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Dato #31 Cultura

10 palabras con historias increíbles

El número 1 nació como una broma de periódico.

29 de septiembre de 2026 · 30 min de lectura

Muchas palabras que usamos cada día esconden historias sorprendentes: nacieron en obras de teatro, en lenguas indígenas, en pruebas nucleares o en bromas de periódico.

Estos diez datos cuentan el origen de palabras muy comunes, qué dicen los lingüistas sobre ellas, qué partes siguen en debate y qué nos enseñan sobre cómo las lenguas se mezclan y cambian.

DATO 10“Robot” viene de “trabajo forzado”

La palabra robot nació en la obra de teatro R.U.R. (Robots Universales Rossum), del escritor checo Karel Čapek, publicada en 1920 y estrenada en Praga en 1921. La palabra la sugirió su hermano, el pintor Josef Čapek, a partir del checo robota, que significa “trabajo forzado” o servidumbre, y que designaba el trabajo obligatorio que los siervos debían a sus señores feudales. Como vimos en otro artículo, en la obra, los robots eran seres artificiales de materia orgánica, fabricados para trabajar, que acababan rebelándose contra la humanidad.

La palabra se extendió por todo el mundo gracias al enorme éxito de la obra, que se tradujo a decenas de idiomas en pocos años. En inglés, se incorporó en 1923, cuando la obra se estrenó en Londres y Nueva York. En español, la Real Academia Española la incluyó en su diccionario en 1970, con la definición de “máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas”. La RAE también recoge las palabras derivadas, como robótica, robotizar o robótico.

Es interesante que la palabra “robot” se haya mantenido prácticamente igual en casi todos los idiomas del mundo: robot en inglés, francés, alemán o español, робот en ruso, ロボット (robotto) en japonés. Es uno de los pocos préstamos del checo que se ha vuelto universal. Otras palabras de origen checo que usamos en español son “pistola”, que según algunas teorías viene del checo píšťala, “silbato” o “flauta”, por la forma de los primeros cañones de mano usados por los husitas en el siglo XV, aunque hay otras teorías, y “polca”, un baile de origen bohemio.

La idea de las máquinas que trabajan por nosotros es mucho más antigua que la palabra. Los antiguos griegos hablaban de los autómatas de Hefesto, el dios herrero, que había creado sirvientes de oro. En el siglo I, el ingeniero Herón de Alejandría describió autómatas movidos por agua, aire y contrapesos. En la Edad Media, el ingeniero árabe Al-Jazari diseñó en 1206 autómatas musicales y mecánicos. Y en el siglo XVIII, los relojeros suizos crearon autómatas muy sofisticados, como los de la familia Jaquet-Droz, que podían escribir, dibujar o tocar música, y que todavía funcionan en un museo de Neuchâtel.

La palabra “androide”, para un robot con forma humana, es anterior: aparece en francés en el siglo XVIII, y se popularizó con la novela La Eva futura, de Villiers de l’Isle-Adam, en 1886. Y “cíborg”, organismo cibernético, un ser que combina partes biológicas y artificiales, se acuñó en 1960 en un artículo de los científicos Manfred Clynes y Nathan Kline, que imaginaban cómo adaptar el cuerpo humano al espacio.

Hoy la palabra “robot” se usa para designar muchas cosas distintas: desde los brazos mecánicos de las fábricas hasta los robots aspiradores, los drones o los programas informáticos que realizan tareas automáticas en internet, llamados “bots”, una abreviatura de robot. En las redes sociales, los bots pueden usarse para difundir información o desinformación de forma masiva. Y en muchas páginas web se usan pruebas llamadas CAPTCHA, que significan “prueba de Turing pública y automática para distinguir a los ordenadores de los humanos”, para comprobar que el usuario “no es un robot”.

Por qué importa. La palabra robot nació de una crítica al trabajo forzado, y su historia muestra cómo una obra literaria puede dar al mundo una palabra universal.

DATO 9“Tomate” viene del náhuatl

La palabra tomate viene del náhuatl tomatl, que significaba algo así como “fruto hinchado” o “fruto con muchas semillas”, según los lingüistas. Los aztecas usaban esta palabra para varios frutos parecidos, incluido el tomate verde o tomatillo (Physalis philadelphica), de cáscara, que se usa en las salsas verdes mexicanas. Para el tomate rojo usaban la palabra xitomatl, de la que viene el término jitomate, que todavía se usa en el centro de México para el tomate rojo. Los españoles llevaron el fruto a Europa en el siglo XVI, junto con la palabra.

El náhuatl, la lengua de los aztecas o mexicas, es una de las lenguas indígenas que más palabras ha aportado al español y, a través del español, a muchas otras lenguas del mundo. Muchas de estas palabras terminaban en “-tl”, que en español se adaptó como “-te”. Algunos ejemplos son:

  • Aguacate, de āhuacatl, como vimos en otro artículo.

  • Cacahuete, de tlālcacahuatl, “cacao de tierra”.

  • Chicle, de tzictli, una goma que se obtiene del árbol del chicozapote, que los mayas y los aztecas masticaban.

  • Chile, de chīlli.

  • Cacao, de cacahuatl.

  • Coyote, de coyōtl.

  • Ocelote, de ōcēlōtl.

  • Tiza, de tizatl, una tierra blanca.

  • Petate, tamal, pozole, mole y guacamole.

  • Chapulín, saltamontes, y papalote, cometa, en el español de México.

Muchas de estas palabras pasaron después a otros idiomas a través del español: tomato en inglés, tomate en francés y alemán, pomodoro en italiano, aunque este último tiene otro origen, como vimos. En inglés, también se usan chocolate, avocado, chili, coyote o chipotle.

El náhuatl es hoy la lengua indígena más hablada de México, con alrededor de 1,6 millones de hablantes, según el censo de 2020. Pertenece a la familia de lenguas yutoaztecas, que se extiende desde el oeste de Estados Unidos hasta Centroamérica. Tras la conquista, los frailes españoles aprendieron el náhuatl y lo escribieron con el alfabeto latino, lo que permitió conservar muchos textos, como el Códice Florentino, una enciclopedia sobre la cultura azteca elaborada en el siglo XVI por el fraile Bernardino de Sahagún con la ayuda de informantes indígenas. De hecho, durante el siglo XVI, el náhuatl se usó como lengua franca en gran parte de la Nueva España.

El español incorporó muchas palabras de otras lenguas indígenas de América. Del taíno, la lengua de los habitantes del Caribe, que fue la primera con la que tuvieron contacto los españoles, vienen palabras como canoa, huracán, maíz, hamaca, barbacoa, tabaco, cacique y caníbal. Del quechua, la lengua de los incas, vienen papa, cancha, pampa, cóndor, llama, puma, alpaca, choclo y guano. Del guaraní, jaguar, tapir, ananá, tucán y maracuyá. Del mapudungun, la lengua mapuche, malón y otras palabras regionales.

Hoy muchas lenguas indígenas de América están amenazadas, y se hacen esfuerzos para revitalizarlas, por ejemplo con la enseñanza bilingüe o con contenidos en internet.

Por qué importa. La palabra tomate recuerda que el español y muchas otras lenguas se enriquecieron con las lenguas indígenas de América, especialmente el náhuatl.

DATO 8“Chocolate” también viene del náhuatl

La palabra chocolate suele relacionarse con el náhuatl xocolātl, que se traduce a menudo como “agua amarga”, de xococ, “amargo”, y ātl, “agua”. Es la etimología que aparece en muchos libros. Pero hay un problema: esa forma no aparece en los textos más antiguos en náhuatl ni en los primeros textos españoles sobre México. Los aztecas llamaban a su bebida de cacao cacahuatl, “agua de cacao”. Por eso el origen exacto de la palabra sigue discutiéndose.

Se han propuesto varias teorías. Una de ellas, defendida por algunos lingüistas, como el mexicanista Ignacio Dávila Garibi, propone que la palabra “chocolate” podría ser una creación híbrida de los españoles, combinando la palabra maya chocol, “caliente”, con la palabra náhuatl ātl, “agua”, es decir, “agua caliente”. Esto se explicaría porque los españoles, a diferencia de los aztecas, que bebían el cacao frío, preferían tomarlo caliente. Otra teoría, propuesta por los lingüistas Karen Dakin y Søren Wichmann en el año 2000, vincula la palabra con chicolātl, una palabra documentada en algunas variantes del náhuatl de Puebla, que se relaciona con chicolli, el nombre del palito o molinillo con el que se batía la bebida para hacer espuma, en forma de gancho o rama. La espuma era una parte muy apreciada de la bebida. Otros investigadores sugieren que los españoles evitaron usar cacahuatl porque su sonido les parecía desagradable o relacionado con palabras malsonantes en castellano.

Lo que sí está claro es que el cacao tiene una historia muy antigua en Mesoamérica. Los restos más antiguos del uso del cacao se han encontrado en Ecuador, en la zona amazónica, con una antigüedad de más de 5.000 años, según un estudio de 2018. En Mesoamérica, los olmecas, hace más de 3.000 años, ya lo consumían, y después los mayas y los aztecas. Para ellos, el cacao era una bebida sagrada, asociada a los dioses, y se consumía en ceremonias y banquetes, sobre todo por la élite. Se preparaba moliendo los granos de cacao tostados y mezclándolos con agua, chile, vainilla, achiote, flores y otras especias. No llevaba azúcar, así que era una bebida amarga y picante. Los granos de cacao eran tan valiosos que se usaban como moneda: según los documentos del siglo XVI, con 100 granos se podía comprar un pavo, y con uno, un tomate. Incluso había falsificadores que vaciaban los granos y los rellenaban de tierra.

Los españoles conocieron el cacao durante la conquista. Hernán Cortés escribió al rey Carlos V que una taza de esta bebida permitía a un soldado caminar todo el día sin comer. Al principio, a muchos europeos no les gustaba por su sabor amargo, pero en España se empezó a preparar con azúcar, canela y otras especias, y caliente, y se convirtió en una bebida muy popular entre la nobleza y el clero en el siglo XVII. Hubo incluso un debate religioso sobre si tomar chocolate rompía el ayuno de la Iglesia. Desde España, el chocolate se extendió por Europa, a Francia, Italia e Inglaterra, donde se abrieron “casas de chocolate”.

El chocolate sólido, en tabletas, que comemos hoy, es mucho más reciente. En 1828, el químico neerlandés Coenraad van Houten inventó una prensa para separar la manteca de cacao del polvo de cacao. En 1847, la empresa británica J. S. Fry & Sons fabricó la primera tableta de chocolate. En 1875, el suizo Daniel Peter creó el chocolate con leche, usando la leche condensada de Henri Nestlé. Y en 1879, otro suizo, Rodolphe Lindt, inventó el conchado, un proceso de mezclado prolongado que da al chocolate su textura suave.

Por qué importa. La palabra chocolate tiene un origen todavía discutido, y su historia muestra cómo una bebida sagrada de Mesoamérica se transformó en uno de los alimentos más populares del mundo.

DATO 7“Almohada” viene del árabe

La palabra almohada viene del árabe hispánico almuẖádda, que significa algo así como “lugar donde se apoya la mejilla”, derivada del árabe clásico mikhadda, de khadd, “mejilla”. Es decir, una almohada es literalmente un “cojín para la mejilla”.

Como vimos en otro artículo, el español tiene alrededor de 4.000 palabras de origen árabe, según las estimaciones más citadas, herencia de casi ocho siglos de presencia de al-Ándalus en la península ibérica, entre el año 711 y 1492. Muchas de ellas empiezan por “al-”, como alfombra, algodón, alcalde, almacén, aldea, albañil, alcachofa, alcohol, álgebra, alquiler, almíbar o alubia. Esto se debe a que el español incorporó el artículo árabe al, que equivale a “el” o “la”, como parte de la propia palabra. Así, “al-quṭun”, “el algodón”, se convirtió en “algodón”. Por eso, cuando decimos “la almohada” o “el algodón”, estamos repitiendo el artículo dos veces: una en español y otra en árabe.

En algunos casos, el artículo árabe se adaptó al sonido de la palabra siguiente, en un fenómeno llamado asimilación: cuando la palabra árabe empezaba por ciertas consonantes, llamadas “letras solares”, como la s, la t, la d, la r o la z, la “l” del artículo se transformaba en esa consonante. Por eso hay palabras de origen árabe que empiezan por “a-” seguida de una consonante doble en árabe, como azúcar (de as-sukkar), aceite (de az-zayt), arroz (de ar-ruzz), azotea (de as-suṭayḥa), atalaya, acequia o azafrán.

Otras lenguas europeas, como el francés, el inglés o el italiano, también tomaron muchas palabras del árabe, pero sin el artículo, porque las recibieron a través del comercio o de las traducciones latinas, y no del contacto directo durante siglos. Por eso, en inglés se dice cotton (algodón), sugar (azúcar) o rice (arroz), sin el “al-”. Una excepción son las palabras científicas que llegaron a través del español, como alcohol, algebra, algorithm o alkali, que sí conservan el artículo. En portugués, que también tuvo un largo contacto con el árabe, pasa lo mismo que en español: almofada, algodão, arroz, azeite.

Muchas palabras de origen árabe se relacionan con los ámbitos en los que la cultura andalusí destacaba: la agricultura y el regadío, como acequia, aljibe, noria, alberca o zanahoria; la alimentación, como almíbar, albóndiga, berenjena, naranja, limón o sandía; la casa y la construcción, como alcoba, azotea, zaguán, tabique, azulejo o albañil; la ciencia, como cifra, cero, álgebra, algoritmo, alcohol, alquimia, cénit o nadir; el comercio, como aduana, tarifa, almacén, almoneda o quilate; y la administración, como alcalde, alguacil o aldea.

Hay otras palabras de origen árabe que sorprenden. Hasta viene del árabe ḥattà. Ojalá, como vimos, de “si Dios quiere”. Fulano, de fulān, “tal persona”. Tarea, de ṭarīḥa. Alboroto, de una raíz árabe relacionada con el ruido. Y guitarra, a través del árabe qīṯāra, del griego kithára.

Las palabras de origen árabe llegaron sobre todo entre los siglos VIII y XIII. Muchas de ellas fueron sustituyendo a palabras de origen latino, pero en otros casos convivieron, como aceituna, del árabe, y oliva, del latín, o aceite y óleo.

Por qué importa. La palabra almohada muestra cómo el árabe dejó una profunda huella en el español, y cómo el artículo árabe “al” se quedó pegado a cientos de palabras.

DATO 6“Galaxia” viene de “leche” en griego

La palabra galaxia viene del griego galaxías, derivado de gála, que significa “leche”. Los antiguos griegos llamaban así a la franja lechosa y blanquecina que se ve en el cielo nocturno en las noches oscuras, sin contaminación lumínica: la Vía Láctea, que en latín significa precisamente “camino de leche” o “camino lechoso”. Por eso en griego se la llamaba galaxías kýklos, “círculo lechoso”.

Según un mito griego, la Vía Láctea se formó cuando el dios Zeus colocó a su hijo Heracles (Hércules para los romanos), que había tenido con una mujer mortal, Alcmena, en el pecho de su esposa, la diosa Hera, mientras dormía, para que el bebé mamara su leche divina y se volviera inmortal. Cuando Hera se despertó y apartó al bebé, que no era suyo, la leche que salió de su pecho se derramó por el cielo y formó la Vía Láctea. El pintor italiano Tintoretto representó este mito en su cuadro El origen de la Vía Láctea, de hacia 1575, que se encuentra en la National Gallery de Londres.

Otras culturas tienen nombres y leyendas distintos para la Vía Láctea. En China, Japón y Corea se la llama el “río plateado” o “río del cielo”, y según una famosa leyenda separa a dos amantes, la tejedora y el pastor, representados por las estrellas Vega y Altair, que solo pueden reunirse una vez al año, el séptimo día del séptimo mes, cuando las urracas forman un puente sobre el río. Esta leyenda se celebra con el festival Qixi en China y el Tanabata en Japón. En España, tradicionalmente se la llamaba el “Camino de Santiago”, porque se creía que guiaba a los peregrinos hacia Santiago de Compostela. En muchas lenguas africanas y escandinavas, se la relaciona con caminos de animales, de aves migratorias o de los espíritus.

Durante siglos, nadie sabía qué era realmente la Vía Láctea. El filósofo griego Demócrito, en el siglo V a. C., ya propuso que podía estar formada por muchas estrellas lejanas. Pero fue Galileo Galilei quien lo demostró en 1610, al observarla con su telescopio: descubrió que la franja lechosa estaba formada por innumerables estrellas, demasiado débiles y lejanas para distinguirlas a simple vista.

Hoy sabemos que la Vía Láctea es nuestra galaxia: un enorme conjunto de entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas, gas y polvo, con forma de disco con brazos espirales, de unos 100.000 años luz de diámetro. El Sol está en uno de sus brazos, el brazo de Orión, a unos 26.000 años luz del centro. Cuando miramos la Vía Láctea en el cielo, estamos viendo nuestra galaxia desde dentro, de canto: la franja lechosa es el disco de la galaxia, lleno de estrellas. En su centro hay un agujero negro supermasivo, llamado Sagitario A*, con unos 4 millones de veces la masa del Sol, cuya primera imagen se obtuvo en 2022 gracias al Telescopio del Horizonte de Sucesos.

La palabra “galaxia” pasó a usarse para todas las galaxias en el siglo XX, cuando el astrónomo Edwin Hubble demostró en 1924 que algunas “nebulosas”, como la de Andrómeda, eran en realidad otras galaxias, fuera de la nuestra.

Por desgracia, hoy la Vía Láctea es invisible para una gran parte de la humanidad. Según un estudio de 2016 publicado en Science Advances, alrededor de un tercio de la humanidad, y el 60 % de los europeos y el 80 % de los norteamericanos, no pueden ver la Vía Láctea desde donde viven por la contaminación lumínica. Para verla, hay que alejarse de las ciudades, en noches sin luna. En España hay lugares con cielos muy oscuros, certificados como reservas Starlight, como la sierra de Gredos, el Montsec, La Palma o el desierto de Tabernas.

Otra palabra derivada de gala, “leche”, es lactosa y lácteo, del latín lac, emparentado con el griego.

Por qué importa. La palabra galaxia nació de la leche derramada de un mito griego, y hoy recuerda que proteger el cielo oscuro es proteger la posibilidad de ver nuestra propia galaxia.

DATO 5“Nostalgia” la inventó un médico

En 1688, el médico suizo Johannes Hofer, un estudiante de medicina de 19 años de la Universidad de Basilea, acuñó la palabra nostalgia en su tesis doctoral. La creó uniendo dos términos del griego antiguo: nóstos, que significa “regreso” o “vuelta a casa”, y álgos, que significa “dolor”. Es decir, “nostalgia” significa literalmente “el dolor del regreso”, o el dolor de no poder volver a casa.

Hofer usó esta palabra para describir lo que consideraba una enfermedad: el profundo sufrimiento que padecían los soldados suizos que servían como mercenarios en ejércitos extranjeros, sobre todo en Francia e Italia, lejos de sus montañas y sus hogares, y que añoraban su casa. Según Hofer, los afectados sufrían tristeza, insomnio, pérdida de apetito, ansiedad, palpitaciones y fiebre, e incluso podían llegar a morir. Hofer también describió casos de estudiantes y sirvientes que habían dejado sus hogares. Consideraba que la causa era una alteración de la mente, que se fijaba obsesivamente en la idea de volver. El mejor remedio, según él, era volver a casa; si no era posible, recomendaba sanguijuelas, purgas y opio.

En la época ya existían palabras para describir ese sentimiento en algunos idiomas locales, como el alemán suizo Heimweh, “dolor por el hogar”, pero Hofer quería un término médico y científico, al estilo griego.

Durante los siglos XVIII y XIX, la nostalgia se consideró una enfermedad grave, sobre todo entre los soldados. Se decía que los soldados suizos eran especialmente propensos a sufrirla al oír una canción tradicional de los pastores de los Alpes, el Kuhreihen, que se tocaba para llamar a las vacas, y se llegó a prohibir tocarla o cantarla en los ejércitos, bajo pena de castigo, según algunos relatos. Algunos médicos creían que la nostalgia se debía a la diferencia de presión del aire entre las montañas y las llanuras. Durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos, entre 1861 y 1865, los médicos del ejército de la Unión registraron más de 5.000 casos de nostalgia, y se atribuyeron a ella decenas de muertes.

Con el tiempo, a finales del siglo XIX y en el siglo XX, la nostalgia dejó de considerarse una enfermedad física y pasó a entenderse como una emoción, a menudo relacionada con la melancolía o la depresión. Y su significado se amplió: ya no se refería solo a la añoranza de un lugar, sino también de un tiempo pasado, como la infancia, la juventud o una época histórica.

En las últimas décadas, los psicólogos han estudiado la nostalgia con más detalle, y han descubierto que, contrariamente a lo que se pensaba, tiene muchos efectos positivos. El psicólogo Constantine Sedikides, de la Universidad de Southampton, y sus colegas, en estudios desde principios de los años 2000, han mostrado que la nostalgia es una emoción agridulce, pero predominantemente positiva. Recordar con nostalgia momentos importantes del pasado, normalmente con personas queridas, puede aumentar la autoestima, la sensación de conexión social, el optimismo y el sentido de la vida, y puede ayudar a combatir la soledad, el aburrimiento y la ansiedad. Un estudio de 2008, de Xinyue Zhou y sus colegas, en China, encontró incluso que la nostalgia podía hacer que las personas se sintieran físicamente más calientes en días fríos.

La nostalgia también se usa en la publicidad, el cine y la música: los anuncios, las películas, las series y los productos que recuerdan épocas pasadas, como los años 80 o 90, atraen al público por la nostalgia. El fenómeno de las reposiciones, los remakes y el diseño “retro” se basa en ella.

Otras lenguas tienen palabras parecidas, como la famosa saudade del portugués y el gallego, una mezcla de añoranza, melancolía y amor por algo ausente, que muchos consideran intraducible. Y la morriña gallega, la tristeza por estar lejos de la tierra natal.

Por qué importa. La palabra nostalgia nació como el nombre de una enfermedad de soldados, y hoy se sabe que esta emoción puede ayudarnos a sentirnos conectados y a dar sentido a la vida.

DATO 4“Vandalismo” viene de un pueblo

Los vándalos fueron un pueblo germánico originario probablemente del norte de Europa, de la zona de la actual Polonia o Escandinavia. Durante las grandes migraciones de los siglos IV y V, atravesaron Europa: en el año 406 cruzaron el río Rin hacia la Galia, junto con otros pueblos como los suevos y los alanos, y en el 409 llegaron a Hispania, donde se asentaron un tiempo. Algunos historiadores han propuesto que el nombre de Andalucía podría venir de “Vandalucía”, la tierra de los vándalos, aunque esta etimología es discutida y muchos lingüistas prefieren relacionarla con el nombre árabe al-Ándalus, cuyo origen tampoco está claro. En el año 429, bajo el mando de su rey Genserico, los vándalos cruzaron a África del Norte, y en el 439 conquistaron Cartago, donde fundaron un reino poderoso, con una importante flota.

En el año 455, los vándalos saquearon Roma. Durante unas dos semanas, en junio, se llevaron grandes riquezas de la ciudad: oro, plata, obras de arte, estatuas, los tesoros del templo de Júpiter e incluso, según algunas fuentes, los objetos sagrados del Templo de Jerusalén que los romanos habían llevado a Roma en el año 70. También se llevaron a miles de prisioneros, entre ellos a la emperatriz Licinia Eudoxia y sus hijas. Sin embargo, según las fuentes de la época, el saqueo fue relativamente ordenado: el papa León I había negociado con Genserico que no se incendiara la ciudad ni se masacrara a la población, y los vándalos respetaron en gran parte el acuerdo. De hecho, el saqueo de Roma por los visigodos de Alarico en el año 410 se considera a menudo más traumático.

Entonces, ¿por qué el nombre de los vándalos se convirtió en sinónimo de destrucción? La palabra vandalisme la acuñó en 1794, durante la Revolución Francesa, el abad Henri Grégoire, obispo de Blois y diputado revolucionario. En aquel momento, algunos revolucionarios radicales estaban destruyendo obras de arte, iglesias, estatuas, tumbas reales y monumentos asociados con la monarquía, la nobleza y la Iglesia, como las tumbas de los reyes de Francia en la basílica de Saint-Denis o las estatuas de la fachada de Notre Dame. El abad Grégoire, que defendía el valor del patrimonio cultural para toda la nación, escribió varios informes a la Convención Nacional denunciando esta destrucción. Para calificarla, inventó la palabra “vandalismo”, comparando a los destructores con los vándalos que habían saqueado Roma. Más tarde, escribió: “Creé la palabra para matar la cosa”.

Sus informes contribuyeron a que se adoptaran medidas para proteger los monumentos y las obras de arte, y a la idea de que el patrimonio pertenece a toda la sociedad. En 1793, se había abierto al público el Museo del Louvre, con las colecciones reales.

Algunos historiadores consideran que la fama de los vándalos como destructores es injusta. Las fuentes que los describen como bárbaros sanguinarios son sobre todo romanas y católicas, que tenían motivos para verlos de forma negativa: los vándalos eran arrianos, una corriente del cristianismo considerada herejía por la Iglesia católica, y persiguieron a los católicos en África. En realidad, su comportamiento en Roma no fue muy diferente del de otros ejércitos de la época, y su reino en África mantuvo muchas instituciones romanas. Su reino fue destruido en 533-534 por el general bizantino Belisario, enviado por el emperador Justiniano.

Hoy la palabra “vandalismo” se usa en muchos idiomas para designar la destrucción intencionada de la propiedad pública o privada, como pintadas en monumentos, rotura de mobiliario urbano o daños en el patrimonio. En muchos países es un delito. También se habla de “vandalismo” en internet, por ejemplo, cuando alguien modifica artículos de la Wikipedia para introducir errores o insultos.

Otros pueblos antiguos han dado nombre a palabras: de los bárbaros, del griego bárbaros, que imitaba el sonido incomprensible de las lenguas extranjeras, “bar-bar”; de los godos, “gótico”, un término que en el Renacimiento se usó de forma despectiva para el arte medieval.

Por qué importa. La palabra vandalismo nació para defender el patrimonio durante la Revolución Francesa, aunque probablemente fue injusta con los vándalos históricos.

DATO 3“Bikini” viene de un atolón

El 1 de julio de 1946, Estados Unidos realizó la primera de una serie de pruebas nucleares en el atolón Bikini, en las Islas Marshall, en el océano Pacífico, en una operación llamada Crossroads. Fueron las primeras pruebas nucleares tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y tenían como objetivo estudiar los efectos de las bombas atómicas sobre los barcos de guerra: se colocaron decenas de barcos viejos en la laguna del atolón. Las pruebas recibieron una enorme atención de los medios de comunicación de todo el mundo.

Apenas cuatro días después, el 5 de julio de 1946, el ingeniero y diseñador francés Louis Réard, que dirigía el negocio de lencería de su madre en París, presentó un bañador de dos piezas muy pequeño, que dejaba al descubierto el ombligo de la mujer, algo muy atrevido en la época. Lo bautizó “bikini”, aprovechando la popularidad del nombre del atolón, porque esperaba que su diseño causara un impacto “explosivo”, como una bomba. El eslogan que usó fue que el bikini era “más pequeño que el bañador más pequeño del mundo”. Réard lo presentó en la piscina Molitor de París.

Ninguna modelo profesional quiso llevarlo porque lo consideraban escandaloso, así que Réard contrató a una bailarina de 19 años del Casino de París, Micheline Bernardini, que lo presentó ante la prensa. Según se cuenta, Bernardini recibió después unas 50.000 cartas de admiradores.

Pocas semanas antes, otro diseñador francés, Jacques Heim, había presentado otro bañador de dos piezas, un poco más grande, que no dejaba el ombligo al aire, al que llamó “Atome”, “átomo”, porque decía que era el bañador más pequeño del mundo. Pero el bikini de Réard fue el que tuvo más éxito y dio nombre a la prenda.

Los bañadores de dos piezas no eran algo totalmente nuevo. En la Antigüedad, algunas mujeres ya usaban prendas similares para hacer ejercicio: el famoso mosaico de las “chicas en bikini” de la Villa Romana del Casale, en Sicilia, del siglo IV, muestra a mujeres jóvenes practicando deportes, como correr, lanzar el disco y jugar a la pelota, con prendas parecidas a un bikini.

Al principio, el bikini fue muy polémico. Fue prohibido en muchas playas y piscinas de Europa y Estados Unidos, y en algunos países, como España, Italia o Portugal, que tenían gobiernos conservadores o una fuerte influencia de la Iglesia católica. En España, durante la dictadura de Franco, el bikini estaba prohibido en las playas, hasta que en los años 50 y 60, con la llegada del turismo extranjero, se empezó a permitir en algunos lugares. Según una historia muy conocida, el alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, viajó en 1953 en su Vespa hasta Madrid para reunirse con Franco y convencerle de que permitiera el bikini, para atraer turistas extranjeros, especialmente del norte de Europa. El Vaticano llegó a condenarlo como pecaminoso, y el concurso de Miss Mundo lo prohibió tras su primera edición en 1951.

El bikini se popularizó gracias al cine y a las estrellas. La actriz francesa Brigitte Bardot lo lució en la película Manina, la chica del bikini (1952) y en el Festival de Cannes de 1953. La actriz suiza Ursula Andress salió del mar con un bikini blanco en la película de James Bond Agente 007 contra el Dr. No (1962), en una escena que se convirtió en icónica. Y la canción Itsy Bitsy Teenie Weenie Yellow Polkadot Bikini, de 1960, fue un gran éxito. En los años 60, con los cambios sociales y la revolución sexual, el bikini se generalizó.

El atolón Bikini, por su parte, tuvo un destino trágico. Sus 167 habitantes fueron desplazados a otras islas antes de las pruebas, con la promesa de que podrían volver pronto. Entre 1946 y 1958, Estados Unidos realizó 23 pruebas nucleares en el atolón, incluida la bomba de hidrógeno Castle Bravo, en 1954, la más potente que ha probado Estados Unidos, unas 1.000 veces más potente que la de Hiroshima, cuya lluvia radiactiva contaminó a los habitantes de otras islas y a la tripulación de un barco pesquero japonés. Los habitantes de Bikini nunca han podido volver de forma permanente, porque la zona sigue contaminada por la radiación. En 2010, el atolón Bikini fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como símbolo del inicio de la era nuclear.

Por qué importa. La palabra bikini nació de una estrategia publicitaria que aprovechó las pruebas nucleares, y su historia recuerda también el sufrimiento de los habitantes del atolón.

DATO 2“Hamaca” viene de una lengua del Caribe

La palabra hamaca viene del taíno, la lengua de los pueblos arawak que vivían en las islas del Caribe, como La Española (actual República Dominicana y Haití), Cuba, Puerto Rico y Jamaica, cuando llegó Cristóbal Colón en 1492. Los taínos dormían en hamacas hechas de fibras vegetales, como el algodón o la corteza de árboles, colgadas entre dos postes o árboles.

Colón describió las hamacas en su diario de a bordo. El 17 de octubre de 1492, pocos días después de llegar a América, anotó que los habitantes de las islas dormían en “unas redes de algodón” que llamaban “hamacas”. Fue una de las primeras palabras indígenas americanas que entraron en el español, y desde el español pasó a otros idiomas europeos: hammock en inglés, hamac en francés, Hängematte en alemán, que se adaptó como si significara “estera colgante”, amaca en italiano y hamaca en portugués.

Las hamacas eran muy prácticas en el clima tropical del Caribe. Al estar elevadas del suelo, protegían de la humedad, de los insectos, las serpientes y otros animales, y permitían que el aire circulara por debajo, lo que ayudaba a mantenerse fresco. Además, eran ligeras, fáciles de transportar y de colgar en cualquier sitio.

Los marineros europeos adoptaron pronto la hamaca en los barcos. Hasta entonces, los marineros dormían en el suelo de la cubierta o en cualquier rincón. Las hamacas permitían aprovechar mejor el espacio en los barcos, donde había muy poco, porque se podían colgar de las vigas y recogerse durante el día. Además, se balanceaban con el movimiento del barco, lo que era más cómodo y reducía las caídas. La Marina Real británica las usó de forma oficial a partir de finales del siglo XVI, y siguieron usándose en muchas armadas hasta mediados del siglo XX. Cuando un marinero moría en el mar, a menudo se le enterraba cosido dentro de su hamaca, con un peso, y según la tradición, el último punto de costura se daba a través de la nariz del difunto, para asegurarse de que estaba muerto.

El taíno fue la primera lengua indígena americana con la que tuvieron contacto los españoles, y aportó al español muchas palabras relacionadas con la naturaleza y la vida del Caribe, que después se extendieron por todo el mundo. Además de hamaca, vienen del taíno: canoa, que fue la primera palabra americana documentada en español, en el diario de Colón del 26 de octubre de 1492; huracán, de hurakán, nombre de un dios de las tormentas; barbacoa, de barbacoa, una estructura de palos para asar o dormir; tabaco; maíz; cacique, jefe; caníbal, a partir del nombre de los caribes; iguana; batata; yuca; caoba; sabana, en el sentido de llanura; bohío, cabaña; guayaba; y cayo, isla pequeña.

Por desgracia, la población taína sufrió un colapso terrible tras la llegada de los europeos, por las enfermedades traídas de Europa, como la viruela, contra las que no tenían defensas, la explotación en el sistema de la encomienda, la violencia y la destrucción de su forma de vida. Se calcula que en pocas décadas la población taína de La Española pasó de cientos de miles de personas a apenas unos pocos miles. La lengua taína se extinguió en el siglo XVI. Sin embargo, estudios genéticos recientes, como uno de 2018 publicado en PNAS, han mostrado que muchas personas del Caribe actual, en Puerto Rico, Cuba o República Dominicana, tienen ascendencia taína en su ADN, y hay movimientos que reivindican esta herencia.

Hoy la hamaca sigue siendo muy popular en Latinoamérica, sobre todo en países como México, en la península de Yucatán, donde muchas personas duermen habitualmente en hamacas, Venezuela, Colombia, Brasil o el Caribe, donde es parte de la cultura tradicional. En 2012, un estudio de la Universidad de Ginebra publicado en Current Biology encontró que el balanceo suave de una hamaca ayudaba a los participantes a dormirse más rápido y a tener un sueño más profundo.

Por qué importa. La palabra hamaca es una de las primeras que el español tomó de las lenguas americanas, y recuerda la herencia del pueblo taíno, que sufrió un trágico destino.

DATO 1“OK” nació como una broma

En 1839, el periódico Boston Morning Post usó por primera vez la abreviatura “O.K.” como una broma, abreviando la expresión oll korrect, una forma deliberadamente mal escrita de all correct, que significa “todo correcto”. El artículo, publicado el 23 de marzo de 1839, era una sátira sobre otro periódico. Así lo demostró el lingüista estadounidense Allen Walker Read, que investigó el origen de la palabra durante años y publicó sus hallazgos en la revista American Speech en 1963 y 1964.

En aquella época, en los años 1830, estaba de moda entre los jóvenes y los periódicos de Boston y otras ciudades del noreste de Estados Unidos usar abreviaturas humorísticas de expresiones mal escritas a propósito, como una especie de juego o jerga. Por ejemplo, “O.W.” por oll wright (all right), “K.Y.” por know yuse (no use), “K.G.” por know go (no go), o “N.S.” por nuff said (enough said). La mayoría de estas abreviaturas desaparecieron cuando pasó la moda, pero “O.K.” sobrevivió.

¿Por qué sobrevivió? Gracias a una campaña presidencial de 1840. El presidente de Estados Unidos, Martin Van Buren, que se presentaba a la reelección, había nacido en Kinderhook, un pueblo del estado de Nueva York, y sus partidarios le llamaban “Old Kinderhook”, el “viejo de Kinderhook”. Sus seguidores del Partido Demócrata fundaron el “O.K. Club” en Nueva York y usaron “O.K.” como lema de la campaña, jugando con el doble sentido: “Old Kinderhook” y “all correct”. Sus rivales, del Partido Whig, también usaron la abreviatura, pero para burlarse de él, inventando otros significados, como que el anterior presidente, Andrew Jackson, era tan inculto que firmaba los documentos con “O.K.” pensando que all correct se escribía “oll korrect”. Van Buren perdió las elecciones, pero la palabra “O.K.” se hizo muy popular y se extendió por todo el país.

Después, el telégrafo, a partir de los años 1840, ayudó a difundirla, porque era una abreviatura muy práctica y corta para confirmar que un mensaje se había recibido correctamente. Con el tiempo, se empezó a escribir también “okay”.

Antes de las investigaciones de Read, había muchas teorías sobre el origen de “OK”. Algunas decían que venía de una palabra de la lengua choctaw de los nativos americanos, okeh, que significa “así es”, una teoría que defendió el presidente Woodrow Wilson, que escribía “okeh” en sus documentos. Otras decían que venía del griego ola kala, “todo está bien”, del escocés och aye, del francés au quai, “al muelle”, del wolof de África occidental, waw-kay, llevado por los esclavos africanos, o de las iniciales de un fabricante de galletas o de un inspector de mercancías. Pero Read demostró con documentos que el primer uso conocido era el del periódico de Boston en 1839, y la mayoría de los lingüistas acepta su explicación.

Hoy “OK” es una de las palabras más usadas y reconocidas del mundo. Se usa en casi todos los idiomas, a menudo escrita “ok” u “okey”. En español, la RAE recoge la forma “okey” en su diccionario, como un anglicismo coloquial usado sobre todo en América, y recomienda usar alternativas como “de acuerdo”, “vale” o “bien”. El lingüista estadounidense Allan Metcalf publicó en 2011 el libro OK: The Improbable Story of America’s Greatest Word, en el que la considera la palabra más importante que ha dado Estados Unidos al mundo. Según Metcalf, parte de su éxito se debe a que es corta, fácil de pronunciar en casi cualquier idioma y neutral, sin connotaciones positivas ni negativas.

La palabra también se usó en la Luna: según algunos relatos, una de las primeras palabras que se dijeron tras el alunizaje del Apolo 11 en 1969 fue “OK”, y aparece en muchas de las comunicaciones de la misión. Y el gesto con la mano de “OK”, uniendo el pulgar y el índice formando un círculo, tiene significados distintos en otras culturas: en Brasil o Turquía puede ser un gesto ofensivo, y en los últimos años, en algunos contextos, se ha asociado a grupos extremistas.

Por qué importa. OK nació como una broma de periódico y sobrevivió gracias a una campaña electoral, hasta convertirse en una de las palabras más universales del mundo.

Resumen de los 10 datos

  1. “OK” nació como una broma.
  2. “Hamaca” viene de una lengua del Caribe.
  3. “Bikini” viene de un atolón.
  4. “Vandalismo” viene de un pueblo.
  5. “Nostalgia” la inventó un médico.
  6. “Galaxia” viene de “leche” en griego.
  7. “Almohada” viene del árabe.
  8. “Chocolate” también viene del náhuatl.
  9. “Tomate” viene del náhuatl.
  10. “Robot” viene de “trabajo forzado”.

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Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra OK?

De "oll korrect", una abreviatura humorística publicada en Boston en 1839.

¿Qué significa galaxia?

Viene del griego gála, leche, por la Vía Láctea.

Fuentes

  1. Diccionario de la lengua española (RAE)
  2. Wikipedia: OK
  3. Wikipedia: Nostalgia

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