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Dato #12 Historia

10 curiosidades sobre monedas y billetes

El número 1 es gigante y de piedra.

29 de septiembre de 2026 · 27 min de lectura

El dinero no siempre fueron billetes y monedas: ha sido sal, conchas y piedras de toneladas. Y hoy, cada vez más, es solo una anotación en un ordenador.

Estos diez datos recorren la historia más curiosa del dinero, explican cómo funciona por dentro y qué nos enseña sobre la confianza, que es, al final, lo que da valor a cualquier moneda.

DATO 10Los billetes de muchos países no son de papel

Los billetes del dólar estadounidense no están hechos de papel normal. Están fabricados con una mezcla de 75 % de algodón y 25 % de lino, según la Oficina de Grabado e Impresión de Estados Unidos (Bureau of Engraving and Printing), el organismo que los imprime. Por eso aguantan mucho mejor que el papel común: si te dejas un billete en el bolsillo y lo metes en la lavadora, lo normal es que salga arrugado pero entero, mientras que una hoja de papel se desharía. El papel de los billetes lo fabrica desde 1879 una única empresa, Crane Currency, en Massachusetts.

Esta composición le da al billete resistencia a los pliegues: se dice que un billete de dólar puede doblarse unas 4.000 veces hacia delante y hacia atrás antes de romperse. Aun así, los billetes se desgastan. Según la Reserva Federal, un billete de 1 dólar dura de media unos 6 o 7 años en circulación, y uno de 100 dólares, más de 20 años, porque se usa menos y se guarda más. Los billetes gastados se retiran y se destruyen, triturándolos.

Muchos otros países usan billetes de algodón. Los euros, por ejemplo, están hechos de fibras de algodón, lo que les da un tacto característico, distinto al del papel. Ese tacto es, de hecho, uno de los elementos para detectar billetes falsos.

Otros países han dado un paso más y usan billetes de polímero, una especie de plástico flexible hecho de polipropileno. Australia fue el pionero: en 1988 emitió el primer billete de polímero, y desde 1996 todos sus billetes son de este material. Le siguieron países como Canadá, el Reino Unido, México, Nueva Zelanda o Vietnam. Estos billetes duran de dos a cuatro veces más que los de papel, son resistentes al agua, se ensucian menos y son más difíciles de falsificar, porque pueden incluir ventanas transparentes con hologramas y otros elementos de seguridad que no se pueden imprimir con una impresora. Aunque su fabricación es más cara, a largo plazo pueden ahorrar dinero y tienen menor impacto ambiental porque se sustituyen con menos frecuencia, y se pueden reciclar.

Los billetes incluyen muchas medidas contra la falsificación. En los dólares y los euros hay marcas de agua, que se ven al mirar el billete a contraluz, hilos de seguridad, tintas que cambian de color al inclinar el billete, microimpresiones que solo se ven con lupa, relieves que se notan al tacto y elementos que brillan con luz ultravioleta. En el caso del euro, el Banco Central Europeo recomienda el método “toca, mira, gira” para comprobar un billete.

Hay una curiosidad llamativa: muchos billetes contienen restos de drogas. Diversos estudios han encontrado trazas de cocaína en una gran proporción de los billetes de dólar y de euro en circulación. No significa que todos se hayan usado para consumirla: las trazas pasan de unos billetes a otros en las máquinas de contar dinero de los bancos.

Además, los billetes pueden transportar bacterias y virus. Por eso se recomienda lavarse las manos después de manejar dinero en efectivo, especialmente antes de comer, aunque el riesgo es bajo.

Por qué importa. Conocer cómo están hechos los billetes y sus medidas de seguridad ayuda a detectar falsificaciones y explica por qué muchos países cambian a billetes de polímero.

DATO 9Los primeros billetes se usaron en China

Los primeros billetes de papel de la historia surgieron en China. Durante la dinastía Tang, entre los siglos VII y IX, los comerciantes empezaron a usar certificados de depósito de papel. En lugar de cargar con grandes cantidades de monedas de cobre, que eran pesadas y tenían un agujero en el centro para ensartarlas en cordeles, los comerciantes depositaban las monedas en una casa de comercio y recibían a cambio un papel que certificaba el depósito. Ese papel podía canjearse después por las monedas en otra ciudad. Se le llamaba “dinero volante” (feiqian), porque era tan ligero que podía salir volando.

Más adelante, durante la dinastía Song, en el siglo XI, en la provincia de Sichuan apareció el jiaozi. En esa región se usaban monedas de hierro, que eran aún más pesadas y de poco valor: para comprar un rollo de seda hacía falta una enorme cantidad de monedas. Primero un grupo de comerciantes emitió estos certificados, pero hubo fraudes y quiebras. Hacia 1023, el gobierno tomó el control y emitió los primeros billetes oficiales de la historia, respaldados por el Estado. Estos billetes tenían un plazo de validez y se imprimían con planchas de madera o de metal, con dibujos complejos y sellos para dificultar la falsificación.

El papel moneda se extendió después por China. Durante la dinastía Yuan, fundada por los mongoles en el siglo XIII, el papel moneda se convirtió en la moneda principal del imperio. El viajero veneciano Marco Polo, que visitó China en esa época, quedó asombrado y lo describió en su libro de viajes. Contó que el emperador Kublai Kan fabricaba dinero a partir de la corteza de las moreras y que todos en el imperio estaban obligados a aceptarlo bajo pena de muerte. A muchos europeos les pareció una fantasía.

Pero los chinos también descubrieron los peligros del papel moneda. Como fabricarlo era barato, los gobiernos tenían la tentación de imprimir demasiado para pagar gastos, sobre todo en tiempos de guerra. Eso provocaba inflación, es decir, una subida general de los precios, porque había mucho dinero y los bienes seguían siendo los mismos. Durante las dinastías Yuan y Ming, el papel moneda perdió valor varias veces, y en el siglo XV el gobierno Ming acabó abandonándolo y volvió a usar sobre todo la plata.

En Europa, el papel moneda llegó mucho más tarde. El primer billete emitido por un banco europeo lo emitió el Stockholms Banco, en Suecia, en 1661. Poco después, en 1694, se fundó el Banco de Inglaterra, que también emitió billetes. En España, el primer billete lo emitió en 1783 el Banco Nacional de San Carlos, antecesor del Banco de España.

Durante mucho tiempo, los billetes eran una especie de promesa: se podían cambiar por una cantidad fija de oro o plata. Es lo que se llamaba el patrón oro. Hoy, la mayoría de las monedas son dinero fiduciario, que no está respaldado por ningún metal, sino por la confianza en el Estado y en el banco central que las emite. Estados Unidos abandonó la convertibilidad del dólar en oro en 1971.

Por qué importa. El papel moneda nació para facilitar el comercio, pero su historia en China muestra desde el principio el riesgo de imprimir demasiado dinero.

DATO 8Hay dinero que no se puede tocar

En la mayoría de las economías modernas, el dinero en efectivo, es decir, billetes y monedas, representa menos del 10 % del dinero en circulación. En la zona euro, por ejemplo, el efectivo supone alrededor de un 10 % de la llamada oferta monetaria amplia, y en el Reino Unido, según el Banco de Inglaterra, apenas un 3 %. El resto es dinero bancario: los saldos de las cuentas corrientes y de ahorro, que existen solo como anotaciones electrónicas en los ordenadores de los bancos.

¿Cómo se crea ese dinero? Aquí aparece un dato que sorprende a mucha gente: la mayor parte del dinero que circula en la economía la crean los bancos comerciales cuando conceden préstamos. Cuando un banco te concede un préstamo, por ejemplo una hipoteca, no te entrega el dinero de otros clientes que tenía guardado en una caja fuerte. Simplemente anota en tu cuenta un saldo nuevo. En ese momento, se crea dinero nuevo que antes no existía. Cuando devuelves el préstamo, ese dinero desaparece. En 2014, el Banco de Inglaterra publicó un artículo muy citado, titulado “La creación de dinero en la economía moderna”, en el que explicaba este funcionamiento y corregía la idea, que aparece en muchos libros de texto, de que los bancos solo prestan los depósitos que reciben.

Eso no significa que los bancos puedan crear dinero sin límite. Están limitados por las normas de los bancos centrales, como el Banco Central Europeo, que exigen tener cierta cantidad de capital propio y reservas, por los tipos de interés, y por la demanda: los préstamos tienen que ser solicitados por clientes que puedan devolverlos. Los bancos centrales influyen en la cantidad de dinero sobre todo a través de los tipos de interés: si suben, los préstamos son más caros y se piden menos.

Este sistema tiene ventajas, porque permite que el dinero se adapte a las necesidades de la economía, pero también riesgos. Si los bancos conceden demasiados préstamos arriesgados, puede producirse una burbuja, como ocurrió con la crisis financiera de 2008, que empezó con las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos.

Además, como la mayoría del dinero es electrónico, los bancos no tienen en efectivo el dinero de todos sus clientes. Si muchas personas intentan sacar su dinero al mismo tiempo, un pánico bancario, el banco puede quedarse sin efectivo y quebrar. Eso ocurrió muchas veces en la historia, por ejemplo durante la Gran Depresión de los años 30 en Estados Unidos, o en 2023 con el Silicon Valley Bank, donde los clientes retiraron 42.000 millones de dólares en un solo día, en gran parte a través de aplicaciones móviles.

Para evitar que la gente pierda sus ahorros, existen los fondos de garantía de depósitos. En la Unión Europea, incluida España, los depósitos están garantizados hasta 100.000 euros por titular y por banco, en caso de que el banco quiebre.

El dinero electrónico también ha cambiado la vida diaria: pagamos con tarjeta, con el móvil o por transferencia, y cada vez usamos menos efectivo. Pero muchos expertos defienden mantener el efectivo como opción, porque garantiza la privacidad, no depende de la electricidad o de internet y es accesible para personas mayores o sin cuenta bancaria.

Por qué importa. Entender que la mayor parte del dinero es electrónico y lo crean los bancos al prestar ayuda a comprender las crisis financieras y la importancia de la regulación bancaria.

DATO 7En Suecia se usan muy poco los billetes

En Suecia, el uso del efectivo ha caído tanto que los pagos en efectivo representan menos del 10 % de las compras en tiendas, según el Riksbank, el banco central sueco. En las encuestas más recientes, solo alrededor de un 10 % o menos de los suecos dice haber pagado en efectivo en su última compra. Es uno de los países del mundo que más se ha acercado a una sociedad sin efectivo.

Una de las claves de este cambio fue Swish, una aplicación de pagos móviles lanzada en 2012 por varios grandes bancos suecos. Permite enviar dinero al instante a otra persona o a un comercio solo con su número de teléfono. Hoy la usa la gran mayoría de la población adulta, y es habitual usarla para pagar en tiendas, mercadillos, a amigos o incluso en las colectas de las iglesias. Muchos comercios, cafeterías e incluso algunos bancos han dejado de aceptar billetes y monedas.

Suecia tiene una larga tradición en la historia del dinero: como vimos, allí se emitieron los primeros billetes de Europa en 1661, y el Riksbank, fundado en 1668, es el banco central más antiguo del mundo en funcionamiento.

El abandono del efectivo tiene ventajas: pagos más rápidos, menos costes de transporte y seguridad del dinero para los comercios y los bancos, menos robos y más dificultades para la economía sumergida y el blanqueo de dinero.

Pero también ha generado preocupaciones. Las personas mayores, las que tienen discapacidades, las que viven en zonas rurales con mala conexión o las que no tienen cuenta bancaria, como algunos inmigrantes recién llegados, pueden quedar excluidas. Además, en una sociedad sin efectivo, todos los pagos dependen de sistemas electrónicos, que pueden fallar por apagones, ciberataques o problemas técnicos. En un contexto de tensiones internacionales, las autoridades suecas empezaron a recomendar a la población que guardara algo de efectivo en casa para emergencias, y en 2024 incluyeron esta recomendación en un folleto oficial de preparación ante crisis o guerra.

Por eso, el Parlamento sueco aprobó normas para que los grandes bancos garanticen ciertos servicios de efectivo, y el gobierno ha estudiado exigir que servicios esenciales, como farmacias o tiendas de alimentación, acepten pagos en efectivo.

El Riksbank, además, estudia desde 2017 la posibilidad de crear una corona electrónica, la e-krona, una moneda digital emitida directamente por el banco central, que sería como el efectivo, pero digital. No sería una criptomoneda como el bitcoin, sino dinero oficial con el respaldo del Estado. Otros bancos centrales estudian proyectos parecidos: el Banco Central Europeo trabaja en el euro digital, y China ya ha probado a gran escala su yuan digital. Estas monedas digitales plantean debates sobre la privacidad, el papel de los bancos comerciales y la seguridad.

En España, el uso del efectivo también ha bajado mucho, sobre todo desde la pandemia, pero sigue siendo más alto que en Suecia: según el Banco de España, sigue siendo el medio de pago más usado en comercios en muchas encuestas, aunque la tarjeta y el móvil lo están superando.

Por qué importa. La experiencia de Suecia muestra las ventajas de los pagos digitales, pero también la importancia de no dejar fuera a nadie y de tener alternativas si falla la tecnología.

DATO 6El símbolo del dólar podría venir del peso español

Una de las teorías más aceptadas sobre el origen del símbolo del dólar ($) dice que viene de la abreviatura de “pesos”, “ps”, que usaban los comerciantes en los siglos XVIII y XIX en la América colonial. Con el tiempo, al escribir rápido a mano, la “s” se superpuso a la “p” y el trazo de la “p” se simplificó hasta quedar como una o dos líneas verticales. El historiador Florian Cajori analizó manuscritos de la época en los que se ve esta evolución, y es la explicación que recoge la propia Reserva Federal de Estados Unidos, aunque hay otras teorías.

Para entenderlo, hay que conocer la importancia del peso español, también llamado real de a ocho, porque valía ocho reales, o dólar español. Era una moneda de plata acuñada por la monarquía española desde el siglo XVI, sobre todo en las cecas de México y de Potosí, en la actual Bolivia, a partir de la enorme cantidad de plata extraída de las minas americanas. Por su peso y su pureza constantes, se convirtió en una de las primeras monedas globales de la historia. Circulaba en América, Europa, Asia y África. En China, los comerciantes la aceptaban y la marcaban con sellos para comprobar su autenticidad. En las historias de piratas, las “piezas de a ocho” que aparecen en los cofres eran precisamente esas monedas.

En las colonias británicas de Norteamérica había poca moneda británica, así que el peso español se usaba muchísimo. Tras la independencia, cuando Estados Unidos creó su propia moneda, el dólar, en 1792, lo basó en el peso español: el nuevo dólar estadounidense tenía un contenido de plata similar. De hecho, el peso español fue moneda de curso legal en Estados Unidos hasta 1857.

La palabra “dólar” tiene su propia historia. Viene de “tálero”, una moneda de plata que se acuñaba desde el siglo XVI en Joachimsthal, un valle de Bohemia, en la actual República Checa, donde había importantes minas de plata. La moneda se llamó Joachimsthaler, que se abrevió como thaler. Esa palabra pasó a otras lenguas, como el neerlandés daalder, y al inglés como dollar. Los ingleses empezaron a llamar “dólar español” al real de a ocho.

Otra herencia de esta época está en la expresión inglesa “two bits”, que significa 25 centavos: viene de la costumbre de cortar los pesos españoles en ocho trozos, o “bits”, para tener cambio. Dos bits eran un cuarto de peso.

Hay otras teorías sobre el origen del símbolo $. Una popular dice que viene de las Columnas de Hércules, que aparecían en los reales de a ocho con una cinta enrollada con el lema Plus Ultra, “más allá”. El dibujo de dos columnas con una cinta en forma de S recuerda al símbolo del dólar con dos barras. Otra teoría dice que viene de las iniciales “U.S.” superpuestas, pero es poco probable, porque el símbolo se usaba antes de la independencia de Estados Unidos. La explicación de “ps” es la más aceptada por los historiadores, aunque el diseño de las columnas pudo influir en la forma con dos barras.

Hoy, el símbolo $ se usa en muchas monedas llamadas “peso” o “dólar”, como el peso mexicano, el colombiano, el chileno o el argentino, además del dólar estadounidense, canadiense o australiano.

Por qué importa. La historia del símbolo del dólar muestra la importancia global que tuvo la plata americana y la moneda española en la economía mundial durante siglos.

DATO 5Fabricar algunas monedas cuesta más que su valor

En 2023, fabricar un centavo de dólar estadounidense, la moneda de un céntimo conocida como penny, costaba más de 3 centavos, según el informe anual de la Casa de la Moneda de Estados Unidos. En 2024, el coste llegó a unos 3,7 centavos. Es decir, el gobierno perdía dinero cada vez que fabricaba una moneda de un centavo. En 2025, el gobierno de Estados Unidos anunció que dejaría de acuñarlos, y en noviembre de ese año se fabricaron los últimos centavos para circulación. Las monedas existentes siguen siendo válidas.

¿Por qué costaba tanto? La moneda de un centavo actual está hecha de zinc con un fino recubrimiento de cobre: alrededor de un 97,5 % de zinc y un 2,5 % de cobre. Desde 1982 se fabrica así, porque antes estaba hecha casi totalmente de cobre y el precio del metal subió tanto que el metal valía más que la moneda. Pero con el tiempo el zinc también se encareció, y a eso se suman los costes de fabricación, de transporte y de distribución.

El problema no es solo el centavo: la moneda de 5 centavos, el nickel, también cuesta más de fabricar que su valor, más de 13 centavos en 2024.

Muchas personas consideraban el centavo casi inútil: con él no se puede comprar prácticamente nada, muchas personas lo acumulan en tarros en casa o lo tiran, y algunas máquinas ni siquiera lo aceptan. Se estima que miles de millones de centavos están parados en casas, sin circular, lo que obligaba a fabricar más.

Otros países ya habían eliminado sus monedas más pequeñas antes. Canadá dejó de fabricar su centavo en 2012, y Australia eliminó las monedas de 1 y 2 céntimos en 1992. Nueva Zelanda, Suecia y otros países hicieron lo mismo. En estos casos, los pagos en efectivo se redondean a los 5 céntimos más cercanos, hacia arriba o hacia abajo, mientras que los pagos con tarjeta mantienen la cantidad exacta. Los estudios sobre Canadá y otros países indican que el redondeo tiene un efecto mínimo en los precios.

En la zona euro, las monedas de 1 y 2 céntimos también se debaten. Su coste de fabricación ha superado a menudo su valor en algunos países, y varios países, como Finlandia, Países Bajos, Bélgica, Irlanda, Italia y Eslovaquia, aplican redondeos en los pagos en efectivo, aunque las monedas siguen siendo válidas en toda la zona euro. La Comisión Europea ha estudiado la posibilidad de eliminarlas en toda la zona, pero no hay una decisión definitiva.

Hay quien se opone a eliminar las monedas pequeñas. Algunos argumentan que el redondeo podría favorecer subidas de precios, que las monedas pequeñas son útiles para donaciones o que son un símbolo histórico. El centavo estadounidense lleva la imagen de Abraham Lincoln desde 1909, y es muy popular entre los coleccionistas.

Esta situación ilustra un concepto económico llamado señoreaje: la diferencia entre el valor de una moneda y lo que cuesta fabricarla. Normalmente, los bancos centrales ganan dinero con el señoreaje, sobre todo con los billetes, que cuestan céntimos y valen mucho más. Con el centavo ocurría lo contrario.

Por qué importa. La historia del centavo muestra que fabricar dinero también cuesta dinero, y que las monedas deben adaptarse a la inflación y a la forma en que pagamos.

DATO 4El billete de mayor valor impreso fue de 100 trillones de dólares zimbabuenses

En 2008, Zimbabue, en el sur de África, sufrió una de las hiperinflaciones más graves de la historia. Según estimaciones del economista Steve Hanke, de la Universidad Johns Hopkins, en noviembre de 2008 la inflación mensual llegó a unos 79.600 millones por ciento, lo que significaba que los precios se duplicaban aproximadamente cada día. Las cifras oficiales dejaron de publicarse porque se volvieron absurdas.

En enero de 2009, el Banco de la Reserva de Zimbabue emitió un billete de 100 billones de dólares zimbabuenses, en inglés 100 trillion, es decir, un 1 seguido de 14 ceros. Es uno de los billetes de mayor valor nominal de la historia. Pero, cuando se emitió, apenas daba para comprar unos pocos productos básicos, como algunas barras de pan o un billete de autobús. Hoy, esos billetes se venden como curiosidad a coleccionistas, y valen más como objeto de colección que lo que valieron como dinero.

¿Qué causó la hiperinflación? Una combinación de factores. A partir del año 2000, el gobierno de Robert Mugabe puso en marcha una reforma agraria que expropió muchas grandes granjas comerciales, la mayoría en manos de agricultores blancos, y las repartió, a menudo de forma desorganizada y entre personas sin experiencia agrícola o cercanas al gobierno. La producción agrícola, que era el motor de la economía, se desplomó. Zimbabue, que había sido conocido como el “granero de África”, tuvo que importar alimentos. Además, el país estaba implicado en la guerra del Congo, lo que suponía grandes gastos. Con la economía hundida, el gobierno tenía cada vez menos ingresos, y empezó a imprimir dinero para pagar sus gastos. Cuanto más dinero imprimía, más subían los precios, y más dinero necesitaba imprimir, en un círculo vicioso.

La vida cotidiana se volvió muy difícil. Los precios cambiaban varias veces al día, las estanterías de las tiendas estaban vacías y la gente tenía que llevar enormes fajos de billetes para comprar cosas básicas. Los ahorros de toda una vida se esfumaron. El banco central quitó varias veces ceros a la moneda, pero no sirvió de nada. En 2009, el gobierno abandonó su moneda y permitió el uso de monedas extranjeras, sobre todo el dólar estadounidense y el rand sudafricano. La inflación se detuvo casi de inmediato. En 2015, el banco central canjeó oficialmente los dólares zimbabuenses que quedaban a un tipo de cambio de 35.000 billones de dólares zimbabuenses por un dólar estadounidense.

Zimbabue ha intentado varias veces relanzar su propia moneda, con nuevas crisis de inflación. En 2024, lanzó una nueva moneda, el ZiG (Zimbabwe Gold), respaldada en parte por oro y otras reservas.

Zimbabue no es el caso más extremo: el récord lo tiene Hungría en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los precios se duplicaban cada 15 horas, y emitió un billete de 100 trillones de pengő, un 1 seguido de 20 ceros. Otros casos famosos son la Alemania de 1923, donde la gente usaba billetes para encender la estufa porque era más barato que la leña, y más recientemente Venezuela.

Por qué importa. Las hiperinflaciones muestran que el valor del dinero depende de la confianza y de una gestión responsable, y que imprimir dinero sin control puede arruinar los ahorros de todo un país.

DATO 3En la Antigüedad se pagaba con sal

La sal fue durante miles de años uno de los productos más valiosos del mundo. Antes de que existieran los frigoríficos, era esencial para conservar alimentos, como la carne y el pescado: la sal extrae el agua de los alimentos e impide que crezcan las bacterias. También era necesaria para la alimentación humana y del ganado, para curtir pieles y para fabricar quesos. Por eso las salinas y las minas de sal fueron una fuente de riqueza y de poder, y muchas ciudades crecieron alrededor de ellas o de las rutas comerciales de la sal.

Se suele decir que la palabra “salario” viene de la sal que se pagaba a los soldados romanos. Es una de las etimologías más repetidas. Y es cierto que la palabra latina salarium está relacionada con la sal, sal en latín. Pero no hay pruebas firmes de que los soldados romanos cobraran su sueldo en sal. Los soldados romanos cobraban en monedas, el stipendium, y el término salarium aparece en textos antiguos referido a pagos a funcionarios y otros cargos.

El historiador romano Plinio el Viejo, en su obra Historia natural, del siglo I, escribió una frase que a menudo se cita como prueba: que el salarium derivaba de la sal. Pero muchos historiadores creen que Plinio podía estar haciendo una suposición etimológica, no describiendo una práctica real, y el texto es ambiguo. Algunas hipótesis proponen que el salarium era una asignación de dinero para comprar sal, o que tenía relación con la Vía Salaria, una antigua calzada romana que llevaba la sal desde las salinas de la costa hasta Roma, y que los soldados protegían. El historiador Peter Gainsford ha revisado este mito y concluido que la conexión directa entre salario y pagos en sal a los soldados es muy dudosa.

Lo que sí está documentado es que la sal se usó como moneda en muchas otras culturas. En Etiopía, se usaron barras de sal llamadas amole como moneda hasta principios del siglo XX. En el Sahara, las caravanas transportaban bloques de sal desde minas como Taoudenni, en Mali, hacia ciudades como Tombuctú, donde se intercambiaban por oro, esclavos y otros productos. Se decía que la sal y el oro se cambiaban a veces a peso igual, aunque probablemente es una exageración.

La sal también ha sido una fuente de impuestos y de conflictos. En China, el monopolio estatal de la sal fue una fuente de ingresos durante más de dos mil años. En Francia, la gabelle, el impuesto sobre la sal, era muy odiada y fue una de las causas del malestar que llevó a la Revolución Francesa. Y en 1930, Mahatma Gandhi organizó la famosa Marcha de la Sal en la India, una caminata de unos 390 kilómetros hasta el mar para producir sal de forma ilegal, en protesta contra el monopolio británico de la sal. Fue uno de los grandes momentos de la lucha por la independencia de la India.

La sal ha dejado huella en nuestro idioma: además de “salario”, decimos que alguien “no vale la sal que come” o que algo es “la sal de la vida”. Y en inglés se dice que alguien “vale su sal” (worth their salt).

Hoy, la sal es barata, pero su consumo en exceso es un problema de salud: la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos de sal al día, y la mayoría de las personas consumen bastante más, sobre todo por la sal oculta en los alimentos procesados.

Por qué importa. La historia de la sal muestra cómo un producto cotidiano moldeó el comercio, los impuestos y la política, y recuerda la importancia de contrastar las etimologías que repetimos.

DATO 2Hubo un tiempo en que se usaban conchas como dinero

Los caracoles cauri, sobre todo de la especie Monetaria moneta, cuyo nombre científico ya indica su uso, se usaron como moneda durante siglos, e incluso milenios, en amplias regiones de África, la India, China y otras partes de Asia. Son pequeñas conchas de caracol marino, brillantes, de unos 2 centímetros, que se encuentran sobre todo en las aguas cálidas del océano Índico y el Pacífico. La principal fuente eran las islas Maldivas, donde se recogían en enormes cantidades.

¿Por qué funcionaban tan bien como dinero? Tenían muchas de las características que los economistas consideran ideales para una moneda. Eran duraderas: no se estropean con el tiempo. Eran difíciles de falsificar, porque no se podían fabricar. Eran fáciles de contar y de transportar, y tenían un tamaño y un peso bastante uniformes. Además, su oferta era limitada, porque solo se encontraban en ciertas zonas, lo que ayudaba a mantener su valor.

En China, los cauris se usaron como moneda desde hace más de 3.000 años, durante la dinastía Shang. Su importancia fue tal que el carácter chino para “concha”, 貝 (bèi), forma parte de muchos caracteres relacionados con el dinero y el comercio, como “comprar”, “vender”, “tesoro”, “caro” o “pobre”. Cuando empezaron a escasear, se fabricaron imitaciones de cauris en hueso, piedra y, después, bronce, que se consideran algunas de las primeras monedas metálicas de China.

En África, los cauris se usaron durante siglos en el comercio, especialmente en África occidental. En el siglo XIV, el viajero Ibn Battuta describió su uso en el imperio de Mali. A partir del siglo XVI, los comerciantes europeos, portugueses, neerlandeses y británicos, llevaron enormes cantidades de cauris desde las Maldivas a África occidental, donde los usaron para comerciar, incluso en el comercio de esclavos. Esta llegada masiva de conchas provocó en el siglo XIX una fuerte inflación: los cauris perdieron valor porque había demasiados. Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, las potencias coloniales los sustituyeron por monedas europeas.

Hoy, los cauris ya no se usan como dinero, pero siguen siendo muy importantes culturalmente en muchas partes de África, y en las religiones afroamericanas y afrocaribeñas, como la yoruba o la santería, se usan en rituales de adivinación. También se usan en joyería y decoración. En la moneda de algunos países, como Ghana, el nombre de la moneda, el cedi, viene de la palabra local para cauri.

La historia de los cauris muestra un principio económico importante: casi cualquier cosa puede funcionar como dinero si una comunidad la acepta y confía en ella. A lo largo de la historia se han usado como dinero objetos muy diversos: ganado, granos de cacao en Mesoamérica, dientes de delfín en las islas Salomón, plumas, tabaco o cigarrillos en los campos de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial y en las cárceles.

Otra lección es que cuando la oferta de dinero crece demasiado rápido, pierde valor: eso les pasó a los cauris y a los billetes chinos, y les pasa a las monedas modernas cuando se imprime en exceso.

Por qué importa. Los cauris muestran que el dinero es un acuerdo social: funciona mientras la comunidad lo acepte y su cantidad se mantenga bajo control.

DATO 1En la isla de Yap usaban piedras gigantes como dinero

En la isla de Yap, en los Estados Federados de Micronesia, en el océano Pacífico, se usan como dinero las rai, unas enormes piedras circulares de caliza, con un agujero en el centro. Pueden medir desde unos pocos centímetros hasta 4 metros de diámetro y pesar varias toneladas. La isla no tiene caliza, así que las piedras se tallaban en las islas de Palaos, a unos 400 kilómetros de distancia, y se transportaban en canoas y balsas en viajes peligrosos por mar abierto. Algunos navegantes murieron en el intento.

Su valor no dependía solo del tamaño, sino también de su historia: cuánto costó traerla, cuántas personas murieron en el viaje, quién la trajo o quiénes habían sido sus dueños. Una piedra con una historia más dura o prestigiosa valía más.

Lo más interesante es cómo funcionaban. Como muchas piedras son enormes y muy difíciles de mover, no se trasladaban cuando cambiaban de dueño. Se quedaban en el mismo lugar, a menudo junto a caminos o en espacios comunitarios, y la comunidad recordaba quién era su propietario. Cuando una piedra se usaba en un pago, por ejemplo en una boda, un acuerdo o una compensación, simplemente se anunciaba públicamente que había cambiado de dueño. Es decir, la propiedad se registraba en la memoria colectiva, no en la piedra.

Hay una historia famosa, contada por el explorador estadounidense William Henry Furness en 1910, en su libro sobre Yap. Según él, una de las piedras se hundió en el mar durante su transporte desde Palaos, cuando la balsa se volcó en una tormenta. Los tripulantes aseguraron que era una piedra magnífica y que se perdió sin que fuera culpa suya. La comunidad aceptó su palabra, y la piedra siguió usándose como dinero durante generaciones, aunque nadie la había visto nunca y estaba en el fondo del mar. Todos sabían que existía y a quién pertenecía, y eso bastaba.

El economista Milton Friedman, premio Nobel de Economía, usó la historia de Yap en un artículo de 1991 para explicar cómo funciona el dinero moderno. El dinero no vale por sí mismo, sino por el acuerdo y la confianza de la comunidad que lo usa. Friedman comparó las rai con las reservas de oro de algunos países, que se guardan en cámaras acorazadas y cambian de dueño sin moverse físicamente, solo con anotaciones.

La comparación con el mundo actual es inevitable. Hoy, la mayor parte del dinero son anotaciones en los registros de los bancos, como vimos en otro dato. Y las criptomonedas, como el bitcoin, funcionan con un registro público y compartido, llamado blockchain o cadena de bloques, que anota quién es dueño de qué, algo que algunos comparan con la memoria colectiva de Yap.

En el siglo XIX, la historia de las rai dio un giro. Un capitán irlandés-estadounidense, David O’Keefe, empezó a traer piedras más grandes en barcos modernos, con herramientas de hierro, a cambio de productos como la copra, la carne de coco seca. Pero las piedras traídas así, con menos esfuerzo, tenían menos valor para los habitantes de Yap: el esfuerzo del viaje era parte del valor. La llegada masiva de piedras también provocó una especie de inflación.

Hoy, Yap usa el dólar estadounidense para la vida cotidiana, pero las rai siguen usándose en ceremonias, bodas y acuerdos tradicionales, y son un símbolo cultural de la isla. Hay unas 6.000 piedras repartidas por la isla.

Por qué importa. Las piedras rai demuestran que el dinero es, en el fondo, un registro compartido de confianza, una idea clave para entender desde los bancos hasta las criptomonedas.

Resumen de los 10 datos

  1. En la isla de Yap usaban piedras gigantes como dinero.
  2. Hubo un tiempo en que se usaban conchas como dinero.
  3. En la Antigüedad se pagaba con sal.
  4. El billete de mayor valor impreso fue de 100 trillones de dólares zimbabuenses.
  5. Fabricar algunas monedas cuesta más que su valor.
  6. El símbolo del dólar podría venir del peso español.
  7. En Suecia se usan muy poco los billetes.
  8. Hay dinero que no se puede tocar.
  9. Los primeros billetes se usaron en China.
  10. Los billetes de muchos países no son de papel.

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Preguntas frecuentes

¿De qué están hechos los billetes de dólar?

De un 75 % de algodón y un 25 % de lino.

¿Los romanos cobraban en sal?

La palabra salario se relaciona con la sal, pero no hay pruebas de que se pagara en sal.

Fuentes

  1. Bureau of Engraving and Printing (EE. UU.)
  2. Wikipedia: Moneda rai
  3. Wikipedia: Jiaozi (billete)

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