10 historias reales que parecen de película
El número 1 evitó una guerra nuclear.
29 de septiembre de 2026 · 29 min de lectura
Hay episodios de la historia que parecen sacados de una película: guerras contra aves, papas juzgados después de muertos y soldados que siguieron luchando décadas después de terminar la guerra.
Estos diez datos cuentan esas historias con su contexto, distinguen lo documentado de la leyenda y explican qué nos enseñan sobre el poder, la propaganda y las decisiones humanas.
DATO 10Hubo un emperador que declaró la guerra al mar
Según el historiador romano Suetonio, el emperador Calígula (12-41 d. C.) protagonizó uno de los episodios más extraños de la historia militar romana. En el año 40, reunió a su ejército en la costa del norte de la Galia, frente a Britania, como si fuera a invadir la isla. Pero, en lugar de embarcar, ordenó a sus soldados atacar el mar: según Suetonio, les mandó que recogieran conchas en la playa, llenaran sus cascos y sus ropas, y las llevaran como “botín” del océano, que había sido “conquistado”. Después, según el relato, mandó construir un faro para conmemorar la “victoria”. El historiador Casio Dion, que escribió más de un siglo después, cuenta una versión parecida.
Calígula, cuyo nombre real era Cayo Julio César Augusto Germánico, recibió su apodo de niño, cuando acompañaba a su padre, el general Germánico, en los campamentos militares, vestido con un pequeño uniforme: caliga era la sandalia militar romana, y “Calígula” significa “botita”. Fue emperador entre el año 37 y el 41. Al principio fue popular, pero su reinado se recuerda como uno de los más tiránicos y extravagantes de Roma. Según las fuentes antiguas, dilapidó el tesoro, se declaró dios, cometió crímenes y humilló al Senado. Una de las historias más famosas cuenta que quería nombrar cónsul a su caballo favorito, Incitato, que tenía un establo de mármol y un pesebre de marfil. Fue asesinado en el año 41 por miembros de su propia guardia, la guardia pretoriana.
Pero los historiadores actuales dudan de cuánto de esto es cierto y cuánto es propaganda contra el emperador. Hay que tener en cuenta que casi todo lo que sabemos de Calígula procede de autores que escribieron después de su muerte, como Suetonio, que escribió unos 80 años más tarde, y Casio Dion, casi dos siglos después, y que pertenecían a la clase senatorial, que lo odiaba. Tras la muerte de un emperador impopular, era habitual que se difundieran historias exageradas para desacreditarlo. Además, sus fuentes eran a menudo rumores y chismes.
Algunos historiadores han propuesto otras interpretaciones del episodio de las conchas. Una es que la palabra latina musculi, que se traduce como “conchas”, también podía referirse a unas cabañas o refugios de los ingenieros militares, o a un tipo de barco, y que el episodio fue un malentendido o una mala traducción. Otra es que Calígula quiso castigar o humillar a sus soldados, que se habían negado a cruzar el mar, porque temían el océano, al que los romanos consideraban el límite del mundo conocido. Otra, que fue una especie de ceremonia simbólica. Lo cierto es que la invasión de Britania no se produjo entonces: se llevó a cabo en el año 43 bajo el emperador Claudio, el tío de Calígula.
La historiadora británica Mary Beard y otros han señalado que muchas de las anécdotas sobre los emperadores “malos” siguen patrones repetidos y deben leerse con precaución. En el caso del caballo cónsul, por ejemplo, podría haber sido una broma o una forma de insultar al Senado, diciendo que hasta un caballo podía hacer su trabajo.
Esto muestra algo importante sobre cómo estudiar la historia: los historiadores deben analizar las fuentes de forma crítica, preguntándose quién las escribió, cuándo, con qué intereses y a partir de qué información.
Por qué importa. La historia de Calígula y las conchas recuerda que las fuentes antiguas pueden estar sesgadas, y que los historiadores deben separar los hechos de la propaganda.
DATO 9La Torre Eiffel iba a ser temporal
La Torre Eiffel se construyó para la Exposición Universal de París de 1889, que conmemoraba el centenario de la Revolución Francesa. Fue diseñada por los ingenieros Maurice Koechlin y Émile Nouguier, que trabajaban en la empresa de Gustave Eiffel, con la colaboración del arquitecto Stephen Sauvestre. Eiffel compró los derechos de la patente y la presentó al concurso. Se construyó en solo dos años, dos meses y cinco días, entre 1887 y 1889, con unas 18.000 piezas de hierro unidas por unos 2,5 millones de remaches. Con sus 300 metros de altura originales, hoy unos 330 con las antenas, fue la estructura más alta del mundo hasta 1930, cuando la superó el edificio Chrysler de Nueva York.
La torre no se construyó para ser permanente. El permiso de construcción de la ciudad de París establecía que la torre debía mantenerse durante 20 años, hasta 1909, y que después la propiedad pasaría a la ciudad, que podría desmontarla.
Además, al principio la torre fue muy criticada. En 1887, antes de terminarse, un grupo de artistas e intelectuales, entre ellos el escritor Guy de Maupassant, el compositor Charles Gounod y el arquitecto de la Ópera de París, Charles Garnier, publicó en el periódico Le Temps una carta de protesta contra “la inútil y monstruosa torre Eiffel”, que consideraban una deshonra para la belleza de París. Se cuenta que Maupassant comía a menudo en el restaurante de la torre porque era el único lugar de París desde donde no se veía la torre, aunque la anécdota podría ser inventada.
¿Cómo se salvó del desmontaje? Gustave Eiffel sabía que tenía que demostrar su utilidad para salvarla. Promovió su uso para experimentos científicos: instaló una estación meteorológica, hizo experimentos de aerodinámica dejando caer objetos desde la torre y construyó un túnel de viento en su base. Pero lo más importante fue su uso como antena de radio y telegrafía sin hilos. En 1898, se hizo la primera transmisión de radio desde la torre. A partir de 1903, el ejército francés, con el capitán Gustave Ferrié, instaló allí una estación de telegrafía militar. La torre demostró su valor estratégico: en 1909, cuando vencía el permiso, la ciudad renovó la concesión por 70 años.
Durante la Primera Guerra Mundial, la estación de radio de la torre fue clave: interceptó comunicaciones del enemigo, lo que según se cuenta contribuyó a la victoria francesa en la Primera batalla del Marne en 1914, y ayudó a capturar a la famosa espía Mata Hari en 1917, al interceptar mensajes alemanes que la identificaban.
Desde entonces, la torre ha seguido teniendo usos técnicos. Desde 1957 transmite señales de televisión, y hoy tiene antenas de radio y televisión digital. También se ha convertido en el símbolo de París y de Francia, y es uno de los monumentos más visitados del mundo, con unos 6 o 7 millones de visitantes al año.
La torre tiene algunas curiosidades. Se pinta cada unos siete años, y hacen falta unas 60 toneladas de pintura. Su color ha cambiado a lo largo de su historia: al principio era rojizo, y desde 1968 tiene un tono marrón llamado “marrón Torre Eiffel”. En verano, la dilatación del hierro por el calor hace que la torre crezca hasta unos 15 centímetros. Y en 1925, un estafador checo llamado Victor Lustig “vendió” la torre Eiffel a un comerciante de chatarra, haciéndose pasar por un funcionario del gobierno, diciendo que se iba a desmontar. Lo intentó incluso una segunda vez.
Por qué importa. La Torre Eiffel muestra que una obra polémica puede convertirse en símbolo, y que su utilidad técnica, como antena de radio, fue clave para salvarla.
DATO 8Los antiguos egipcios tenían pruebas de embarazo
Un antiguo papiro egipcio, conocido como el Papiro de Berlín (o Papiro Carlsberg), fechado en torno al 1350 a. C., aunque podría copiar textos más antiguos, describe una de las primeras pruebas de embarazo de la historia. Según el texto, la mujer debía orinar sobre semillas de trigo y de cebada durante varios días. Si las semillas germinaban, la mujer estaba embarazada. Además, según el texto, el tipo de cereal que germinaba indicaba el sexo del bebé: si germinaba primero la cebada, sería un niño; si germinaba primero el trigo, una niña. Si no germinaba ninguna, no había embarazo. Curiosamente, en egipcio antiguo, la palabra para cebada, it, también significaba “padre”.
Durante mucho tiempo se pensó que era solo una creencia sin fundamento. Pero en 1963, un grupo de investigadores del Laboratorio de Endocrinología del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos, dirigido por Paul Ghalioungui, un médico egipcio, puso a prueba el método. Probaron la orina de mujeres embarazadas y no embarazadas, y también de hombres, sobre semillas de trigo y cebada. Encontraron que la orina de las mujeres embarazadas hacía germinar las semillas en alrededor del 70 % de los casos, mientras que la orina de las mujeres no embarazadas y de los hombres no lo hacía en la gran mayoría de los casos. Es decir, la prueba funcionaba en muchos casos. Sin embargo, no servía para predecir el sexo del bebé: esa parte no se cumplía.
¿Por qué funcionaba? Los investigadores propusieron que la orina de las mujeres embarazadas contiene niveles elevados de ciertas hormonas, como los estrógenos, que podrían estimular la germinación de las semillas. Aunque el mecanismo exacto no se conoce bien, el resultado sugiere que los antiguos egipcios habían observado un fenómeno real.
Este método llegó a Europa y aparece en textos posteriores: se encuentran versiones similares en textos griegos, romanos y medievales, e incluso en un libro de medicina alemán de 1699.
A lo largo de la historia ha habido pruebas de embarazo muy curiosas. En la Edad Media, los llamados “profetas de la orina” examinaban el color y el aspecto de la orina para diagnosticar el embarazo y otras enfermedades. En el siglo XX, en 1927, dos científicos alemanes, Selmar Aschheim y Bernhard Zondek, descubrieron una hormona que produce la placenta, la gonadotropina coriónica humana (hCG), y desarrollaron una prueba de embarazo en la que se inyectaba orina de la mujer en ratonas o conejas: si la mujer estaba embarazada, los ovarios de los animales cambiaban. En los años 30 y 40, se popularizó una prueba con ranas africanas de la especie Xenopus laevis, desarrollada por el biólogo británico Lancelot Hogben: se inyectaba orina de la mujer en una rana hembra y, si estaba embarazada, la rana ponía huevos en un día. Estas ranas se exportaron por todo el mundo para usarse en hospitales, y algunos científicos creen que ese comercio contribuyó a extender un hongo, la quitridiomicosis, que ha causado el declive o la extinción de cientos de especies de anfibios en todo el mundo.
La prueba de embarazo moderna, que se hace en casa, se desarrolló en los años 70. La diseñadora estadounidense Margaret Crane creó un prototipo en 1967, y los primeros test caseros se vendieron a finales de los años 70. Hoy, estos test detectan la hormona hCG en la orina mediante anticuerpos, y pueden detectar un embarazo desde unos días antes o después de la falta de la menstruación, con una fiabilidad de alrededor del 99 % si se hacen correctamente.
Por qué importa. La prueba del papiro egipcio muestra que las observaciones antiguas a veces tenían una base real, y cómo la ciencia puede poner a prueba las tradiciones.
DATO 7Hubo un papa que juzgó a otro papa muerto
En enero del año 897, se celebró en Roma uno de los juicios más macabros y extraños de la historia: el Sínodo del cadáver (en latín, Synodus Horrenda). El papa Esteban VI mandó desenterrar el cuerpo del papa Formoso, que había muerto unos nueve meses antes, en abril del 896. El cadáver fue vestido con los ropajes papales, sentado en un trono en la basílica de San Juan de Letrán, y juzgado ante un tribunal de clérigos. Como el cadáver no podía defenderse, se nombró a un diácono para que hablara en su nombre, aunque, según las crónicas, estaba aterrorizado.
El papa Formoso fue acusado de varios cargos, entre ellos de haber llegado a ser papa de forma ilegítima, porque las normas de la época prohibían que un obispo de una diócesis, como era él de la ciudad de Porto, se convirtiera en obispo de otra, como Roma. También fue acusado de perjurio y de haber ejercido como obispo tras haber sido excomulgado. El tribunal lo declaró culpable. Como castigo, se anularon todos sus actos y nombramientos como papa, incluidas las ordenaciones de sacerdotes, y se le cortaron los tres dedos de la mano derecha con los que daba la bendición. Después, su cuerpo fue enterrado en una fosa común y, más tarde, arrojado al río Tíber. Según la tradición, un monje o unos pescadores lo recuperaron.
¿Por qué ocurrió algo así? El juicio fue consecuencia de las luchas políticas de la época. A finales del siglo IX, el papado estaba en medio de una lucha feroz entre familias aristocráticas romanas y facciones políticas de Italia, que se disputaban el control de Roma y del papado. Formoso había apoyado a un pretendiente al título de emperador, Arnulfo de Carintia, rey de los francos orientales, frente a la poderosa familia de los Spoleto, que tenía sus propios candidatos. Se cree que Esteban VI actuaba bajo la presión de los Spoleto, que querían vengarse de Formoso y anular sus decisiones.
El juicio provocó un gran escándalo entre la población de Roma. Poco después, según las crónicas, la basílica de San Juan de Letrán se derrumbó, algo que muchos interpretaron como un castigo divino. En agosto de 897, apenas unos meses después del sínodo, Esteban VI fue depuesto, encarcelado y estrangulado en prisión. Sus sucesores, los papas Teodoro II y Juan IX, anularon el Sínodo del cadáver, rehabilitaron a Formoso, volvieron a enterrar su cuerpo con honores en la basílica de San Pedro, y prohibieron que se volvieran a hacer juicios a personas muertas. Pero años más tarde, el papa Sergio III, que había participado en el sínodo, volvió a declarar inválidos los actos de Formoso.
Este periodo de la historia de la Iglesia, entre finales del siglo IX y mediados del X, se conoce a veces como la pornocracia o el “siglo oscuro” del papado, por la corrupción, la violencia y la influencia de las familias aristocráticas, que hacían y deshacían papas. En unos pocos años, hubo muchísimos papas: entre el 896 y el 904, se sucedieron nueve papas.
El Sínodo del cadáver ha inspirado obras de arte, como el cuadro del pintor francés Jean-Paul Laurens de 1870, que muestra la escena del juicio.
Por qué importa. El Sínodo del cadáver muestra hasta dónde pueden llegar las luchas de poder, y cómo las instituciones pueden cometer abusos cuando la política se impone a la justicia.
DATO 6Einstein rechazó ser presidente de Israel
En noviembre de 1952, tras la muerte de Chaim Weizmann, el primer presidente de Israel, el primer ministro israelí David Ben-Gurión ofreció el cargo a Albert Einstein, el físico más famoso del mundo. La oferta se la hizo llegar el embajador de Israel en Estados Unidos, Abba Eban, por carta y por teléfono. En Israel, el presidente tiene un papel sobre todo ceremonial y representativo, mientras que el poder ejecutivo lo tiene el primer ministro.
Einstein rechazó la oferta. En una carta, escribió que estaba “profundamente conmovido” por la oferta de su país, pero que, a la vez, estaba “entristecido y avergonzado” de no poder aceptarla. Explicó: “Toda mi vida he tratado con asuntos objetivos, por lo que me falta tanto la aptitud natural como la experiencia para tratar adecuadamente con las personas y ejercer funciones oficiales”. Añadió que ya tenía 73 años y que su salud no era buena. Según algunas versiones, a Einstein también le preocupaba que, como presidente, tuviera que apoyar decisiones del gobierno israelí con las que no estuviera de acuerdo. Se cuenta que Ben-Gurión, que no estaba muy entusiasmado con la idea porque temía la independencia de Einstein, comentó en privado: “¿Qué haremos si dice que sí?”.
Einstein, nacido en Ulm, Alemania, en 1879, en una familia judía, no era religioso, pero tenía un fuerte sentimiento de pertenencia al pueblo judío. Apoyó el sionismo, el movimiento que defendía la creación de un hogar nacional judío en Palestina, sobre todo como refugio cultural y frente al antisemitismo, aunque tenía una visión crítica: defendía la convivencia pacífica y la cooperación con los árabes, y expresó dudas sobre la creación de un Estado con ejército y fronteras. En 1921, viajó a Estados Unidos con Chaim Weizmann para recaudar fondos para la creación de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que se inauguró en 1925. Einstein formó parte de su primer consejo de gobierno y, al morir, le legó sus documentos y manuscritos, así como los derechos de su imagen y su nombre. Por eso hoy la Universidad Hebrea gestiona el archivo de Einstein, con unos 80.000 documentos, y recibe ingresos por el uso de su imagen en productos y anuncios.
Einstein había tenido que huir de la Alemania nazi. En 1933, cuando Adolf Hitler llegó al poder, Einstein estaba de viaje en Estados Unidos, y decidió no volver. Los nazis confiscaron sus bienes, quemaron sus libros y lo consideraron un enemigo. Se instaló en Princeton, Nueva Jersey, en el Instituto de Estudios Avanzados, donde vivió hasta su muerte en 1955. En 1939, firmó una carta, redactada por el físico Leó Szilárd, al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, advirtiéndole de que Alemania podría desarrollar una bomba atómica, lo que contribuyó a que Estados Unidos iniciara el Proyecto Manhattan. Einstein no participó en él, y después lamentó haber firmado la carta, y se convirtió en un defensor del desarme nuclear y la paz.
Einstein es famoso por su teoría de la relatividad, especial en 1905 y general en 1915, y por la ecuación E = mc². Recibió el Premio Nobel de Física en 1921, no por la relatividad, que todavía era controvertida, sino por su explicación del efecto fotoeléctrico, que fue clave para el desarrollo de la física cuántica.
El puesto de presidente de Israel lo ocupó finalmente Yitzhak Ben-Zvi.
Por qué importa. La negativa de Einstein muestra que ser brillante en un campo no significa estar preparado para cualquier cargo, y que reconocer los propios límites también es una forma de sabiduría.
DATO 5En 1932 Australia “perdió” una guerra contra emúes
En 1932, en el estado de Australia Occidental, se produjo uno de los episodios más curiosos de la historia militar: la llamada “Gran Guerra del Emú”. El gobierno australiano envió soldados armados con ametralladoras para combatir a unos 20.000 emúes, unas grandes aves no voladoras, de hasta 1,9 metros de altura, que estaban arrasando cultivos de trigo en la región agrícola de Campion y Walgoolan.
El contexto era complicado. Tras la Primera Guerra Mundial, el gobierno australiano había concedido tierras a muchos excombatientes, incluidos soldados británicos, para que se dedicaran a la agricultura, sobre todo al cultivo de trigo, en zonas poco aptas. Durante la Gran Depresión, a principios de los años 30, los precios del trigo cayeron y los agricultores pasaban serios apuros. Y en 1932, tras su temporada de cría, miles de emúes migraron desde el interior hacia la costa en busca de agua y comida, y encontraron los campos de trigo, con agua abundante gracias a los depósitos para el ganado. Comían el trigo, pisoteaban los cultivos y rompían las vallas, lo que permitía entrar a los conejos, otra plaga.
Los agricultores, muchos de ellos antiguos soldados que conocían bien la eficacia de las ametralladoras, pidieron ayuda al gobierno. El ministro de Defensa, George Pearce, envió al comandante G. P. W. Meredith, de la Real Artillería Australiana, con dos soldados, dos ametralladoras Lewis y 10.000 cartuchos. La operación empezó en noviembre de 1932.
Pero los emúes resultaron ser un enemigo difícil. Cuando los soldados se acercaban, las aves se dispersaban en pequeños grupos y huían a gran velocidad, hasta unos 50 kilómetros por hora, en zigzag, lo que hacía muy difícil acertarles con las ametralladoras. Además, eran muy resistentes: podían seguir corriendo tras recibir varios disparos. En una ocasión, los soldados intentaron montar una ametralladora en un camión, pero el terreno irregular hacía imposible apuntar, y el camión no era lo bastante rápido. En otra ocasión, una ametralladora se atascó cuando los emúes se acercaban. Según Meredith, los emúes tenían sus propios “líderes” que vigilaban mientras los demás comían, y se refirió a ellos con admiración, diciendo que si tuviera una división militar con la capacidad de las aves para resistir las balas, podría enfrentarse a cualquier ejército del mundo.
La operación fue un fracaso mediático. La prensa se burló del ejército, y en el Parlamento hubo críticas. Tras unos días, el ministro retiró a los soldados. A petición de los agricultores, la operación se reanudó unos días después, y los soldados mataron a más aves, pero los resultados siguieron siendo pobres. Según el informe de Meredith, se mataron unos 986 emúes con unos 9.860 cartuchos, unos diez disparos por ave, aunque las cifras son discutidas. En diciembre, los soldados se retiraron definitivamente. Muchos dijeron, en broma, que los emúes habían “ganado la guerra”.
Tras el fracaso, los agricultores volvieron a pedir ayuda militar en otras ocasiones, pero el gobierno se negó. En su lugar, se estableció un sistema de recompensas por matar emúes, que resultó más eficaz: en 1934, se cobraron recompensas por más de 57.000 aves. Más tarde, se construyeron vallas de exclusión, como la famosa “valla a prueba de conejos”, que también ayudaba a contener a los emúes.
El emú (Dromaius novaehollandiae) es el segundo ave más grande del mundo, después del avestruz, y aparece en el escudo de Australia, junto al canguro. Hoy no está amenazado, aunque algunas subespecies de islas fueron exterminadas tras la llegada de los europeos.
Por qué importa. La Gran Guerra del Emú muestra los límites de las soluciones de fuerza ante problemas ecológicos, y la importancia de entender el comportamiento de los animales.
DATO 4Un soldado japonés siguió luchando hasta 1974
El teniente japonés Hiroo Onoda (1922-2014) siguió luchando en la selva de la isla de Lubang, en Filipinas, durante casi 29 años, hasta 1974, convencido de que la Segunda Guerra Mundial continuaba. Solo se rindió cuando su antiguo comandante viajó hasta la isla para darle la orden de dejar las armas.
Onoda era un oficial de inteligencia del ejército imperial japonés. En diciembre de 1944, fue enviado a Lubang, una pequeña isla al suroeste de Manila, con la misión de sabotear las instalaciones del enemigo y dificultar un posible desembarco de las tropas estadounidenses. Su comandante, el mayor Yoshimi Taniguchi, le dio una orden clara: no rendirse ni quitarse la vida bajo ninguna circunstancia, y resistir hasta que volvieran a buscarlo, aunque tardaran años.
En febrero de 1945, las tropas estadounidenses y filipinas tomaron la isla. La mayoría de los soldados japoneses murieron o se rindieron, pero Onoda y otros tres soldados se escondieron en las montañas de la selva y siguieron con su misión de guerrilla. Japón se rindió en agosto de 1945, pero ellos no lo creyeron.
Durante los años siguientes, recibieron varios mensajes que anunciaban el fin de la guerra: folletos lanzados desde aviones, periódicos, cartas y fotografías de sus familias, e incluso mensajes por altavoces de sus propios familiares. Pero Onoda y sus compañeros pensaron que eran trampas o propaganda del enemigo, porque encontraban errores en los folletos o no encajaban con lo que creían. Estaban convencidos de que la guerra continuaba, y de que Japón acabaría volviendo.
Durante esos años, sobrevivieron en la selva comiendo plátanos, cocos y arroz y ganado robado a los agricultores. Pero también atacaron a la población local: se calcula que el grupo de Onoda mató a unas 30 personas, entre ellas agricultores de la isla, a los que consideraban espías enemigos, e hirió a muchas más. Por eso, para muchos filipinos, Onoda no fue un héroe, sino un responsable de la muerte de civiles. Poco a poco, sus compañeros murieron o se rindieron: uno se rindió en 1950, otro murió en un tiroteo con la policía en 1954, y el último, Kinshichi Kozuka, murió en 1972. Onoda quedó solo.
En febrero de 1974, un joven aventurero japonés llamado Norio Suzuki, que había dicho que quería encontrar “al teniente Onoda, un panda y el abominable hombre de las nieves, en ese orden”, viajó a Lubang y logró encontrarlo. Hablaron, y Onoda le dijo que solo se rendiría si recibía la orden de su comandante. Suzuki volvió a Japón con fotografías de Onoda como prueba. El gobierno japonés localizó a su antiguo comandante, Taniguchi, que para entonces trabajaba como librero. En marzo de 1974, Taniguchi viajó a Lubang y le leyó a Onoda la orden de rendición. Onoda entregó su espada, su rifle en buen estado y munición.
El presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos, le concedió el indulto por los crímenes cometidos. Onoda volvió a Japón, donde fue recibido como un héroe por muchos, aunque también fue criticado. Le costó adaptarse al Japón moderno, muy distinto del que había dejado, y se mudó a Brasil, donde tuvo una granja de ganado. Más tarde volvió a Japón y creó una escuela de naturaleza para jóvenes. Murió en 2014, a los 91 años.
No fue el último soldado japonés en rendirse: en diciembre de 1974, el soldado Teruo Nakamura, de origen taiwanés, fue encontrado en la isla de Morotai, en Indonesia.
La historia de Onoda ha inspirado libros, documentales y la película Onoda: 10.000 noches en la jungla, de 2021.
Por qué importa. La historia de Onoda muestra el poder de la obediencia y la propaganda, y las terribles consecuencias que puede tener no cuestionar la información que se recibe.
DATO 3La Estatua de la Libertad era de color cobre
La Estatua de la Libertad, cuyo nombre oficial es La Libertad iluminando el mundo, en la isla de la Libertad, en la bahía de Nueva York, está hecha de cobre. Cuando se inauguró el 28 de octubre de 1886, no era verde, sino de color marrón brillante, como una moneda nueva de cobre o una cazuela de cobre pulida. Con el tiempo, la exposición al aire, la lluvia y el agua salada del mar provocaron la oxidación del cobre, y en unos 20 a 30 años se formó la pátina verde que la caracteriza hoy. Hacia 1906, la estatua ya era completamente verde.
La estatua fue un regalo del pueblo de Francia a Estados Unidos, para conmemorar el centenario de la independencia estadounidense, en 1876, y la amistad entre ambos países, que habían sido aliados en la Guerra de Independencia. La idea surgió en 1865, del jurista y político francés Édouard de Laboulaye. La diseñó el escultor francés Frédéric Auguste Bartholdi, y la estructura interna de hierro la diseñó Gustave Eiffel, el mismo de la torre de París. La estatua se construyó en Francia, se desmontó en unas 350 piezas, se transportó en barco en 214 cajas y se volvió a montar en Nueva York. Los franceses pagaron la estatua, y los estadounidenses el pedestal, pero les costó reunir el dinero, hasta que el editor de periódicos Joseph Pulitzer organizó una campaña de recaudación en su diario, que consiguió miles de pequeñas donaciones.
La capa de cobre de la estatua es muy fina: solo unos 2,4 milímetros de grosor, menos que dos monedas juntas. Pero pesa en total unas 27 toneladas de cobre. La estatua mide unos 46 metros desde la base hasta la antorcha, y unos 93 metros con el pedestal.
¿Cómo se forma la pátina? Cuando el cobre entra en contacto con el oxígeno del aire, primero se forma una capa de óxido de cobre, de color marrón o rojizo oscuro. Después, con el tiempo, esa capa reacciona con el dióxido de carbono, el azufre del aire contaminado y el agua, formando una mezcla de carbonatos, sulfatos y cloruros de cobre, de color verde azulado. Este proceso tarda años. En Nueva York, a principios del siglo XX, el aire contenía mucho azufre por la quema de carbón, lo que aceleró la formación de la pátina.
Lo más interesante es que la pátina protege la estatua: forma una capa que impide que el cobre de debajo siga corroyéndose. Es una especie de escudo natural. Por eso, cuando a principios del siglo XX se propuso pintar la estatua para devolverle su color original, muchos expertos y ciudadanos se opusieron, y se decidió dejar la pátina. Hoy el color verde es parte de su identidad, y el nombre del color, “verde Estatua de la Libertad”, es reconocido.
La pátina verde aparece en muchos otros monumentos y tejados de cobre del mundo, como los tejados de muchas iglesias y palacios de Europa, por ejemplo en Copenhague o Estocolmo. Y en el bronce, una aleación de cobre y estaño, como en muchas estatuas antiguas.
En 1986, para su centenario, la estatua fue restaurada a fondo. Se sustituyó la estructura interna de hierro, que estaba corroída por el contacto con el cobre, un proceso llamado corrosión galvánica, y la antorcha original, que tenía filtraciones, se reemplazó por una nueva recubierta de pan de oro. La antorcha original se exhibe hoy en un museo junto a la estatua.
La Estatua de la Libertad fue durante décadas lo primero que veían los millones de inmigrantes que llegaban a Estados Unidos por barco, a través de la isla de Ellis, cercana. En su pedestal hay un famoso poema de Emma Lazarus, “El nuevo coloso”, que dice: “Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas hacinadas que anhelan respirar en libertad”.
Por qué importa. El color verde de la Estatua de la Libertad es resultado de una reacción química que protege el metal, y muestra cómo los materiales cambian con el tiempo.
DATO 2Los egipcios jugaban a un juego de mesa de 5.000 años
El senet es uno de los juegos de mesa más antiguos que se conocen. Tiene unos 5.000 años: las representaciones más antiguas conocidas datan de alrededor del 3100 a. C., en tumbas del antiguo Egipto, y algunas de sus imágenes podrían ser incluso anteriores. Se jugaba en un tablero rectangular con 30 casillas, dispuestas en tres filas de diez. Cada jugador tenía varias fichas, normalmente cinco o siete, y se movían por el tablero según el resultado de lanzar unas tabas, palitos o huesos que funcionaban como dados.
No se conocen con certeza las reglas del senet, porque no se han conservado instrucciones escritas completas. Pero los investigadores, como el historiador Timothy Kendall o el experto en juegos R. C. Bell, han propuesto reconstrucciones basándose en tableros encontrados, pinturas y textos. El objetivo parece que era mover todas las fichas a lo largo del tablero, en forma de “S”, y sacarlas del tablero antes que el rival. Algunas casillas estaban decoradas con símbolos especiales, como la casilla 15, llamada “casa del renacimiento”, o la casilla 27, que representaba el agua, donde la ficha que caía debía volver atrás.
Al principio, el senet era un simple pasatiempo, jugado por personas de todas las clases sociales. Pero con el tiempo, se asoció a la religión y al viaje al más allá. Los egipcios creían que, tras la muerte, el alma debía superar pruebas en el inframundo para llegar a la otra vida. El senet se convirtió en una metáfora de ese viaje, y ganar la partida simbolizaba superar las pruebas. En el Libro de los Muertos, una colección de textos religiosos que se colocaba en las tumbas, el capítulo 17 menciona jugar al senet en el más allá. En algunas pinturas de tumbas, como la de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, se ve al difunto jugando al senet contra un oponente invisible, que podría representar al destino o a los dioses.
Por eso los tableros de senet se colocaban en las tumbas. El faraón Tutankamón, que vivió hacia el 1330 a. C., fue enterrado con varios tableros de senet: se encontraron al menos cuatro o cinco en su tumba, descubierta por Howard Carter en 1922. Uno de ellos es un lujoso tablero de ébano y marfil, con un cajón para guardar las fichas, que por el otro lado tenía otro juego, el juego de las 20 casillas. Estos tableros se conservan hoy en el Museo Egipcio del Cairo y el Gran Museo Egipcio.
Hay otros juegos de mesa muy antiguos. El juego real de Ur, encontrado en tumbas de la antigua Mesopotamia, en la actual Irak, data de hacia el 2600 a. C. En 1980, el conservador del Museo Británico Irving Finkel descifró sus reglas a partir de una tablilla cuneiforme babilónica del siglo II a. C. Es un juego de carreras parecido al backgammon. Otro juego muy antiguo es el mehen, un juego egipcio con un tablero en forma de serpiente enrollada. Y los dados más antiguos, encontrados en Irán y otras zonas, tienen unos 5.000 años.
Los juegos de mesa antiguos interesan a los historiadores porque muestran la vida cotidiana, las creencias y los contactos entre culturas: el juego real de Ur, por ejemplo, se jugaba desde Egipto hasta la India, y aún se jugaba en el siglo XX en Cochin, en la India.
Hoy se pueden comprar reproducciones del senet, y hay versiones digitales. Desde 2018, el proyecto Digital Ludeme Project de la Universidad de Maastricht usa inteligencia artificial para reconstruir las reglas probables de juegos antiguos.
Por qué importa. El senet muestra que el juego es tan antiguo como la civilización, y cómo los egipcios convirtieron un pasatiempo en un símbolo del viaje al más allá.
DATO 1Un soviético evitó una posible guerra nuclear
El 26 de septiembre de 1983, poco después de la medianoche, el sistema soviético de alerta temprana por satélite, llamado Oko, alertó de que Estados Unidos había lanzado misiles balísticos intercontinentales con armas nucleares contra la Unión Soviética. Primero detectó un misil, y después otros cuatro. El oficial de guardia en el búnker de mando Serpujov-15, cerca de Moscú, era el teniente coronel Stanislav Petrov, de 44 años.
Petrov tenía que informar a sus superiores si el sistema detectaba un ataque, y ellos, a su vez, al alto mando soviético, que podría decidir lanzar un contraataque nuclear antes de que los misiles estadounidenses llegaran, en unos 20 a 30 minutos. Pero Petrov sospechó que era un error. Tenía varias razones. Pensaba que, si Estados Unidos iniciaba una guerra nuclear, lanzaría cientos de misiles a la vez, para destruir la capacidad de respuesta soviética, no solo cinco. Además, el sistema de satélites era nuevo y él no confiaba plenamente en su fiabilidad. Y los radares terrestres, que podían detectar los misiles cuando superaban el horizonte, no confirmaban el ataque. Así que decidió informar a sus superiores de que se trataba de una falsa alarma por un fallo del sistema, y no como un ataque. Petrov contó después que no estaba completamente seguro, que calculó que tenía un 50 % de posibilidades de acertar, y que tuvo que tomar la decisión en pocos minutos.
Tenía razón. Era una falsa alarma. La investigación posterior mostró que el sistema había confundido los reflejos de la luz del sol en las nubes de gran altitud, sobre una base de misiles de Estados Unidos en Dakota del Norte, con los destellos de los motores de los misiles. La posición del sol, las nubes y los satélites coincidió de una forma poco común.
El incidente ocurrió en uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría. Tres semanas antes, el 1 de septiembre de 1983, un caza soviético había derribado un avión de pasajeros de Korean Air Lines, el vuelo KAL 007, que se había desviado por error al espacio aéreo soviético, causando la muerte de sus 269 ocupantes, entre ellos un congresista estadounidense. El presidente estadounidense Ronald Reagan había llamado a la Unión Soviética el “imperio del mal”, y el líder soviético Yuri Andrópov temía un ataque nuclear sorpresa. Unas semanas después, en noviembre de 1983, un ejercicio militar de la OTAN llamado Able Archer 83, que simulaba una escalada nuclear, fue interpretado por algunos dirigentes soviéticos como una posible preparación para un ataque real, en otro de los momentos más peligrosos de la Guerra Fría.
El comportamiento de Petrov no fue premiado en su momento. Al principio fue elogiado, pero después fue reprendido por no haber registrado correctamente el incidente en su diario de guardia. Además, reconocer el incidente habría supuesto admitir los fallos del sistema de alerta, lo que avergonzaba a los responsables. El incidente se mantuvo en secreto hasta 1998, cuando lo reveló en unas memorias el general Yuri Votintsev. Petrov se retiró del ejército y vivió de forma modesta cerca de Moscú.
A partir de entonces, recibió varios reconocimientos internacionales: en 2004, el premio de la Association of World Citizens, en 2013, el Premio Dresde por la Paz, y en 2018, a título póstumo, el Future of Life Award. Siempre dijo que no se consideraba un héroe, sino alguien que simplemente hizo su trabajo. Murió en mayo de 2017, aunque su muerte no se conoció hasta septiembre de ese año. Su historia se contó en el documental El hombre que salvó el mundo, de 2014.
Hubo otros incidentes similares durante la Guerra Fría, como el del oficial soviético Vasili Arjípov, que en 1962, durante la crisis de los misiles de Cuba, se negó a autorizar el lanzamiento de un torpedo nuclear desde un submarino soviético acorralado por barcos estadounidenses.
Por qué importa. La decisión de Petrov muestra la importancia del juicio humano frente a los sistemas automáticos, un debate muy actual en la era de la inteligencia artificial y las armas autónomas.
Resumen de los 10 datos
- Un soviético evitó una posible guerra nuclear.
- Los egipcios jugaban a un juego de mesa de 5.000 años.
- La Estatua de la Libertad era de color cobre.
- Un soldado japonés siguió luchando hasta 1974.
- En 1932 Australia “perdió” una guerra contra emúes.
- Einstein rechazó ser presidente de Israel.
- Hubo un papa que juzgó a otro papa muerto.
- Los antiguos egipcios tenían pruebas de embarazo.
- La Torre Eiffel iba a ser temporal.
- Hubo un emperador que declaró la guerra al mar.
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Preguntas frecuentes
¿Qué fue la guerra de los emúes?
Una operación militar australiana de 1932 contra emúes que fracasó.
¿Quién fue Stanislav Petrov?
El oficial soviético que en 1983 identificó una falsa alarma nuclear.