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Dato #29 Geografía

10 lugares de la Tierra que parecen irreales

El número 1 parece un espejo gigante.

29 de septiembre de 2026 · 30 min de lectura

La Tierra tiene paisajes que parecen de otro planeta: lagos rosas, llamas azules, arena verde, montañas de colores y un desierto de sal que se convierte en espejo.

Estos diez datos explican la química y la geología que hay detrás de cada lugar, cómo se formaron, qué dicen los científicos sobre ellos y qué retos tienen para su conservación y para el turismo.

DATO 10Hay un mar donde no puedes hundirte

El mar Muerto, un lago salado situado entre Israel, Cisjordania y Jordania, tiene más de un 30 % de sal, en torno al 34 %, casi diez veces más que el agua del océano, que tiene alrededor de un 3,5 %. Es una de las masas de agua más saladas del mundo. Su agua es tan densa, alrededor de 1,24 kilos por litro, que las personas flotan sin esfuerzo, sin necesidad de nadar, e incluso es difícil hundirse. Es famosa la imagen de los turistas leyendo el periódico tumbados en el agua.

El mar Muerto está en el punto más bajo de la superficie terrestre en tierra firme, a unos 430 metros por debajo del nivel del mar, y ese nivel baja cada año. Se encuentra en el valle del Rift del Jordán, una depresión formada por el movimiento de las placas tectónicas: la placa arábiga se desplaza hacia el norte respecto a la placa africana, y el terreno se ha hundido entre ambas. Es parte del mismo sistema geológico que el Gran Valle del Rift de África.

¿Por qué es tan salado? Porque es un lago endorreico: el agua llega sobre todo por el río Jordán, pero no tiene salida al mar. El agua solo se va por evaporación, que es muy intensa por el clima caluroso y seco de la zona, con temperaturas que superan los 40 °C en verano. Al evaporarse el agua, las sales que arrastran los ríos y los manantiales se quedan y se van concentrando. Además de cloruro de sodio, la sal común, contiene mucho magnesio, potasio, calcio y bromo, en proporciones distintas a las del agua del mar. Por eso el agua tiene un tacto aceitoso y un sabor muy amargo.

Su nombre viene de que en él casi no hay vida: no hay peces, ni plantas acuáticas. Solo viven algunos microorganismos adaptados a la sal, como bacterias y arqueas halófilas, y un alga, Dunaliella. Tras inviernos muy lluviosos, a veces el agua superficial se diluye y estas algas proliferan, tiñendo el agua de rojo, como ocurrió en 1980 y 1992.

El mar Muerto tiene una gran importancia histórica y religiosa. En sus alrededores se encuentran lugares como Masada, la fortaleza donde, según el historiador Flavio Josefo, los rebeldes judíos resistieron a los romanos en el siglo I, y Qumrán, donde entre 1947 y 1956 se descubrieron los famosos Manuscritos del mar Muerto, unos textos judíos antiguos que incluyen las copias más antiguas conocidas de la Biblia hebrea, de hace más de 2.000 años. Según la tradición bíblica, cerca estaban las ciudades de Sodoma y Gomorra.

Desde la Antigüedad, se le atribuyen propiedades terapéuticas. Se dice que Cleopatra usaba sus productos, y hoy hay balnearios en sus orillas. Sus lodos y sales se venden como cosméticos, y algunos estudios sugieren que el baño en sus aguas y la exposición al sol en la zona pueden aliviar enfermedades de la piel, como la psoriasis, en parte por la radiación ultravioleta filtrada por la atmósfera más densa en ese punto tan bajo.

Pero el mar Muerto se está reduciendo rápidamente. Su nivel baja más de un metro al año, y su superficie se ha reducido alrededor de un tercio desde los años 60. Las principales causas son el desvío del agua del río Jordán y sus afluentes para la agricultura y el consumo humano en Israel, Jordania y Siria, y la extracción de minerales, sobre todo potasio y bromo, que evaporan grandes cantidades de agua en estanques. Al retirarse el agua, se forman miles de socavones, agujeros que se abren de repente en el suelo, que han destruido carreteras, playas e instalaciones turísticas. Se ha propuesto construir un canal para traer agua del mar Rojo, pero el proyecto, que Israel y Jordania acordaron en 2013, se ha paralizado.

Por qué importa. El mar Muerto muestra cómo la evaporación concentra la sal en lagos sin salida, y su rápido declive es un ejemplo de los efectos del uso excesivo del agua.

DATO 9Existe un lago rosa en Australia

El lago Hillier, en la isla Middle, en el archipiélago de la Recherche, frente a la costa sur de Australia Occidental, es famoso por su color rosa intenso, como un chicle o un batido de fresa. Es un lago pequeño, de unos 600 metros de largo, separado del océano, de color azul oscuro, por una estrecha franja de arena y vegetación, lo que crea un contraste espectacular visto desde el aire. Fue descubierto por los europeos en 1802 por el explorador y navegante británico Matthew Flinders, que lo avistó al subir a una colina de la isla.

Su color se debe a unos organismos que viven en el agua, que es extremadamente salada, como el mar Muerto. Durante años se pensó que el color se debía sobre todo a una microalga llamada Dunaliella salina, que produce grandes cantidades de carotenoides, unos pigmentos rojizos y anaranjados, como el betacaroteno, para protegerse de la intensa luz del sol y de la sal. Pero en 2015, el proyecto Extreme Microbiome Project, liderado por investigadores de varios países, analizó el ADN de los microorganismos del lago y descubrió que, además de las algas, hay muchas bacterias y arqueas que también producen pigmentos rosados y rojos, como la Salinibacter ruber y otras arqueas halófilas del género Halobacterium, que contienen un pigmento llamado bacteriorrodopsina. La combinación de todos estos organismos da al lago su color. Los investigadores encontraron más de 10 especies de organismos responsables del color.

Una curiosidad es que el color no cambia aunque cojas el agua en un vaso o una botella: el agua sigue siendo rosa, porque el color viene de los organismos que hay en ella, no de un reflejo del cielo o del fondo. El color es también bastante estable a lo largo del año, a diferencia de otros lagos rosas cuyo color varía según la estación.

Hay otros lagos rosas en el mundo, con explicaciones parecidas. En Australia hay varios, como el Hutt Lagoon, en la costa oeste, donde se cultiva la Dunaliella salina para producir betacaroteno, que se usa como colorante alimentario y suplemento de vitamina A. En Senegal estaba el famoso lago Retba o Lago Rosa, cerca de Dakar, que fue durante años la meta del rally París-Dakar, y donde se extrae sal de forma artesanal, aunque su color rosa se ha perdido en parte por las inundaciones de 2022. En España, algunas salinas, como las de Torrevieja, en Alicante, las salinas del Cabo de Gata, en Almería, o las de las Salinas de San Pedro del Pinatar, en Murcia, adquieren un color rosa en verano por la misma alga. También en México, en Las Coloradas, en Yucatán, hay estanques de sal de color rosa intenso.

Estos organismos, llamados halófilos, que significa “amantes de la sal”, son extremófilos, capaces de sobrevivir en condiciones en las que la mayoría de los seres vivos morirían. Interesan a la ciencia por varias razones: sus pigmentos tienen aplicaciones en la industria alimentaria y cosmética, y la bacteriorrodopsina se estudia para aplicaciones tecnológicas. Además, estos organismos interesan a la astrobiología, porque ambientes salados similares podrían existir en Marte, donde se han detectado antiguos depósitos de sal.

Como vimos con los flamencos, los carotenoides de estos organismos pasan a los animales que se alimentan de ellos, como la artemia, y de ahí a las aves.

Hoy, el lago Hillier está en una isla protegida y sin acceso público por tierra. Solo se puede ver desde el aire, en vuelos turísticos o en barco, lo que ayuda a conservarlo.

Por qué importa. El lago Hillier es rosa por microorganismos que sobreviven en la sal extrema, un ejemplo de cómo la vida puede colorear paisajes enteros.

DATO 8Hay un volcán que expulsa lava azul

En el volcán Kawah Ijen, en la isla de Java, en Indonesia, se puede ver de noche un fenómeno espectacular: llamas azules que brotan de las rocas y “ríos” de fuego azul que parecen lava azul. Pero no se trata de lava azul, sino de gases de azufre que arden. El volcán emite grandes cantidades de gases ricos en azufre, como el sulfuro de hidrógeno y el dióxido de azufre, que salen por grietas llamadas fumarolas a temperaturas de hasta 600 °C. Al entrar en contacto con el oxígeno del aire, esos gases se encienden y arden con una llama azul eléctrica, que puede alcanzar varios metros de altura. Además, parte del azufre se condensa en forma líquida y, al fluir ladera abajo mientras arde, crea la ilusión de ríos de lava azul. Este fenómeno solo se puede ver bien de noche, porque la luz del día apaga su brillo.

El fenómeno se hizo famoso en todo el mundo gracias al fotógrafo francés Olivier Grunewald, que publicó en 2014 una serie de fotografías del fuego azul que se hicieron virales.

Kawah Ijen, que forma parte del complejo volcánico de Ijen, tiene otra característica extraordinaria: en su cráter hay un lago de color turquesa, de alrededor de un kilómetro de ancho, que es el lago ácido más grande del mundo. Su agua tiene un pH de alrededor de 0,5, más ácida que el ácido de una batería, porque contiene ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, procedentes de los gases volcánicos. Es tan corrosivo que puede disolver el metal y quemar la piel.

Pero el lugar es famoso también por una actividad muy dura: la minería de azufre. Desde hace décadas, cientos de mineros locales bajan cada día al cráter para extraer azufre. Para facilitar el trabajo, se instalaron tuberías de cerámica que conducen los gases de las fumarolas; al enfriarse, el azufre se condensa y se solidifica en bloques de color amarillo intenso. Los mineros rompen los bloques con barras de hierro y cargan en cestas de bambú a la espalda cargas de entre 70 y 90 kilos, a veces más, y las suben por el empinado sendero del cráter y las bajan por la ladera del volcán, recorriendo unos 3 kilómetros, dos veces al día o más. Trabajan rodeados de gases tóxicos que irritan los ojos y los pulmones, a menudo sin mascarillas adecuadas, solo con un trapo húmedo en la boca. Muchos sufren problemas respiratorios, y su esperanza de vida es más corta. Cobran alrededor de unos pocos céntimos de dólar por kilo. El azufre se usa para blanquear el azúcar, en la industria química, para fabricar cerillas, fertilizantes y cosméticos, y para vulcanizar el caucho.

En los últimos años, el lugar se ha convertido en un gran atractivo turístico, y miles de visitantes suben por la noche para ver el fuego azul y el amanecer sobre el lago. El turismo aporta ingresos a la zona, y algunos mineros ahora transportan turistas en carretillas. Pero también plantea problemas de seguridad: los gases pueden ser mortales si el viento cambia de dirección, y ha habido accidentes, como el de una turista china que murió en 2018 al caer al cráter. Las autoridades cierran a veces el acceso cuando la actividad volcánica aumenta, como en 2018, cuando una emisión de gases obligó a evacuar a unas 30 personas.

Hay otros lugares donde arden gases volcánicos, como en Dallol, en Etiopía, con sus colores amarillos, verdes y naranjas, o en Islandia. Pero ningún lugar tiene un fuego azul tan intenso como Kawah Ijen.

Por qué importa. El fuego azul de Kawah Ijen es un espectáculo de la química del azufre, pero detrás hay mineros que trabajan en condiciones muy duras y peligrosas.

DATO 7Hay una “puerta al infierno” en Turkmenistán

El cráter de Darvaza, en el desierto de Karakum, en Turkmenistán, Asia central, es un enorme agujero en el suelo, de unos 70 metros de diámetro y unos 20 a 30 metros de profundidad, del que salen llamas constantemente. Arde, según la versión más difundida, desde 1971, es decir, durante más de 50 años. Por su aspecto, de noche se ve como un gigantesco círculo de fuego en medio del desierto, y se le conoce popularmente como la “Puerta del Infierno”.

Según la historia más contada, en 1971, unos geólogos soviéticos que buscaban gas natural en la zona perforaron el suelo y dieron con una gran bolsa de gas bajo tierra. El terreno se hundió bajo la plataforma de perforación y se formó un gran cráter. Como el cráter liberaba grandes cantidades de metano, un gas inflamable y peligroso para la salud y para los animales, los geólogos decidieron prenderle fuego para quemar el gas, pensando que se agotaría en unos pocos días o semanas. Pero el gas siguió saliendo, y el fuego ha continuado desde entonces.

Sin embargo, el origen exacto está poco documentado. No se conocen documentos oficiales soviéticos que describan el incidente, porque en esa época la información sobre el gas y el petróleo era a menudo secreta. Algunos geólogos turkmenos han dado otras versiones: según ellos, el cráter se formó en los años 60 y no empezó a arder hasta los años 80. Es decir, la fecha de 1971 es más una historia popular que un hecho comprobado.

En 2013, el explorador canadiense George Kourounis se convirtió en la primera persona en descender al fondo del cráter, en una expedición patrocinada por National Geographic, con un traje ignífugo y un equipo de respiración, para recoger muestras del suelo. Encontró bacterias que vivían en el suelo del cráter, a pesar del calor, lo que interesó a los científicos que estudian la vida en condiciones extremas.

El cráter se ha convertido en una atracción turística, en un país muy cerrado al turismo, gobernado de forma autoritaria. Los visitantes suelen acampar cerca para verlo por la noche. En 2010, el presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdimuhamedow, ordenó buscar formas de apagar el fuego, pero no se hizo. En 2022, volvió a pedir que se apagara, argumentando que se desperdicia un recurso valioso que podría venderse y que afecta al medio ambiente y a la salud de las personas cercanas. Turkmenistán tiene algunas de las mayores reservas de gas natural del mundo.

En 2025, las autoridades turkmenas informaron de que la intensidad del fuego se había reducido unas tres veces, gracias a la perforación de pozos en la zona para capturar el gas antes de que llegue al cráter, y de que ahora solo se ve un resplandor débil a distancia. Es posible que el fuego acabe apagándose en los próximos años.

Quemar el metano en lugar de dejarlo escapar tiene una ventaja ambiental: el metano es un gas de efecto invernadero unas 80 veces más potente que el dióxido de carbono en un periodo de 20 años, así que quemarlo reduce su impacto sobre el clima, aunque produce CO₂. Pero la mejor opción es aprovecharlo como combustible.

Hay otros incendios de larga duración en el mundo. Algunos incendios de minas de carbón subterráneas arden durante décadas o siglos, como el de Centralia, en Pensilvania, Estados Unidos, que arde desde 1962 y obligó a evacuar el pueblo, o los incendios de carbón en China e India, como el de Jharia. En Australia, el Burning Mountain, en Nueva Gales del Sur, es una veta de carbón que arde bajo tierra desde hace unos 6.000 años, probablemente iniciada por un rayo.

Por qué importa. El cráter de Darvaza muestra cómo un error humano puede crear un paisaje extraordinario, y plantea la necesidad de aprovechar los recursos y reducir las emisiones de metano.

DATO 6Existe una playa de arena verde

La playa de Papakōlea, también conocida como Green Sand Beach, en la isla grande de Hawái, en Estados Unidos, tiene una característica muy poco común: su arena es de color verde. Es una de las pocas playas de arena verde del mundo. Está en una pequeña bahía en el extremo sur de la isla, cerca del punto más al sur de Estados Unidos, Ka Lae, y se accede a ella tras una caminata de unos 4 kilómetros.

El color verde se debe al olivino, un mineral de color verde oliva que se encuentra en las rocas volcánicas, especialmente en el basalto. El olivino es un silicato de magnesio y hierro. Cuando se encuentra en cristales grandes y de buena calidad, se usa como piedra preciosa con el nombre de peridoto, y en Hawái a veces se le llama “diamante hawaiano”.

¿Cómo se formó la playa? La bahía de Papakōlea está dentro de un antiguo cono de toba volcánico, llamado Puʻu Mahana, que se formó hace unos 49.000 años cuando la lava del volcán Mauna Loa entró en contacto con el agua, produciendo explosiones que formaron el cono de ceniza. Ese cono contiene una gran cantidad de cristales de olivino. Con el tiempo, el océano erosionó parte del cono, y el oleaje fue separando los granos de los distintos minerales. Como el olivino es más denso y pesado que otros materiales volcánicos, como la ceniza, el vidrio volcánico y los fragmentos de roca, las olas se llevan los granos más ligeros mar adentro y dejan los de olivino acumulados en la playa. Así, la arena de la playa tiene una concentración muy alta de este mineral.

Pero el olivino no es un mineral muy estable en la superficie de la Tierra: con el tiempo, se meteoriza y se transforma en otros minerales, como las arcillas. Por eso las playas de olivino son poco comunes, y se forman solo en condiciones especiales. Hay otras playas de arena verde en el mundo, como en Guam, en las Galápagos, en Noruega, o la playa de Mahana en otras islas.

Hawái tiene playas de arena de varios colores. Hay playas de arena negra, como la famosa playa de Punaluʻu, formadas por fragmentos de basalto y vidrio volcánico, que se forman cuando la lava caliente entra en contacto con el agua fría del océano y se fragmenta. Hay playas de arena blanca, formadas por restos de coral y conchas, y, como vimos, en parte por el pez loro. Y hay playas de arena roja, como la de Kaihalulu, en la isla de Maui, por rocas volcánicas ricas en hierro oxidado.

Además, el olivino tiene un interés científico muy actual. Cuando se meteoriza, reacciona con el dióxido de carbono de la atmósfera y lo captura, formando minerales estables. Algunos científicos y empresas, como el proyecto Vesta, estudian si se podría esparcir arena de olivino triturada en las playas o en los campos agrícolas para acelerar la captura de CO₂ y ayudar a combatir el cambio climático, en lo que se llama meteorización mejorada. Pero todavía se investigan su eficacia y sus posibles efectos en los ecosistemas marinos.

El olivino se ha encontrado también en meteoritos, en la Luna y en Marte, donde el rover Curiosity y otros han detectado este mineral. En el espacio, se encuentra en el polvo de los cometas.

La playa de Papakōlea es muy visitada, y hay que tener cuidado de no llevarse arena: está prohibido y se considera una falta de respeto a la cultura hawaiana. Según una leyenda popular, llevarse arena o piedras volcánicas de Hawái trae mala suerte, una maldición de la diosa Pele, y cada año el parque nacional recibe paquetes de turistas que devuelven piedras y arena con cartas de disculpa.

Por qué importa. La arena verde de Papakōlea muestra cómo el oleaje puede separar los minerales, y el olivino podría ayudar en el futuro a capturar carbono de la atmósfera.

DATO 5Hay montañas con rayas de colores

Las Montañas Arcoíris de Zhangye, en la provincia de Gansu, en el noroeste de China, parte del Parque Geológico Nacional de Zhangye Danxia, son famosas por sus colinas y montañas cubiertas de franjas de colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y blanco, como si alguien las hubiera pintado. El paisaje, que cubre unos 500 kilómetros cuadrados, es especialmente llamativo al amanecer, al atardecer y después de la lluvia, cuando los colores se intensifican. En 2010, fue incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, dentro del conjunto Danxia de China.

¿Cómo se formaron estos colores? Las franjas son capas de rocas sedimentarias, sobre todo arenisca y limolita, que se depositaron a lo largo de unos 24 millones de años, durante el periodo Cretácico, cuando la zona estaba cubierta de lagos y ríos. Cada capa se formó en un momento distinto, con sedimentos diferentes, arena, barro, limo, y en condiciones climáticas diferentes. Los distintos colores se deben a los minerales que contienen, sobre todo a los distintos compuestos de hierro: el óxido de hierro en ambientes con mucho oxígeno da colores rojos y anaranjados, como el óxido de un clavo; en ambientes con poco oxígeno, el hierro produce tonos verdes o grisáceos; y otros minerales, como la clorita, dan tonos verdes, y los yesos y las calizas, blancos.

Después, hace unos 55 millones de años, empezó el choque entre la placa de la India y la de Eurasia, el mismo que formó el Himalaya, como vimos en otro artículo. Este choque levantó y plegó las capas de roca, inclinándolas, como si fueran las páginas de un libro dobladas. Después, la erosión del viento, la lluvia y los ríos fue desgastando las rocas y dejando al descubierto las franjas de colores en las laderas de las colinas, con formas redondeadas, crestas, torres y cañones.

Este tipo de paisaje se llama relieve Danxia, por la montaña Danxia, en la provincia de Guangdong, en el sur de China, donde se estudió por primera vez. Se caracteriza por rocas de arenisca roja con acantilados y formas erosionadas. Hay unos 1.000 paisajes de tipo Danxia en China.

Las montañas de colores de Zhangye se hicieron famosas en todo el mundo a partir de la década de 2000 gracias a internet y las redes sociales, donde se compartieron fotografías espectaculares. A veces, las fotos se retocan para intensificar los colores, así que en la realidad pueden parecer algo menos vivos que en las imágenes. Hoy reciben millones de visitantes al año, y se han construido pasarelas y miradores para proteger el paisaje, porque las rocas son frágiles y fáciles de erosionar. En 2022, cuatro turistas fueron detenidos y multados después de saltar las vallas y caminar sobre las rocas, dejando huellas que tardarán décadas en desaparecer.

Hay otras “montañas de colores” en el mundo. En Perú, está la Montaña de Siete Colores o Vinicunca, cerca de Cusco, a más de 5.000 metros de altitud, que se hizo famosa a partir de 2015, cuando el deshielo de la nieve que la cubría dejó al descubierto sus colores. Su popularidad ha traído miles de turistas, lo que genera ingresos para las comunidades locales, pero también problemas de erosión y basura. En Argentina, está el Cerro de los Siete Colores, en Purmamarca, Jujuy, y el Hornocal, con 14 colores. En Estados Unidos, las Painted Hills de Oregón. Y en Islandia, las montañas de riolita de Landmannalaugar.

Por qué importa. Las Montañas Arcoíris de Zhangye muestran la historia de la Tierra escrita en capas de roca, y recuerdan la importancia de visitar estos paisajes sin dañarlos.

DATO 4Hay un bosque de piedra en Madagascar

El Tsingy de Bemaraha, en el oeste de Madagascar, es uno de los paisajes más extraños del mundo: un enorme bosque de agujas de piedra caliza, muy afiladas, que pueden alcanzar hasta unos 70 metros de altura, separadas por grietas, cañones y cuevas. Su nombre en malgache, la lengua de Madagascar, tsingy, significa, según la interpretación más difundida, “donde no se puede caminar descalzo”, o algo relacionado con andar de puntillas, por lo cortantes que son las rocas. La reserva, de unos 1.500 kilómetros cuadrados, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990.

¿Cómo se formó? Hace unos 200 millones de años, durante el periodo Jurásico, la zona estaba cubierta por un mar poco profundo. Allí se acumularon durante millones de años restos de conchas, corales y otros organismos marinos, que formaron gruesas capas de roca caliza. Más tarde, el terreno se elevó y quedó fuera del agua. Después, el agua de lluvia, que es ligeramente ácida porque contiene dióxido de carbono disuelto, fue disolviendo la caliza poco a poco, sobre todo por las grietas y fracturas de la roca. Este proceso de disolución, que también forma las cuevas, las simas y las estalactitas, se llama karstificación, y los paisajes que crea se llaman paisajes kársticos. Primero se formaron cuevas y galerías subterráneas; luego, los techos se derrumbaron y el agua siguió disolviendo la roca desde arriba y en vertical, dejando las agujas afiladas. En Madagascar, la lluvia intensa de la estación húmeda aceleró el proceso.

El Tsingy es un lugar de difícil acceso, lo que ha protegido a su fauna y flora. En las grietas y los cañones entre las agujas, a distintas alturas, se forman pequeños microclimas, más húmedos y sombreados, que funcionan como “islas” aisladas, con especies que no existen en ninguna otra parte del mundo, incluso de un cañón a otro. Allí viven especies endémicas como varios lémures, entre ellos el sifaka de Decken, un lémur blanco capaz de saltar entre las afiladas rocas sin hacerse daño, gracias a las almohadillas gruesas de sus manos y pies. También hay camaleones, ranas, aves, murciélagos y plantas adaptadas a la sequía, como los baobabs y algunas plantas suculentas. Todavía se siguen descubriendo nuevas especies.

Esta gran biodiversidad es característica de Madagascar, una isla que se separó de África hace unos 160 millones de años y de la India hace unos 88 millones. Su aislamiento permitió que evolucionaran especies únicas: alrededor del 90 % de su flora y fauna no existe en ninguna otra parte del mundo, incluidas todas las especies de lémures, más de 100.

Para visitar el Tsingy, se han instalado puentes colgantes, escaleras y pasarelas de metal, y los visitantes deben ir acompañados de guías y llevar arneses de seguridad, guantes y calzado adecuado. Solo se puede visitar en la estación seca, porque en la estación de lluvias las carreteras quedan intransitables.

Madagascar es uno de los países más pobres del mundo, y sus bosques están amenazados por la deforestación, la agricultura de tala y quema, la minería y la caza. Se estima que ha perdido una gran parte de sus bosques originales. Espacios protegidos como el Tsingy son esenciales para su conservación y para el turismo, que aporta ingresos a las comunidades locales.

Hay otros paisajes kársticos espectaculares en el mundo, como el Bosque de Piedra de Shilin, en China, las montañas de Guilin, también en China, la bahía de Ha Long, en Vietnam, o, en España, la Ciudad Encantada de Cuenca y el Torcal de Antequera, en Málaga.

Por qué importa. El Tsingy muestra cómo el agua puede esculpir la roca durante millones de años, y cómo estos laberintos de piedra se convierten en refugios de especies únicas.

DATO 3Existe un río de cinco colores

Caño Cristales, en la Serranía de la Macarena, en el departamento del Meta, en Colombia, es conocido como el “río de los cinco colores” o “el río más hermoso del mundo”. Entre julio y noviembre, aproximadamente, sus aguas se tiñen de colores: rojo, rosa, amarillo, verde, azul y negro. El río, de unos 100 kilómetros de largo, discurre sobre rocas antiguas, con pozos, rápidos y pequeñas cascadas.

¿De dónde vienen los colores? El color rojo y rosa, el más llamativo, se debe a una planta acuática llamada Macarenia clavigera, de la familia de las podostemáceas, que es endémica de la zona, es decir, solo existe allí. Esta planta vive adherida a las rocas del fondo del río, en las zonas donde el agua corre rápido y es poco profunda. Cuando recibe mucha luz solar, produce pigmentos que le dan un color rojo intenso; en las zonas con más sombra, se ve de color verde. El amarillo viene de la arena del lecho del río, el azul, del reflejo del cielo en el agua cristalina, y el negro, de las rocas y algunas algas oscuras.

¿Por qué solo entre julio y noviembre? Porque la Macarenia clavigera necesita condiciones muy concretas. Durante la estación seca, de diciembre a marzo, el nivel del agua es muy bajo, la planta queda expuesta y entra en un estado de reposo, sin color. Durante la época de lluvias más intensas, de abril a junio, el agua es demasiado abundante y turbia, y la planta no recibe suficiente luz. Entre julio y noviembre, el nivel del agua y la luz del sol son los adecuados para que florezca y muestre su color. Además, el agua de Caño Cristales es extraordinariamente clara, porque contiene muy pocos nutrientes y sedimentos, lo que permite ver la planta y el fondo con claridad.

Las rocas sobre las que corre el río son muy antiguas: forman parte del Escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas de la Tierra, de más de 1.200 millones de años en esa zona. En ellas se han formado, por la erosión del agua y de las piedras que arrastra la corriente, pequeños agujeros circulares llamados marmitas de gigante o pailas.

La Serranía de la Macarena es una zona de gran biodiversidad, donde confluyen ecosistemas de los Andes, la Amazonia y la Orinoquía, y alberga cientos de especies de aves, reptiles, anfibios y plantas.

Durante décadas, la zona fue de difícil acceso por el conflicto armado en Colombia: la región estuvo bajo la influencia de la guerrilla de las FARC. El parque se cerró al turismo en 1989 y reabrió en 2009, tras mejorar la seguridad. Tras el acuerdo de paz de 2016 entre el gobierno y las FARC, el turismo aumentó. Hoy, las visitas están reguladas para proteger el ecosistema: hay un número limitado de visitantes por día, se accede solo con guías locales, está prohibido bañarse en algunas zonas, y no se pueden usar protectores solares ni repelentes químicos, porque pueden dañar la planta. Solo se llega en avioneta hasta el pueblo de La Macarena, y después por río y a pie.

El turismo ha aportado ingresos a las comunidades locales, que en muchos casos antes dependían de cultivos ilegales de coca, y es un ejemplo de cómo la paz y la conservación pueden ir de la mano. Pero la zona sigue amenazada por la deforestación para la ganadería y los cultivos ilícitos. La Serranía de la Macarena es uno de los puntos de la Amazonia colombiana con más deforestación.

Por qué importa. Caño Cristales muestra cómo una planta única puede transformar un río, y cómo el turismo regulado puede ayudar a proteger ecosistemas frágiles y a comunidades que salieron del conflicto.

DATO 2Hay cuevas con cristales gigantes

En la Cueva de los Cristales, en la mina de Naica, en el estado de Chihuahua, en el norte de México, se encuentran algunos de los cristales naturales más grandes conocidos del mundo. Son enormes cristales de yeso, en la variedad llamada selenita, transparentes y de color blanquecino, que pueden medir más de 11 metros de largo, alrededor de 1 metro de diámetro y pesar hasta 55 toneladas. Parecen columnas gigantes de hielo o de cuarzo cruzando la cueva en todas direcciones. La cueva, de unos 30 metros de largo, está a unos 300 metros de profundidad.

La cueva fue descubierta en 2000 por dos hermanos mineros, Eloy y Javier Delgado, que trabajaban en la mina de Naica, una de las principales minas de plomo, zinc y plata de México, mientras excavaban un nuevo túnel. Antes, en 1910, se había descubierto otra cueva con cristales más pequeños, la Cueva de las Espadas.

¿Cómo se formaron cristales tan grandes? La mina está sobre una cámara de magma que calienta el agua subterránea. Durante cientos de miles de años, la cueva estuvo inundada de agua caliente, a unos 58 °C, rica en minerales, sobre todo anhidrita, un sulfato de calcio sin agua. A temperaturas por debajo de unos 58 °C, la anhidrita se disuelve y se transforma lentamente en yeso, que se depositaba formando cristales. Como la temperatura del agua se mantuvo muy estable, justo por debajo de ese punto crítico, durante un tiempo enorme, los cristales pudieron crecer muy lentamente y sin interrupciones, hasta alcanzar tamaños gigantescos. Un estudio de 2011, del investigador español Juan Manuel García-Ruiz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), calculó que los cristales crecieron a un ritmo lentísimo, más o menos el grosor de un cabello cada siglo. Según esos cálculos, los cristales más grandes tardaron alrededor de un millón de años en formarse.

La cueva se quedó sin agua cuando la empresa minera empezó a bombear el agua de la mina para poder seguir extrayendo minerales en los niveles más profundos. Gracias a eso, se pudo acceder a la cueva, pero también se detuvo el crecimiento de los cristales.

En la cueva hace muchísimo calor: unos 50 °C o más, con una humedad cercana al 100 %. En esas condiciones, el cuerpo humano no puede enfriarse mediante el sudor, porque el sudor no se evapora. Una persona sin protección podría sufrir un golpe de calor grave en unos 10 minutos, y morir en menos de una hora. Por eso los científicos que la exploraban usaban trajes refrigerados con hielo y respiradores con aire frío, y solo podían permanecer en su interior unos 20 a 45 minutos.

Los científicos también encontraron algo sorprendente: microorganismos vivos atrapados en pequeñas inclusiones de líquido dentro de los cristales. En 2017, la astrobióloga Penelope Boston, de la NASA, anunció que su equipo había conseguido reactivar microbios que podían llevar atrapados entre 10.000 y 50.000 años. Estos microbios sobrevivían en un estado latente, alimentándose de minerales como el hierro y el manganeso. El hallazgo interesa a la astrobiología, porque muestra que la vida puede sobrevivir durante mucho tiempo en condiciones extremas, aunque algunos científicos piden más pruebas.

En 2015, la empresa minera dejó de bombear agua de los niveles más profundos, y la cueva se volvió a inundar. Hoy es inaccesible. Algunos científicos consideran que es mejor así, porque el agua protege los cristales del deterioro que sufrían al estar expuestos al aire y a los visitantes.

Por qué importa. La Cueva de los Cristales muestra lo que la naturaleza puede crear con condiciones estables y mucho tiempo, y cómo la minería puede revelar maravillas ocultas.

DATO 1El salar de Uyuni se convierte en un espejo

El salar de Uyuni, en el suroeste de Bolivia, en el altiplano andino, a unos 3.650 metros de altitud, es el desierto de sal más grande del mundo, con una superficie de unos 10.500 kilómetros cuadrados, más o menos como la isla de Jamaica o la provincia de Cáceres. Es una enorme llanura blanca y casi perfectamente plana: su altura varía menos de un metro en toda su extensión. Por eso los satélites lo usan para calibrar sus instrumentos de medición de la altura.

En la época de lluvias, entre diciembre y abril, se forma sobre el salar una fina capa de agua, de unos pocos centímetros, que no se escurre porque el terreno es tan plano. Esa capa de agua refleja el cielo como un espejo gigante, creando la ilusión de que el cielo y la tierra se funden, y de que las personas y los coches caminan o flotan sobre las nubes. Es uno de los paisajes más fotografiados del mundo, y los turistas aprovechan para hacer fotos con perspectiva forzada, jugando con la falta de referencias de profundidad.

¿Cómo se formó? Hace unos 30.000 a 42.000 años, la zona estaba cubierta por un gran lago prehistórico llamado lago Minchin, y después por otro, el lago Tauca. A medida que el clima se volvió más seco, los lagos se evaporaron, y dejaron atrás una gruesa costra de sal, de hasta 10 metros de espesor en algunos puntos. De aquellos lagos quedan hoy dos lagos más pequeños, el Poopó y el Uru Uru, y otro salar, el de Coipasa. Bajo la costra de sal hay una capa de salmuera, agua muy salada rica en minerales.

El salar de Uyuni contiene una de las mayores reservas de litio del mundo. El litio es un metal muy ligero que se usa para fabricar las baterías de los móviles, los ordenadores y los coches eléctricos. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, Bolivia tiene los mayores recursos de litio del mundo, unos 23 millones de toneladas, gran parte en Uyuni. Bolivia forma, con Argentina y Chile, el llamado “triángulo del litio”, que concentra más de la mitad de los recursos mundiales. Pero la extracción del litio en Bolivia ha avanzado lentamente, por dificultades técnicas, porque la salmuera de Uyuni tiene mucho magnesio, que complica la extracción, por la altitud y el clima, por problemas políticos y por el debate sobre quién debe controlar este recurso. En los últimos años, Bolivia ha firmado acuerdos con empresas de China y Rusia para desarrollar la extracción. La explotación también preocupa a las comunidades locales y a los ecologistas, porque requiere mucha agua en una zona muy árida y podría afectar al paisaje y a los ecosistemas.

El salar también es un lugar de cría para varias especies de flamencos, como el flamenco andino, el chileno y el de James, que anidan en la zona en noviembre. En medio del salar hay islas, como la isla Incahuasi, cubierta de enormes cactus gigantes de varios metros de altura, algunos con más de mil años.

El salar tiene también una historia humana. Las comunidades locales extraen sal de forma artesanal desde hace siglos, cortando bloques y amontonándola en pequeñas pirámides para que se seque. Con bloques de sal se han construido hoteles de sal, con paredes, muebles y camas hechos de sal. En las afueras del pueblo de Uyuni hay un “cementerio de trenes”, con locomotoras oxidadas de principios del siglo XX, que se usaban para transportar minerales al Pacífico.

Desde 2014 hasta 2019, el famoso Rally Dakar pasó por el salar de Uyuni, aunque algunos ecologistas criticaron su impacto.

Por qué importa. El salar de Uyuni es un espejo natural de belleza única, y también una reserva clave de litio, lo que plantea el reto de equilibrar el desarrollo económico con la protección del entorno.

Resumen de los 10 datos

  1. El salar de Uyuni se convierte en un espejo.
  2. Hay cuevas con cristales gigantes.
  3. Existe un río de cinco colores.
  4. Hay un bosque de piedra en Madagascar.
  5. Hay montañas con rayas de colores.
  6. Existe una playa de arena verde.
  7. Hay una “puerta al infierno” en Turkmenistán.
  8. Hay un volcán que expulsa lava azul.
  9. Existe un lago rosa en Australia.
  10. Hay un mar donde no puedes hundirte.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué el lago Hillier es rosa?

Por microalgas y bacterias que producen pigmentos.

¿Qué es la puerta del infierno?

El cráter de gas de Darvaza, en Turkmenistán, que arde desde 1971.

Fuentes

  1. Wikipedia: Lago Hillier
  2. Wikipedia: Cráter de Darvaza
  3. Wikipedia: Caño Cristales

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