10 curiosidades sobre música y sonidos
El número 1 dura 639 años.
29 de septiembre de 2026 · 30 min de lectura
La música afecta al cerebro, a los animales e incluso a los tribunales. Hay canciones con juicios millonarios, instrumentos que valen más que una mansión y una obra de órgano que durará más de seis siglos.
Estos diez datos explican la ciencia y la historia detrás de la música, qué está demostrado y qué no, y cómo el sonido nos afecta en la vida diaria.
DATO 10“Cumpleaños feliz” tuvo derechos de autor
Happy Birthday to You, la canción de cumpleaños más conocida del mundo, que en español se canta como “Cumpleaños feliz”, nació de una melodía de 1893. Las hermanas Mildred y Patty Hill, dos maestras de Louisville, en Kentucky, crearon una canción infantil llamada Good Morning to All, “Buenos días a todos”, para que los niños la cantaran al llegar a clase. Mildred compuso la melodía y Patty escribió la letra. La canción se publicó en un libro de canciones para niños. Con el tiempo, la gente empezó a cantar la misma melodía con la letra “Happy birthday to you” en las fiestas de cumpleaños, sin que se sepa exactamente quién hizo el cambio. La letra de cumpleaños apareció impresa por primera vez a principios del siglo XX.
La historia legal de la canción es sorprendente. En 1935, la editorial musical Clayton F. Summy Company registró los derechos de autor de un arreglo de la canción con la letra de cumpleaños. Con el paso del tiempo, esos derechos pasaron a otras empresas, y en 1988 los compró la empresa Warner/Chappell Music, filial de Warner, por unos 25 millones de dólares, como parte de la compra de la empresa que los tenía. Warner cobraba derechos cada vez que la canción se usaba de forma comercial, por ejemplo, en películas, series, anuncios o restaurantes. Se calcula que ganaba unos 2 millones de dólares al año con ella. Por eso, en muchas películas y series, los personajes cantan otras canciones de cumpleaños o evitan la canción, para no pagar derechos, y muchos restaurantes tenían sus propias canciones para celebrar los cumpleaños de sus clientes.
En 2013, una productora que hacía un documental sobre la canción, Good Morning to You Productions, dirigida por Jennifer Nelson, demandó a Warner para que se reconociera que la canción era de dominio público, después de que le cobraran 1.500 dólares por usarla. La investigación del caso encontró pruebas de que la letra de cumpleaños se había publicado antes de 1935 sin derechos de autor, por ejemplo en un libro de canciones de 1922. En septiembre de 2015, un juez federal de Los Ángeles, George H. King, dictaminó que Warner/Chappell no tenía un copyright válido sobre la letra, porque la empresa Summy solo había registrado los derechos de un arreglo de piano concreto, no de la letra. En 2016, Warner llegó a un acuerdo y devolvió unos 14 millones de dólares a quienes habían pagado por usarla. Desde entonces, la canción es de dominio público en Estados Unidos. En la Unión Europea, los derechos expiraron a finales de 2016, 70 años después de la muerte de Patty Hill, que murió en 1946.
El caso de “Happy Birthday” es un ejemplo de lo complejos que pueden ser los derechos de autor. En general, los derechos de autor protegen las obras creativas, como canciones, libros o películas, durante un periodo de tiempo, que en la Unión Europea y en Estados Unidos, para la mayoría de las obras, es de 70 años después de la muerte del autor. Después, las obras pasan al dominio público, y cualquiera puede usarlas libremente. Por eso hoy se pueden usar sin pagar obras de Mozart, Beethoven o Cervantes.
Ha habido otros casos famosos de juicios musicales. En 2015, un jurado de Estados Unidos condenó a Robin Thicke y Pharrell Williams a pagar más de 7 millones de dólares a la familia de Marvin Gaye porque su canción “Blurred Lines” se parecía demasiado a “Got to Give It Up”, aunque no copiaba la melodía exacta, sino el estilo. La decisión fue muy polémica entre los músicos, que temían que se pudiera demandar por parecidos de estilo.
Por qué importa. El caso del Cumpleaños feliz muestra cómo funcionan los derechos de autor y la importancia del dominio público para que la cultura pueda compartirse libremente.
DATO 9El piano tiene 88 teclas
El piano moderno tiene 88 teclas: 52 blancas y 36 negras. Cubren poco más de siete octavas, desde un La muy grave hasta un Do muy agudo. Una octava es la distancia entre una nota y la siguiente del mismo nombre, por ejemplo, de un Do al siguiente Do; en ese intervalo, la frecuencia del sonido se duplica. Las teclas blancas corresponden a las notas naturales (do, re, mi, fa, sol, la, si), y las negras, a las alteraciones, los sostenidos y bemoles.
La frecuencia de la nota más grave del piano es de unos 27,5 hercios, casi en el límite inferior de lo que puede oír el oído humano, y la más aguda, de unos 4.186 hercios. Este rango cubre prácticamente todo el rango de las notas usadas en la música occidental, superando el de la orquesta. Por eso el piano se usa tanto para componer y acompañar.
No siempre tuvo 88 teclas. El piano lo inventó hacia 1700 el italiano Bartolomeo Cristofori, en Florencia, que trabajaba para la familia Médici. Lo llamó gravicembalo col piano e forte, “clavicémbalo con suave y fuerte”, porque a diferencia del clavicémbalo, en el que las cuerdas se pulsan con una púa y el volumen es siempre el mismo, el piano permitía tocar suave (piano) o fuerte (forte) según la fuerza con la que se pulsaran las teclas. Esto se consigue porque las cuerdas se golpean con macillos recubiertos de fieltro. De ahí viene su nombre, pianoforte, abreviado como piano. Los primeros pianos tenían unas cuatro octavas, es decir, unas 49 teclas.
Con el tiempo, a medida que los compositores pedían más notas, el piano fue ampliando su teclado. Mozart usaba pianos de unas cinco octavas; Beethoven llegó a usar pianos de seis octavas y media; y Chopin y Liszt, en el siglo XIX, compusieron obras para pianos de hasta siete octavas. El estándar de 88 teclas se fijó hacia 1880, en gran parte gracias a la empresa Steinway & Sons. Los fabricantes consideraron que añadir más notas no tenía mucho sentido, porque el oído humano tiene dificultades para distinguir el tono de las notas más graves o más agudas.
Algunos pianos tienen más teclas. El Bösendorfer Imperial, fabricado por la empresa austriaca Bösendorfer, tiene 97 teclas, con nueve teclas extra en los graves, que llegan hasta un Do muy grave. Las teclas adicionales suelen ser de color negro para no confundir al pianista. Se crearon a principios del siglo XX a petición del compositor Ferruccio Busoni, que quería tocar transcripciones de obras de órgano de Bach. Más que para tocarlas, esas cuerdas extra enriquecen la resonancia del instrumento. Y en 2018, el fabricante australiano Stuart & Sons presentó un piano de 108 teclas, que cubre nueve octavas.
Un piano de cola moderno tiene unas 230 cuerdas de acero, porque muchas notas tienen dos o tres cuerdas para dar más volumen, y más de 12.000 piezas. La tensión total de las cuerdas puede superar las 20 toneladas, sostenidas por un marco de hierro fundido. Por eso los pianos son tan pesados: uno de cola de concierto puede pesar unos 500 kilos. Y necesitan afinarse periódicamente, porque la tensión de las cuerdas cambia con la temperatura y la humedad.
Hoy existen también los pianos digitales, que imitan el sonido de un piano acústico con muestras grabadas o modelos por ordenador, y muchos tienen 88 teclas con un mecanismo que imita el tacto de las teclas reales.
Aprender a tocar el piano tiene beneficios: estudios científicos han asociado la práctica musical con mejoras en la coordinación, la memoria y algunas capacidades cognitivas, aunque sus efectos exactos todavía se estudian.
Por qué importa. El piano es un instrumento que ha evolucionado con las necesidades de los compositores, y sus 88 teclas son el resultado de un equilibrio entre música, física y oído humano.
DATO 8Beethoven compuso obras siendo sordo
Ludwig van Beethoven, nacido en Bonn, Alemania, en 1770, es uno de los compositores más importantes de la historia. Pero su historia tiene un giro dramático: empezó a perder el oído hacia los 26 o 28 años, y su sordera fue empeorando progresivamente durante el resto de su vida. Hacia el final de su vida estaba casi totalmente sordo. Aun así, compuso algunas de sus obras más importantes en esa época.
Beethoven notó los primeros síntomas hacia 1796-1798, con zumbidos constantes en los oídos, llamados acúfenos, y dificultad para oír las notas agudas y las voces. En 1802, en una época de desesperación, escribió una carta a sus hermanos, conocida como el Testamento de Heiligenstadt, por el pueblo cercano a Viena donde estaba, en la que confesaba que había pensado en quitarse la vida, pero que la música lo retuvo. Escribió que no podía dejar el mundo hasta haber sacado de sí todo lo que sentía que tenía que crear.
A medida que su sordera empeoraba, Beethoven usó distintos métodos para comunicarse y seguir componiendo. Usaba trompetillas, unos conos para amplificar el sonido. A partir de 1818, cuando ya casi no podía oír las conversaciones, usaba cuadernos de conversación en los que las personas le escribían lo que querían decirle; se conservan unos 140. También se cuenta que usaba una varilla de madera que sujetaba entre los dientes y apoyaba en el piano para sentir las vibraciones a través de los huesos del cráneo, una forma de conducción ósea. Y componía gracias a su enorme conocimiento de la música: podía “oír” la música en su cabeza, igual que muchos músicos pueden leer una partitura e imaginar cómo suena.
Compuso su Novena Sinfonía, terminada en 1824, casi totalmente sordo. Es una de las obras más famosas de la música clásica, y fue revolucionaria porque fue la primera gran sinfonía que incluyó coro y solistas vocales en su último movimiento, que canta el poema “Oda a la alegría”, del poeta alemán Friedrich Schiller. En el estreno, en Viena, el 7 de mayo de 1824, Beethoven estaba en el escenario junto al director, marcando los tiempos, aunque los músicos seguían al director principal. Al terminar, Beethoven, de espaldas al público, no oía los aplausos, e iba un poco retrasado respecto a la orquesta. Según los testimonios, una de las cantantes, la contralto Caroline Unger, lo giró para que viera al público, que aplaudía entusiasmado y agitaba sombreros y pañuelos para que él pudiera verlo. Hay distintas versiones de la historia, pero la esencia es la misma.
¿Qué causó su sordera? No se sabe con certeza. Se han propuesto muchas causas: una enfermedad llamada otosclerosis, que afecta a los huesecillos del oído, infecciones, el tifus, la sífilis, una enfermedad autoinmune o incluso una intoxicación por plomo, que se usaba en el vino de la época. En 2023, un estudio que analizó el ADN de mechones de su cabello, publicado en la revista Current Biology, encontró que tenía predisposición genética a enfermedades del hígado y una infección por hepatitis B, lo que podría explicar su enfermedad hepática, que le causó la muerte en 1827. Pero no aclaró la causa de su sordera. En 2024, otro estudio del cabello encontró niveles muy altos de plomo, que podrían haber contribuido a sus problemas de salud, incluida la sordera.
La “Oda a la alegría” de la Novena Sinfonía es hoy el himno oficial de la Unión Europea, sin letra, y la partitura original se incluyó en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO.
Por qué importa. La historia de Beethoven es un ejemplo de resiliencia, y muestra que la música se construye también en la mente, más allá de lo que oímos.
DATO 7Escuchar música libera dopamina
Estudios con técnicas de neuroimagen muestran que escuchar música que nos emociona libera dopamina en zonas del cerebro relacionadas con la recompensa y el placer. La dopamina es un neurotransmisor, una sustancia que usan las neuronas para comunicarse, que participa en la motivación, el placer y el aprendizaje. Es la misma sustancia que se libera con la comida, el sexo, algunas drogas o el dinero.
Uno de los estudios más importantes sobre este tema lo publicaron en 2011 en la revista Nature Neuroscience la neurocientífica Valorie Salimpoor y el neurólogo Robert Zatorre, del Instituto Neurológico de Montreal, en Canadá. Pidieron a los participantes que eligieran piezas musicales que les produjeran escalofríos de emoción, esa sensación de “piel de gallina” que a veces sentimos con la música. Mientras escuchaban, midieron su actividad cerebral con técnicas como la tomografía por emisión de positrones (PET) y la resonancia magnética funcional. Descubrieron que, en los momentos de máxima emoción, se liberaba dopamina en una zona llamada núcleo accumbens, clave en el sistema de recompensa del cerebro. Pero además, observaron algo interesante: la dopamina también se liberaba antes del momento culminante, en otra zona, el núcleo caudado, durante la anticipación, cuando el oyente esperaba que llegara la parte que le gustaba.
Esto sugiere que parte del placer de la música viene de las expectativas: nuestro cerebro intenta predecir lo que va a sonar, y siente placer cuando la música cumple esas expectativas o cuando las rompe de forma agradable, por ejemplo con un cambio inesperado. Por eso nos gustan las canciones que conocemos, pero también disfrutamos con las sorpresas.
En 2019, otro estudio de Laura Ferreri y colegas, en Barcelona, publicado en PNAS, fue un paso más allá. Los investigadores dieron a los participantes un medicamento que aumentaba la dopamina, otro que la reducía y un placebo. Descubrieron que, al aumentar la dopamina, los participantes sentían más placer con la música, y al reducirla, menos. Esto demostró que la dopamina no solo acompaña al placer musical, sino que tiene un papel causal en él.
La música también afecta a otras partes del cuerpo y del cerebro. Puede cambiar el ritmo cardíaco, la respiración y la presión arterial, reducir el estrés y la sensación de dolor, y activar zonas relacionadas con la memoria, las emociones y el movimiento. Por eso a menudo sentimos ganas de movernos o bailar al escuchar música con ritmo. La música activa muchas áreas del cerebro a la vez.
Estos descubrimientos tienen aplicaciones en la musicoterapia, una disciplina que usa la música con fines terapéuticos. Se usa en hospitales para reducir la ansiedad antes de una operación y el dolor después, en personas con alzhéimer para estimular recuerdos y mejorar el estado de ánimo, en personas con párkinson para ayudarles a caminar con más ritmo, y en la rehabilitación tras un ictus para recuperar el habla, cantando.
Hay personas que no sienten placer con la música, un fenómeno llamado anhedonia musical específica, que afecta a alrededor del 3 al 5 % de la población, según estudios del grupo de Barcelona. Estas personas disfrutan de otras recompensas, pero la música no les produce emoción, porque la conexión entre las zonas auditivas y las de recompensa es más débil.
Por qué importa. La música activa el sistema de recompensa del cerebro, lo que explica por qué nos emociona y por qué se usa como herramienta terapéutica.
DATO 6El violín Stradivarius puede valer millones
Antonio Stradivari, conocido también como Stradivarius, la forma latinizada de su apellido que usaba en sus etiquetas, fue un lutier italiano, es decir, un fabricante de instrumentos de cuerda, que vivió en Cremona, en el norte de Italia, entre 1644 y 1737. Fabricó violines, violas, violonchelos, guitarras y arpas entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Se calcula que construyó unos 1.100 instrumentos, de los que se conservan unos 650, la mayoría violines.
Los violines de Stradivari se consideran entre los mejores del mundo, y son muy apreciados por los grandes violinistas por su sonido potente, brillante y lleno de matices. Su época más brillante, entre 1700 y 1720, se conoce como su “periodo dorado”. Muchos de sus instrumentos tienen nombres propios, a menudo de sus antiguos dueños o de su historia, como el “Messiah”, que se conserva en el Museo Ashmolean de Oxford casi sin haber sido tocado, o el “Lady Blunt”, de 1721, que en 2011 se vendió en una subasta por unos 15,9 millones de dólares para ayudar a las víctimas del terremoto y el tsunami de Japón. En 2025, el violín “Joachim-Ma” se vendió por más de 11 millones de dólares. Se dice que algunos se han vendido de forma privada por cantidades aún mayores. Además, en el Palacio Real de Madrid se conserva el Cuarteto Palatino, un conjunto de Stradivarius decorados, único en el mundo.
¿Por qué suenan tan bien? Es uno de los grandes debates de la música y la ciencia, y se han propuesto muchas teorías. Una teoría habla de la madera: Stradivari vivió durante el Mínimo de Maunder, un periodo de baja actividad solar entre 1645 y 1715, que coincidió con la “Pequeña Edad de Hielo”, en el que los inviernos fueron más fríos en Europa. Según esta hipótesis, los árboles crecieron más despacio y produjeron una madera más densa y uniforme. Otra teoría habla de los tratamientos químicos de la madera: un estudio de 2016, liderado por el químico Joseph Nagyvary, y otros posteriores encontraron que la madera de sus instrumentos contenía minerales como el bórax, el zinc, el cobre y la sal, que quizá usaba para protegerla de los insectos y hongos, y que podrían haber cambiado sus propiedades acústicas. También se ha hablado del barniz, de la forma y el grosor de las piezas, y del envejecimiento de la madera con el paso de los siglos.
Pero hay un giro sorprendente. En 2010 y 2012, la investigadora Claudia Fritz y el lutier Joseph Curtin hicieron experimentos a ciegas. Pidieron a violinistas profesionales que tocaran violines antiguos, incluidos Stradivarius, y violines modernos de alta calidad, sin saber cuál era cuál: llevaban gafas oscuras y los instrumentos tenían un perfume en la barbilla para ocultar el olor a madera antigua. La mayoría de los violinistas no pudieron distinguir los Stradivarius de los modernos, y muchos prefirieron los violines modernos. En un estudio de 2017, publicado en PNAS, el público de una sala de conciertos tampoco distinguió los instrumentos, y prefirió en general el sonido de los modernos. Estos resultados sugieren que parte del prestigio de los Stradivarius se debe a su historia, su rareza y su valor simbólico, además de su calidad.
Aun así, los Stradivarius siguen siendo instrumentos excepcionales y obras de arte únicas. Muchos pertenecen a fundaciones, bancos o coleccionistas que los prestan a los mejores violinistas del mundo. Por ejemplo, la Nippon Music Foundation de Japón presta varios Stradivarius a músicos de talento.
Otros lutieres de Cremona también son muy valorados, como la familia Amati, de la que Stradivari pudo ser aprendiz, o Giuseppe Guarneri “del Gesù”, cuyos violines, como el que usaba Niccolò Paganini, llamado “Il Cannone”, compiten en prestigio con los de Stradivari.
Por qué importa. Los Stradivarius muestran cómo se mezclan la artesanía, la ciencia y el prestigio, y cómo los experimentos a ciegas pueden poner a prueba creencias muy arraigadas.
DATO 5Las vacas podrían producir más leche con música tranquila
Un estudio de la Universidad de Leicester, en el Reino Unido, publicado en 2001, sugirió que las vacas producían algo más de leche cuando escuchaban música tranquila. Los investigadores, Adrian North y Liam MacKenzie, del departamento de psicología, expusieron a varios grupos de vacas de una granja a diferentes tipos de música durante unas nueve semanas, durante 12 horas al día.
Según los resultados, las vacas que escuchaban música lenta y relajante, con un tempo de menos de 100 pulsaciones por minuto, como la “Sinfonía Pastoral” de Beethoven, “Bridge Over Troubled Water” de Simon & Garfunkel o “Everybody Hurts” de R.E.M., producían alrededor de un 3 % más de leche, unos 0,73 litros más por vaca al día, que las que escuchaban música rápida o no escuchaban nada. Los investigadores propusieron que la música tranquila podía reducir el estrés de las vacas, y que el estrés disminuye la producción de leche porque afecta a la liberación de la hormona oxitocina, que es necesaria para la bajada de la leche.
Es un resultado curioso, pero conviene tomarlo con cautela: no es una ley científica. El estudio se hizo en una sola granja, con un número limitado de vacas, y no se publicó en una revista científica con revisión por pares, sino que se difundió sobre todo a través de la prensa, que lo convirtió en una noticia viral. Otros estudios sobre los efectos de la música en los animales de granja han dado resultados mixtos: algunos encontraron efectos positivos en el comportamiento o la producción, y otros no encontraron diferencias significativas. Además, es difícil separar el efecto de la música de otros factores, como la rutina, el ruido de fondo o el manejo de los animales.
Lo que sí está bien documentado es que el estrés y el ruido fuerte afectan al bienestar de los animales. Los ruidos repentinos o muy intensos pueden asustar a las vacas y otros animales de granja, y algunos granjeros usan música o sonidos constantes para enmascarar ruidos que pueden sobresaltarlos. Además, las vacas son animales de costumbres, y la música puede funcionar como una señal que asocian con el ordeño, igual que el perro de Pávlov asociaba una campana con la comida.
Los efectos de la música en otros animales también se han estudiado. Algunos estudios indican que la música clásica reduce el estrés de los perros en los refugios: un estudio de la Universidad de Glasgow y la organización Scottish SPCA, publicado en 2017, encontró que los perros estaban más relajados con distintos tipos de música, especialmente el reggae y el soft rock, aunque se acostumbraban si se ponía siempre la misma. En 2015, un estudio sobre gatos, de la Universidad de Wisconsin, mostró que preferían música compuesta específicamente para ellos, con frecuencias y ritmos parecidos a los de los ronroneos y los sonidos de succión de las crías, frente a la música humana. Y algunas especies de aves, como la cacatúa Snowball, famosa por sus vídeos, pueden bailar al ritmo de la música, algo que se creía exclusivo de los humanos; un estudio de 2009 confirmó que Snowball ajustaba sus movimientos al ritmo.
Para la ciencia, estos estudios interesan porque ayudan a entender si la capacidad de disfrutar la música es exclusivamente humana o si tiene raíces en la biología compartida con otros animales.
Por qué importa. El estudio de las vacas es una curiosidad que invita a investigar más, y recuerda que las noticias científicas virales deben leerse con espíritu crítico.
DATO 4El sonido más fuerte registrado fue el del Krakatoa
El 27 de agosto de 1883, el volcán Krakatoa, en una isla situada en el estrecho de la Sonda, entre las islas de Java y Sumatra, en la actual Indonesia, tuvo una de las erupciones más violentas de la historia registrada. La explosión principal produjo un sonido que se oyó a unos 4.800 kilómetros de distancia. En la isla Rodrigues, en el océano Índico, cerca de Mauricio, un jefe de policía llamado James Wallis anotó que había oído algo parecido al “rugido de cañones pesados” a lo lejos, y pensó que era un barco en apuros. Se considera uno de los sonidos más fuertes registrados en la historia.
El sonido fue tan fuerte que, a unos 160 kilómetros de distancia, se estima que alcanzó unos 172 decibelios, más que un avión a reacción de cerca o el umbral en que el sonido causa dolor, que está en torno a 130 decibelios. En un barco británico, el Norham Castle, que estaba a unos 60 kilómetros, el capitán escribió en su diario que los tímpanos de más de la mitad de su tripulación se habían roto, y que pensaba en su “querida esposa” porque creía que había llegado el día del juicio final.
Además, la onda de presión de la explosión dio la vuelta al mundo varias veces. Los barómetros, los aparatos que miden la presión atmosférica, de estaciones meteorológicas de todo el mundo registraron picos de presión causados por la onda, que viajó alrededor de la Tierra hasta cuatro veces en cada dirección durante los cinco días siguientes. Es decir, aunque el sonido dejó de ser audible, la vibración del aire siguió recorriendo el planeta.
La erupción fue catastrófica. Destruyó alrededor de dos tercios de la isla de Krakatoa. Generó tsunamis de hasta unos 30 metros de altura que arrasaron las costas cercanas de Java y Sumatra, y causaron la mayoría de las más de 36.000 muertes oficiales, aunque algunas estimaciones son mayores. Los flujos piroclásticos, nubes de gas y ceniza ardiente, llegaron a cruzar el mar y alcanzaron la costa de Sumatra, a unos 40 kilómetros. La erupción lanzó enormes cantidades de ceniza y gases a la atmósfera, hasta una altura de unos 80 kilómetros.
Sus efectos se sintieron en todo el mundo. La ceniza y los aerosoles de dióxido de azufre que llegaron a la estratosfera se extendieron alrededor del planeta, reflejaron parte de la luz solar y provocaron un descenso de la temperatura media global de alrededor de 0,4 °C en el año siguiente. Además, durante meses se vieron atardeceres rojos espectaculares en todo el mundo. En Nueva York, los atardeceres fueron tan intensos que algunas personas llamaron a los bomberos pensando que había un gran incendio. Algunos historiadores del arte han propuesto que el cielo rojo del famoso cuadro “El grito”, del pintor noruego Edvard Munch, pintado en 1893, se inspiró en esos atardeceres, aunque es una hipótesis discutida.
La erupción del Krakatoa fue también uno de los primeros desastres naturales globales gracias al telégrafo submarino: la noticia llegó a Londres y a otras ciudades en pocas horas, lo que la convirtió en una de las primeras noticias mundiales casi en tiempo real.
En 1927, en el mismo lugar, surgió del mar un nuevo volcán, el Anak Krakatau, “hijo del Krakatoa”, que sigue activo. En diciembre de 2018, un derrumbe de uno de sus flancos durante una erupción provocó un tsunami que causó más de 400 muertes en las costas de Java y Sumatra.
Por qué importa. La erupción del Krakatoa muestra el enorme poder de los volcanes y sus efectos globales en el clima, y la importancia de vigilar los volcanes activos cerca de poblaciones.
DATO 3Mozart compuso su primera obra a los 5 años
Wolfgang Amadeus Mozart, nacido en Salzburgo, en la actual Austria, en 1756, es uno de los casos más famosos de niño prodigio de la historia. Empezó a tocar el clave hacia los 3 años, imitando las lecciones que su padre, Leopold Mozart, un músico y compositor de la corte, daba a su hermana mayor, Maria Anna, conocida como Nannerl. Compuso pequeñas piezas para teclado hacia los 5 años, como minuetos y un andante, que su padre anotaba. A los 8 años escribió su primera sinfonía, la Sinfonía n.º 1 en mi bemol mayor, durante un viaje a Londres, en 1764. Y a los 12 años compuso su primera ópera.
Su padre vio pronto el talento de sus hijos y organizó largas giras por Europa para mostrarlos en las cortes y los salones de la nobleza. Durante más de tres años, entre 1763 y 1766, la familia recorrió ciudades como Múnich, París, Londres, Ámsterdam y Viena. El pequeño Mozart impresionaba al público con sus habilidades: tocaba el clave con los ojos vendados o con el teclado cubierto por un paño, improvisaba sobre temas propuestos por el público, identificaba notas de oído y leía partituras a primera vista. En Viena, tocó ante la emperatriz María Teresa, y según una anécdota, tras resbalar en el palacio de Schönbrunn, le propuso matrimonio a una de sus hijas, María Antonieta, la futura reina de Francia.
Una de las anécdotas más famosas sobre su memoria musical ocurrió en 1770, cuando tenía 14 años. En la Capilla Sixtina de Roma, escuchó el Miserere, una obra para coro de Gregorio Allegri, del siglo XVII, cuya partitura estaba guardada en secreto por el Vaticano, que prohibía copiarla bajo pena de excomunión. Según una carta de su padre, Mozart la transcribió de memoria después de escucharla, y volvió a escucharla días después para corregir algunos detalles. Aunque la historia puede estar algo exagerada, porque existían copias de la obra y era algo repetitiva, muestra su enorme capacidad.
Pero el talento de Mozart no fue solo cuestión de un don natural. Recibió una educación musical intensa desde muy pequeño, con un padre muy exigente y experto pedagogo, que había escrito un importante método para tocar el violín. Practicaba muchas horas al día. Además, se ha señalado que las primeras composiciones de Mozart probablemente fueron corregidas o mejoradas por su padre, y que sus obras de juventud, aunque impresionantes para su edad, no son tan originales como las de su madurez. Algunos investigadores, como el psicólogo Anders Ericsson, estudioso de la pericia, han usado el caso de Mozart para defender que la práctica deliberada y temprana es clave para desarrollar un talento extraordinario, aunque otros investigadores subrayan también el papel de la genética.
Mozart murió muy joven, a los 35 años, en 1791, en Viena, dejando más de 600 obras, entre ellas sinfonías, conciertos, óperas como Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y La flauta mágica, y su inacabado Réquiem. Las causas de su muerte siguen discutiéndose; la leyenda de que fue envenenado por su rival Antonio Salieri, popularizada por la obra de teatro y la película Amadeus (1984), no tiene fundamento histórico. Salieri fue, de hecho, un compositor respetado y profesor de Beethoven, Schubert y Liszt.
En los años 90 se habló mucho del “efecto Mozart”, la idea de que escuchar música de Mozart hacía a los niños más inteligentes. Surgió de un estudio de 1993 publicado en Nature que encontró una mejora breve, de unos 15 minutos, en una tarea espacial en estudiantes universitarios tras escuchar una sonata de Mozart. Pero estudios posteriores no lograron reproducir el efecto de forma consistente, y los expertos consideran que no hay pruebas de que escuchar a Mozart aumente la inteligencia. Aprender música activamente, en cambio, sí se ha asociado con algunos beneficios.
Por qué importa. El caso de Mozart muestra la combinación de talento, educación temprana y práctica intensa, y la importancia de desconfiar de mitos como el “efecto Mozart”.
DATO 2Hay una nota que casi nadie puede cantar
La mayoría de las personas tiene un rango vocal, es decir, el conjunto de notas que puede cantar desde la más grave hasta la más aguda, de unas dos octavas, aunque varía mucho entre personas. Los cantantes entrenados pueden alcanzar tres o cuatro octavas, y algunos casos excepcionales superan las cinco octavas. Por eso ciertas notas de la ópera son casi inalcanzables para la mayoría de las personas.
La voz se produce en la laringe, un órgano situado en el cuello, donde se encuentran las cuerdas vocales, en realidad dos pliegues de músculo y mucosa. Cuando hablamos o cantamos, el aire de los pulmones pasa entre ellas y las hace vibrar, produciendo un sonido. La altura del sonido, lo aguda o grave que es, depende de la frecuencia de la vibración, que a su vez depende de la longitud, el grosor y la tensión de las cuerdas vocales. Cuanto más cortas, finas y tensas, más agudo es el sonido, igual que en las cuerdas de una guitarra. Por eso, en general, los hombres tienen voces más graves que las mujeres y los niños: sus cuerdas vocales son más largas y gruesas, y crecen durante la pubertad por el efecto de la testosterona, lo que provoca el famoso “cambio de voz”. Después, la boca, la nariz y la garganta funcionan como cajas de resonancia que dan a cada voz su timbre personal.
En la música clásica, las voces se clasifican según su rango y su timbre. En las mujeres, de más aguda a más grave, se distinguen la soprano, la mezzosoprano y la contralto. En los hombres, el contratenor, que canta en un registro agudo parecido al de las mujeres, el tenor, el barítono y el bajo.
Algunas notas de ópera son famosas por su dificultad. En el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, de Mozart, la soprano debe alcanzar un Fa sobreagudo (Fa6), una nota muy aguda, de unos 1.397 hercios, que pocas sopranos pueden cantar con limpieza. En el aria “Ah! mes amis”, de la ópera La hija del regimiento, de Donizetti, el tenor debe cantar nueve Do agudos (Do5) seguidos, un reto que hizo famoso al tenor Luciano Pavarotti en 1972, que recibió 17 salidas a escena por los aplausos, y más tarde al peruano Juan Diego Flórez.
Algunos cantantes populares son conocidos por su amplio rango vocal. Mariah Carey es famosa por su “registro de silbido”, un registro extremadamente agudo que produce un sonido parecido a un silbido, y se le atribuye un rango de unas cinco octavas. Freddie Mercury, de Queen, tenía un rango estimado de unas cuatro octavas, y un estudio de 2016 analizó su voz y encontró que sus cuerdas vocales vibraban más rápido que las de la mayoría de las personas, con un vibrato muy particular. Otros, como Axl Rose o la brasileña Georgia Brown, han sido citados por rangos de más de cinco o incluso ocho octavas, aunque estas cifras son a menudo difíciles de verificar y dependen de cómo se midan.
El Libro Guinness de los Récords reconoce al estadounidense Tim Storms como la persona con la voz más grave registrada: una nota de unos 0,189 hercios, muy por debajo de lo que puede oír el oído humano, y con uno de los rangos más amplios, de unas diez octavas, contando registros extremos.
Para cuidar la voz, los expertos recomiendan hidratarse bien, evitar gritar y forzar la voz, no fumar, descansar la voz tras usarla mucho y aprender técnicas de respiración. Los profesionales que usan mucho la voz, como profesores o cantantes, tienen riesgo de sufrir problemas como nódulos en las cuerdas vocales.
Por qué importa. El rango vocal depende de la anatomía y del entrenamiento, y cuidar la voz es importante para quienes la usan mucho, como cantantes y profesores.
DATO 1Hay una pieza de órgano que durará 639 años
En la iglesia de San Burchardi, en Halberstadt, una ciudad del centro de Alemania, suena una obra musical muy especial: ORGAN²/ASLSP, del compositor estadounidense John Cage. La interpretación comenzó en 2001 y está programada para durar 639 años: terminará en el año 2640. Es la obra musical más larga del mundo que se está interpretando.
El título ASLSP significa “As SLow aS Possible”, “tan despacio como sea posible”. Cage compuso la obra en 1985 para piano, con el título ASLSP, y en 1987 hizo una versión para órgano, ORGAN²/ASLSP. Pero no especificó qué significaba exactamente “tan despacio como sea posible”. Una interpretación normal de la obra dura unos 20 a 70 minutos. Tras la muerte de Cage en 1992, un grupo de músicos, filósofos y teólogos se reunió en 1997 para debatir cuánto podía durar la obra en un órgano, un instrumento que, a diferencia del piano, puede mantener una nota indefinidamente mientras le llegue aire. Pensaron que un órgano podía durar tanto como se mantuviera en funcionamiento, siglos incluso.
Decidieron que durara 639 años. ¿Por qué esa cifra? Porque en esa iglesia se construyó en 1361 un famoso órgano, el órgano de Halberstadt, considerado el primer órgano con un teclado moderno de doce notas. Desde 1361 hasta el año 2000, habían pasado 639 años, así que la obra duraría otros 639 años para “celebrar” ese aniversario.
La interpretación comenzó el 5 de septiembre de 2001, en lo que habría sido el 89 cumpleaños de Cage, con una pausa: los primeros 17 meses fueron de silencio, porque la obra empieza con un silencio. El primer acorde empezó a sonar el 5 de febrero de 2003. Desde entonces, las notas cambian cada cierto tiempo, a menudo cada varios meses o años. Por ejemplo, un acorde sonó sin cambios entre 2013 y 2020. Los cambios de acorde se han convertido en acontecimientos que atraen a cientos de visitantes. El más reciente se produjo en 2024, y el siguiente está previsto para 2026.
El órgano está construido especialmente para la obra, y se va ampliando con nuevos tubos a medida que se necesitan nuevas notas. Las notas se mantienen gracias a sacos de arena o pesos que presionan las teclas, y el aire lo suministra un fuelle eléctrico. Si hubiera un corte de luz prolongado, la música se interrumpiría, así que hay un sistema de emergencia. El proyecto se financia en parte con donaciones: las personas pueden “comprar” un año de la obra y poner una placa con su nombre.
Para muchos, la obra es una reflexión sobre el tiempo, la paciencia, la continuidad y la relación entre generaciones: quienes la empezaron nunca la verán terminar, y quienes la terminen serán personas de un futuro lejano. También plantea preguntas: ¿seguirán existiendo la iglesia, la ciudad y las instituciones que la mantienen dentro de seis siglos?
John Cage fue un compositor experimental muy influyente. Su obra más famosa es 4’33’’, de 1952, en la que el intérprete no toca ninguna nota durante 4 minutos y 33 segundos. La “música” es el sonido del ambiente: las toses, los ruidos de la sala, el viento. Cage quería que el público prestara atención a los sonidos que normalmente ignoramos, y mostrar que el silencio absoluto no existe. Se inspiró, en parte, en una visita a una cámara anecoica en la Universidad de Harvard, una sala diseñada para absorber todo el sonido, donde descubrió que seguía oyendo dos sonidos: uno agudo, que era su sistema nervioso, y otro grave, que era su sangre circulando.
Hay otros proyectos de música de larga duración, como Longplayer, una obra de Jem Finer que suena en un faro de Londres desde el año 2000 y durará 1.000 años, sin repetirse, hasta el 31 de diciembre de 2999.
Por qué importa. La obra de Halberstadt invita a reflexionar sobre el tiempo y la continuidad, y muestra que la música también puede ser un proyecto compartido entre generaciones.
Resumen de los 10 datos
- Hay una pieza de órgano que durará 639 años.
- Hay una nota que casi nadie puede cantar.
- Mozart compuso su primera obra a los 5 años.
- El sonido más fuerte registrado fue el del Krakatoa.
- Las vacas podrían producir más leche con música tranquila.
- El violín Stradivarius puede valer millones.
- Escuchar música libera dopamina.
- Beethoven compuso obras siendo sordo.
- El piano tiene 88 teclas.
- “Cumpleaños feliz” tuvo derechos de autor.
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Preguntas frecuentes
¿Cuántas teclas tiene un piano?
88: 52 blancas y 36 negras.
¿Cuánto durará la pieza de Halberstadt?
639 años: empezó en 2001 y terminará en 2640.