilingüismo, y se recomienda que los ciudadanos aprendan al menos dos lenguas además de la materna.

Por otro lado, la tecnología está cambiando el panorama: los traductores automáticos y la inteligencia artificial permiten comunicarse cada vez mejor entre idiomas, aunque todavía cometen errores con los matices y el contexto.

Por qué importa. Hablar inglés abre muchas puertas en estudios y trabajo, pero aprender otras lenguas, incluidas las cercanas, también aporta ventajas culturales y cognitivas.

DATO 5Existe un alfabeto con solo 12 letras

El rotokas, una lengua de la isla de Bougainville, en Papúa Nueva Guinea, en el océano Pacífico, usa un alfabeto de solo 12 letras: a, e, g, i, k, o, p, r, s, t, u, v. Es uno de los alfabetos más cortos del mundo. Tiene cinco vocales, como el español, y solo seis consonantes. Lo hablan unas 4.000 personas, aproximadamente, en la parte central de la isla.

El rotokas es conocido entre los lingüistas por tener uno de los inventarios fonéticos más pequeños conocidos. El inventario fonético de una lengua es el conjunto de sonidos distintos que usa para diferenciar palabras. El rotokas central tiene solo 11 fonemas: seis consonantes y cinco vocales. Además, algunas de sus consonantes tienen pronunciaciones variables: por ejemplo, la “r” puede sonar como una “r”, una “l” o una “d” según el hablante o la palabra, sin que eso cambie el significado. Las vocales pueden ser largas o cortas, lo que sí cambia el significado.

Para comparar, el español tiene alrededor de 24 fonemas, según la variante, y el inglés unos 44. En el otro extremo están algunas lenguas del sur de África, como el !xóõ (taa), hablado en Botsuana y Namibia, que tiene más de 100 fonemas, incluidos muchos chasquidos, sonidos que se hacen con la lengua y el paladar, como el ruido que hacemos para arrear a un caballo. Estas lenguas se conocen como lenguas de clics o chasquidos. Algunas lenguas bantúes, como el xhosa o el zulú, adoptaron chasquidos por el contacto con estas lenguas.

¿Tener pocos sonidos hace a una lengua más sencilla? No necesariamente. Con pocos sonidos, las palabras tienden a ser más largas, porque hay que combinar esos sonidos de muchas formas para crear suficientes palabras distintas. Además, el rotokas tiene una gramática compleja, con muchos sufijos para indicar el tiempo, el modo o las personas del verbo. En lingüística hay una idea general de que todas las lenguas son igual de capaces de expresar cualquier cosa, aunque cada una organiza su complejidad de forma diferente.

El alfabeto del rotokas lo desarrollaron misioneros y lingüistas en el siglo XX, porque, como muchas lenguas del mundo, el rotokas no tenía escritura propia. En Papúa Nueva Guinea, donde se hablan más de 800 lenguas, el país con más diversidad lingüística del planeta, muchas lenguas se escriben con alfabetos adaptados del latino. Allí, como lengua de comunicación entre pueblos, se usa el tok pisin, una lengua criolla de base inglesa.

La isla de Bougainville tiene además una historia reciente complicada: vivió una guerra civil entre 1988 y 1998 relacionada con una gran mina de cobre, y en 2019 celebró un referéndum en el que la gran mayoría votó a favor de la independencia de Papúa Nueva Guinea, un proceso todavía en negociación.

Los alfabetos más cortos contrastan con los sistemas de escritura más largos: el jemer, de Camboya, tiene más de 70 letras según algunos recuentos, y la escritura china tiene miles de caracteres, aunque para leer un periódico basta con conocer unos 3.000.

Por qué importa. Cada lengua usa un conjunto distinto de sonidos, y estudiarlas ayuda a entender los límites y las posibilidades del lenguaje humano.

DATO 4Hay idiomas que casi desaparecen y luego reviven

El hebreo es un caso único en la historia de las lenguas. Dejó de hablarse como lengua materna, en la vida cotidiana, hacia los siglos II o III de nuestra era. Tras las revueltas contra Roma y la dispersión del pueblo judío, los judíos pasaron a hablar sobre todo arameo, y después las lenguas de los lugares donde vivían, como el árabe, el ladino o judeoespañol, en el caso de los judíos sefardíes expulsados de España en 1492, o el yidis, una lengua de base germánica, en el caso de los judíos de Europa central y oriental.

Pero el hebreo nunca murió del todo. Durante casi dos mil años, siguió vivo como lengua de la religión, la oración, el estudio, la literatura, la filosofía y la correspondencia entre comunidades judías de distintos países. Era algo parecido a lo que ocurrió con el latín en Europa: una lengua escrita y culta, que muchos sabían leer y escribir, pero que nadie aprendía como primera lengua en casa.

A finales del siglo XIX, un periodista y lexicógrafo nacido en la actual Bielorrusia, Eliezer Ben-Yehuda, se propuso que el hebreo volviera a ser una lengua hablada en la vida diaria. Emigró a Jerusalén en 1881 y decidió que en su casa solo se hablaría hebreo. Su hijo, Itamar Ben-Avi, nacido en 1882, es considerado a menudo el primer niño en siglos en crecer con el hebreo moderno como lengua materna. Ben-Yehuda fundó periódicos en hebreo y trabajó durante décadas en un gran diccionario del hebreo antiguo y moderno, que se terminó después de su muerte.

Uno de sus grandes retos fue que el hebreo antiguo no tenía palabras para muchas cosas modernas, como “periódico”, “bicicleta” o “helado”. Ben-Yehuda y otros crearon palabras nuevas a partir de raíces hebreas antiguas, o las tomaron de otras lenguas semíticas como el arameo o el árabe. Por ejemplo, para “diccionario” creó milon, a partir de mila, “palabra”. En 1890 fundó el Comité de la Lengua Hebrea, que se convirtió después en la Academia de la Lengua Hebrea, que todavía hoy crea nuevas palabras.

Los historiadores señalan que el éxito del renacimiento no se debió solo a Ben-Yehuda. Fue clave el papel de las escuelas y de los inmigrantes judíos que llegaban a Palestina desde muchos países, y que necesitaban una lengua común. Muchas familias adoptaron el hebreo para sus hijos. Cuando se fundó el Estado de Israel en 1948, el hebreo se convirtió en lengua oficial. Hoy lo hablan unos 9 millones de personas.

El renacimiento del hebreo se considera el caso más exitoso de revitalización lingüística de la historia: el único ejemplo de una lengua que, tras dejar de tener hablantes nativos, volvió a tener millones.

Otros pueblos han intentado revitalizar sus lenguas con distinto éxito. El maorí, en Nueva Zelanda, se recuperó en parte gracias a los “nidos de lengua”, guarderías donde los niños lo aprenden desde pequeños. El galés, en el Reino Unido, se enseña en las escuelas y se usa en medios de comunicación. El euskera, en el País Vasco, aumentó su número de hablantes desde los años 80 gracias a la educación. Y el córnico, en Cornualles, que dejó de hablarse como lengua materna a finales del siglo XVIII, se ha reconstruido y hoy tiene algunos cientos de hablantes.

Por qué importa. El renacimiento del hebreo demuestra que una lengua puede recuperarse con voluntad colectiva, educación y uso diario, una lección para las miles de lenguas en peligro.

DATO 3La “ñ” nació de una abreviatura

La “ñ” tiene un origen curioso. En la Edad Media, antes de la imprenta, los libros se copiaban a mano, y el pergamino y el papel eran caros. Los copistas usaban muchas abreviaturas para ahorrar espacio y tiempo. Una de ellas consistía en escribir una pequeña raya o virgulilla sobre una letra para indicar que estaba repetida o que faltaba una letra a continuación, normalmente una “n” o una “m”. Así, la doble “nn” que se escribía en palabras como “anno”, del latín annus, se abrevió como una sola “n” con una rayita encima. Con el tiempo, esa rayita se convirtió en la tilde de la ñ, y “anno” se convirtió en “año”.

En el latín no existía el sonido de la ñ. Surgió en la evolución del latín hacia el castellano, a partir de grupos de letras como “nn” (de annus a “año”), “gn” (de signa a “seña”) o “ni” seguida de vocal (de seniorem a “señor”). Otras lenguas romances resolvieron cómo escribir este mismo sonido de formas distintas: el catalán usa “ny”, el portugués “nh”, y el francés y el italiano “gn”, como en champagne o lasagna.

El rey Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII, contribuyó a fijar el uso de la ñ en castellano, al impulsar el castellano escrito en su corte. Y en 1803, la Real Academia Española la incluyó en su diccionario como letra independiente del alfabeto, con su propio lugar tras la “n”.

La ñ se ha convertido en un símbolo del idioma español y de la identidad hispana. Aparece en el logotipo del Instituto Cervantes y en el nombre de “España”. Otras lenguas también la usan, como el gallego, el asturiano, el tagalo en Filipinas, el guaraní o el bretón.

En 1991, hubo una polémica en la Unión Europea. Una directiva sobre la libre circulación de mercancías proponía que no se exigiera la ñ en los teclados de ordenadores que se vendieran en España, porque la mayoría de los fabricantes usaban teclados sin esa letra. Hubo protestas de escritores, académicos y políticos, como Gabriel García Márquez, que defendieron la letra como parte del patrimonio cultural del español. Finalmente, en 1993 se acordó una excepción para mantener la ñ en los teclados vendidos en España.

La llegada de internet trajo otro problema: durante años, los dominios de internet, las direcciones web, no permitían usar la ñ ni otras letras con tildes, porque se basaban en el alfabeto inglés. Por eso muchas webs escribían “espana” o “espanya”. Desde 2007, los dominios “.es” admiten la ñ y otras letras especiales, aunque su uso no se ha extendido mucho. Y en los correos electrónicos sigue habiendo problemas de compatibilidad. En programación, la ñ y los caracteres con tilde necesitan codificaciones especiales, como el Unicode, que asigna un número a cada carácter de todos los sistemas de escritura del mundo.

Algo parecido a la ñ ocurrió con otros signos que nacieron de abreviaturas de los copistas: la arroba (@) podría venir de una abreviatura de la preposición latina ad, y el signo & viene de una forma de escribir et, “y” en latín.

Por qué importa. La ñ nació de un truco de los copistas para ahorrar espacio, y hoy es un símbolo de identidad que muestra cómo la escritura evoluciona con la tecnología.

DATO 2Una lengua desaparece aproximadamente cada pocas semanas

En el mundo existen alrededor de 7.000 lenguas vivas, según Ethnologue, aunque la cifra exacta depende de cómo se distinga entre lenguas y dialectos, algo que no siempre es fácil ni tiene una respuesta solo lingüística. Lo sorprendente es lo desigual de su reparto: alrededor de la mitad de la población mundial habla solo unas 20 o 25 lenguas, mientras que miles de lenguas tienen muy pocos hablantes, a veces solo unas decenas o cientos.

Muchas de esas lenguas están en peligro. La UNESCO advierte que alrededor del 40 % de las lenguas del mundo están en peligro de desaparecer. Una lengua se considera amenazada cuando los niños dejan de aprenderla como lengua materna, porque cuando mueran sus últimos hablantes, la lengua desaparecerá con ellos. Se suele citar que una lengua desaparece cada pocas semanas; la cifra exacta varía según la fuente, entre una cada dos semanas y una cada varios meses, pero la tendencia general es clara: se están perdiendo lenguas a un ritmo sin precedentes. Algunos estudios estiman que, si continúa esta tendencia, a finales de siglo podría haber desaparecido una gran parte de las lenguas actuales.

¿Por qué desaparecen las lenguas? Normalmente no es de golpe. La causa más común es que las comunidades cambian a una lengua dominante, como el inglés, el español, el chino o el ruso, por razones económicas, sociales o políticas. Los padres pueden pensar que es mejor para sus hijos hablar la lengua mayoritaria para tener más oportunidades, y dejan de transmitirles su lengua. En otros casos, las lenguas indígenas fueron prohibidas o castigadas en las escuelas durante décadas, como ocurrió en Australia, Estados Unidos o Canadá, y en muchos países de América Latina. La migración a las ciudades, la globalización y los medios de comunicación también influyen.

¿Por qué importa perder una lengua? Cada lengua es una forma única de ver el mundo y guarda conocimientos que no están en ningún otro sitio: nombres de plantas medicinales, técnicas de pesca o caza, mitos, canciones, historia oral, conocimientos sobre el clima o el territorio. Muchos de esos conocimientos nunca se han escrito. Para la ciencia, además, cada lengua aporta información sobre las capacidades del lenguaje humano. Como vimos con el guugu yimithirr, algunas lenguas tienen formas de expresar el espacio o el tiempo que no existen en otras.

Hay casos simbólicos. En 2010 murió Boa Sr, la última hablante del bo, una lengua de las islas Andamán, en la India, que podría tener decenas de miles de años de historia. Se decía que en sus últimos años hablaba con los pájaros, porque no tenía con quién hablar en su lengua.

Pero también hay esfuerzos para proteger las lenguas: documentarlas con grabaciones y diccionarios, enseñarlas en las escuelas, crear contenidos en internet y apoyar a las comunidades que quieren mantenerlas. La ONU declaró el periodo 2022-2032 como el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas. Proyectos como el Endangered Languages Project o el archivo de lenguas del Instituto Max Planck recopilan materiales. Y como vimos con el hebreo, el maorí o el galés, la revitalización es posible, aunque requiere mucho esfuerzo y apoyo.

En España hay varias lenguas cooficiales, como el catalán, el gallego y el euskera, y otras con menos hablantes, como el asturiano o el aragonés, que la UNESCO considera en peligro.

Por qué importa. Cada lengua que desaparece se lleva conocimientos y formas de ver el mundo únicas, y apoyar a las comunidades que quieren conservar su lengua es una forma de proteger ese patrimonio.

DATO 1En Canarias existe un idioma silbado

En la isla de La Gomera, en las Canarias, existe un lenguaje silbado, el silbo gomero, que reproduce el español con silbidos. No es un código de señales, sino una forma de hablar: permite comunicar cualquier mensaje, desde un saludo hasta una conversación, sustituyendo las vocales y las consonantes por tonos de distinta altura y duración. Sus silbidos pueden oírse a más de 2 kilómetros de distancia entre los profundos barrancos de la isla, en condiciones favorables, mucho más lejos que la voz gritada.

¿Cómo funciona? El silbo gomero distingue, según los estudios más aceptados, dos vocales silbadas, una aguda y una grave, que corresponden a grupos de vocales del español, y cuatro consonantes, según si el tono se corta o continúa y si sube o baja. Con eso, y con el contexto, los silbadores entienden frases completas. Para silbar, se usa un dedo o varios dentro de la boca, y la otra mano en forma de pantalla para dirigir y amplificar el sonido. Estudios con escáneres cerebrales, como uno de 2005 del neurólogo Manuel Carreiras, mostraron que los silbadores expertos procesan el silbo en las mismas zonas del cerebro relacionadas con el lenguaje que usamos para hablar, algo que no ocurre en las personas que no lo conocen.

Su origen es antiguo. Se cree que los primeros habitantes de la isla, de origen bereber, del norte de África, ya usaban un lenguaje silbado para comunicarse en su lengua, antes de la conquista castellana en el siglo XV. Tras la llegada de los colonos, los gomeros adaptaron el silbo al español. En una isla de montañas escarpadas y barrancos profundos, donde recorrer unos pocos kilómetros a pie puede llevar horas, el silbo era muy útil para comunicarse entre pastores, avisar de peligros, llamar a alguien o transmitir noticias.

En la segunda mitad del siglo XX, el silbo estuvo a punto de desaparecer. La llegada de las carreteras y los teléfonos, y la emigración de muchos gomeros, redujeron su uso. Para salvarlo, en 1999 el gobierno de Canarias decidió incluirlo como asignatura obligatoria en las escuelas de La Gomera. Hoy todos los niños de la isla lo aprenden durante la educación primaria y secundaria. En 2009, la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, destacando que es el único lenguaje silbado del mundo practicado por una comunidad numerosa y que se enseña de forma sistemática.

El silbo gomero no es el único lenguaje silbado. Se conocen unas 70 lenguas silbadas en el mundo, sobre todo en zonas montañosas o de selva, donde es difícil verse. Por ejemplo, en el pueblo de Kuşköy, en el norte de Turquía, existe el kuş dili, “lengua de los pájaros”, que silba el turco, y que la UNESCO reconoció en 2017. También hay lenguas silbadas en México, como en el mazateco, en Grecia, en la aldea de Antia, en Francia, en el pueblo de Aas, en los Pirineos, y en varias zonas de África y Asia. En lenguas tonales, como el mazateco o algunas lenguas africanas, el silbido reproduce los tonos de las palabras.

Algunos investigadores, como el francés Julien Meyer, estudian los lenguajes silbados para entender cómo el cerebro procesa el lenguaje, y cómo las lenguas se adaptan al entorno.

Hoy el silbo gomero se usa sobre todo como símbolo cultural, en fiestas, demostraciones para turistas y competiciones, y sigue vivo gracias a su enseñanza en las escuelas.

Por qué importa. El silbo gomero demuestra que el lenguaje humano puede adaptarse a muchos canales, y que las políticas educativas pueden salvar un patrimonio cultural en peligro.

Resumen de los 10 datos

  1. En Canarias existe un idioma silbado.
  2. Una lengua desaparece aproximadamente cada pocas semanas.
  3. La “ñ” nació de una abreviatura.
  4. Hay idiomas que casi desaparecen y luego reviven.
  5. Existe un alfabeto con solo 12 letras.
  6. El idioma más hablado del mundo en total es el inglés.
  7. La palabra más larga del diccionario español tiene 23 letras.
  8. Hay idiomas sin palabras para izquierda y derecha.
  9. “Ojalá” viene del árabe.
  10. El español es el segundo idioma con más hablantes nativos.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es el idioma con más hablantes nativos?

El chino mandarín; el español es el segundo.

¿De dónde viene la letra ñ?

De la abreviatura "nn" con una raya encima que usaban los copistas.

Fuentes

  1. Instituto Cervantes: El español en el mundo
  2. UNESCO: Silbo gomero
  3. Wikipedia: Idioma rotokas
  4. Wikipedia: Renacimiento del idioma hebreo

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